Luis Rogelio Nogueras en la poesía cubana

Virgilio López Lemus • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau
 

¿Por qué la mayoría de los poetas cubanos nacidos desde 1946 nos consideramos integrantes de una generación diferente de la de Luis Rogelio Nogueras (Wichy, cabeza de zanahoria, 1944-1985)? Nacidos en la exacta posguerra, comenzamos a mostrar nuestras capacidades creativas a partir de la década de 1970, sobre todo en la de 1980, y a abrirnos camino en las búsquedas poéticas no coloquialistas, con mayoritarios acercamientos a la métrica tradicional hispánica, sin renuncia del tono conversacional, con alejamiento del subido epos de la corriente coloquialista. Pero entonces ¿por qué la mayoría de los poetas nacidos desde 1946 y hasta 1959 miramos con tanta simpatía hacia la obra de Luis Rogelio Nogueras? Quizá porque ya en ella se hallaba el embrión de lo que deseábamos hacer, del regreso a una más fuerte subjetividad y a la presencia del yo como sujeto lírico inalienable.

Imagen: La Jiribilla

La Generación de los Años 50, coincidente con la que en los planos políticos se llamó Generación del Centenario (del nacimiento de José Martí), fue la principal impulsora de una corriente que tuvo raíces en la poesía cubana anterior, pero que habría de hallarse naciente y desarrollándose coetáneamente con diferentes denominaciones en el resto de Hispanoamérica. Como todo fundamento generacional, sus fechas límites son asaz discutibles, pero se ha preferido fijar esos lapsos para los nacidos entre 1925 y 1945, ambos años incluidos, si bien hay poetas “adelantados”, nacidos antes de esa fecha límite, o “retrasados”, nacidos después. La teoría generacional ofrece serios problemas a los análisis personales de obras, por lo que ha sido casi abandonada en los estudios literarios de la actualidad. No obstante, ella ofrece luces hacia los llamados “espíritus de época”, habida cuenta de que no haya uno solo vigente en una época determinada.

Nogueras nació en 1944, en el límite generacional, y se presentó con su libro muy conversacional Cabeza de zanahoria, Premio David de 1967 junto a Casa que no existía, de Lina de Feria (1945), también ella en ese límite mismo intergeneracional. Desde el premio y desde la salida de su libro al año siguiente, él se colocó en la cabeza de una promoción más limitada en las fechas de nacimiento, que puede considerarse entre 1940 y 1945, ambos años incluidos, aunque ya esta integración suya se advertía de manera definida cuando se desempeñó entre 1966 y 1967 como jefe de redacción de El Caimán Barbudo, de amplio papel aglutinador de aquella joven promoción de escritores y artistas. El desarrollo de su poesía en los años subsiguientes cumplía a medias con el riguroso conversacionalismo, prosaísmo, versolibrismo y otros rasgos consustanciales a la corriente poética predominante. A medias, porque Nogueras abrió su mirada hacia una intimidad y un subjetivismo que probablemente debe de haber aprehendido a partir de su goce de las lecturas de Fernando Pessoa y Jorge Luis Borges, visibles en algunos de sus libros. No desatendió las formas clásicas, y en sus versos bullen los octosílabos y endecasílabos.

Este parcial escape suyo de las fuentes coloquialistas, debe de haber sido el factor de su mejor éxito entre las promociones siguientes, tanto lectores como poetas en busca de nuevas maneras expresivas. Hay que ver en Nogueras su desenfado hacia una poesía como juego, una búsqueda estética en el juego. El homo ludens vence al homo sentimentalis, pero uno y otro se confunden, se encuentran en el poeta.

Ese cambio de gusto estético postcoloquialista se avizoraba en Las quince mil vidas del caminante (1978), con interés por una poesía más intelectiva, imaginativa, alejándose del testimonio circunstancial y de un realismo ligado con prosaísmo típico de algunos poetas de su propia promoción, como Guillermo Rodríguez Rivera y Víctor Casaus, o Félix Contreras, Sigifredo Álvarez Conesa, Efraín Naderau, Minerva Salado, entre otros afines. Ya con Imitación de la vida, Nogueras reafirmaba un camino relativamente tangencial al del coloquialismo que predominaba entre estos coetáneos suyos.

De esta etapa de poemarios más intelectivos, surge su hincapié en el juego de heterónimos, lo que le concede a sus textos un valor estilístico que se aprecia asimismo en varios otros autores epocales, sobre todo en Raúl Luis, 11 años mayor en edad que Nogueras, y que luego va a tener algún reflejo entre varios poetas de otras promociones. Véase este fragmento de poema de El último caso del inspector (1983), en que Wichy juega con lo policial en tono intelectivo:

El lugar del crimen
no es aun el lugar del crimen:
es solo un cuarto en penumbras
donde dos sombras desnudas se besan.

El asesino
no es aun el asesino:
es solo un hombre cansado…

Las formas de las cosas que vendrán reafirmó la madurez en creciente de Nogueras y mostró sus intereses especulativos y por supuesto intelectivos. Pero sobre todo su cada vez mayor profundización en la creación de personajes, supuestamente literatos, de los que importan más las mini biografías que los poemas que crean, y esta es la diferencia radical de Nogueras con sus maestros Pessoa, Borges o sobre todo con quien secretamente tiene él más de unos pocos contactos, el poeta español Max Aub, del que no puede ser que Nogueras no conociera sus libros editados en México: Subversiones y Versiones y subversiones, ambos de 1971. Pero Luis Rogelio se complace en la epicidad, en la inventiva de personajes que forman un brillante juego de espejos, una suerte de laberinto autoral, una multitud.

Cuando Wichy Nogueras fallece, dejó detrás de sí un frenético reguero de personajes que parecían conducirse hacia una novelización. No precisamente policial. El poeta Raúl Luis iba a consumar esta línea creativa, a partir de algunos contactos con Wichy, de personajes extraídos de la propia imaginación de Nogueras, reformulados e integrados a un corrillo creado ya por él, y que se agruparon en el extraño volumen El cazador (1986), que Nogueras no llegó a conocer. Aun no habiendo tenido tiempo para un mayor desarrollo de su múltiple imaginación, vemos en Hay muchos modos de jugar (2005) el despliegue de ese “genio de enredo”, con suficiente grado de valor estético y franco abrazo a los lenguajes coloquiales.

La mayor parte de la poesía que dejó inédita, póstumamente publicada, se interna en ese sentido de juego, de estirpe sin dudas barroca e intelectiva, que nos hace recordar las apreciaciones de Homo ludens, de J. Huizinga, donde el autor arriba a conclusiones interesantísimas sobre poesía, siguiendo la tradición alemana de acercar juego y arte, lo lúdicro y lo poético, visible en Goethe y en Schiller. Huizinga comienza por referirse a «lo serio» como algo que está distante del juego, algo señalado como propio de la vida adulta, de la responsabilidad, alejado de todo material fantástico para sumirse en un realismo incluso escatológico. Así vistas las cosas, la poesía no es algo serio por residir en el mundo del «niño, el animal, el salvaje y el vidente, en el campo del sueño, del encanto, de la embriaguez y de la risa». De modo que incluso la poesía erótica tiene el trasfondo de la libido lúdicra que tan bien describió C. G. Jung en Transformaciones y símbolos de la libido (1911), o que hemos de ver en posteriores estudios de Todorov. Precisamente ello es advertible en esa etapa última de la creatividad de Nogueras. Creo que el poeta desarrolló elementos de ironía, epigramáticos, de juegos de palabras, y hasta cierto grado de onirismo y humor, y no porque considerara que la poesía no es algo «serio», sino porque, siendo arte, debería ella explorar incluso aquellos senderos que los poetas ontológicos dejan de frecuentar.

Luis Rogelio Nogueras no solo fue un notable poeta, sino que importa su obra en el desarrollo multitemático de la poesía cubana e hispanoamericana, por cuánto de novedoso agregó. Es, sin duda, el poeta de Cuba que mejor ha logrado el concepto de poesía como juego, como imitación de la realidad. Él supo asimilar los influjos que obraron sobre sí, y ofreció una obra poética imborrable, hermosa y digna. La polifonía de su escritura perdurará, como valioso patrimonio de la cultura cubana.

 

Noviembre de 2014, cumpleaños 70 de Wichy Nogueras

 

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