Tarde de un lunes futuro

Leandro Maceo • La Habana, Cuba
Martes, 18 de Noviembre y 2014 (10:20 am)

Wichy hala mucha gente y eso que la hora es mala”, responde alguien a aquella otra persona que pregunta con cara de asombro si los organizadores no esperaban a que la sala se llenara al punto de resultar insuficiente para acoger a quienes asistían al Coloquio-homenaje a Luis Rogelio Nogueras (Wichy) en sus 70 años. Este 17 de noviembre el autor de Y si muero mañana caminó hacia las siete décadas junto a sus novelas, su poesía y sus palabras que vuelven rejuvenecidas en el tiempo, gracias al encuentro constante con nuevos lectores y a la lealtad de sus leedores de siempre.

Pablo Vargas rompe la inercia y desnuda a un Wichy conocedor de las artes marciales, amante ferviente del sexo femenino y devoto de la buena presencia, pero sobre todo amigo.

Entretanto Neyda Izquierdo lee aquella carta donde aduce a una conectividad lenta para navegar en Internet y comunicarse con su compañero en la vida, su eterno poeta… Y así también emerge un verso, y otro, y otro más hasta revisitar la poesía de quien no precisó de red alguna para irrumpir en la existencia de cientos de sus semejantes, incluso de aquellos que no le conocimos físicamente.

Para tal suerte fueron convocados quienes mejor lo conocieron como Virgilio López Lemus, quien no recuerda verlo “fuera de una sonrisa”, o Guillermo Rodríguez Rivera para el cual Nogueras es “una figura que tiene un lugar permanente”, en tanto un poco más a la derecha de la mesa Eduardo Heras León asegura ver “a cada rato” a su compañero, al eterno humorista, cuya amistad es un “tesoro” con el cual “se siente en deuda”. Todos de una manera u otra vuelven sobre el pelirrojo íntegro en tanto humano, sagaz en tanto ilustrado y presumido en tanto enamorado.

Esta tarde de lunes —desde su asiento invisible pero presente— el Rojo comprobó que la suerte estuvo echada desde el primer verso, que valió la pena ser valiente e ir tras su instinto más fiel, sin acobardarse un instante. Y así, entre versos, risas y por qué no, lágrimas, retumbó su agradecimiento a la poesía por enseñarle, que “el camino hacia la verdad no puede pasar por la mentira, que los medios son también parte del fin”; y recordarle que “solo el futuro no deja huellas”.

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