Guillén, una arista poco conocida

Suremys Pavón Madera • La Habana, Cuba

En esa preciosa colección que es el primer poemario de Nicolás Guillén Cerebro y corazón (1922) aparecen los temas del amor, la tristeza, la soledad, dentro de los esquemas formales y subjetivos del modernismo. Es un libro que permaneció inédito hasta 1965, año en que Ángel Augier lo publica en el apéndice del tomo I de su obra Nicolás Guillén. Notas para un ensayo biográfico- crítico.

A partir de un grupo de poemas descubrimos una arista poco conocida de su poesía juvenil: el uso de elementos de religión cristiana. La religiosidad funciona como refugio ante el sufrimiento humano y a su vez, el poeta se cuestiona la existencia de lo divino en un mundo de injusticia social. Sin embargo, todo se realiza desde una postura respetuosa, mezclada con cierto romanticismo.

En una entrevista que Guillén ofreciera en 1974 refiere:

“En mis primeros poemas hay algunos elementos religiosos, por ejemplo, en el poema “Salmo Lírico”, en “Nocturno” y algún otro. Sin embargo, no puedo decir que ni aun en esta época tuviera yo ninguna inquietud de tal índole, a pesar de que como ya le dije estudié algún tiempo en las escuelas Pías de Camagüey (…). En cuanto a la explicación de esa ausencia de religiosidad, podría yo decir que se debe a que en mi hogar ocurría lo mismo”.[1]

Efectivamente, Guillén recibe su más temprana educación en escuelas católicas de su natal Camagüey, allí adquiere las primeras influencias religiosas. Para un joven de esos tiempos era común tener incorporado el pensamiento religioso, con independencia de cual fuese su filiación política o la corriente intelectual que en el futuro asumiría. Así podemos encontrar “A Jesu-Cristo”, donde hace una contraposición de lo sagrado y lo profano cuando expresa:

Alumbró tu pupila santa y buena
la noche del dolor y de la pena;
sacaste llantos, disipaste dudas,
bajaste de la vida a lo profundo
¡y al fin hallaste la maldad del mundo
en el rastrero corazón de Judas![2]

El poema “Señor” pudiera entenderse como una plegaria con la cual el sujeto lírico aclama la salvación. Son versos permeados de un lirismo que se identifica con aquellos que tienen una vida sin esperanza:

Éntrate en mis abismos,
Señor, y en ellos vierte
la fe con que se triunfa
del Mal y de la Muerte.[3]

Otra plegaria por la vida lo constituye el poema “El mal del siglo” en el que acude a Jesús buscando respuestas para explicarse las injusticias:

“Señor, Señor, ¿Por qué odiarán los hombres
al que lucha, al que sueña y al que canta?”.[4]

La reiteración inicial y la interrogación acentúan la duda, incentivan la preocupación social. Además, revelan voluntad de denuncia a partir del empleo de vocablos sintéticos en su esencia.

Hay una crítica a la religión cuando en “La amarga ironía” dice: “pero no te suicides ni protestes / que te castiga Dios…”[5], o sea, ante la opresión, la religión condena cualquier actitud de lucha para solucionar los problemas de la sociedad.

En “Nocturno” repite los versos iniciales del Padre Nuestro y justifica la necesidad de rezar cuando se presenta la muerte.  El motivo es un velorio,  quizá relacionado con la pérdida del padre que había ocurrido pocos años antes.

 “Una sombra, ante el Cristo / rezaba sus rezos / (…) Padre Nuestro, / que estás en los cielos… / y después se apagaba la voz temblorosa / (…) Tuve miedo / del muerto / y en mi labio tembló la blancura de un rezo”.[6]

De manera similar ocurre con “Salmo Lírico”, donde se increpa a la humanidad por haber abandonado el camino de la bondad cristiana, y se traza una crítica a las autoridades religiosas de la época. Hay una representación de las contradicciones que aquejan a la propia Iglesia, la mercantilización de lo que debe ser considerado sagrado. Son versos enérgicos y arriesgados si se tiene en cuenta la relevancia y predominio del catolicismo en Camagüey. En ese sentido asoma:

Pocos han seguido tu piadoso ejemplo.
Otros mercaderes están en el templo.
La Mentira triunfa sobre la Verdad.
Ya no cantan brisas, retruenan ciclones;
ya no se oyen rezos, sino maldiciones;
ya las oraciones
son a Satanás.[7]

La intención que se observa, de manera general, es la de llegar a un público donde la religión es un fenómeno ideológico decisivo. A través del tratamiento de esta temática se logra establecer una crítica al sistema social de la Cuba prerrevolucionaria. Hay cierto afán de pintar la realidad histórica con el propio lenguaje religioso, lo cual permite una poesía más didáctica y directamente asequible. Si bien el poemario fue publicado varias décadas después, muestra al joven Guillén en su etapa de formación como poeta.

 

Bibliografía
Guillén, Nicolás: Cerebro y Corazón, en Nicolás Guillén. Obra poética, Ángel Augier, Tomo I,  Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2002.
Morejón, Nancy (compiladora): “Conversación con Nicolás Guillén”, en Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén. Serie Valoración  Múltiple, Casa de las Américas, La Habana, 1974, p.40.
 
Notas
[1] Nancy Morejón (compiladora): “Conversación con Nicolás Guillén”, en Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén. Serie Valoración  Múltiple, Casa de las Américas, La Habana, 1974, p.40.
[2] Ángel Augier: Nicolás Guillén. Obra poética, T.I, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2002, p.10.
[3] Ibíd., p.12.
[4] Idem.
[5] Ibíd., p.17.
[6] Ibíd., pp.34-35.
[7] Ibíd., p.38.

 

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