Artes Plásticas

Reinterpretación de Botticelli: una mirada absolutamente emocional

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de Tania Noa
 

Cada noviembre se realiza en La Habana una semana dedicada a la cultura italiana en Cuba y en esta oportunidad —el propio lunes 24 de noviembre, a las siete de la tarde— a propósito de esa festividad, quedará inaugurada una exposición personal del artista de la plástica Giulio Gioia (Piacenza, 1945), en la Casa Carmen Montilla, en la parte antigua de la ciudad.

El dibujante, pintor y escultor —quien lleva unos veinte años compartiendo su vida entre Italia y Cuba— aseguró sentirse “muy orgulloso y feliz” de que su más reciente propuesta pictórica haya sido seleccionada para inaugurar ese acontecimiento que calificó de importantísimo: “siento que es un premio que voy a recibir”, dijo, al tiempo que anunció que, en breve, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas —organización rectora de esa especialidad en la Isla—, tiene previsto un encuentro-homenaje para “celebrar sus dos décadas de permanencia en Cuba”.

Graduado de la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, Gioa aseguró en entrevista con La Jiribilla que en esta oportunidad ha escogido como pretexto la obra de Sandro Botticelli, uno de los pintores más destacados del renacimiento florentino, porque fue una artista genial que, sobre todo, se anticipó a su época: “hace quinientos años atrás, Botticelli tuvo una visión premonitoria de la belleza de la mujer moderna. La Venus de Botticelli o el Nacimiento de Venus marcaron una impronta en la historia del arte, aunque él no fue muy reconocido en su momento”, dijo.

Está convencido —dice Gioia— “que el ser humano posee rasgos espirituales que no cambian a pesar del paso del tiempo” y aunque es obvio que él pinta de una manera absolutamente diferente a la de Botticelli “él buscaba una emoción y esa emoción primaria que sentimos hoy, es la que quiero confrontar con la sentida hace quinientos años atrás”.

Imagen: La Jiribilla

Gioia ha desarrollado una técnica que lo caracteriza que tiene mucho que ver con el dibujo a relieve, pero ¿en qué consiste?

“Realmente fue una invención personal y nació de manera casi casual. Mientras pintaba me di cuenta que me sentía muy cómodo poniendo la línea a relieve y no tanto usando el claro-oscuro. Cuando el hombre que vivía en las cavernas comenzó a intentar dejar una huella lo hizo con la línea, con el dibujo y, posteriormente, surge la escritura: todo regresa al dibujo y me interesó poner a relieve la línea por el valor y la relación que guarda con los orígenes.

“Una vez que la línea queda perfectamente definida, no es necesario el claro oscuro; la línea deja mucha más libertad,es más limpia la imaginación y permite proyectar el color encima de ella. En la técnica que empleo coloco un hilo de algodón de manera que va dibujando y sale a relieve. El color, según lo concibo, da un mensaje emocional y no debe de seguir una forma ni una línea y eso me liberó totalmente. Por otro lado, el uso de este relieve le da a la obra una obvia textura y la ubica en una dimensión que se inclina hacia lo tridimensional o hacia el bajo relieve, según se aprecie”.

En una oportunidad anterior me aseguró que trabajaba las temáticas por unos cinco años aproximadamente y, luego, había un cambio, ¿sigue siendo así?

Durante algún tiempo —creo que más de cinco años— mi tema fue el ballet; en estos momentos quiero completar este acercamiento a Botticelli, pero también desarrollé el malecón habanero como icono. Esa serie gustó mucho y me queda poca obra de ese período.

Es un malecón que mira hacia el mar y algo que me impresionaba era ver a los niños empinando papalotes sobre el muro. Esa referencia se convirtió en esencial porque el papalote simboliza la libertad, el vuelo, y detrás de él hay otro mundo. Desde el malecón, mirando al mar, comenzaron a aparecer espejismos que poco a poco, también, se fueron incorporando a la obra. Por otro lado, amo tanto la danza que, creo, es un tema inagotable y al que regreso siempre. Siento que ahora estoy en búsqueda de un elemento que sea muy cubano, pero aún no lo he encontrado. Amo mucho a esta Isla y no lo digo como una frase retórica o aprendida. Siento a Cuba muy adentro.

En el año 2004 usted me confesó que notaba que su paleta de color había cambiado totalmente, y que cuando evaluaba la obra hecha en Milán primaban los tonos grises mientras que al empezar a pintar en Cuba “hubo una explosión de color”. ¿Se mantiene esa paleta o ya no tanto?

¡Se mantiene! Y es algo que se va a poder apreciar claramente en la exposición. Hay una reinterpretación de la obra de Botticelli, pero el pintor soy yo: voy mostrar cuadros hechos en Cuba y otros realizados en Italia y los espectadores de percatarán que son diametralmente distintos en cuanto al enfrenamiento del color. El sujeto es el mismo en el sentido de que La Venus de Botticelli es la de siempre, pero el color que empleo en Cuba es totalmente diferente. Es una emoción distinta porque la pintura que cultivo no es tan cognoscitiva ni dialogante: es una pintura absolutamente emocional. Por lo tanto, la emoción que siento en Cuba es diferente a la que siento en Italia.

Imagen: La Jiribilla

¿Cuba marca, entonces, un antes y un después?

Son cosas muy distintas. En Italia lo que manda y rige la orientación artística es el mercado. Cuba es diferente porque el deseo de ser un creador es lo que empuja al arte cubano; cuando imparto conferencias en Italia siempre insisto en este aspecto: es una maravilla que el artista viva en un país que no posea un mercado que dicte las pautas y que sea, definitivamente, el que manda. Aquí, en Cuba, es el artista el máximo responsable de desarrollar su idea y, por lo tanto, la obra.El mercado te condiciona y muchas veces funciona inconscientemente: el artista tiene necesidad de vender y, sin querer, puede caer en esa terrible trampa.

Durante los años en que desarrolló la obra en Milán ¿cuáles eran sus temas?

Ese período —que lo enmarco entre los setenta y los ochenta— una de mis grandes preocupaciones tenía que ver con la contaminación. Milán una gran ciudad industrial y yo hacía esculturas que alertaban en torno a las constantes agresiones que el hombre le provocaba a la naturaleza, pero al mismo tiempo me preocupaba que —ya sea en pintura o en escultura—fuera agradable estéticamente. Quería insistir en la idea de que la industrialización es una necesidad de estos tiempos, pero a la vez llamar la atención sobre los riesgos que entraña.

¿Cuánto ha pesado dentro de su quehacer la escultura?

“Tengo que decir con orgullo que en Sicilia, Italia, hice y emplacé una escultura de cuatro toneladas bajo el mar, a unos cuarenta y cinco metros de profundidad. Esa escultura fue un homenaje al mundo fotográfico y la realicé en dos materiales:cemento y bronce. Fue un encargo a propósito del Primer Campeonato Mundial de Foto Subacuática que se realizaba en el mundo.

“Los organizadores de ese importante certamen deportivo decidieron que al final del Campeonato, sería inaugurada la escultura sumergida. Por supuesto, que la realicé en tierra firme y, posteriormente se colocó en el fondo del mar, algo que fue verdaderamente emocionante. Para lograr sumergirla, un grupo de expertos especializados se apoyó en grandes grúas y la escultura fue colocada sobre inmensas bolsas de aire, que la mantenían a flote.

Imagen: La Jiribilla

“Luego, quince buzos iban, poco a poco, desinflando esas balsas lentamente. Había que hacerlo con gran cuidado porque de lo contrario la escultura podía aumentar su velocidad al hundirse y se corría el gran riesgo de que se fracturara. Fue una experiencia muy interesante.

“Actualmente, allí existe una escuela que prepara a las personas para hacer inmersiones y la prueba final es llegar a mi escultura y retratarse allí”.

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