Comentarios (a)traz(s)ados en torno a la crítica literaria feminista cubana

Raiza Rodríguez Domínguez • La Habana, Cuba
Cada cual escribe desde su rango de honestidad consigo mismo. Lo que no pueden negar es que un estudioso o estudiosa venga a analizar sus textos y comentarlos desde una perspectiva de género. La libertad de escribir y la libertad de opinar. Ambos están en su derecho.

Mirta Yáñez
 

El debate sobre el género entendido como identidad sexual y construcción sociohistórica es objeto de atención de las ciencias sociales desde los años setenta. Este interés que comenzó en los Estados Unidos y Europa pronto llegó a las regiones de Latinoamérica y el Caribe. No obstante, se tornó diferente en el contexto de nuestra región donde la subordinación de la mujer por el hombre se complejiza cuando se combina con otras formas de opresión social (la raza, la clase) y con el problema de la etnicidad y la nación.

Vinculada al devenir de los estudios universales y latinoamericanos, la crítica literaria contemporánea cubana asumió la perspectiva de género como una posibilidad interpretativa válida y encontró en ella un potencial teórico y desmitificador idóneo para estudiar la literatura. En este artículo nos ocupamos del discurso crítico de autoría femenina que asume la perspectiva teórica de género como punto de partida medular en sus aproximaciones al texto literario. Para estos “Comentarios…” hemos revisado artículos críticos, ensayos y entrevistas publicados en volúmenes[1] de la autoría de sus principales representantes. El ejercicio del criterio desde este enfoque generalmente se combina en los trabajos revisados con otras teorías y metodologías. Encontrar esas filiaciones en cada una de las autoras estudiadas es propósito de futuro acercamiento.

Imagen: La Jiribilla
 XXIV Congreso Anual de la Asociación Internacional de Literatura y Cultura Femenina Hispánica dedicado el bicentenerario de Gertrudis Gómez de Avellaneda, celebrado en el Hotel Nacional de Cuba del 10 al 14 de noviembre
 

La crítica feminista cubana ha estudiado nuestra literatura y la foránea desde un nuevo punto de vista y ha conseguido modificar los “presupuestos básicos de la historiografía literaria cubana que han sido fundamentados únicamente por el orden androcéntrico” (Montero en Yáñez, 2000:17). Centrando su atención en la mujer como emisora, receptora o personaje de la literatura, ha justipreciado la escritura femenina. Con objetivos y propósitos diferentes a los de la crítica literaria tradicional, falogocéntrica, ha visibilizado el aporte de las escritoras a la literatura y cultura nacionales.

Ha asumido importantes tareas como la labor de arqueología literaria cuyo principal objetivo ha sido establecer una tradición femenina en las letras de nuestro país; ha examinado las tensiones de la escritura femenina con el poder en sus distintas manifestaciones (canon, instituciones, historias y antologías literarias) y revelado las causas (históricas, culturales, religiosas y sociales) de su posición desventajosa con respecto a la literatura escrita por los autores; se ha interesado por el tema de la construcción de la imagen y la representación de la mujer en la literatura de autoría femenina como masculina y ha analizado la modelación de la imagen íntima de la nación cubana. Además, ha estudiado las principales tendencias de los textos de las escritoras, así como los géneros privilegiados y las estrategias discursivas más recurrentes de una literatura que de forma consciente o no burla el orden establecido por el patriarcado.

En nuestro contexto la crítica feminista ha desbordado los límites de tales importantes tareas y ha evolucionado hasta considerar lo femenino categoría no exclusiva de la literatura de mujeres, sino un instrumento de análisis con un alto poder de subversión, capaz de desmontar las oposiciones binarias sobre las cuales se ha estructurado la cultura occidental (Araújo 1997).

Hoy no puede escribirse un panorama de nuestra crítica literaria contemporánea sin mencionar la obra reflexiva de sus principales representantes. Aunque no exclusivamente, en la isla ha sido cultivada por mujeres intelectuales, entre las que destacan los nombres de Nara Araújo (1945-2009), Luisa Campuzano (1943), Zaida Capote (1967), Susana Montero (1952-2004) y Mirta Yáñez (1947), entre otras de más reciente aparición.

En un texto fechado a principios de la década de los 90 Campuzano aseguraba en su primera línea “En Cuba no ha habido crítica feminista; recién ahora intentamos comenzar…” (Campuzano, 2004:13), refiriéndose a la llegada tardía de la perspectiva teórica de género a nuestro contexto, así como al carácter incipiente de esta práctica en los estudios literarios cubanos. Tal aseveración aparecía en un ensayo pionero de arqueología literaria. En “Las muchachas de la Habana no tienen temor de Dios…” Campuzano rescataba para la historiografía cubana los textos de una dama llamada la marquesa Jústiz de Santa Ana y con ello desbrozaba el camino a una serie de estudios críticos cuyo principal fin ha sido dotar a las escritoras cubanas de una tradición literaria en la cual reconocerse.

Efectivamente esta crítica resurgió y se desarrolló en los años 90, aunque en la década anterior aparecieron dos textos fundacionales, “La mujer en la narrativa de la Revolución. Ponencia sobre una carencia” (1988) y La narrativa femenina cubana 1928-1958 (1989) de Campuzano y Montero, respectivamente. Aunque desprovistos aún del andamiaje teórico propio de los estudios de género, tienen el mérito indiscutible de tematizar y periodizar la literatura escrita por mujeres en los sendos períodos que indican sus títulos (Araújo 1997 9). Por otra parte, reclaman la necesidad de estudiar este olvidado corpus el cual —denunciaban— había permanecido a la sombra del masculino hasta entonces considerado el canon, salvo algunas excepciones.

Imagen: La Jiribilla

Pero es, sin dudas, a partir de la década del 90 que esta vertiente de la crítica cubana experimenta un “renacer”, término acuñado por Araújo en sus “primeras palabras” a El alfiler y la mariposa (1997) donde aseguraba que por estos años “la crítica feminista comenzó a ganar un lugar en los medios de difusión cultural y espacios académicos, avances que no podrían desligarse de un cambio en la percepción sobre el feminismo y los estudio de género en las instituciones relacionadas con la investigación sobre la mujer en Cuba” (Araújo 1997 9).

Tal eclosión estuvo vinculada al auge y desarrollo de la narrativa femenina. La crítica literaria feminista se nutrió de esta praxis textual y tuvo una etapa productiva en la cual se publicaron importantes textos reflexivos cuyo propósito fue caracterizar, interpretar y valorar este corpus. Yáñez, Campuzano y Araújo[2], estudiaron la narrativa femenina de la década del noventa. “Y entonces la mujer de Lot miro…” de Yáñez fue el ensayo preliminar a Estatuas de sal (1996) —primera antología cubana que reunió la creación narrativa de nuestras escritoras— en el cual abordaba aspectos medulares de los cuales se ha ocupado posteriormente la crítica feminista en la isla. Entre otros se refería al problema de la ausencia de paradigmas para las narradoras contemporáneas, la exclusión del canon cubano de los textos narrativos de autoría femenina y la consecuente invisibilidad de las narradoras en nuestra historia literaria por parte de una crítica literaria hegemónica. La publicación de Estatual de sal y de los ensayos que en su marco vieron la luz [3] no sólo dio cuerpo a una producción textual que venía en aumento, sino que brindó a las narradoras un marco teórico a la vez que un respaldo en la tradición literaria. Con una visión historicista, afín con su objetivo principal, la investigadora construye una historia de la narrativa escrita por mujeres a lo largo de una línea temporal continua que comienza con el texto de la marquesa Jústiz de Santa Ana y termina con la narrativa contemporánea.

Por su parte el ensayo “Literatura de mujeres y cambio social: narradoras cubanas de hoy”, de Campuzano (Campuzano 2004) sistematiza algunos de los temas más recurrentes en las obras de las narradoras de los noventa y Araújo se ocupa de este corpus en “El espacio otro en la escritura de las (novísimas) narradoras cubanas”, “Más allá de un cuarto propio: once novelas en pugna en el siglo XXI”[4] y “Zonas de contacto: narrativa femenina de la diáspora y de la isla de Cuba” (Araújo 2003).

Por otra parte, refiriéndonos a la cuestión de los géneros literarios, las críticas cubanas han privilegiado el análisis de la prosa y la poesía, mientras que el teatro ha sido menos atendido desde esta perspectiva. Asimismo, han prestado particular atención a la literatura íntima o “escrituras del yo” —autobiografías, relatos de viajes y confesionales [5]. Araújo y Capote se destacan en esta temática. Tienen sendos ensayos teóricos dedicados al estudio de los vínculos entre el género sexual y el género literario: “La autobiografía femenina ¿un género diferente?” y “Vidas de Mujeres. Biografía y Relaciones de Género”, respectivamente. Además, son ilustrativos los primeros tres epígrafes de La nación íntima (2008), de Capote [6].

También la relectura de nuestras escritoras, prestando particular atención a la huella del género ha ocupado a nuestras críticas. Han privilegiado la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda y de Dulce María Loynaz. Montero y Capote tienen respectivos estudios dedicados a la vida y obra de estas escritoras: La Avellaneda bajo sospecha (2005) y Contra el silencio (2005). Por su parte, Araújo y Campuzano han aportado una visión desprejuiciada y novedosa sobre determinados aspectos de la obra de Dulce María Loynaz en sus ensayos críticos “El alfiler y la mariposa” (Araújo 1997) y “La huella y el tiempo” (Araújo 2003) y “Últimos textos de una dama: crónicas y memorias de Dulce María Loynaz” (Campuzano 2004).

En cuanto a la relación entre la escritura femenina y el poder, las críticas cubanas han estudiado las relaciones de aquella con la autoridad. Han analizado las antologías e historias literarias así como la conformación del canon para descubrir y denunciar la marginación del discurso y la visión de las escritoras. Las reflexiones de Capote en “La doncella y el minotauro”, “Cuba, años sesenta. Cuentística femenina y canon literario” y “La doncella y el minotauro. Otra vez sobre la cuentística femenina de la Revolución” son ejemplos específicos de este interés. Debemos agregar que el carácter contestatario de la obra reflexiva de estas críticas es un cuestionamiento a las nociones sobre la literatura elaboradas desde el androcentrismo crítico.

La crítica feminista cubana ha demostrado el imperativo de reconsiderar la comprensión de la nacionalidad y de su proceso de formación y consolidación sobre la plataforma teórica de la perspectiva de género. Se ha replanteado la historia literaria del país y la imagen del sujeto y la nación cubanos, construyendo una imagen nueva, inclusiva, proteica y heterogénea de uno y otra. Es por ello que se ha detenido en la relación entre género, identidad y nación. El volumen de Montero, La cara oculta de la identidad nacional (2003) es, sin dudas, representativo de esta línea de investigación. Su propósito fundamental es indagar la actividad y el discurso identitarios cubanos correspondientes a la época del romanticismo, con el objetivo de determinar cuánto y cómo influyeron los valores, estereotipos y roles identificados secularmente por la cultura patriarcal como lo femenino en la modelación del sujeto nacional (Montero 2003). Este análisis parte del supuesto de que existe una relación entre los tópicos relativos a las imágenes de mujer y de sujeto nacional. También, en La nación íntima (2008) tales conceptos se entretejen en un discurso que desarticula la imagen unívoca de la nación para develarnos una imagen alternativa construida en la producción literaria femenina.

En la obra reflexiva de estas autoras destaca un discurso metacrítico que teoriza sobre la propia crítica feminista. En varios textos, se repasan los logros, propósitos, ventajas, alcance metodológico y poder desmitificador de esta teoría. En “Repensando, desde el feminismo, los estudios literarios latinoamericanos” Araújo ha ensanchado las posibilidades interpretativas de esta crítica, al concebirla un instrumento teórico, capaz de desarticular la lógica binaria de Occidente que ha determinado las construcciones simbólicas[7].

En nuestro contexto la crítica feminista en el campo de la literatura ha escapado del fundamentalismo. Sus cultivadoras han utilizado la perspectiva de género en la exégisis de los textos y en la explicación de diversas problemáticas culturales y literarias sin esencialismos. El tópico es recurrente en varios artículos, ensayos y conferencias donde advertimos una doble intencionalidad. Por una parte, la necesidad de defender la perspectiva teórica asumida y, por otra, la negación de una posición reduccionista que a la postre —reconocen— lastra el estudio de las obras y los procesos literarios.

En el año 1996 Campuzano en su comentario de Alguien tiene que llorar de Marilín Bobes[8] advertía sobre el peligro de estas posiciones radicales y expresaba su punto de vista respecto al tema, extensivo al resto de las críticas. En aquel trabajo, la investigadora consideraba el libro de Bobes extraordinario y “único” dentro de la literatura cubana del momento por la perspectiva desde la cual estaba escrito “más que femenina, feminista” pero aclaraba “no del feminismo más radical, agresivo y, a la postre, estéril, pero sí del que propone un cambio en la percepción y la realización de la mujer” (Campuzano 53, énfasis mío).

Por su parte, la ensayista y crítica literaria Mirta Yáñez ha defendido la validez de este enfoque para interpretar la literatura y el resto de las manifestaciones artísticas. Aunque no considera que haya un modo “femenino” de escribir la ficción ha defendido con valentía y compromiso esta modalidad de la crítica: “… No creo para nada (…) que exista un modo ‘femenino’ de escribir, como no existe un modo ‘campesino’. Se escribe como lo que se es, y punto. Bien distinto a la hora de analizar críticamente un texto o una obra de arte sea válida, cómo no, la perspectiva de género” (Yáñez en Hernández Hormilla, 2013: 27).También se ha referido al tema del peligro de las posturas extremistas a la hora de ejercer el criterio. Su perspectiva sobre el asunto resumida en una frase contundente, en especial, por su síntesis: “Todo fundamentalismo es anti intelectual”, “A mí todos los guettos me molestan, todos los fundamentalismos, y el fundamentalismo feminista también me molesta” (Yáñez, 2012:138).

Por su parte, Araújo confiesa estar convencida de que la lectura de género es de gran utilidad y a la vez advierte sobre la necesidad de evitar ciertas actitudes perjudiciales; ha expresado que “Interesada en una acción teórica y académica que resulta, aunque no me lo propusiera, política y reivindicativa, trato de evitar los peligros del esencialismo absolutista” (Araújo 1997 8).

Nuestras críticas han denunciado la exclusión de las escritoras proveniente tanto del sector masculino como femenino y han logrado revertir esta situación desde una postura inclusiva y democrática. Han reconocido las masculinidades e incluso abogado por su estudio y defensa, así como la solidaridad de intelectuales y artistas de cualquier sexo que han contribuido al desarrollo de la mujer como ser social y como escritora. Existen varios ejemplos de este reconocimiento en los textos. En una entrevista ante la pregunta que indagaba las causas del boom de la narrativa femenina en la década del noventa, Yáñez expresaba: “La decisión de muchas escritoras de decir: aquí estamos, y […] no solamente las escritoras, también […] escritores o investigadores que se han sumado al reconocimiento y la apreciación de la literatura femenina” (Yáñez, 2012:141).

Por distintas causas, entre las que localizamos la llegada retrasada de esta teoría y su crítica al entorno académico cubano, así como las especificidades de nuestro contexto político y social, las estudiosas cubanas han cultivado una crítica literaria con un tono propio cuyo mayor logro ha sido la igualdad de oportunidades para las mujeres de letras en Cuba:

…a tropezones y con retrocesos, más con firmeza, las escritoras y estudiosas cubanas han crecido en ‘ciencia y conciencia’. Se ha roto, pienso que definitivamente, el silencio en torno a las escritoras, […]se habla del discurso femenino y de los estudios de la mujer, se debate y se investiga; pero sobre todo las escritoras cubanas publican, participan activamente, ganan importantes concursos, tienen ya un espacio de reconocimiento. (Yáñez, 2012:63, énfasis mío)

La crítica literaria que ha asumido las posibilidades de análisis de la teoría de género no constituye hoy una excepción en los estudios literarios cubanos. Es una vertiente consolidada y madura. Ha experimentado una evolución teórica apreciable en un aumento del dominio del instrumental teórico propio de los estudios de género, así como en la ampliación de sus objetos de estudio, sus propósitos y su campo de acción, de lo meramente literario a la complejidad epistemológica de una crítica con una elevada capacidad para replantearse ya no un canon literario, sino la modelación de la identidad de la nación y de los sujetos nacionales.

Para beneplácito nuestro, hoy podemos afirmar que las intelectuales cubanas piensan la literatura desde una heterogeneidad de filiaciones estéticas, teóricas y filosóficas. Existe un corpus de ensayos críticos de autoras cubanas que ejercen sus juicios sobre la literatura desde diversas posiciones pero siempre con independencia de criterio. Si a la mujer le costó (y le cuesta todavía) imponer su voz en la ficción cuanto más en la reflexión literaria, tradicionalmente reservada a los hombres. Es por ello que no puedo evitar la satisfacción al ver a las mujeres de letras escribiendo pero también publicando, editando, antologando, divulgando, juzgando, en fin, construyendo la literatura cubana. Pienso en el papel determinante de la crítica literaria feminista en la creación de un panorama contemporáneo más favorable para la mujer escritora (o no). Sin embargo, las intelectuales cubanas y, en especial, las mujeres de pensamiento no pueden retroceder en las conquistas logradas y es deber suyo permanecer alertas ante las guatacas [9] peliagudas del machismo acendrado aun lamentablemente en algunos sectores. La valoración de la obra literaria no debe (no puede) engendrarse en el menoscabo o menosprecio de su autor por cuestiones de sexo, raza, preferencia sexual u orientación política.

 

Bibliografía:
  • Araújo, Nara. “La escritura femenina y la crítica feminista en el Caribe: otro espacio de la identidad”. Estatuas de sal. Cuentistas cubanas contemporáneas, comp. Mirta Yáñez y Marilín Bobes. La Habana: Ediciones Unión, 1996. 373-384.
  • __________. El Alfiler y la mariposa: género, voz y escritura en Cuba y el Caribe: La Habana, Letras Cubanas, 1997.
  • __________ . “El espacio otro en la escritura de las (novísimas) narradoras cubanas”. Temas 16-17 (1999): 212-213.
  • __________. Diálogos en el umbral: Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2003a.
  • __________. La huella y el tiempo: La Habana, Letras Cubanas, 2003b.
  • __________. “Más allá de un cuarto propio: once novelas en pugna en el siglo XXI”. La Gaceta de Cuba 2 (2007): 3-5.
  • Campuzano, Luisa. “La mujer en la narrativa de la Revolución: ponencia sobre una carencia”. 1988. Estatuas de sal. Cuentistas cubanas contemporáneas, comp. Mirta Yáñez y Marilín Bobes. La Habana: Ediciones Unión, 1996. 351-371.
  • ______________. “La voz de Cassandra. Para presentar Alguien tiene que llorar de Marilyn Bobes”, La Gaceta de Cuba 34 (1996): 52-53.
  • ____________ Las Muchachas de La Habana no tienen temor de Dios: escritoras cubanas siglo XVIII-XIX: La Habana, Ediciones Unión, 2004.
  • Capote, Cruz, Zaida. Contra el silencio: otra lectura de la obra de Dulce María Loynaz: La Habana, Letras Cubanas, 2005.
  • _______________ La nación íntima: La Habana, Ediciones Unión, 2008.
  • Hernández Hormilla, Helen. Mujeres en crisis. Aproximaciones a lo femenino en las narradoras cubanas de los noventa: La Habana, Publicaciones Acuario, 2011.
  • Montero, Susana. La narrativa femenina cubana 1923-1958: La Habana, Editorial Academia, 1989.
  • ______________y Capote, Zaida y (comps.). Con el lente oblicuo. Aproximaciones cubanas a los estudios de género: La Habana, Editorial de la Mujer, Instituto de Literatura y Lingüística, 1999.
  • Montero, Susana. La cara oculta de la identidad nacional. Un análisis a la luz de la poesía romántica: Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2003.
  • ______________ La Avellaneda bajo sospecha: La Habana, Letras Cubanas, 2005.
  • Pino Reina, Yanetsy. Aproximaciones a los estudios de género en la crítica literaria: Guantánamo, Editorial El Mar y la Montaña, 2008.
  • Yañez, Mirta. Cubanas a capítulo. Selección de ensayos sobre mujeres cubanas y literatura: Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2000.
__________.Cubanas a capítulo. Segunda temporada: La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2012.
 
Notas:
 
[1] Cuando nos refiramos a textos críticos que no se han compilado en volumen será debidamente advertido al lector.
[2] Más recientemente, Helen Hernández Hormilla publicó Mujeres en Crisis (2011), un estudio sobre la narrativa femenina de la década del noventa.
[3] En Estatuas de sal, además del mencionado estudio introductorio de Mirta Yáñez, “Y entonces la mujer de Lot miró…”, aparece un epílogo con dos estudios críticos: “La mujer en la narrativa de la revolución: ponencia sobre una carencia”, y “La escritura femenina y la crítica feminista en el Caribe: otro espacio de la identidad”, de Campuzano y Araújo, respectivamente.
[4] Estos dos estudios no aparecen compilados en libros. Ver referencia en la bibliografía.
[5] Nara Araújo ha estudiado la escritura de viaje femenina del siglo XIX, en “Otra vez, Viajeras al Caribe” (Araújo 1997) y en “Verdad, poder y saber. Escritura de viajes femenina” (Araújo 2003b). Por su parte, Capote ha estudiado el discurso autobiográfico cubano en “Memoria familiar/memoria nacional. El ‘caso’ Lola María” e “Identidad y nación. Memorias de una cubanita que nació con el siglo” (Capote 2008).
[6] “Autobiografía y relaciones de género”, “Entre la verdad y la incertidumbre. Autobiografía y relaciones de poder entre los géneros” y “De Narciso y el espejo: autobiografía, psicoanálisis y género” (Capote 2008).
[7] En este sentido y representativo de esta tendencia debe recordarse Aproximaciones a los estudios de género en la crítica literaria (2008), de Yanetsy Pino donde la investigadora analiza las consecuencias de la irrupción de la categoría género en el ámbito de la crítica literaria.
[8] No aparece compilado en libro, ver la referencia en la bibliografía.
[9] Es un término que se usa en Cuba para referirse a las orejas, por lo general, muy grandes de algunas personas y, también, en un sentido metafórico, a las que rinden adulación a otras casi siempre superiores o de más recursos en busca de su mejoramiento (personal, intelectual, económico, etc.). Aquí está usado en este doble sentido.

 

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