Cantores...

Luis Gurevich: Yo me canto para saber qué canto

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Yo me canto para saber qué canto
de la misma fuente lo sacamos todo.
Pocas fiestas en la vida duran porque
sacamos tanto y pusimos poco.

Llega como un ser invisible, nunca pretende protagonismo; quien no sabe de su obra lo cree un mortal. Luego se sienta al piano, acompaña a un gran cantor que nos sacude con algunos clásicos latinoamericanos y hasta es el autor de esas músicas. Muy pronto nos percatamos que quien está al teclado no es un acompañante, es un generador de sueños, un sacudidor de almas, alguien que nos alza hasta las cumbres espirituales; no le interesa que sepas de él, su sueño es hacerte más humano, y lo logra con creces.

Inmensidad de un amor que va encendido,
eternidad que se hace canción
para quedar en los caminos,
como un bálsamo de los días vividos.

Era un invierno, de esos casi utópicos en Cuba, hace un par de años, María Santucho me llamó por teléfono con tono de sorpresa: ¡Viene el Guro con la Julia Zenco! No tenía claridad, ni conocía el apodo y la Zenco era solo una referencia vaga, pero el tono de María ―siendo ella profunda catadora del arte latinoamericano― me dejó la impresión de que algo grande se avecinaba. Y en efecto, a fin de año se dio la gira por el país y el acontecimiento de tenerlos cantando delante.

Soledad sobre ruinas, sangre en el trigo rojo y amarillo,
manantial del veneno, escudo, heridas, cinco siglos igual.

Estremece recordar aquellos momentos de diciembre de 2012; increíble cómo puede quedar aun el oleaje de una música en el alma dos años después. Releo lo que escribí por entonces, tras el concierto, y puedo escuchar nítidamente sin tener que poner la grabación:

“Y qué decir cuando se desató la música. De principio a fin un concierto de intensa y progresiva comunicación; la voz de Julia Zenko saboreando cada palabra, cada verso, transitando por la ternura, el amor, o el dolor desgarrado, con una energía que arrasa con las almas que le escuchan. El repertorio variado y del más depurado gusto, páginas clásicas como “Gracias a la vida”, “Razón de vivir”, “Nostalgia”, “Cinco siglos igual”, “Te recuerdo Amanda” cobran nuevos bríos, y a su vez nos traen las esencias de sus creadores, a partir de arreglos donde el piano de Luis Gurevich, contribuye al encantamiento; acordes y voz en perfecta armonía buscando tocar las fibras más sensibles, sin excesos, sin alardes, como una caricia sentida y de entrega plena.

Imagen: La Jiribilla

Debo confesar que no pude evitar las lágrimas (borrando toda huella machista que podría tener) durante casi todo el concierto. Y cuando miraba a mis lados no eran pocos los que lloraban como niños. Fue un concierto donde la música llegó muy lejos como arte, como ese dar poético que sacude, y te hace sentir un ser humano habitando un espacio de paz suprema, donde el amor se expande como atmósfera.”

Lealtad sobre tumbas, piedra sagrada, Dios no alcanzó a llorar,
sueño largo del mal, hijos de nadie, cinco siglos igual.

Luis Gurevich nació el 8 de noviembre de 1958, en Buenos Aires, Argentina. Si bien su alma principal sale del piano, es multiinstrumentista; de los grandes productores, arreglistas de la música latinoamericana, compositor del más alto vuelo del que a veces ni el crédito coge.

Comenzó a inicios de los 80, siendo tecladista del grupo Prema, liderado por Piero. De 1982 a 1985, integró Prema y en 1985 fue parte del grupo de David Lebon, el guitarrista y cantante que venía de Seru Giran liderado por Charly García. En ese tramo de su carrera debutó como autor, compartiendo con David Lebon la creación del tema “Te quiero dar amor”.

Todos viven tu amor
todos quieren de tu corazón
ysabes que no hay más
nada que resolver.

Todos quieren tu amor,
todos quieres saber comosos
qué sentís, donde estás
y las cosas que vas a hacer.

En 1987 y 1988, Gurevich se sumó al grupo MPA, notable conjunción de jóvenes talentos interesados en el folklore que concretó el Chango Farías Gómez. De la participación de Gurevich en esa experiencia grupal de la que también participaron Peteco Carabajal, Jacinto Piedra, Verónica Condomí y Mono Izarrualde quedó un registro, el álbum “Antes que cante el gallo”. Desde 1988 y hasta la actualidad trabaja con León Gieco, así como en la Orquesta Popular de Cámara, fundada por Chango Farías Gómez.

El propio Gurevich, en una entrevista, recuerda su comienzo con León Gieco, y la primera canción que compusieron juntos:

“Estábamos en Ecuador en una prueba de sonido, yo estaba seteando los teclados tocando una melodíamía; a León le encantó y me pidió que se la grabara en un casete. Tiempo después realizamos un workshop en donde se explicaba cómo componer un tema, León me pide que toque aquella melodía y para mi sorpresa le había puesto letra. Esa canción fue: "Todos los días un poco".

Si una estrella más cayó
este cielo llora
si nadie reclama luna y luz
este mar ya se secó.

Si un beso es uno más
esta boca espera
si una campana no suena
el silencio se durmió.

Imagen: La Jiribilla

 

“León se la mostró a Mercedes Sosa ―cuenta Gurevich― quien la incorporó a su repertorio y la hizo conocer en sus conciertos en el Luna Park (en Buenos Aires). Luego de esta Experiencia comenzamos a juntarnos y trabajar en lo que sería su próximo disco "Mensajes del Alma", un disco al que amo ya que fue mi primer gran trabajo como compositor.

Llaman y llaman
las flores al sol
juegan y juegan
todos los días al amor
si no me llamás
como hace la flor
te iré olvidando
todos los días un poco.

Si otro árbol desnudó
el verano muere
si nadie le exige al viento
esta nube aquí paro.

Si un año más pasó
la vida es más corta
si no sacudes al tiempo
ni un intento queda en vos.

Ese camino junto a León Gieco, ha traído una obra de la mayor relevancia en la que destacan canciones como: “Ella”, “El argentinito”, “Hoy bailaré”, “Las cruces de Belén”, “El desembarco”, “A los mineros de Bolivia”, “Latidos del corazón”, “Yo soy Juan”, “Familia rodante”, “Santa Tejerina”, “La carneada”, “Ve la luna”, “La noche se abre a la luna” y “Desenchufado” entre otras muchas. Bastarian dos piezas compuestas entre él y Gieco para estar entre los imprescindibles de la cultura latinoamericana: “Cinco siglos igual” y “El ángel de la bicicleta”

Cambiamos ojos por cielo.
Sus palabras tan dulces, tan claras
cambiamos por truenos.
Sacamos cuerpo, pusimos alas
y ahora vemos una bicicleta alada, que viaja
por las esquinas del barrio, por calles,
por las paredes de baño y cárceles.
¡Bajen las armas! Que aquí solo hay pibes comiendo.

Cuando se revisa por arribita el sendero trazado por Luis Gurevich no queda sino asombrarse ante tan fecundos años; aparte de esa intensa y extensa obra tejida con Gieco, ha compuesto junto a otros notables creadores como Raly Barrionuevo, Alejandro Lerner, Víctor Heredia, Nito Mestre, Teresa Parodi, David Lebón, Chango Farías y Mono Izarrualde.

Hará un par de años sacó a la luz el CD Gurevich, interesante trabajo en el que compone e interpreta piezas a cuatro manos con Teresa Parodi, Víctor Heredia, Julia Zenko y Raly Barrionuevo entre otros grandes creadores. 

Estaba entusiasmado como rey en los caminos
yo que nunca hasta ahora de mi barrio había salido.
Estaba ejercitando una garganta desprolija,
fue un chiste, fue la vida o una mueca del destino.

Estaba empezando a preguntarme cosas raras
¿Qué busca la gente cuando uno sólo canta?
Será la necesidad de no sentirse nadie
soy uno más de ellos y menos uno en casa.
La vida dibujó una sonrisa en mi cara
y en un minuto triste la borró como si nada.

Ay de mí, ay de vos,
ay de todos...

Luis Gurevich ha participado, como productor o arreglista, en la grabación de numerosos discos, de Teresa Parodi, Raly Barrionuevo, Peteco Carabajal, Luis Eduardo Aute, aparte de buena parte de la discografía de Gieco.

Ha creado temas y bandas sonoras de diversas películas, entre ellas Iluminados por el fuego, de Tristán Bauer, “Familia rodante” de Pablo Trapero, Pyme (sitiados), de Alejandro Malowicki, invitada al festival de San Sebastián (2003). Asimismo fue el encargado de componer la música de la película Mi fiesta de casamiento, de Horis Muschietti, que se presentó en el Festival Latinoamericano de Cine de la Habana, Cuba (2002). Muy especial el trabajo de creación con León Gieco para el documental de la gira "Mundo Alas".

Imagen: La Jiribilla

Pasa callado entre la gente, Luis Gurevich, hace alianzas con cantores para hacernos ver el mundo con su música; su pueblo, el nuestro americano, se despliega en su obra que nos enseña a abrazar, sin medias tintas, sin egos insustanciales; saber, sentir, para darse más parece ser si signo, las claves de su reinado poético. 

Estaba jugando a extender mi único sueño
mi sangre despertaba en el crepúsculo del día.
Estaba debatiendo entre la gloria y tropiezo,
si era buen amante, tormentoso, callejero.

Estaba despidiendo viejas penas en la vida,
estaba descubriendo el valor de la dulzura,
si era apasionado, o un tonto de atropellos,
si tenía fundamentos o era pura espuma.
La vida dibujó una sonrisa en mi cara,
y en un minuto triste la borró como si nada.

Ay de mí, ay de vos,
ay de todos...

La obra de Luis Gurevich y León Gieco, deja trazado un camino de rebeldías, de luchas sociales, de dolores, de utopías, de rostros de su pueblo, de seres ―cercanos o distantes― amados todos, camino que entretejen el sur que existe, y cada día más como esa raza común rica en colores, poéticas, historias, romances, libertades ansiadas durante siglos y que solo pueden llegar de estrecharnos.

En un país de heridas, donde nunca se las cierra,
dormimos todos juntos sobre penas nuevas.
La luna va al eclipse y el sol se queda solo,
y al viejo laberinto le cuesta abrir la puerta.
La vida dibujó una sonrisa en mi cara
y en un minuto triste la borró como si nada.

Ay de mí, ay de vos,
ay de todos...

Sobre estos años de vida, luchas, y creación junto a León Gieco, Gurevich dijo:

“Hoy después de tanto tiempo compartido nos conocemos bien, puedo mostrarle una melodía o él venir con una idea o una letra. Cuando nos juntamos a trabajar somos realmente productivos, en casa hacemos mucho laboratorio, después esas ideas las mejoramos y limpiamos. Para mí es muy importante trabajar con una persona tan comprometida con los derechos humanos, con ideales tan claros como lo es León y me siento muy orgulloso de que él elija mis composiciones.”

Enarbolando dignidad
sobre pueblos vencidos,
abriéndose caminos entre sueño y horror,
van pariendo mucha más vida
de la que se truncó.
Por siempre joven nos mira la foto de ayer y hoy

Y mañana seguirán con fuego en los pies
quemando olvido, silencio y perdón.
Van saltando todos los charcos
del dolor que sangró,
desparramando fe, las Madres del Amor.

Las madres de Plaza de Mayo, clamando por los desaparecidos de la dictadura; Pocho, el joven al que los soldados asesinaron mientras gritaba en su escuelita: ¡Bajen las armas que aquí solo hay pibes comiendo! (bautizado para siempre como el Ángel de la bicicleta); la historia de los bandidos rurales, enamorados forajidos, la pasión de los cantores, de los anónimos amantes, en fin la Argentina, la América que viene amasándose en el tiempo, deja su rastro poético en la obra de Luis Gurevich, especialmente en la trazada junto a León Gieco.

Desamor, desencuentro, perdón y olvido, cuerpo con mineral,
pueblos trabajadores, infancias pobres, cinco siglos igual.

“Cinco siglos igual”. Vi a Gurevich tocar, delante de mí, esta canción que compuso con León Gieco. La cantó nada menos que Julia Zenco, volcánica voz que emerge del dolor más hondo, no solo de su espacio interior sino del tiempo, como si apresara la esencia de las vidas de todo un continente y las expulsara de su alma. Los tenía junto a mí —premio que, sin sospechar, un día nos llueve—, con la sencillez de los cantores virtuosos que da una herencia musical de entrega a los humildes, sin buscar otra cosa que subir un peldaño en la cumbre espiritual. En los cuatro o cinco minutos en que pasa la canción por la vida, transcurre nuestra América, con su esclavitud sangrienta, con la conquista aniquiladora de España, con sus miserias, con sus asesinatos y desaparecidos importados y dirigidos por el imperio Yanqui, y pasan también Ayacucho, Maipú, Carabobo, el cruce de Los Andes, Dos Ríos, La Moneda, La Higuera, la Sierra Maestra, Girón, Chiapas, Puente Llaguno, la universidad de San Juan, Correa con una máscara antigás en un intento de golpe, Chávez descendiendo en un helicóptero en Miraflores... combates con armas o con sueños, con ideales, para dejar de ser niños sin escuela, mujer sometida, hombres sin decoro, pueblo sin libertad.

Cinco siglos igual

Autores: León Gieco y Luis Gurevich

 

Soledad sobre ruinas, sangre en el trigo rojo y amarillo,
manantial del veneno, escudo, heridas, cinco siglos igual.

Libertad sin galope, banderas rotas, soberbia y mentiras,
medallas de oro y plata contra esperanza, cinco siglos igual.

En esta parte de la tierra la historia se cayó,
como se caen las piedras, aún las que tocan el cielo,
o están cerca del sol, o están cerca del sol.

Desamor, desencuentro, perdón y olvido, cuerpo con mineral,
pueblos trabajadores, infancias pobres, cinco siglos igual.

Lealtad sobre tumbas, piedra sagrada, Dios no alcanzó a llorar,
sueño largo del mal, hijos de nadie, cinco siglos igual.

En esta parte de la tierra la historia se cayó,
como se caen las piedras, aún las que tocan el cielo,
o están cerca del sol, o están cerca del sol.
Muerte contra la vida, gloria de un pueblo desaparecido,
es comienzo, es final, leyenda perdida, cinco siglos igual.

Es tinieblas con flores, revoluciones, y aunque muchos no están,
nunca nadie pensó besarte los pies, cinco siglos igual,
cinco siglos igual…

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