Julio Bocca:

"El festival de Cuba es parte de mi vida"

Durante dos décadas, quizás un poco más, los argentinos se vanagloriaron de ostentar al mejor bailarín de ballet del planeta. Transcurría la segunda mitad de los años 80, y un Julio Bocca transgresor con portes de galán recorría el planeta con el American Ballet Theater (ABT), su compañía en aquel entonces.

Imagen: La Jiribilla

Luego de alzarse en 1985 con la medalla de oro en el 5to Concurso Internacional de la Danza de Moscú, Mikhail Barychnikov, a la sazón director del ABT, lo invitó a unirse a su nómina de renombre mundial. A partir de ese instante crucial el argentino se internacionaliza y recibe invitaciones del Royal Ballet de Londres, el Bolshoi de Moscú, el Kirov de Leningrado, Alla Scala de Milán, la Zarzuela de Madrid, el Royal Danish Ballet de Dinamarca, el Ballet de la Ópera de Oslo, el Stuttgart Ballet de Alemania, el Ballet de la Ópera de París, el Teatro Municipal de Santiago de Chile, el Nacional de México y el Teatro Colón de Buenos Aires, donde cursó buena parte de sus estudios.

Su relación con Cuba data de varios años: desde las coreografías en las que se estrenó hasta el deseo de haber querido bailar con Alicia Alonso.

Su relación con Cuba data de varios años: desde las coreografías en las que se estrenó hasta el deseo de haber querido bailar con Alicia Alonso. Ya retirado, su presencia no resulta extraña en el país. En la última edición del Festival Internacional de Ballet de La Habana, concluido el pasado 7 de noviembre, Bocca impartió la primera de las clases magistrales de las Jornadas Fernando Alonso in Memoriam.

Aunque su estancia en la capital fue breve, la ocasión para contactarlo in extremis no pasó por alto. Bocca dirige desde el 2010 el Ballet Nacional de Uruguay. En muy poco tiempo ha logrado armar un repertorio donde convergen lo clásico y lo contemporáneo. Tras presentarse en el 24 Festival de Ballet …reanudó su gira por España, no sin antes realizar una escala en EEUU para recibir un premio.

Luego de cuatro años como director artístico del Ballet Nacional SODRE, ¿cómo valora la experiencia de dirigir una compañía y pertenecer a ella, pero ya no como protagonista sobre el escenario?

Creo que en estos cuatro años no solo se recuperó una compañía de ballet, sino también he aprendido mucho sobre cómo dirigir un ballet de 65 bailarines y que la misma sea del estado. Es una experiencia hermosa a la cual estoy muy agradecido por la oportunidad.

Imagen: La Jiribilla

Cuando asumió ese rol en 2010 usted se propuso varias metas, entre ellas: estandarizar la educación en ballet, invitar artistas del exterior a participar en los programas de la compañía, presentar nuevas obras y reponer otras, establecer convenios con otras escuelas de danza sudamericanas…. ¿Ha podido concretarlas todas? ¿Cuál de ellas ha resultado más compleja?

Los convenios no han sido tan fáciles, cuestan un poco más de lo que imaginaba, pero hemos invitado a personas que la gente pueda ver y disfrutar su ballet. He traído desde (Natalia) Makarova hasta Boris Eifman, entre otros.

¿Cómo ha evolucionado la compañía desde el punto de vista artístico y técnico en este periodo? ¿En su repertorio tienen espacio también las coreografías contemporáneas?

Los bailarines se han superado mucho y creo que estamos en el buen camino, no solo artístico sino también técnico. Lo contemporáneo es parte de la compañía y seguiremos trayendo no solo los grandes coreógrafos del siglo XXI, también los actuales. El bailarín tiene que estar preparado para todos los estilos.

Imagen: La Jiribilla

Usted logró llevar el ballet hacia las provincias interiores de su país natal, en lugares donde no existía una cultura de este tipo de danza, ¿ha logrado realizar idéntica hazaña en Uruguay?

Sí, por suerte todos los años hacemos una gira nacional llevando las obras nuevas de esos meses.

¿Cómo puede conciliar el trabajo y el tiempo para llevar al unísono dos grandes proyectos como el Ballet Nacional SODRE más la fundación y escuela de danza que lleva su nombre?

Bueno, con la escuela de danza que lleva mi nombre hay una presidente y todo un staff que llevan adelante el proyecto. Yo ya no tengo mucho que ver con la escuela, solo está mi amor por ella. Con el Ballet Nacional (de Uruguay) estoy al ciento por ciento.

"Creo que en Latinoamérica siempre hay talento, solo que en muy pocos lugares como en Cuba o la Escuela del Bolshoi, en Brasil, que tiene una base fuerte. El resto siempre tratamos de hacer lo mejor posible... sin una infraestructura decente.

Usted ha viajado prácticamente el planeta entero, interpretado múltiples roles y actuado en un número considerable de las más prestigiosas compañías de ballet del globo, ¿cómo valora el estado actual del ballet en América Latina? ¿Las compañías y sus escuelas de danza en la región poseen un sello distintivo dentro del concierto mundial hoy día?

Creo que en Latinoamérica siempre hay talento, solo que en muy pocos lugares como en Cuba o la Escuela del Bolshoi, en Brasil, que tiene una base fuerte. El resto siempre tratamos de hacer lo mejor posible... sin una infraestructura decente.

¿Qué lugar ocupa en la trayectoria de Julio Bocca la escuela cubana de ballet y el Festival Internacional de Ballet de La Habana?

El festival fue muy importante para mí, ya que acá debuté en muchos ballets y con el cariño de un público increíble. Es parte de mi vida el festival de Cuba. Siempre me han abierto los brazos con amor y respeto, y es una vidriera al mundo.

En esta edición del festival, usted inauguró las Jornadas Fernando Alonso in Memoriam con una clase magistral, ¿qué recuerdos conserva del maestro y bailarín cubano durante sus anteriores visitas a la isla?

No tuve la suerte de estar mucho tiempo con él, pero sí ha dejado un legado: sus obras, su amor y fuerza con este arte maravilloso que es la danza. Ha tocado a muchos con su energía de trabajo y superación.

Después de más de 20 años de carrera profesional, Julio Bocca se retiró como bailarín activo en 2007, ¿hasta qué punto el influjo de la fama ha pesado en esta nueva etapa de su vida?

Fueron 27 años de profesional, bailando y viajando por el mundo. He tenido el amor de los compañeros, del público y el saber que en algunos lugares tenía que salir como estrella de rock. El retiro fue una decisión para dejar en lo más alto mi primera carrera, el amor que tengo por la danza y que se me recuerde siempre bien.

Luego, fue la necesidad de tener una vida más tranquila con un simple trabajo para salir de casa. Ir al trabajo y volver al hogar es algo que en 40 años no lo pude hacer, por suerte ahora sí. Disfruto junto a mi pareja momentos únicos y sigo ayudando como siempre hice en mi carrera a otros bailarines latinos para que cumplan sus sueños.

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