A pesar de la lupa

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Quizá al recibir la noticia en Italia, donde se encontraba sumido en la exposición colectiva Eppur si muove, Lázaro fue presa del asombro, tal vez de un asombro que movía a la curiosidad, al cuestionamiento sobre sí mismo como creador contemporáneo, a evaluarse por razones generacionales y por lo que supone sostener una obra con un discurso estético que gusta y disgusta a la vez; salvado por críticos y también “silenciado” por otros para evadirlo. Lázaro es incómodo, pero sin duda, no ha pasado desapercibido.

Que hoy Lázaro Saavedra (La Habana, 1964) ostente el Premio Nacional de Artes Plásticas, máximo galardón de las artes visuales en el país, se revela como buen augurio para los creadores de su generación—y para el arte en sí—, quienes empezaron a hacerse de un nombre en los dinámicos años 80, sobre un discurso de rupturas, pero al mismo tiempo herederos de un planteamiento crítico, camino que abrió la vanguardia plástica cubana.

Imagen: La Jiribilla

Saavedra es uno de los creadores más prolíferos y polémicos de su generación. Egresado del Instituto Superior de Arte en los años finales de la década de los 80 —1988—, desde sus inició demostró que sus caminos se enrumbaban hacia el arte conceptual a partir de la sátira, la parodia, el humor como vía expedita de expresión artística; recurrente son sus muñequitos lenguados, dueños de un lenguaje callejero, irreverente como la sociedad misma.

Un acercamiento, sin más condición que conocer su obra, revela que estamos ante un creador inteligente, dueño de una visión crítica que no se recrea solo en la denuncia, sino que toma parte, lo hace de manera lúdica, juega con la filosofía y la permea de lo popular. Está entre los creadores de los 80 que se destacó dentro del movimiento del Badpainting y el Kitsch para subrayar su discurso mordaz.

Crítica reflexiva: más de una voz así se refiere a la obra de Saavedra, quien no se distancia. El artista participa, se involucra y asume lo expresado como parte del contexto social al que pertenece. Toma del lenguaje popular para (de)construir un imaginario, de ahí que no pocas veces sus propuestas artísticas sean miradas con lupa.

De su evolutiva creación cuenta su militancia en el grupo PURÉ (1986-1987) —del cual Lázaro es un sobreviviente— que constituyó una de las cofradías  más dinámicas, ricas y sorpresivas dentro del arte visual por la manera mordaz de plantearse el discurso artístico,y con los más insospechados recursos para abordar el quehacer plástico. En el último decenio del siglo XX llega en calidad de profesor al ISA, donde encuentra a un grupo de estudiantes con los que empieza a trabajar. Conformaron entonces el Colectivo Enema (2000-2003), que apostaba por el performance como elemento creativo y discursivo, con obras que tenían como sello la autoría de todos y no de uno en particular. La idea sostenida era llevar el arte colectivo por encima de las pretensiones individuales.

Unos programas televisivos —cuyos protagonistas fueron piedra angular de la llamada guerrita de los e-mail, suscitada entre artistas e intelectuales de la Isla—, movieron a Saavedra para inventarse otro proyecto: La Galería I-MEIL, plataforma por la cual hizo circular sus polémicas obras vía Internet.

Imagen: La Jiribilla

Si bien sus dibujos lenguados a modo de caricaturas identifican parte de la amplia obra de Saavedra, la pieza Detector de Ideología (1989), un aparato medidor de la condición política de los cubanos, define el curso de su carrera, por ser muchas veces revisitado de varias maneras por el artista. Casualmente es una de las piezas que conforman parte de la muestra colectiva Eppur si muove, inaugurada el 25 de octubre en Bari, Italia.

A propósito, Corina Matamoros, curadora del Museo Nacional de Bellas Artes, expresa que “pocas obras logran revelar tanto el pensamiento de un momento de la vida social como este Detector…, porque tuvo la osadía de plasmar una visión crítica descarnada y directa, que se adelantaba a la avalancha de producciones que harían del comentario político el sello del arte nacional por más de una década”.

Lázaro Saavedra hace una semana que es noticia, el premio, obviamente, constituye a partir de ahora, un buen pretexto para continuar extendiendo su quehacer artístico —que ya ha recorrido varias galerías del mundo y bienales de alta convocatoria como las de Venecia y Sao Pablo— y  proponiendo otras maneras de asumir el arte contemporáneo. Dueño de una trayectoria evolutiva, el artista ha dado muestra que es un incansable buscador de nuevas/otras zonas propositivas del arte. Esperemos que nos asombre.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato