Maraguán: aficionados al baile, profesionales en él

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba
Miércoles, 26 de Noviembre y 2014 (3:24 pm)
Fotos: Liesther Amador

La rumba es género duro, tradicionalmente patriarcal, pero no deja de estar entre las raíces más profundas de nuestra cultura. Es por esto y por ser un baile popular, que se deja al libre albedrío de los ejecutantes su calidad. ¿Qué necesita la rumba para llegar a un nivel estético y profesional innegable? El Conjunto Artístico Maraguán parece tener la respuesta. El grupo camagüeyano con su más reciente espectáculo, Hoy, mi ayer. La rumba, refleja lo popular, elevándolo  en una propuesta escénica que trasciende lo amateur, aun cuando hayan presentado esta pieza en el contexto del 22 Festival de Artistas Aficionados de la FEU.

Las danzas populares, folclóricas y tradicionales resguardan un patrimonio intangible de la cultura, pero llevarlas y recrearlas en la dialéctica de los escenarios artísticos, amén de las plazas populares ayuda a su actualización y diálogo con las nuevas generaciones. Cuando asistimos a una representación de bailes y músicas tradicionales y populares, el solo hecho de que tengan estas dos cualidades, puede brindar notoriedad a la representación escénica, pero es en el aporte y la renovación de los fundamentos populares que se produce el verdadero diálogo artístico.

Imagen: La Jiribilla

Comunicación que logra Maraguán al mantener pasos y rituales de la rumba, pero jugando con elementos escenográficos y dramatúrgicos. Vale destacar el diseño de vestuario, sobre todo el de las bailarinas, que recae en lo fantasioso, aplicando  volumen, ampulosidad, conceptos que se encuentran en el mismo baile.

Los conjuntos  folclóricos, o que reflejan en algún momento de sus obras esta  temática, no siempre logran un balance entre intérpretes musicales y danzarios. Hoy, mi ayer… alcanza un delicado equilibrio, basado en el virtuosismo de ambas especialidades. Nunca el espectador siente que la música apoya al baile o viceversa, una vez más el conjunto artístico apela a un diálogo que refleja un todo: el espectáculo.

El público cubano se ha acostumbrado a un histrionismo escénico, ya sea en el teatro, la música o la danza. Por eso no es de extrañar que si los bailarines de Maraguán bailen encima de una botella o crucen cuchillos por encima de sus cuerpos, sean estas las escenas que más provoquen los aplausos del público, pues están al mismo nivel de cuando la primera bailarina Viengsay Valdés realiza sus 20 fouetté.

Imagen: La Jiribilla

Los bailes folclóricos llevan en sí mismo la dramaturgia de la alegría o la violencia, esa que emana del sujeto. En este espectáculo sobresale la concentración de sus ejecutantes, permanece la idea de la representación de ambos elementos, se mantiene durante toda la puesta danzaria que no solo se baila con el cuerpo, sino con la expresión del rostro.

Hoy, mi ayer. La rumba viaja del pasado al presente, y cómo únicas vías para este camino tiene a la danza y la música. Sus tripulantes, los miembros de Maraguán, constituyen excelentes viajeros que remantizan “lo viejo”,  haciéndolo profesionalmente nuevo.

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