Artes Plásticas

Entre luces, sombras y puntadas,
Carlos Guzmán rehace su universo

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Casi se acaba noviembre, mes en el que el reconocido artista de la plástica cubana, Carlos Guzmán, ha estado muy atareado: hace apenas unas horas viajó hacia Panamá para coordinar futuros trabajos; el martes 25 —en el Museo Nacional de Bellas Artes— se estrenó un audiovisual dedicado a su obra; y el viernes 14 inauguró una muestra personal titulada Puntada a puntada rehago el universo, en la Casa de la Obra Pía, en La Habana colonial.

Imagen: La Jiribilla

El audiovisual —de 27 minutos, realizado por la Productora de Audiovisuales de la Oficina de Comunicación de la Oficina del Historiador— intenta hacer un recorrido apretado por la obra de este singular artista que ha consolidado un sello que lo identifica y distingue. Destacados especialistas como el profesor y crítico Antonio Fernández Seoane, la curadora Janet Rodríguez, el periodista Argel Calcines, editor general de la prestigiosa revista Opus Habana, y el pintor y dibujante Mario García Portela, valoran la obra de Guzmán y, desde distintas aristas, perfilan los rasgos esenciales que caracterizan su quehacer. El monográfico forma parte de la primera parte de la serie “Luces y sombras” —dedicada a diez artistas de las artes visuales contemporáneas cubanas— y, según ha trascendido, para el año venidero será transmitida por la televisión cubana.

Imagen: La Jiribilla

Con Puntada a puntada rehago el universo, Guzmán regala al espectador (hasta finales de diciembre venidero) una reveladora propuesta en la que —aunque da continuidad a la estética que lo caracteriza—, se siente un recogimiento y una hondura particularmente conmovedores. Conforman la exposición obras de gran formato en las que se evidencia, no solo, el delicado trazo del dibujante sino una atmosfera repleta de sugerencias y misterios que evocan, a un tiempo, los posibles “mundos paralelos” y también el desgarramiento conceptual que cada pupila degustará a su antojo y según sus posibilidades.

Sobre estos y otros temas, Guzmán, conversó en exclusiva con La Jiribilla: “Hace varios años que no exponía en Cuba y cuando me lo propusieron me puse muy feliz. Decidí hacer esta muestra con obras de gran formato porque el espacio de la galería me lo permite. La atmosfera que tienen las obras la da, entre otras cosas, el formato grande; tal vez en un tamaño más pequeño no hubiera logrado ese sentimiento de cierto misterio. Son obras un tanto escépticas”.

Imagen: La Jiribilla

¿Las obras fueron pensadas, especialmente, para esta exposición?

Son siete piezas de dos metros por dos metros y las concebí, expresamente, para esta muestra. La casa de la Obra Pía tiene mucho que ver con las manualidades y es un sitio que se ha abierto a las bordadoras y las tejedoras y, de alguna manera, quise rendirle un personal homenaje a mi madre, que era costurera.

Esta exposición nace de esa nostalgia que siento por ella a pesar de que falleció hace unos años. Y así,  poco a poco, me fui complicando; eso nos sucede a todos los artistas: comenzamos pensando en algo determinado y, en mi caso, me voy desviando hacia el universo, hacia las personas, los acontecimientos que ocurren en el mundo y, también, la relación del ser humano con la naturaleza, que  ha sido una constate en mi obra. La Casa de la Obra Pía me evoca a mi madre, es decir, a la mujer que labora, que trabaja con sus propias manos y crea arte.

Imagen: La Jiribilla

¿Podemos aseverar que en Puntada a puntada rehago el universo no hay rompimientos, es decir, existe una continuidad de su discurso pictórico?

No hay cambio alguno: mantengo mi propia figuración que se relaciona con lo medieval, con lo renacentista… es una mezcla que también tiene que ver con la modernidad porque aparecen objetos y artefactos que son de la época en que vimos.

En este grupo de piezas igualmente toco el tema de la comunicación que me preocupa tremendamente; pienso que utilizando los medios de comunicación que poseemos hoy, en vez de comunicarnos nos incomunicamos. No estoy en contra de los avances tecnológicos, pero me parece que se está tomando un rumbo equivocado y debemos tomar conciencia de ello; tenemos que detenernos a pensar y a compartir con las personas que tenemos al lado. Me gusta que me miren a los ojos y yo poder mirar también. No sé por qué, pero siento que es un buen hábito que se está perdiendo.

Creo que su obra tiene posibilidades de convertirse en tridimensional a partir del uso de elementos que sugieren la comunicación, ¿ha pensado en ello?

He hecho algunas esculturas a partir de objetos que el hombre desecha, algo que no es nuevo: en Cuba y otros países hay creadores que se basan en ese concepto. Tengo un amigo que asegura que ‘cuando el hombre más cómodo se siente con sus zapatos, los desecha’; esos objetos que uno bota, en algún momento fueron de utilidad y cumplieron una función y, a lo mejor, fueron ¡hasta muy deseados! y cuando envejecen son echados a la basura. Ese reciclaje lo he asumido en los collages, pero, sinceramente, lo que me sucede con la escultura es que cuesta trabajo transportarla, emplazarla y, también, almacenarla.

¿Continuarán siendo esos vestuarios atemporales, atípicos —que pueden evocar el medioevo, pero que también pueden ser la vestimenta del siglo XXIII— un tema recurrente en su obra? 

Es un recurso que utilizo y en el que me apoyo para consolidar la composición, las atmósferas y otorgarle un determinado carácter a un personaje. Invento esas historias e imagino los trajes y atuendos —que diseño con muchas texturas y elementos— que me ayudan a subrayar el misterio de la creación. Es casi una trampa para el espectador: primero seduce la belleza del traje y, luego, se van descubriendo una serie de símbolos y de elementos que le pueden transmitir algo.

Puntualmente en Puntada a puntada rehago el universo, he tratado de trasmitir cierta inseguridad y coloqué a los personajes como detenidos antes de hacer algo, es decir, la acción no ha sido concluida. Los fondos sepias y los verdes oscuros colocan a los personajes como en un bosque, pero no defino ni la hierba, ni las hojas, ni los árboles —en cuadros anteriores sí lo he hecho. En este caso son simples manchas que dan la sensación de estar ubicados en el campo. Todo es un tanto ambiguo.

¿Es entonces esta exposición variaciones de un mismo tema?

Trato de que cada serie tenga algo nuevo. En esta muestra hay varios personajes y no me centro en uno específicamente: hay una interacción entre tres o cuatro personajes alrededor, casi siempre, de una mesa que para mí es un elemento importante porque define casa, hogar, reunión, intercambio y evoca paz y disfrute.

Imagen: La Jiribilla

El próximo 28 de enero a propósito del Aniversario 16 de la fundación de Habana Radio, emisora de la Oficina del Historiador, inaugurará en la Casa Carmen Montilla de La Habana colonial una muestra personal, ¿algún adelanto?

En paralelo a la pintura siempre hago dibujos y collages y es algo que disfruto muchísimo; hay, incluso, críticos de arte que me han sugerido que cultive más el collage. Hay quienes pueden, erróneamente, considerar que es más fácil, pero no es así. En el collage se tiene que rehacer lo hecho y dotarlo de otro discurso, y se tienen que mezclar diversos elementos.

Desde mediados de los 90 estoy incursionando en el collage y la idea que me estoy proponiendo es reunir algunas piezas de esa época y yuxtaponerlas en una obra totalmente nueva.

Hay algo curioso: la primera exposición que hice en La Habana vieja —fue en el Palacio de los Capitanes Generales y se llamó Ánimas— y era de collage. En aquella ocasión no había tenido la oportunidad de conocer personalmente al doctor Eusebio Leal, el historiador de la ciudad, y ese fue el primer encuentro de él con mi trabajo. A  partir de ahí nació una hermosa amistad: lo aprecio y lo defiendo incondicionalmente porque considero que es un ser humano maravilloso.

La exposición, que dedicaré a Habana Radio, cierra un ciclo y a la vez abre otro. Reitero, no es una muestra retrospectiva sino una manera de ver cómo ha evolucionado en el tiempo e, incluso, me permitirá apreciar  los cambios que ha experimentado mi obra. 

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