Selección de poemas

Ernesto Sierra • La Habana, Cuba

Viajero en el tiempo de las almas

Hoy no importa si fue un viento, el azar, un extraño equívoco o las sonoras campanadas de la amistad quienes me trajeron aquí, a esta dimensión desde donde me miro con la extrañeza de quien ve su rostro en el espejo y le resulta ajeno. Hoy importa lo que entiendo y asumo con la humildad del iniciado en un secreto tan sencillo que estremece.

Hoy escucho voces que me acompañaron en otras latitudes, recibo abrazos que han rodeado mi espalda bajo otro cielo, miro rostros sonrientes, ceños fruncidos, percibo la agitación de los que invierten en su propia desgracia y el gesto plácido de los que ciñen el chaleco de la generosidad y el paso breve. No existe paisaje, no hay extrañeza. No puedo afirmar que el pardo de una tierra o el olivo grisáceo que cubren un páramo interminable, sean menos hermosos que el azul de un cielo sin nubes o una arena que, de tan fina, se escurre entre mis dedos que todo lo tocan.

Hoy puedo entender las obsesiones con el tiempo y el espacio. Alguien me ha dicho que a mi corazón le han nacido piernas y pienso que en realidad le han crecido alas. Cuando estas se agitan hay una tormenta de sentimientos y animosidades que arrasa con cualquier paisaje, cualquier atisbo de arraigo material. Acepto entonces mi derrota en la lucha contra las lecciones de los maestros, y debo asumir que mi vida es una sucesión de construcciones y derrumbes, de finales y recomienzos que se van alternando, en mi caso, de una manera caótica cuyo orden escapa a mi condición de anónimo viajero en el tiempo y desconozco el propósito, divino o humano, que encierra este devenir.

Hoy declaro que mis pasos buscan el camino hacia el alma de una mujer, que mi razón completa cabe en la mirada limpísima de un hijo y el dolor propio o ajeno se disipa en el abrazo de la amistad más pura. Renuncio a toda sabiduría si la dimensión de una caricia, un beso y un abrazo destruyen las gastadas concepciones del universo; renuncio a las herencias que encarcelan la verdadera libertad, si las preguntas y respuestas de un niño borran de un tirón los congelados chorros de tinta encerrados en los libros de filosofía.

Hoy disfruto el milagro de estar vivo y sentir este batir de alas que le han nacido a mi corazón.

 

Azul

Un rayo de luz hiere mi sueño
despierto en la orfandad de mis sábanas
no son azules
hoy tienen el color de tierra adentro
y el aroma salino de tu piel recién despierta
es solo una promesa que invita a quemar
este otro día menos que nos queda en el cuenco ancestral de los deseos.

 

Canción marina

…el olor del café, la melodía, el salto mortal de tu boca en mi beso, el humo del incienso en el cerebro, el descender sin seso hasta el deliro, la madrugada, la humedad que ahoga de vergüenza a los escrúpulos, un rechinar de dientes en el dorso de las manos, el masaje brutal de los abrazos, la lágrima que nace sin tristeza, la niebla inexplicable del mar contra tu fuego, el instante infinito del temblor que sacude el universo, el mundo que no existe más allá de la saliva… y mi voz deslizando en tu oído la canción del regreso…

Conjuro en púrpura contra el olvido

De repente la flor solitaria se me convierte en primavera. Sin importarle la naturaleza en retiro, asoma orgullosa su corola y el aire se aviva ante el enigma de su rojo desafío. No es efímera la rosa, lo sabe, y se prende en mi chaleco con la terrible paradoja de su punzante belleza. Mas no hay contradicción, es un apremio a mi memoria, a develar la magnitud de mi secreto de viajero en el tiempo del olvido. Acércate, tócame, parece decir, y la toco sin romper el número perfecto de su especie. Un temblor leve la sacude, de su olor anhelante contagia mis manos, mientras rasga mis dedos con la espina que brinda en sacrificio. Y de su olor, mi sangre y su reclamo, brota esta tinta púrpura sedienta de sudores, con que escribiría hoy sobre tu piel el conjuro eficaz para mi ausencia.

 

Ojo en el tiempo

A José Lezama Lima
 

Me da las alas
el vuelo del colibrí
que reta al viento
también el hacha
que corta el aire en rebanadas
y sesga la brisa bamboleante y ciega.

Miro el cúmulo que ensancha tu memoria
y los ojos se nublan de infinito
de la materia hirsuta que puebla
tu anatomía del hombre solo
la inmensidad del peso de la Isla
que jadea en tus espaldas entintadas.

Los papalotes vuelan sin hilos
mientras por tu frente camino como sobre la plaza
un cóndor se posa en el cráter de tu ombligo
y huye despavorido
ante el vértigo de la enumeración caótica
que te dedico
justo en esta centuria
en que invoco tu ausencia.

 

Ficha: Ernesto Sierra (Güines, 1968). Graduado de Filología por la Universidad de La Habana, Diplomado en Estudios Amerindios por la Casa de América de Madrid,  especialista literario, ensayista y profesor universitario. Tiene publicados los libros La doble aventura de Adán (Editorial Letras Cubanas, 1996), título que le mereciera el Premio Pinos Nuevos en 1995; Avatares de una biblioteca (Ediciones Boloña, 2012), y Aprendiz de América (Editorial Unicornio, 2005 y  Editorial Arte y Literatura, 2012), estos dos últimos pertenecientes al género Ensayo.

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