Bacanal en La Habana

Testimonios de un titiritero entre el sol y la lluvia

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba

Los titiriteros de Matanzas (Teatro Papalote y Teatro de Las Estaciones) llegamos después de inaugurada la Segunda Bacanal de Títeres para Adultos. Ambos grupos estuvimos de estreno el mismo fin de semana en que se descorrían las cortinas del evento bienal capitalino nacido en 2012. El elenco dirigido por el maestro (mi maestro) René Fernández, subió a las tablas su versión libre sobre la conocida tragedia Macbeth, de William Shakespeare. Bajo el género poema dramático con figuras, el decano conjunto revisitó la pieza del dramaturgo británico a partir de sus contenidos dramáticos y los conflictos latentes en nuestra contemporaneidad. Las Estaciones*, por su parte, estrenaba El irrepresentable paseo de Buster Keaton, una nueva mirada del grupo matancero a un texto de Federico García Lorca, escrito en 1928, con fuertes tintes surrealistas, llevado al retablo por los hermanos Camejo y Carril, en 1964, con el mítico Teatro Nacional de Guiñol.

Imagen: La Jiribilla
Títeres porno. Colombia
 

No más llegar a la gran urbe comenzaron los anuncios de lluvia y truenos. No imaginábamos los de Teatro de Las Estaciones, que irían a coincidir nuestras funciones con los dos días más inclementes de un frente frío estacionario que fustigó gran parte de las jornadas de la esperada bacanal titiritera. Esas condiciones atmosféricas, más la presencia discontinua del teatro de títeres para adultos en el repertorio de nuestras agrupaciones, influyeron en que los espectáculos transcurrieran, durante la primera etapa de la fiesta, con la asistencia de un público menguado aunque interesado, que en honor a la verdad ha sido superior al de la primera edición y fue creciendo de manera paulatina. Habrá que seguir insistiendo —como aspira este necesario evento—, y pensar en una mejor promoción del programa de actividades (los impresos gráficos llegaron a destiempo), ganar el total sostén de las instituciones comprometidas con esta importante acción a favor del arte titiritero y sobre todo, por parte de los que realizamos esta manifestación, lograr un trabajo profesional cada vez más responsable, acorde con el linaje legado por el Teatro Nacional de Guiñol y aquellos grupos titiriteros de los dorados años 60 que dedicaron parte de su labor al público adulto.

Aunque intenté verlo todo no lo pude conseguir. La muestra nacional e internacional de esta segunda festividad de las figuras para adultos aumentó en cantidad de espacios de representación y espectáculos, más no en las condiciones logísticas de transporte, lo cual me llevó a seleccionar lo que vería por la cercanía de las instalaciones, y por la curiosidad de quien no imagina que podrá encontrar ante títulos de tan alta convocatoria.

Imagen: La Jiribilla
El irrepresentable paseo de Buster Keaton. Teatro de Las Estaciones
 

Romance en charco seco, un montaje del que tuve noticias desde su mismo arranque y proceso de ensayos, a cargo del inquieto Teatro La Proa, abría el lunes en la programación. Ingredientes escénicos tan atractivos y dignos como la puesta en escena, la actuación con títeres y la banda sonora, se imponían a las contingencias potenciales que asume un conjunto al versionar el Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín,  texto antológico para títeres de García Lorca, además de apostar por la difícil técnica del títere de varilla, compleja en su construcción y posibilidades de animación, para defender una producción que demuestra evolución, sentido del riesgo, un amor infinito por el arte del retablo. Petición de mano, versión y dirección artística del joven Yosvani Abril, sobre la clásica pieza de Antón Chejov, con el Teatro Polichinela, de Ciego de Ávila, devolvía a las tablas a un grupo del cual dejé de tener información por algún tiempo, y que ahora reaparece en la capital de los cubanos exhibiendo la misma preocupación por el títere con que marcó territorio en años pasados. Su elenco vital, lleno de posibilidades actorales, tuvo la mayor ganancia en la animación de los llamativos muñecos y en el arrojo con que abordaron el espectáculo. Contextualizar un clásico es siempre asunto harto complejo, requiere de tino, del dominio en las diferentes calidades de la obra teatral, ir a por el ansiado equilibrio entre lo que quiso decir el autor original y lo que defiende a nivel  estético y general la nueva versión que reelabora y actualiza.

Tragedia, una versión libre para la escena sobre el cuento homónimo del chileno Vicente Huidobro, fue lo presentado por Teatro sobre el camino, de Villa Clara. Un elenco joven y prometedor, que en mi criterio alcanzó en la animación y los sugerentes muñecos de Manuel Díaz y Rafael Martínez, este último también director de la puesta en escena, el mayor atractivo. Si resulta esperanzador aplaudir a tanta gente joven que ha acudido a la Segunda Bacanal para ofrecer su contribución titeril para adultos, es igualmente confortador ver las propuestas siempre provocativas de un maestro como Armando Morales, director artístico y general del Teatro Nacional de Guiñol. Su montaje del Milanés, que se inspira en los bocetos de la obra que escribiera Virgilio Piñera sobre el poeta y dramaturgo nacido en el siglo XIX, en Matanzas, exhibe el lirismo y la contención de una propuesta que apela a figuras basadas en objetos y elementos de una fuerza expresiva otra, aderezada con momentos de alta poesía escénica como el breve fragmento de El conde Alarcos, representado elegantemente con figuras que remedaban a los pupis italianos.

Conozco de cerca el magnífico trabajo con el títere Pulcinella, llevado a cabo por el maese italiano Bruno Leone, él es un invitado de lujo en cualquier festividad titiritera; conocía al Teatro Comunidad, de Colombia, que ha ofrecido anteriormente sus historias acompañadas de música en vivo, tanto en Matanzas como en La Habana. También tenía noticias de la cuidadosa animación de las marionetas, igualmente colombianas, de la Fundación Ernesto Aronna; pero confieso que fue la proposición de Adentro Producciones, el otro grupo que completaba la tríada de ese país centroamericano en la Bacanal, quien concitó mi mayor atención. Títeres porno, una experiencia artística con escenas de sexo explícito, fue sin duda uno de los mayores signos de interrogación para los que asistimos a esta segunda oportunidad de los títeres para adultos. Los que acudimos a la sala del Teatro Nacional de Guiñol, donde se presentaron por dos días con cuatro funciones, seguramente las más llenas del evento, pudimos aplaudir un divertimento defendido por cinco excelentes  actores y animadores, cuyo desparpajo verbal y físico sobre las tablas enmudeció a aquellos con limitaciones morales, e hizo reír a carcajadas a otros que disfrutaron con tanto atrevimiento titiritero inusual. En mi opinión, eliminar un par de escenas reiterativas, haría más contundente este ofrecimiento teatral, tan diferente a todo lo apreciado en este género en la Isla. Creo en aquello que dice “lo poco y bueno dos veces bueno”, igual hubiera programado este espectáculo en el contexto interactivo de un café nocturno o cabaret. No obstante la experiencia primera del contacto de Adentro Producciones con el respetable cubano, bien puede calificarse de provechosa e inolvidable. Una pena la ausencia a última hora del Teatro Telba Carantoña, de Venezuela, anunciaban un interesante montaje titulado Entre ilusiones, amores y cuernos, con textos de los argentinos Gabriel “Guaira” Castilla, Eduardo Di Mauro y Javier Villafañe, junto al cubano René Fernández Santana.

El esperado cierre del programa de presentaciones teatrales, ya con sol radiante en el cielo, estuvo a cargo de la Compañía Teatro Océano, otra vez en pos de obras maestras del teatro de títeres para adultos. Esta vez se afanaron en llevar a las tablas  Shangó de Ima, uno de los monumentos dramatúrgicos nacionales, de la autoría de Pepe Carril, y debo decir que la puesta de su director Luis Emilio Martínez constituye un ascenso en la escalera creativa de este colectivo. Volver a escuchar los hermosos parlamentos del misterio yoruba que fuera tan aplaudido en su estreno mundial fue un especial regalo. Nunca vi en escena aquella legendaria representación dirigida por el propio Carril, solo me llegaron ecos de libros, periódicos, discos y testimonios de primera mano de los que estuvieron como actores titiriteros en ese momento histórico.

Imagen: La Jiribilla
El secreto de Pulcinella. Bruno Leone, Italia
 

Al repasar la vista por el público presente en la función de las 5:30 pm, en la Sala Llauradó, me dio gusto encontrar a Xiomara Palacio, que asumiera a Oshún en 1966, Armando Morales, que interpretara el personaje de Agayú Solá. Sentí una extraña vibración al pensar en los artistas ausentes de ese espectáculo, vivos o muertos, todos hubieran evocado un maravilloso tiempo ido, rescatado ahora respetuosamente por Océano. Shangó de Ima, con la música en vivo y una propuesta espectacular desacostumbrada en nuestro panorama titiritero, es de seguro el mayor empeño que se haya propuesto esta agrupación habanera, por tanto exigirá de todo el equipo artístico en cada función la responsabilidad enorme de alcanzar en la actuación en vivo, la animación de figuras, el baile, la interpretación musical cantada y percutida, la plástica e iluminación concebida, el espíritu divino de aquel suceso memorable.

Al conjunto de talleres, encuentros y conferencias planificadas se sumaron dos noches de cabaret titiritero, en la última se entregó el premio PopulBaco, justificado en la votación popular de los espectadores bacanaleros. Lo conquistó el marionetista Ernesto Aronna, de Colombia, cuyas funciones acontecieron en la Sala Adolfo Llauradó y en el Teatro La Edad de Oro, del municipio capitalino 10 de octubre.

Entre ocho días permeados de sol, lluvia, truenos, aplausos, sorpresas, descubrimientos, más los accidentes naturales de cualquier evento defendido por seres humanos, transcurrió rauda la Segunda Bacanal. El comité organizador promete continuar su trabajo promocional del teatro de títeres para adultos hasta que llegue la tercera edición, que así sea. Los que apostamos por el arte de los retablos estamos dispuestos a acompañarlos en ese gran empeño.
 

*Teatro de Las Estaciones también presentó la puesta en escena Burundanga, del autor Luis Enrique Valdés Duarte.

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