Un héroe de Santa Clara olvidado (II)

Rolando Rodríguez • La Habana, Cuba

El 30 de  julio de 1879 Bonachea le escribió desde Nueva York a Maceo. “En vísperas de marcha en compañía de Calixto nos hemos detenido por cuestiones de servicio, pero tan pronto nos desocupemos, tendremos el placer de verlo a usted y los demás compañeros y amigos […]”.

El 3 de septiembre de 1879 le escribió desde Nueva York a Bavastro (Jamaica). “Es preciso me diga los recursos que tengo en esa; número de armas, clase y condiciones”.

Ya el 10 de octubre de 1879 escribió una proclama llamando a los cubanos a la lucha. En Kingston recibe una carta de Lanza, en la que le dice que Calixto García, se quejaba de que Bonachea no lo había esperado. (…) Pero Lanza le había manifestado al holguinero “que era imposible detener el plan convenido con Bonachea”. Lanza había comprado 60 fusiles. El 8 de noviembre de 1879 Calixto García le diría: “Lanza me dice que no  puede demorar su salida. Creo conveniente que usted salga para Cuba a la mayor brevedad. Yo me apresto a marchar también en un plazo muy corto”. El 22 de noviembre de 1979 ya está en Kingston y le escribe a Maceo, en Puerto Plata: “Recibí la de usted del 18 y a la vez correspondencia de Nueva York y solo he sentido en el alma que V. no se hubiera hallado en esta en estos momentos, seguro de realizar nuestros planes”. El 21 de diciembre de 1879 le escribe Calixto García a Bavastro: “Mi anhelo más grande es llevar a Cuba, con los que deseen acompañarle al general Bonachea, no tan solo por los méritos que en él reconozco sino porque le tengo verdadera amistad. Si Bonachea quiere venir conmigo le avisaré el punto en que debe encontrarse… No podrán ser más de diez hombres, si es posible todos veteranos… Esta exigencia es debida a que no podré llevar más de cincuenta conmigo”. Corrobora estas diferencias con Calixto García una carta en que este exponía: “Dice Ros que ustedes no pueden facilitar recursos, porque los han dado a Bonachea, para la expedición de él y quedarán para la mía luego. ¿Es decir, ustedes creen de buena fe que Bonachea va antes que yo? Dirá lo que quiera, pero no lo creo; Bonachea no irá a Cuba si yo no lo llevo, pues con 700 pesos no se hace una expedición y Lanza no tiene aquí recursos. Si Bonachea me hubiera esperado aquí ya estuviese en Cuba”. El 21 de diciembre de 1879 Calixto García le escribe a Bonachea a Jamaica: “Soto me hizo entrega de 500 pesos, que con los 209 de que le era deudor, quedan depositados en tesorería […]. Cuando esta llegue a sus manos, posiblemente haya entrado en Cuba el brigadier Cecilio González con algunos expedicionarios y regulares recursos”.

El 7 de enero de 1880, decía Calixto García a Bavastro, en Kingston: “Ustedes aceptan que Bonachea marche conmigo, es lo más útil y conveniente… Bonachea debe reunir el mayor número de veteranos, que permanecerán donde hoy se hallan, listos para salir”. El 17 de febrero de 1880 Bonachea recibe otra carta de Calixto: “Mucho me complace su actividad, muy pronto llegaremos a los campos de la patria […]”. El 23 de marzo dice Calixto García a Bavastro: “Yo pienso llegar frente al puesto donde vive el inglés (Montego Bay), mandar un bote a tierra y avisar a usted por telegrama. A matacaballos debe salir Bonachea para el punto convenido pues yo puedo permanecer bordeando solo dos o tres días hasta esperarlo”.

Pero después de esto Calixto dejó a Bonachea. Posiblemente debido a los corre-corres de último minuto. También por lo pequeño de la embarcación.

En marzo Calixto García le dijo a Leandro Rodríguez, que se habían quedado Roloff y Aguirre y que trataría de que embarcaran para Jamaica por el vapor del martes. Así tal vez pudieran ir con Bonachea. Pero la carta no la recibiría  entonces Bonachea porque el 26 de marzo de 1880 a las ocho de la noche, en el muelle de Nueva Jersey, se congregan 26 valientes que dos horas después saldrán en la goleta, de velas, Hattie-Haskel en busca de la costa cubana. Los manda Calixto García, visten ropa gris, calzan zapatos de pelotero y se tocan con sombrero de castor; en una bolsa lleva cada uno 100 cartuchos, es todo. El 30 de marzo Bavastro le dice a Calixto, en carta que este no recibirá, al menos oportunamente, que Bonachea lo espera con impaciencia para ir al punto convenido (la casa de descanso del gobernador inglés).

El 13 de abril del 80 en respuesta a una de Bonachea, Martí le decía: “Distinguido compatriota: La marcha rápida y feliz de los sucesos a cuyo desenvolvimiento hoy nos consagramos exige toda la actividad que U. a ellos dedica, y la mayor unión y rapidez en las tareas que para continuar fortificándolas se emprenden. Al mismo tiempo que esta carta llegarán a Jamaica el Gral. Carlos Roloff y el coronel José María Aguirre, como urge la llegada a Cuba de los antiguos militares, con este objeto van a esa Isla…

—Y siendo del general Calixto García la orden de su salida, encontraran sin duda unidos a Ud., todo el apoyo que para su objeto necesitan […] Todo lo espero, y el Comité conmigo, de la fraternidad y noble concordia de los servidores de la Revolución: Las Villas necesita a sus gloriosos veteranos”.

Bonachea está desesperado porque Calixto García no lo había llevado. Pero la expedición de Calixto García del Hattie-Haskel había fracasado. Calixto  intentará de nuevo la salida el 19 de abril.

Ese mismo día Calixto desde Dry Harbour le escribió a Bavastro: “He tenido que echar mano a los recursos de Bonachea, espero que ustedes hagan cuantos esfuerzos puedan para despacharlo lo más pronto que sea posible. Esta noche debo embarcarme con 14 hombres, que no llevan arriba más que el rifle y 100 cápsulas, el resto de las armas y municiones que queda aquí y el general Bonachea puede llevar todas las que crea conveniente. Tan pronto como llegue a Cuba haré que el comandante Gutiérrez vuelva con el bote para que lleve a Bonachea”.

Pero Calixto no salió en realidad hasta el 24 de abril de 1880, en que con 15 hombres emprendió otra vez el viaje a Cuba. Pero por contratiempos que obligaron a volver y reparar la nave no fue hasta el 4 de mayo con 19 hombres que llegó a Aserradero, en Oriente, el 7 de mayo. Pero apenas desembarcó le cayó encima una guerrilla que captura a Gutiérrez y destruyó el bote. Bonachea no pudo incorporarse a la guerra.

El 26 de abril de 1880 Martí vuelve a escribir a Bonachea: “Sr. y amigo: En espera de las importantes y detalladas noticias que aguardo de Jamaica, —no es esta carta más que una prueba de la solicitud preferente del Comité, por mí expresada en su nombre, por los trabajos que en esa Isla se realizan. Por poco que el estado de los ánimos, tal vez aún algo vacilantes, haya respondido a la diligencia de Ud.,  —y  por poco que hasta esta fecha, hubiese ayudado al Gral. Roloff, —las noticias que de Cuba esperamos, la idea vulgarizada de una expedición en Jamaica, lo fácil que es agrandar trabajos ya hechos, y la importancia que tiene que no deje de realizar nada anunciado,—exigen que continuemos prestando la atención más celosa a los trabajos allí emprendidos. —Sin noticias de U. y de Roloff, —y sin nuevas de Cuba, no podemos aún dirigir nuestros actos a un fin concreto. Por eso, en tanto que de Cuba llegan, espero con tanta impaciencia las de Uds (...)  Es excusado dirigiéndome a U., encomiarle, dados los actuales momentos y los que de ellos puede surgir, la urgencia de una comunicación constante entre Jamaica y N. York. Tales cosas, dichas a U. bastan con ser iniciadas. En tanto que veo letras suyas, quedo de U. afmo. Suyo. J. Martí”.

El 25 y 26 de abril del 80 Roloff escribe a Cirilo Pouble y Leandro Rodríguez. “El general Bonachea está de acuerdo conmigo en acompañarme y facilitarme todo el armamento y municiones que tiene”.

El 27 de abril celebran un mitin. Bonachea no tiene esperanza de los resultados y pide ayuda a Nueva York. Barnet le escribe a Bonachea: “No hay dinero; en ninguna parte hay más recursos que en esa para ir a Cuba, pues Nash facilita el bote […] que es cuanto necesitamos”.

En junio y julio de 1880 caen presos José Maceo, Moncada, Bandera y Limbano Sánchez. El 4 de agosto del 80 Calixto entra prisionero en Manzanillo. Bonachea persistirá en sus propósitos de marchar hasta septiembre de 1880, en que llega a sus manos carta de Lamadriz: “La situación es contraria y repulsiva a toda tentativa expedicionaria. Todos los esfuerzos serían hoy impotentes para alcanzar el auxilio más insignificante”.

Vuelve Bonachea a las vegas de sus primos, los Machado, en Jamaica. El 15 de noviembre de 1980 Bonachea le escribe a Maceo: “El amigo Tamayo informará a V. cuál ha sido mi estado de salud… Sin embargo de todo si continúo mejor estaré en esa fecha para el jueves, aunque de un modo u otro V. mi buen amigo sabe mi manera de pensar, por tanto, todo cuanto V. de acuerdo con los buenos patriotas hagan deberán contar conmigo”.

Llega el 30 de mayo de 1881 un varón, le pondrá por nombre Hatuey, será Ramón Leocadio Hatuey. El 30 de marzo del 82 está en México y nace su  hija Guarina. Ha estado en Veracruz.

En noviembre del 82 llega a Colombia. El 18 de diciembre Bonachea está en Medellín. Le escribe al capitán general Prendergast para pedirle autorización para estar unos tres meses en Cuba por asuntos personales. ¿Pretendía alzarse o al menos palpar la situación? Pasan cuatro meses sin respuesta.

Todo 1883 Bonachea lo dedicará a recorrer las emigraciones, agitándolas para la causa de la independencia.

Su ex madrastra doña Isabel sabe de los sufrimientos de la familia de Bonachea y le pide que la lleve a México, para ella y su esposo ayudarla.

 

Cirilo Pouble le escribe el 11 de abril a Manuel de la Cruz Beraza: “Mas, si Gómez y los otros se resisten, si Crombet se retrae nos queda Bonachea que está conmigo y hará cuanto yo le diga. Quiere ir a Cuba antes que nadie y a fe que irá aunque solo sea a procurar recursos para empresa mayor, de este modo no nos presentaremos grandes y fuertes como quiere Martí y yo deseaba, pero nos presentaremos terribles e imponentes”.

Finalmente, el 19 de abril de 1883, el gobernador Pando le responde a Bonachea: como depende del gobierno conceder el regreso de gran número de deportados políticos le aconseja paciencia y que espere la resolución de carácter general de Madrid, lo cual puede depender de pocos días. Sospechan con razón de las intenciones reales de Bonachea.

Gómez se enferma de pulmonía en 1883. Eusebio Hernández recorre 360 kilómetros para atenderlo.

El 31 de mayo le escribió Bonachea a Beraza, desde Cayo Hueso: “[…] Aquí me tiene moviéndome siempre en continuo y activo trabajo por la idea que a todos nos domina. Me complazco en significarle que a la fecha me encuentro sumamente complacido. He sido recibido por esta emigración de una manera tal que me hace recordar los buenos días que dicen hubo en la emigración cubana. El primero de junio de 1883 Bonachea, desde Cayo Hueso, le escribe a Emilio Núñez a Filadelfia: “Días ha que me encuentro en esta y he sido recibido  por esta emigración con el mayor entusiasmo y decisión de ayudarme en mis planes”. El 16 de junio del 83 Beraza le escribe a Bonachea desde Nueva York al Cayo: “Ha llegado escapado de España, Cebreco, dispuesto a marchar.

Serafín Sánchez agita a Bonachea y el 17 de junio de 1883 le escribe: “Está Agüero por Colón, los Chamendez por Sancti Spíritus, en Oriente Rabí y pequeños grupos por doquier”. Terminaba con una respuesta a las misivas que Bonachea, le había enviado desde Veracruz, en febrero y abril. “Falta iniciar, después irán los jefes de la pasada guerra y en cuanto a elementos, Cuba los tiene en abundancia”. No solo es Serafín Sánchez, también lo excitan Emilio Núñez, Carrillo, Beraza y Varona Tornet.

El 21 de junio de 1883 un espía yanqui, Bryan,  informa al capitán general que Cebreco le ha dicho que “si Bonachea viene aquí a Cayo Hueso le suplicarán que les permita acompañarlo en su expedición. Manifestó además, ignorando la importancia de su declaración y del secreto que estaban vendiendo, que el lugar del desembarco de la expedición de Bonachea, según un proyecto ha de ser el punto de la costa de Cuba llamado Mayarí”. Ignoraba que se trataba de tierra adentro y lo estaban tupiendo.

El 23 de junio Bonachea escribe a ¿B[eraza]? desde Cayo Hueso. “La contestación a su carta la recibirá personalmente la semana entrante que salgo para esa. Es preciso levantar en esa el espíritu y ayudar a la empresa que llevaré a cabo”. El 26 de junio de 1883 Bonachea lanza una proclama al pueblo cubano. “En el orden natural de los acontecimientos que impulsan a los pueblos a la meta de sus destinos ha sonado nuevamente para la esclavizada Cuba la hora del sacrificio y de la gloria por la independencia y la libertad. Cabiéndome el honor, que a nadie cederé de marchar prontamente en la extrema vanguardia para compartir con vosotros los azares y las glorias del combate”.

El 15 de julio de 1883 Bonachea se reúne en casa de Beraza con Carrillo, Cisneros, Arnao, Núñez, Cebreco, Cirilo Villaverde, Varona Tornet, Bellido de Luna, Trujillo y otros, lo informa un espía al capitán general. Se acordó autorizar a Bonachea para que se dirigiera a Santo Domingo, Honduras y Venezuela para ver a Gómez, Vicente García, Maceo, Roloff, Crombet, Sánchez y Pardo (o Prado) y obtenga su aprobación al movimiento el cual se ratificará en una junta magna que se celebrará en la fecha que el comité indique y al que [ilegible] todos los jefes en persona o en representación para después dar un golpe general.

El 22 de julio se efectúa un mitin, en el Clarendon House, en el 114 de la calle 13 West. Informó un espía español: “Se reunieron unos 200 cubanos de varios colores y edades. A las dos en punto Bonachea abrió la sesión con un pequeño discurso (algo embarazado) y dijo que su corazón lleno de gozo no encontraba suficientes palabras para dar las gracias a sus conciudadanos y amigos presentes, que su venida aquí era puramente patriótica y que deseaba la ayuda de toda la emigración cubana en todas partes donde estuvieran”.

Dijo Trujillo que habían sido escasas las colectas a pesar de lo que alentaba el periódico El Separatista. Solo se recaudaron 7 mil pesos, con esos recursos la empresa resultaba temeraria. Pero las llamadas al combate de Poyo, Serafín, Figueredo, Maestre y Romero, vuelven a Bonachea anhelante de cumplir la empresa. Queda allí comprometido el capitán de la Guerra Chiquita, Francisco Varona Tornet. Organizaría una expedición. Bonachea otra. Formarían la vanguardia de Gómez y Maceo. Después Bonachea fue otra vez al Cayo. Lo recibieron frenéticamente. Un propietario tabacalero le dijo que tenía dos cheques para él: uno de 5 mil si no iba a Cuba y otro de 2 mil si iba.  Bonachea tomó el segundo.

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