Tomás Milián

“A Hollywood lo encontré en Roma”

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba
Fotos: K & K

Tomás Milián es un sobreviviente. Un hombre que ha vivido mucho, lo que le ha permitido actuar mucho. Nacido en Cuba, viaja a EE.UU. y trabaja en Italia. Con su carrera traza puentes intergeneracionales: para los más jóvenes es quien interpretó al dictador Trujillo, en La fiesta del chivo (Luis llosa; 2006), pero antes de llegar a este filme, los grandes directores italianos de todos los tiempos: Mario Boligni, Luchino Visconti, Michelangelo Antonioni, Bernardo Betolucci, habían encontrado en él un actor singular.

Imagen: La Jiribilla

En una mezcla de italiano, español e inglés Milián habla sobre su vida. “Los actores no queremos aburrir”, expresó cuando llevaba más de una hora en el C.C.C Fresa y Chocolate, pero el auditorio prosiguió haciéndole preguntas. La Cinemateca de Cuba y la embajada de Italia en la Isla, invitaron al actor a un ciclo de películas protagonizadas por él, que se proyectan en el cine Chaplin desde el miércoles 19 al domingo 30 de noviembre.

Tenía a James Dean como role model, comenta en inglés, pero seguidamente recuerda su infancia y en perfecto “cubano” agrega: “yo era retama de guayacol como dicen aquí”. Milián tomó notoriedad desde el principio de su carrera cuando los medios nacionales de la época se vanagloriaron que un cubano entrara al Actors Studio. “De tres mil aspirantes que se presentaron, solo yo y una muchacha fuimos aceptados”.

“¿Quién era la muchacha que estaba con usted en el Actors Studio?”, a la pregunta de uno de los invitados al conversatorio, vuelven a surgir las grandes vivencias de Milián, así como su sencillez al narrarlas: “Marilyn Monroe”, responde. “Una vez en clases ella me dice: Tom, cuídame esta silla, que voy por un café, y yo le digo: no, quédate que te lo traigo yo, y desde ese día yo era el que le traía el café a Marilyn Monroe”.

Imagen: La Jiribilla

“Mi meta era llegar a Hollywood, pero a Hollywood lo encontré en Roma”, así sintetiza y magnifica Milián, su carrera en Italia, la que lo hizo pasar a la historia del cine como un aristócrata en una película con Visconti o como un ladrón de nombre Monezza. De todos los directores tiene anécdotas y gratos recuerdos, pero algunos sobresalen más que otros.

“Cuando íbamos  a empezar a rodar la primera película con Lucciano, llegamos a los estudios donde se había armado el set. Visconti le pregunta al decorador de qué altura era la alfombra del apartamento, cuando este le responde que metro y medio, el director le indica: ‘no, ellos son aristócratas, así que cuando cambie toda la alfombra del apartamento, (que era grande) nosotros volvemos a trabajar’.

“Hay actores que se creen que haciendo una película intelectual, ellos se vuelven intelectuales. Yo nunca tuve más elogios que cuando hice la película con Michelangelo Antonioni, quien no quería sentimiento verdadero, pero tú formabas parte de su cuadro, tú eras un color”, expresa el actor quien se define simplemente como eso: un actor.

“Después de cinco años de contrato en Italia decidí que la moda era el western. Yo no soy un escritor, soy un actor. El actor no vive de palabras escritas por él, aunque yo haya escrito un libro, lo que tengo es mucho sentimiento dentro de mí. Decidí meterme en el western porque sabía que me iba a hacer popular”.

Imagen: La Jiribilla

De esta época de su vida el ciclo del Chaplin presenta varios filmes entre los que destacan El halcón y la presa (Sergio Sollima; 1966), Si estás vivo, dispara (Giulio; (1967) y Tepepa (Giulio Petroni; 1969). Sobre esta última cinta el actor contó:

“Como yo me fajaba mucho con los directores cuando ellos querían que hiciera una cierta cosa y yo pensaba que no era justa, vienen un productor y un director a proponerme una película, tipo Emiliano Zapata y me dan una lista de actores; suponiendo que así no me fajaría con ellos, porque sería yo quien los había escogido. Entonces seleccioné el nombre de Orson Wells y me dijeron que era el peor de todos, porque ese se fajaba con cualquiera y  dije: bueno, somos dos entonces”.

“Para mí hacer un western era como hacer una obra de Shakespeare, porque daba todo de mí en un personaje simple”, agrega el actor.

Sobre su personaje Monezza, Milián ha escrito un libro. Para su construcción cuenta que lo relacionó con tristes recuerdos de su infancia, pero no de una forma amarga, sino para olvidar esa etapa, así “hice que lo amara toda Italia”.

Imagen: La Jiribilla

Y llegando a los trabajos más actuales el ganador del Marco Aurelio de Oro en el Festival Internacional de Cine de Roma, ratifica: “sin todo mi trabajo en Italia no hubiera podido hacer toda la parte de mi trabajo en Hollywood. Hacer el personaje de Traffic. Para mí es un honor todo lo que he hecho. Pues ha hecho de mi un hombre que ha pasado por todo”.

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