Entrevista con Enrique Pérez Mesa

Viaje al interior de la Sinfónica

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba
Fotos: K & K, Archivo de la Orquesta Sinfónica Nacional
 

La Escuela Manuel Saumell, los músicos Caturla, Leo Brouwer, Carlos Fariñas, Roberto Valera, Juan Piñera y una nueva generación con una formación muy sólida, son algunos de los protagonistas que el maestro Enrique Pérez Mesa define como figuras importantes en el desarrollo de la música sinfónica en Cuba.

Imagen: La Jiribilla

El actual director de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) considera que “la academia cubana trabaja no en la formación de un violinista o un pianista, sino de un artista, que es lo que verdaderamente  somos”. Con estas ideas y más de diez años como su director, Pérez Mesa conversa con La Jiribilla, pues a 55 años de fundada, el desarrollo de esta institución musical no se detiene, tanto es así que en el mismo momento que él ofrecía estas declaraciones, sus músicos afinaban para comenzar un nuevo ensayo.

En una entrevista anterior usted decía que ver una sinfónica es como ver un gran show o un concierto de rock, ¿qué caracteriza el show de la Orquesta Sinfónica Nacional?

Creo que una de las cosas más importantes en los últimos años es la entrada de músicos jóvenes, egresados todos del sistema de enseñanza artística de Cuba. Esa fuerza joven junto a músicos que llevan más de diez o 15 años de experiencia ha posibilitado un mayor desarrollo profesional para la orquesta.

Este tiempo ha estado caracterizado también por el aumento de la asistencia del público, sobre todo de un público más joven, para acabar con el mito de que nuestros conciertos son para un público mayor. Creo que eso viene dado por el mismo repertorio, la selección de las obras. Siempre me he dedicado a  la tarea de hacer fusión con la buena música popular cubana. Hemos hecho trabajos con la Orquesta Aragón; con Polito Ibáñez, grabamos un disco, y acabamos de hacer una gira nacional con Augusto Enríquez, presentando el maravilloso trabajo que realizó con la obra de Silvio Rodríguez. Esto fue algo impresionante porque se dieron nueve conciertos por todo el país a teatro lleno. Realmente ahí pudimos tomar la medida de la buena salud que tiene la música de concierto en estos momentos.

Me decían los músicos más antiguos de la Orquesta que el año 2012 fue uno de los más importantes, pues hicimos una gira en los EE.UU. donde dimos 20 conciertos en total, con un éxito de público rotundo y participamos en uno de los festivales de música más prestigiosos en Moscú como orquesta invitada a la apertura de la cita.

El año 2014 ha sido de mucho trabajo. Recientemente participamos en el Festival de Ballet de La Habana y acabamos de clausurar el Festival de Música Contemporánea.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo trabaja la OSN la individualidad de sus intérpretes para que compongan armónicamente ese todo que es la orquesta?

Con los jóvenes lo primero que buscamos es el acercamiento. Siempre digo que la orquesta es como un equipo deportivo, donde hay un líder por supuesto, que es el director, pero todos son miembros del equipo. Hemos buscado que el personal joven, sobre todo, comience a tener sentido de pertenencia, a partir del privilegio de estar en la Orquesta Sinfónica Nacional de un país, que para nadie es un secreto es la primera institución musical de cada nación. También los hemos motivado a tocar como solistas, algo muy importante. Individualmente le hemos dado algunos trabajos como figuras principales, más directos, de mayor envergadura y lo han desempeñado realmente muy bien. Son jóvenes que vienen con una preparación muy buena.

Creo que la academia es muy importante, uno de los mejores sistemas de enseñanza artística que hay en el mundo es el de Cuba, aunque no sea perfecto. Usted ve un jazzista como Harold López-Nussa, multipremiado en concursos de jazz y él toca como solista con la sinfónica, o también Aldo López Gavilán, el mismo Chucho Valdés.

¿Qué directores cree usted han dejado una huella en su paso por la orquesta?

Creo que hay varios. De los extranjeros el primero es Francesco Melli, excelente clarinetista, un ser humano especial, gracias a él tuvimos el estreno en Cuba de La consagración de la primavera, una de las obras más grandes de Igor Stravinski. Otro de los directores que podemos mencionar es el japonés Yosikatsho  Fukumura, quien inclusive tiene la Distinción por la Cultura Nacional, un hombre que viene todos los años a Cuba a dar su conocimiento, su experiencia. Entre los directores cubanos, por supuesto, está la maestra Delia Herrera, quien ha sido una gran directora de orquesta, la maestra Zenaida Castro Romeu, la maestra María Elena Mendiola, el maestro  Guido López Gavilán; así como una oleada de jóvenes directores. Nosotros acabamos de incorporar a Daiana García, joven conductora de la Orquesta de Cámara de La Habana, como directora adjunta, junto con José Antonio Méndez Padrón, quien a su vez guía la Orquesta del Liceo Mozartiano.

La idea es seguir trabajando con ellos, que en definitiva son el futuro. Sobre todo ahora que la Sinfónica Nacional preside el programa para el desarrollo del arte sinfónico, que organiza el Instituto Cubano de la Música.

Todo se centra en un solo objetivo: seguir desarrollando la música sinfónica en Cuba, que tantos años tiene, no solo desde su fundación en el año 1959, sino desde el año 1929, cuando nació La filarmónica de La Habana en el Amadeo Roldán, donde tuvimos el privilegio de tener a Erick Claio dirigiéndola.

 

Imagen: La Jiribilla

Pudiera hablar un poco más sobre este programa de desarrollo sinfónico

Es un programa iniciado por el Instituto de la Música, que ya cumplió diez años. Es excelente. Hay otros para el desarrollo de la música coral, de la música de cámara y de la música sinfónica. Actualmente tratamos de promover la visita de directores extranjeros desde La Habana hacia las otras provincias, también que viajen los principales solistas del país. Intentamos que la superación llegue a los más diversos lugares.

Este año el Cubadisco está dedicado a la música sinfónica y tendremos la presencia de las seis orquestas del país. Se trata de poner el presupuesto y los recursos en mano de todas las orquestas y que se beneficien con el programa.

La OSN asume un trabajo desde la historiografía, el contexto original de cada pieza que interpreta, ¿cómo explicaría este proceso?

Es muy interesante, sobre todo en el montaje. Creo que una de las cosas principales es el ensayo. Ahí es donde se construye la obra, es como erigir un edificio, donde se va de lo general a lo particular. Siempre que hay una obra nueva trato de leerla completa, para que el músico tenga una visión de lo que se trata y después trabajar en las particularidades.

Críticos y especialistas destacan en usted su integridad musical y expresividad a la hora de dirigir, ¿qué otras características agregaría a esta definición en su relación con la OSN?

Para mí la orquesta es una familia. Sin la orquesta no pudiera vivir. De hecho uno de los meses más terribles para mí es el mes de agosto cuando no los veo porque estamos de vacaciones. Si hay un problema con un músico se convierte en un problema mío. Creo que eso es muy importante a la hora de dirigir, porque uno solo no debe abordar la música, hay que tener en cuenta el sentir personal del músico como ser humano. Hay que tener  psicología, pedagogía. Pongo como ejemplo a Claudio Abbado, uno de los grandes directores que tuvimos el privilegio de tener en Cuba. Vi antes de un concierto muy importante que él hizo en el Amadeo Roldán con la Sinfónica, como él iba saludando a cada miembro de la orquesta, o sea ese sentido de relación que debe tener un director, de confianza, porque a la hora de actuar todos somos músicos.

Imagen: La Jiribilla

Llevo con la orquesta más de diez años. Me parece que se ha visto el resultado del trabajo conjunto, porque una sola persona no puede hacerlo; yo necesito de ellos y ellos necesitan de mí. También hemos ido trabajando en lograr un “stock” de directores que puedan trabajar con la orquesta y dejar en ella su conocimiento. Ya muchos de ellos vienen a Cuba sin cobrar un centavo y vuelven a repetir, creo que eso es una señal de que vamos por un buen camino.

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