Entrevista con Juan Carlos Cremata

“Ir al cine es casi un acto de fe”

Thais Gárciga • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del ICAIC
 

Juan Carlos Cremata Malberti recién estrenó en la capital su último largometraje de ficción, Contigo, pan y cebolla, basada en la obra de teatro homónima del dramaturgo cubano Héctor Quintero. Luego de un prolongado periodo de posproducción, el director junto a su equipo de realización y parte de los actores disfrutaron de la premier en el cine Charles Chaplin, en una noche bañada por uno de los aguaceros más intensos de las últimas semanas en La Habana.

Imagen: La Jiribilla

Cinematizar un clásico, y costumbrista

Si en El premio flaco saldó una deuda personal con el autor del texto original, en Contigo, pan y cebolla el agradecimiento sobrepasa la retribución de un discípulo hacia su mentor para convertirse en “justo homenaje histórico y cultural a Héctor Quintero en primer lugar, y en segundo, llegar al público más común”.

El premio… fue una historia que me motivó muchísimo, incluso antes de saber que me iba a convertir en cineasta. En la adolescencia formé parte de un grupo de alumnos que tenía Teatro Estudio. Allí tuvimos como maestros a Michaelis Cué, Ana Viñas, Jorge Garciaporrúa y Norberto Rojo, entre otros. Muchas veces no podían ir a darnos clases porque tenían que estar presentes en los montajes del grupo, entonces íbamos a verlos, y a su vez, ese hecho se convertía en una clase. Así pude ver a Berta Martínez ensayando, y al propio Héctor Quintero dirigiendo. Fue durante ese proceso que tropecé con él.

“Recuerdo que en el segundo montaje de El premio flaco participaba una actriz alucinante llamada Elsa Gay. Pensé que aquella historia podía convertirse en una buena película —en aquella época por supuesto no pensaba que me iba a convertir en cineasta—. Llevarla al cine fue un proyecto acariciado durante mucho tiempo, no así Contigo, pan y cebolla. Al conocer la figura de Quintero, luego ser su amigo y que él me ofreciera la posibilidad de trabajar con su obra, nos hizo preguntarnos por qué no hacerla.

 “Él mismo me contó que Tomás Gutiérrez Alea también se había interesado en ella en los años 60 para llevarla al cine, pero alguien la desechó porque era una historia demasiado costumbrista”.

La muerte de Quintero fue un catalizador para la concreción del proyecto. Cremata decide priorizar el rodaje de la película para poder trasladar a la pantalla lo que al dramaturgo, y tal vez al cineasta, le hubiera gustado ver en vida.

“Estoy tranquilo porque la hice más con oficio que con preparación, aunque se pensó y contó con un excelente equipo de producción, el mismo con el que trabajé en El premio... y en Crematorio —aún si estrenar—, una parte de ellos también estuvo en mis anteriores películas. Me conoce muy bien y saben exactamente cómo trabajo.

En solo 35 llamados se filmó todo el largometraje, tiempo muy corto para un rodaje de cine. “La película casi se fue haciendo sola”, apostilla Cremata. Luego comenzó el largo camino de la posproducción. El filme tardó tres años en total hasta su terminación y, finalmente, el estreno oficial el pasado 20 de noviembre en la céntrica sala Charles Chaplin.

“Tuvimos que reconstruir toda la fotografía, los elementos visuales, efectos sonoros, el exquisito diseño de banda sonora porque teníamos que respetar el contexto de aquel momento. Por suerte tuve a mi mamá en la codirección. Ella sí vivió esos años, porque yo nací en el 61 y la película transcurre del 55 al 58, así que ante cualquier pifia ella alertaba y tratábamos de repararla”.

Imagen: La Jiribilla

Según usted ha expresado, la producción de El premio flaco fue pobre mientras que la de Chamaco paupérrima, ¿cómo califica a la de Contigo, pan y cebolla?

Bueno, ya tengo un equipo de producción que me conoce bien, como te decía, y cuento con una base sedimentada dentro del ICAIC de un grupo de personas que gustan trabajar conmigo y viceversa. Mis rodajes son entretenidos, una diversión.  Independientemente de que quienes participemos seamos estrictos y comprometidos.

En cuanto a las disponibilidades hubiéramos querido filmar en los Estudios Cubanacán, pero en ese tiempo no habían concluido las reparaciones, por lo tanto, tuvimos que acondicionar un taller de utilería y un estudio. Esas limitantes de producción incidieron en que más tarde tuviéramos que enfrascarnos en un extendido proceso de posproducción para poder subsanar de alguna manera o reparar creativamente los errores que cometimos durante la producción. No eran logísticos sino técnicos, digitales.

Mientras más pasa el tiempo más difícil se torna realizar una película de época en Cuba. De hecho, creo que esa fue la última vez que se pudo filmar la Manzana de Gómez, ahora está totalmente cerrada. Al diseñador de vestuario, Vladimir Cuenca, le costó mucho construir la imagen de los personajes. No solo porque se utiliza ropa de época, sino porque puede que la existente esté muy deteriorada. Con mejores condiciones de producción, para ese tipo de vestuario se diseñan los modelos y se encargan piezas nuevas.

Para colmo, una parte de la película sucede en invierno, que al parecer se exilió de Cuba. Había que buscar, entonces, ropa para una familia de clase media en invierno. Normalmente en las películas cubanas no aparece esa estación porque es bastante rara.

La familia Fundora Prieto es un poco más holgada que la de El premio... Por otro lado, la filosofía de esa obra anterior se trasladó a la filmación. Yo decía cuando la rodábamos que se puede ser pobre de bolsillo, pero no de alma. No podíamos utilizar dollys, pero aun así lo más importante era concentrarse en la actuación. Me solidifico en la dirección de actores porque sabía que el relato dependía mucho de sus rostros.

La música es original y grabada en vivo con instrumentos acústicos. Aldo López-Gavilán tuvo que estudiarse las sonoridades de aquella época: Bola de Nieve, Adolfo Guzmán, Pérez Prado, Enrique Jorrín. Él me agradecía el poder recrear a su manera una música que, aunque sea original, tiene mucho de color epocal.

Seguramente la banda sonora no pasará inadvertida para los espectadores, así como tampoco los créditos, a cargo del diseñador Edel Rodríguez Mola (Mola), sin discusión, lo más original de la sexta y más reciente película de Cremata Malberti.

“Con el diseño estoy muy contento, creo contemporiza la puesta visual. Los créditos quisimos animarlos y con el cartel, la diseñadora Giselle Monzón respeta los patrones de aquellos años sin dejar de ser actual”.

Mas, si los créditos sorprenden por lo diferente y acertado de su intención, la vigencia de la obran quinteriana no puede menos que dejar atónitos al público. Para Cremata y su equipo esto fue un descubrimiento.

“Ahí está la genialidad de Héctor, creo. Es un excelente dramaturgo, tiene una capacidad tal para para crear tramas, personajes y situaciones muy simpáticas que conservan una actualidad increíble. Muchas madres son hoy como Lala Fundora y muchos padres como Anselmo,

es decir, retrata generaciones.

“Hemos sido muy fieles y respetuosos al cambiar muy pocas cosas del texto, pero la manera de construir los personajes, la acción, la visualidad y el diseño sonoro es mi universo como director”.

Imagen: La Jiribilla

“No quisiera competir nunca más en mi vida”

El cuarto día del último mes del año traerá de vuelta el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, donde Contigo, pan y cebolla se proyectará fuera de concurso. La pregunta obvia no se hizo esperar, habida cuenta además, del público masivo que atrae la filmografía nacional de estreno.

Aunque Juan Carlos Cremata cree en el Festival, no profesa la misma fe hacia la competencia en el arte. “A estas alturas de mi carrera la competencia para mí es absurda. No pienso que un Cezanne sea mejor que un Van Gogh y para competir están las Olimpiadas, los Panamericanos, etc…

El Festival de Cine es una fiesta de la imagen, un espacio ideal para intercambiar opiniones, modos de ver y modos de hacer filmes.

“Siempre es estimulante recibir un premio, pero el regalo mayor es poder hacer mi película. Ya obtuve uno y lo recibo cada vez que tengo la oportunidad de ver mi obra realizada, en este caso fue homenajear a Héctor Quintero. No pretendo más recompensa que esa y que mi obra llegue al público.

“Opino que una película que tenga muchos premios no tiene por qué ser necesariamente popular. El arte es demasiado subjetivo. Incluso, la medicina que está avalada por la ciencia no funciona igual en todos los cuerpos humanos. Hay muchas filmes que han ganado Oscar, Cesar y Goya; sin embargo, puede ser que a la gente no le interesen. También sucede lo contrario, como fue el caso de Chaplin, por ejemplo. Se dice que no recibió un Oscar en toda su carrera sino uno honorífico. ¡Y qué mejor asociación con el cine que la figura de Chaplin!

“No tiene que ver con el festival específicamente, sino conque la película que gana es la que más impacta al jurado y no necesariamente al público ni a los críticos. No quiero entrar en esa competencia. Fuera de Cuba si no queda más remedio porque es la única posibilidad de que se conozca la película, pues competimos.

“Aprendí desde mi primera película. Nada estuvo nominada a los Premios Goya, y en el acto de entrega yo le decía a Thais Valdés —protagonista femenina del filme—que ya nosotros habíamos ganado desde el día en que pudimos hacer la película.

“Cuando una señora mayor o una ama de casa se me acerca —como sucedió en las dos primeras presentaciones de este estreno— para hablarme de lo que les gustó, eso para mí es lo más importante. Los demás premios, si vienen están bien, pero como no los salgo a buscar, no los espero”.

Imagen: La Jiribilla

Cine libre, independiente, alternativo

Minutos antes de presentar su obra cinematográfica, el director de Oscuros rinocerontes enjaulados (muy a la moda) y Viva Cuba subió al escenario con una pancarta en la que se leía: “Viva el cine libre”. Prefiere el término alternativo en lugar de independiente al calificar la producción externa al ICAIC.

“Yo también he trabajado fuera de la industria. Hay un limbo con respecto a la situación de los cineastas y realizadores fuera del ICAIC. La gente joven —me considero joven de espíritu— tiene que romper por pujanza con ese limbo. Aclaro que estoy orgulloso y agradecido de esta institución, sin embargo, el cine cubano no es solo el que se hace en Cuba. ¿Quién otorga la ciudadanía del cine cubano? Es importante defenderlo porque además es un reclamo de todos los cineastas del país que no acaban de ser atendidos. Ese cine existe, yo formo parte de este y necesitamos una ley para él”.

Después del 19 de diciembre Contigo se exhibirá en el Chaplin los fines de semana en una sola tanda, probablemente todo este mes y a principios de 2015. “En este cine se va a instalar un proyector digital con tecnología DCP, técnicamente es el lugar ideal para exhibirla. En este momento en donde las tecnologías ofrecen posibilidades para que todo el mundo realice y vea, ir al cine es casi un acto de fe. Se prefiere ver las películas en casa. Quiero acercar el fenómeno del teatro al cine porque ya las personas no quieren asistir a ninguno de los dos”.

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