La memoria y el presente de una orquesta

Jorge Garciaporrúa • La Habana, Cuba

Es un difícil empeño resumir en unas pocas cuartillas el trabajo desarrollado por nuestra Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) en estos 55 años de trabajo transcurridos desde su fundación. Creada en el temprano octubre de 1959, por la Ley 590, a menos de un año del triunfo de enero evidencia el serio empeño de la naciente revolución de auspiciar el desarrollo cultural del pueblo cubano en todos los ámbitos (la música, el ballet, el cine...).

Su primer concierto lo ofreció en el Teatro Auditórium, hoy Amadeo Roldán, el 11 de noviembre de 1960 con obras de Alejandro García Caturla bajo la batuta de su primer director titular, el Mtro. Enrique González Mantici, de amplia y fecunda trayectoria tanto en la dirección orquestal como en la composición.

Desde ese momento, su sede permanente sería este coliseo, pero, primero por el incendio del mismo por un sabotaje en 1977, que lo mantuvo cerrado más de una década, y ahora por una reparación capital, se ha visto obligada a ofrecer sus conciertos en diferentes instalaciones de La Habana (Teatro América, Sala Covarrubias y Sala Avellaneda del Teatro Nacional, Teatro Mella, Plaza de la Catedral, etc.).

Ha realizado grabaciones para múltiples bandas sonoras de las películas cubanas y para fonogramas de la EGREM y ha participado en numerosos eventos realizados en nuestro país como Festivales Internacionales de Ballet, de Guitarra, del Nuevo Cine Latinoamericano y de Música Contemporánea y ha realizado giras internacionales por Rusia, Polonia, la antigua Yugoslavia, México, Nicaragua, España, Perú y Argentina. Las más recientes, ambas en 2012, fueron al Festival Internacional de Orquestas de Rusia y otra por 21 ciudades de EE.UU.

Su repertorio se ha caracterizado por no plantear limitación alguna de época, estilo o país de origen de la obra, con compositores que van desde los más habituales en cualquier programa como Juan Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, Johannes Brahms, Alexander Borodin, Eduard Grieg o Piotr lIich Tchaikowsky hasta los contemporáneos Kurt Weil, (Alemania), Aaron Copland, Leonard Bernstein o Henry Cowell (EE.UU.), Claudio Prieto o Joaquín Rodrigo (España), Gracyna Baciewics o Kristoff Penderecki (Polonia), o Aran Xachaturiam o Rodion Schedrin (Rusia).

En cuanto a compositores del patio podemos nombrar prácticamente a todos nuestros creadores de obras sinfónicas: Andrés Alén, Calixto Álvarez, Héctor Angulo, José Ardévol, Juan Blanco, Leo Brouwer, Ignacio Cervantes, Alfredo Diez Nieto, Rembert Egües, Carlos Fariñas, Alejandro García Caturla, Jorge Garciaporrúa, Enrique González Mantici, Harold Gramatges, Féliz Guerrero, Guido López Gavilán, Jorge López Marín, José Loyola, Edgardo Martín, Juan Piñera, Amadeo Roldán, Antonio María Romeu, Guillermo Tomás y José White, con obras desde el siglo XIX a lo más  contemporáneo.

Al frente de la orquesta han estado, Enrique González Mantici, primer director titular; Manuel Duchesne Cuzán, primer director adjunto y más tarde titular; Leo Brouwer, director general; Iván del Prado y Gonzalo Romeu, directores adjuntos; y Enrique Pérez Mesa, actual director general.

Se encuentran en fase de desarrollo con vistas al futuro, los jóvenes directores invitados; Daiana García y José Antonio Méndez Padrón.

Otros músicos que han sido invitados a dirigir la agrupación han sido: Zenaida Castro Romeu, Félix Guerrero, Elena Herrera, Guido López Gavilán, Jorge López Marín, María Elena Mendiola, Roberto Sánchez Fétrer y Roberto Valera.

A esta excelsa lista de guías que han conducido las ejecuciones de la Sinfónica Nacional se suman los nombres de los más destacados solistas cubanos de las más diversas especialidades y generaciones, entre los que destacan los guitarristas Joaquín Clerch, Luis Manuel Molina y Víctor Pellegrini, los violinistas Ana Julia Badía, Alfredo Muñoz y Evelio Tieles y la violonchelista Amparo del Riego. En el caso del piano han sido descollantes las interpretaciones de Nancy Casanova, Frank Fernández, Frank Emilio Flyn, Ivette Frontela, Huberal Herrera, Víctor Rodríguez, Ñola Sahig y Cecilio Tieles, mientras que en la percusión ha puesto de relieve su maestría interpretativa el músico Luis Barrera.

Otros profesionales de las artes también han contribuido a diversificar y sedimentar la labor de la orquesta, ejemplo de ello han sido las presentaciones de cantantes como Milagros de los Ángeles, María Eugenia Barrios, Iris Burguet, Ramón Calzadilla, Adolfo Casas, Bárbara Llanes, Alba Marina, Hugo Marcos y María Remolá.

Traer el mundo a nuestra casa

Si hacemos un recuento de las figuras de renombre internacional que han compartido su talento con los músicos cubanos podemos encontrar a los directores Carmine Coppola, Verónica Dudarova, Luis de Pablo, Yoshikazu Fukumura, Camargo Guarnieri, Juan Paul Penin, Francesco Belli, Sebrina Alpanso y entre los solistas a Svill Bailey, José Carreras, Costa Cotsiolis, Victoria de los Angeles, Francesco Manana, Mihail Rostropovich, Ryu Goto, Roger Woodward, el cuarteto de guitarras "Los Romero" y Toribio Santos.

Párrafo aparte merece el grupo de músicos que pertenecieron a nuestra OSN en estos 55 años y que ya no están con nosotros, unos porque ya han partido definitivamente y otros que debido a su "juventud acumulada" se jubilaron, pero no se han retirado y aún ofrecen su experiencia a los más jóvenes. Todos marcaron hitos por su disciplina, calidad y colaboración con el trabajo colectivo. En este sentido es imposible soslayar los nombres de los violinistas Oscar Carreras, Gregorio Corzo, José Alberto Sánchez y Maruja Sánchez, el clarinetista Juan Jorge Junco, los violistas Maribonne Drovache y Osvaldo Cañizares; las ejecuciones en la trompa de Francisco Santiago y Darío Morgan, en el trombón, Ricardo Linares; en el chelo Vladimir Drovache; en la tuba, Remberto Depestre, en la percusión Domingo Aragú y su hijo Luis Aragú, en la trompeta Marcos Urbay, en el arpa Yanela Lojos y en el piano Pura Ortiz. Y no podemos olvidar a Manuel Bello y Alejandro Herrera, responsables del archivo y de las copias de partitura, quienes han sabido conservar valiosos documentos.

La OSN puede sentirse orgullosa de su más de medio siglo de intenso trabajo a favor de la cultura musical de nuestro pueblo, sin ningún tipo de restricción ni prejuicio.

Rituales necesarios y queridos

Un concierto sinfónico es un acto donde el asistente necesita una preparación psicológica y espiritual que lo ayude a concentrarse anímicamente para escuchar atentamente la obra ofrecida por el colectivo, por lo que éste necesita encontrar en el local del concierto, un ambiente adecuado que lo ayude a concretar esos intereses.

De ahí que todo concierto sinfónico tenga un ritual — parte de la tradición y la historia de este tipo de evento— que no por gusto se ha mantenido a través del tiempo.

Un escenario vacío de músicos, con las sillas, los atriles y los instrumentos grandes (tímpano, contrabajos, piano, arpa...), con una iluminación discreta. Pocos momentos antes del inicio del concierto, entran los músicos en escena, se sientan, afinan sus instrumentos y guardan silencio para recibir al director y el solista —si lo hay— y comienza la música.

Lamentablemente esto no ocurrió en el concierto inaugural del XXVII Festival Internacional de Música Contemporánea el pasado 23 de noviembre en la sala Covarrubias del Teatro Nacional. Al llegar al teatro el público se encontró que los músicos estaban en el escenario, entraban y salían, conversaban como si estuvieran en un parque. Además, el vestuario dejaba mucho que desear. No es que pidamos un smoking o un chaqué, pero sí una uniformidad y neutralidad, quizá el uso por los hombres de camisas sin adornos de otro color y por las integrantes femeninas de faldas que no descubran su anatomía más de lo debido, lo que puede resultar atractivo en otro tipo de espacio pero inadecuada para el momento del que hablamos.

Otra manera de preparar el ambiente adecuado, que hemos observado en otras orquestas, es mantener el telón cerrado para que los músicos entren y se sienten y cuando se abre el mismo, afinen y esperen al director.

Todo esto va en detrimento de la imagen del colectivo y relaja la concentración, la atención del oyente, dándole un equivocado carácter “popular" a la imagen de la OSN. No empañemos los logros artísticos, culturales y técnicos de estos 55 años con una imagen equivocada.

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