Entrevista con el artista

“Yo quiero cuando sea grande ser pintor”

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Flavio sorprende y se sorprende a sí mismo, él es de los artistas que no se les puede encasillar en un estilo, tendencia o forma; es camaleónico, tiene un intranquilo espíritu creativo; cambiar, siempre cambiar es un camino que lo tienta constantemente y se deja seducir, y qué bueno. Garciandía es de los creadores de la plástica cubana más versátiles, prolíferos y reconocidos dentro y fuera de la Isla.

Imagen: La Jiribilla

Ahora retorna a La Habana —reside en México—  y lo hace con una antología de su obra en el centro Wifredo Lam bajo el título Quisiera ser Wifredo Lam… pero no se va a poder, en clara alusión a su admiración por  uno de los grandes de la vanguardia de la plástica cubana de todos los tiempos y coincidentemente, en la institución que lleva su nombre.

Su obra, reservada a museos de Cuba y de otras partes del mundo, y  también a colecciones privadas, es difícil de reunir para mostrarnos un Garciandía más exhaustivo que la propia antología que por estos días nos presenta. Sin embargo, esta muestra tiene como particularidad, que logra reunir varios periodos muy decisivos de su rica trayectoria.

La antología inicia con piezas de su primera etapa creativa, durante los años 70, cuando el fotorrealismo era una de sus inquietudes artísticas, de entonces quedaron las dos obras que revelan a una Zaida del Río muy joven (Retrato de Zaida, 1973 y Todo lo que usted necesita es amor, 1975) y que se consideran muestras iconográficas, representativas de su carrera.

Si tomamos las palabras de la curadora de la muestra, Cristina Vives, pervive la impresión de que Flavio logra en cada periodo presentarnos una imagen renovada, de experimentación continua, tanto, que la antología cierra con obras realizadas en este mismo año, con las que nos revela un nuevo camino de su trabajo, por ello Quisiera ser Wifredo Lam…  no puede ser analizada y valorada todavía como una retrospectiva, por ser esta una visión finita, y Flavio no es historia, es presente.

¿A qué se debe su regreso a La Habana para exponer una muestra de estas características?

Aunque resido en México, siempre vengo y lo hago para exponer, hace dos años realicé una muestra. No pierdo mi contacto con Cuba y su cultura. Mis obras aún mantiene ese sello de cubanía, independientemente de mis contactos con la intelectualidad mexicana, precisamente la segunda parte del título de esta exposición es un mejicanismo que tomo prestado.

Y hago una antología porque es la manera de valorarme a mí mismo y de que otros vean los cambios, pero sobre todo puede ser la antesala de una futura retrospectiva.

Imagen: La Jiribilla

¿Siente satisfacción con esta exposición, considera que hay alguna obra o periodo  específico de su carrera que debía de estar presente?

Aunque es antológica hay periodos completos de mis obras que no están pero en la exposición, se ha reunido lo que es resultado de una selección rigurosa y también de lo que ha sido posible, porque hay muchas piezas que están en colecciones en el extranjero y en museos, que no ha sido posible incorporar.  Faltan obras reconocidas, que pertenecen al fondo del Museo de Bellas Artes, por ejemplo, El lago de los cisnes, pero no hay un espacio adecuado para exhibirlo en esta selección, que claro, anticipa una posible retrospectiva en el futuro.

La selección de Cistina Vives ha sido fantástica, es lo mejor que se puede reunir, mostrado además de la mejor manera posible con un concepto riguroso de museografía y curaduría. Yo creo que es una buena muestra, aquí las obras —las más antiguas son del 74—, y los famosos retratos de Zaida, se convirtieron en piezas muy populares en los 70. Hay personas que me reconocen por ellas y no aprecian lo que he hecho después.

¿Por el título de la muestra puede colegirse inmediatamente que la antología es un homenaje a Lam?

Forma parte de esa serie de homenajes a artistas que para mí son los más paradigmáticos, pero a la vez paradójicos. Son homenajes  donde yo insulto a fulano de tal en La Habana o me invento historias; en este caso Lam, para mí es la figura paradigmática del arte cubano. Es como crear un personaje tonto, un artista —en este caso soy yo—, que quiere repetir la vida de otro creador, para él único. Tiene que ver con un relato de Jorge Luis Borges, “Pierre Menard, autor del Quijote”, un señor que rescribe el Quijote, según él a partir de cero. Es una idea tonta y es mi manera de pagar un homenaje a Lam, que para mí es lo máximo en todos los sentidos, y está reforzado además porque lo hago en el Centro que lleva su nombre.

Esta exposición sería imposible sin la colaboración del Museo de Bellas Artes, porque ha ido adquiriendo durante mucho tiempo mis obras por adquisición o  donaciones. El 80 por ciento de las obras expuestas provienen de sus fondos. Ha sido una generosidad prestarlas, incluso obras que nunca se han movido, porque están en la sala permanente de la institución, y es un número muy importante. En la última sala se exponen 11 piezas nuevas creadas en el 2014.

Imagen: La Jiribilla

Tantas formas, tantas maneras de concebir el arte, llevarían a  pensar que Garciandía no se deja atrapar en un estilo particular, ¿puede andar desencaminado quién piense así?

Si analizan la muestra parece la exposición de varios artistas, lo que caracteriza a mi obra es una curiosidad permanente, un sentido de indagación, de reto a mí mismo, de no aburrirme ni perpetuarme con un estilo particular, sino siempre  plantearme nuevas formas, solucionar nuevos planteamientos. Incluso para mi sorpresa, la última sala de esta muestra, que recoge la obra realizada este año, abre un nuevo camino para mi trabajo, vinculado al surrealismo. Ahí también hay referencias a Lam, Roberto Matta, André Breton, Henri Matisse, más que nada en los títulos. 

Para mí este periodo ha sido una sorpresa, a mis 60 años se supone que no esté cambiando mucho, pero eso no es cierto. Hay artistas que admiro como Matisse y Picasso que se mantuvieron retándose a sí mismos y en un cambio permanente. Lo que puede caracterizar mi obra no es un estilo particular, por muy popular que sea, es la curiosidad, el espíritu indagador todo el tiempo y plantearme nuevos retos en mi trabajo.

En estas últimas piezas surrealistas se advierte  cierta apacibilidad en el uso de los colores, ¿es que a la hora de ver la vida y concebir su obra lo hace de manera más reposada?

Ya cumplí 60 años, uno va bajando la velocidad; de todas maneras me sorprende que se vayan presentando nuevas cosas, incluso la referencia, la posible influencia inmediata del surrealismo, ese sentido de automatismo que  explotaron mucho los surrealistas, un dejarse fluir, un dejarse ir. Para mí es asombroso porque mi obra siempre ha sido muy controlada, muy conceptual, con un sentido analítico muy fuerte, y este último periodo hay como una especie de flujo y surgen cosas sorprendentes.

Los títulos, como verán, están llenos de referencias, sigo con los viajes supuestos, por ejemplo, hay uno que dice Asaltan a Bretón en La Habana… (le robaron tres sueños), una visita que nunca se realizó;  él fue con Lam a Haití y luego a México, pero no nunca estuvo en esta ciudad. Todo esto forma parte de ese juego humorístico, en el sentido que invento situaciones que a veces son cómicas y otras paradójicas.

Imagen: La Jiribilla

En ese fluir y dejarse llevar hay como una especie de libre albedrío, sin embargo, siempre lo ha habido en Garciandía, de ahí su sentido de experimentación y de búsqueda constante de nuevas formas para expresarse.

Uno de los principios de surrealismo es la preponderancia del libre albedrío y del inconsciente, ojalá les guste. Hay un cuadro que cierra la exposición que se llama El cuarto mundo, que está entre el tercero y el quinto, es una referencia al cuadro maravilloso de Lam que está en Bellas Artes que se llama El tercer mundo, es un homenaje y a la vez un chiste. La frase que cierra la exposición es otro chiste descomunal, la escribí en el 2010: “Yo quiero cuando sea grande ser pintor”. Es una tontería.

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