Invasión cultural cubana a Suiza

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Estoy convencido de que el público natural para el consumo de la música cubana a gran escala es el de dentro de nuestro país. Ello no implica negar la posibilidad de que otras audiencias también puedan disfrutar a plenitud de los distintos géneros y estilos que, ya sea en música popular o académica, son cultivados por nuestros compatriotas.
El recorrido que en semanas recientes he realizado por ciudades de Canadá, Francia y Suiza me ha servido para comprobar, una vez más, el interés que fuera de Cuba despiertan manifestaciones sonoras de las menos promocionadas y favorecidas en nuestro contexto. Con la experiencia vivida por estos días, me ratifico en la idea de que las instituciones vinculadas con la esfera musical en Cuba, mucho tienen que cambiar en su modo de accionar si de verdad se aspira a que algún día tengamos una auténtica y eficiente industria de la música.
Pienso en lo anterior cuando soy testigo de cómo desde gestiones, que bien pueden clasificarse como de índole personal, se arman proyectos de colaboración e intercambio cultural, gracias a los cuales músicos cubanos logran presentarse en circuitos como el de Europa, tan difíciles de acceder para nuestra gente. Por supuesto que no se trata de una entrada a los grandes escenarios musicales europeos, sino a festivales y locales de una red independiente, que en su filiación ideoestética tiene mayor cercanía a nuestro modo de proyección.
Justo dentro del esquema antes apuntado, es que han estado actuando
recientemente en localidades francesas y suizas músicos cubanos como
la banda villaclareña Asunto Mío, el dúo Jade o el cantautor Kelvis Ochoa. Así, pude asistir a un par de conciertos de los llevados a cabo como parte de un proyecto que, coordinado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, trajo hasta el Centro Cultural Brise Glace, ubicado en el pequeño pero hermoso pueblo de Annecy, Francia, al grupo dirigido por el cantautor Karel Fleites, conocido entre rockeros y trovadictos cubanos como “el friky”, quienes además de actuar en dicha instalación, se presentaron en un club de Ginebra denominado Gato Negro, ante un público de jóvenes gratamente sorprendidos por la sonoridad del ensamble que, según lo que pude comprobar en directo, ha alcanzado ya una madurez notable.
El intercambio del que se han beneficiado los integrantes de Asunto Mío, concretado con la grabación de un disco y la adquisición de instrumentos, está organizado por el brasileño francés Carlos Acciari y contó con la participación de la agrupación denominada Orquídea de Hawai, en representación de la parte gala. Ellos interpretan un repertorio basado en lo fundamental en ritmos procedentes del Caribe anglófono, lo cual hacía más llamativo escucharlos junto a la tropa de Asunto Mío, totalmente inmersa en los códigos sonoros y estilísticos del rock de estirpe europea.
Otra experiencia cautivante para mí la viví en el Café Concierto nombrado Le Bout du Monde y que se encuentra en Rue d'Italie 24, Vevey, Suiza. Aquí presencié un concierto protagonizado por Jade, en formato de dúo pues por lo costoso del viaje no pudieron venir con todos los integrantes de la agrupación. Yanaysa Prieto, voz principal del proyecto, así como directora del mismo, y Maygred Felina Bourricaudy, guitarrista y voz segunda, ofrecieron una muy hermosa función dentro de los códigos de la llamada Canción Cubana Contemporánea. De tal suerte, interpretaron piezas en la línea de los géneros y estilos tradicionales de nuestra música, otras en las que apuestan por la hibridación, y temas propios de su autoría o firmados
por creadores como Marta Valdés o Mr. Acorde.
La gira suiza de Jade también es resultado del ingente quehacer del Centro Pablo, en coordinación con la destacada profesora universitaria de origen italiano y gran amiga de Cuba Silvia Mancini.
Por mi parte, dentro de esta pequeña invasión cultural cubana a Suiza, estoy ofreciendo conferencias en lugares como el Museo de Etnografía de Ginebra, reinaugurado hace muy poco, y en la Universidad de Lausanne. Así pues, una porción del rico y tristemente mal promocionado quehacer, no solo musical sino yo diría que cultural, de nuestro país anda por las tierras suizas, en modesta representación de lo mucho y bueno que hacemos en la Isla.

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