Sinfónica de vuelo nacional

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba
Fotos: Archivo de la Orquesta Sinfónica Nacional, K & K
 

Cincuenta y cinco años de permanencia ininterrumpida en la vida cultural cubana es una cifra para respetar. Con sus altas y sus bajas, períodos de mayor o menor gloria, apremios y progresos, el solo hecho de que la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) haya cumplido esa edad en plenitud, habla tanto de una voluntad como de una huella.

Imagen: La Jiribilla

Cuando en 1959 el gobierno revolucionario dictó la disposición que fundamentó la creación de la OSN y facilitó las herramientas jurídicas y logísticas para que la letra se convirtiera en acción, quedaba reivindicado, en medio de nuevas circunstancias, el sueño de quienes ansiaban multiplicar y ensanchar la ardua tradición en ese campo, que tuvo en la primera mitad del siglo pasado valiosos antecedente fundacionales, encabezados por Pedro Sanjuán, Amadeo Roldán y Gonzalo Roig, y cuyo logro más prolongado fue la Filarmónica de La Habana, por la que transitaron batutas de primerísimo nivel mundial y solistas de sumo prestigio.

Ya no harían falta patronatos ni mecenazgos. El Estado asumió la subvención del organismo y propició espacios para ensayos y presentaciones. Enrique González Mántici, primer titular, y Manuel Duchesne Cuzán se entregaron a la fundación de una institución que encarnaba la política cultural de un país que transformaba radicalmente su perfil económico y social.Tempranamente quedó claro que para que esa labor trascendiera debía ramificarse el desarrollo sinfónico en el resto del país y así, a lo largo de estas décadas, han consolidado su trabajo las orquestas de Matanzas, Las Villas, Camagüey, Oriente y, en fecha más reciente, Holguín.

Pero también desde esos mismos años de fundación, la OSN emprendió giras nacionales. Guardo entre mis recuerdos de infancia haber escuchado en el teatro Luisa, de Cienfuegos, a la orquesta, conducida por Mántici, en una obertura compuesta por el propio director, y a la eminente pianista Zenaida Manfugás en el Concierto no. 1, de Tchaikovski.

Esas giras se mantuvieron hasta donde fue posible en años sucesivos e incluso se proyectaron durante la crisis de los 90. En el comienzo del nuevo siglo se tuvo la iniciativa de convocar a los encuentros nacionales de orquestas sinfónicas, idea a la que no se debe renunciar.

Otro aspecto a destacar es el carácter realmente nacional que fue adquiriendo la orquesta con el tiempo. En los inicios, como para agradecer y nunca olvidar, hubo atriles ocupados por maestros extranjeros que solidariamente llegaron a Cuba y contamos con la colaboración de los países socialistas europeos. Muchos de ellos contribuyeron a la formación de músicos cubanos en las escuelas del sistema de la enseñanza artística desde nivel medio hasta el superior con la inauguración de la Universidad de las Artes (ISA).

Imagen: La Jiribilla

Hoy día en la totalidad de los atriles se desempeñan músicos cubanos y hasta se da el caso de que en organismos de España y América Latina haya presencia de instrumentistas nuestros que han pasado por la OSN.

Podrá y debe ser mejor, asegurarse por fin la sede nuevamente interrumpida en el Teatro Auditórium Amadeo Roldán, sistematizarse y proyectarse con más largo aliento y balance de cada temporada, pero la OSN está ahí, lozana y viva a sus 55 años de edad.

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