Conversación con Guido López-Gavilán

El origen de una pasión de vida

Thais Gárciga • La Habana, Cuba

La Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN) ha sido el segundo hogar del Maestro Guido López-Gavilán. Con ella ha compartido su vida profesional y familiar junto a la pianista Teresa Junco, su esposa, ya fallecida.

En la Sinfónica y bajo la batuta del también prestigioso compositor debutaron sus dos hijos, Ilmar y Aldo López-Gavilán Junco, violinista el primero y pianista el segundo.

Fundador del Instituto Superior de Arte (ISA) y de la Cátedra de Dirección Orquestal, su labor como pedagogo y compositor no le ha restado impulsos para promover el culto y la apreciación de sonoridades sinfónicas, de cámara y coral, los tres perfiles a los que ha dedicado su inventiva y lustros de enseñanza.

Poco después de graduarse como Director de orquesta se incorpora a la OSN donde continúa hasta el presente como Director invitado.

Imagen: La Jiribilla

“Uno de los mayores impulsos para estudiar música seriamente fue justo un concierto que escuché de la Sinfónica Nacional.
Recuerdo que fue una obra muy impactante del brasileño Heitor Villa-Lobos que se llama Chorus no. 10 para coro y orquesta. En aquel momento lo dirigió Enrique González Mántici, primer director titular que tuvo la Sinfónica.

“Esa pieza fue impactante, de mucha emoción, me situó en medio de la selva amazónica, entonces yo me dije que tenía que continuar ese camino. Comenzaba a estudiar violín y ese concierto me impulsó hacia la música sinfónica. Desde aquella época yo le agradezco a la orquesta por mi carrera”.

Guido López-Gavilán se graduó del Conservatorio Tchaikovsky de Moscú en 1973. De regreso a la Isla se integró a la Sinfónica Nacional como director de orquesta invitado. Su primer concierto, a mediados de ese decenio, fue decisivo para el joven maestro. Anteriormente había dirigido a estudiantes y otras agrupaciones en algunas provincias, también a grupos profesionales en Rusia —a la sazón, Unión Soviética—, pero era la primera vez que se enfrentaba a un conjunto de este nivel en su tierra natal.

“Sin lugar a dudas fue un momento bello y decisivo para mi formación. En aquella época la orquesta tenía un excelente staff de solistas, en los vientos, las cuerdas…fue un concierto exitoso. Después continué dirigiendo como invitado hasta el día de hoy”.

Imagen: La Jiribilla

“Recuerdo muy especialmente cuando se tocó por primera vez después del Triunfo de la Revolución la Sinfonía no. 9, de Beethoven. Había alrededor de esa obra una especie de leyenda, porque independientemente de sus valores universales, en Cuba se había dirigido muy pocas veces por grandes directores, empezando por Amadeo Roldán.

Es una obra que demanda mucho desde el punto de vista interpretativo, tanto para los miembros de la orquesta como para el director y el coro.

Habían pasado como 30 años desde que se interpretara por vez primera, por la década del 40 creo. Los coros, dirigidos por Digna Guerra, decidimos conformarlo no solo con profesionales sino también con aficionados.

“Dirigí prácticamente todo: preparación, montaje, concierto. Espiritualmente fue algo muy bello. Generó muchas expectativas y hubo que repetirlo porque mucha gente se quedó afuera.

“En lo personal también significó mucho. Mi esposa, que cantaba en los coros, estaba a punto de dar luz a nuestro hijo Aldo, y sentía en su vientre cada vez que el niño respondía a alguna sonoridad. Luego la tocamos en más de una ocasión en La Habana y en Matanzas, porque estuve dirigiendo durante un tiempo la orquesta de esa provincia”.

Imagen: La Jiribilla

“Igualmente guardo con cariño del trabajo con la Sinfónica una obra que escribí especialmente por los 40 años del triunfo sobre el fascismo, aproximadamente en 1985, a solicitud del Movimiento Cubano por la Paz y la Solidaridad. Una presentación, digamos, multimedia porque fue sinfónica; coral; participaron actores del Grupo Irrumpe, de Roberto Blanco; bailarines de Danza Moderna —hoy Danza Contemporánea de Cuba (DCC) — y hasta un cine se utilizó. Fue todo un espectáculo de una hora de duración, se llama La victoria de la esperanza. Fabelo dibujó un anuncio muy lindo.

“El tema fue como una reconstrucción de todo el recorrido de la invasión y la victoria más tarde, utilizando incluso textos del propio Hitler, versos de Neruda. En esos años había en Cuba muchos militares soviéticos, en el concierto había un número de ellos que con gran emotividad se me acercaron al terminar aquel día. Repetimos este espectáculo dos o tres veces más”.

Repertorio sinfónico: del vintage a lo popular, y del folclor a lo universal…

La OSN tiene un repertorio amplio que va desde los clásicos (Mozart, Hayden) más renombrados hasta partituras que recién se estrenaron en el concluido Festival Internacional de Música Contemporánea de La Habana. Allí se interpretaron temas tanto de artistas consagrados como de jóvenes compositores como José Víctor Gavilondo que tiene veintitantos años. Ese fue su debut con la Orquesta Sinfónica.

“El repertorio le permite al público cubano poder estar en contacto con la literatura musical de todos los tiempos y países. Es un privilegio que tenemos en La Habana de escuchar sistemáticamente las grandes composiciones del mundo. Claro, no disponemos de toda la música en nuestro archivo”. 

El Maestro Guido no atesora solo buenos y memorables recuerdos. Cuando se ha pasado más de la mitad de la vida entregada a una pasión, como es la música en su caso, los pasajes tristes y angustiosos son inevitables, como esas fotos viejas que quisiéramos eliminar o las erratas de principiantes. Con un aliento nostálgico se agolpan en su mente 70 años de un mortal y más de 30 de un músico fecundo y virtuoso.

Menciona el archivo e instantáneamente acude la imagen del Auditórium Amadeo Roldán. Un lugar que corre el peligro de ser recordado para la posteridad, más por su sino adverso, que por su protagonismo en la historia de la música cubana.

Imagen: La Jiribilla

“Hay un hecho triste que me une a la Sinfónica, fue cuando se quemó —en 1977— el teatro Amadeo. Yo vivía cerca en la calle Calzada. Al llegar allí el fuego estaba asomando a la habitación donde se guardaban las partituras. Teníamos que salvarlas porque si no se iba a perder toda la música sinfónica que se había escrito en el país hasta ese momento.

“Contacté con el jefe de bomberos, que por suerte me conocía, y accedió a dejarme entrar con ellos. Cuando forzamos la puerta de ese cuarto ya la pared estaba caliente. Varias carpetas estaban chamuscadas, pero las llamas no las habían dañado totalmente. Bastaba con que se prendiera una para alcanzar al resto. Se logró salvar más del 90% del material, incluyendo obras de Caturla, Roldán, Gramatges, todas originales”.

Esa papelería es uno de las mayores y más valiosas joyas que resguarda el Auditórium Amadeo Roldán, sede permanente de la OSN, y clausurado en la actualidad por reparaciones.

En aquella época no existían fotocopiadoras para digitalizar ni escanear documentos. Todos los grupos de cámara, coral y sinfónicos dependían de esos pentagramas, por tanto, si uno se perdía, con él desaparecía para siempre un fragmento del patrimonio musical de la nación.

“La música de cámara y la coral están en un buen momento”

Sus facetas de compositor y pedagogo son tan fecundas como la de director, de ahí que se impuso la pregunta sobre el estado actual de la música coral e instrumental en el país.

Además de liderar la Orquesta de Cámara Música Eterna, el Maestro organiza el Festival Internacional de Música Contemporánea, que recién concluyó en La Habana.

“Este evento es la oportunidad para dar a conocer lo novedoso en repertorio de los músicos cubanos y de los artistas invitados, aunque también para retomar el trabajo precedente. En este año, por ejemplo, se cumple 80 años del natalicio del compositor Carlos Fariñas y se interpretaron piezas suyas.

“Con la Sinfónica se estrenaron piezas de jóvenes músicos. Tratamos de dar a conocer lo mejor que hacemos aquí y lo mejor que se hace en el mundo.

“Existe una cantidad de grupos de cámara de distintos formatos como nunca antes ha habido tantos y tan buenos,
y creo me conozco toda la trayectoria musical cubana. Es un privilegio que no es una casualidad, es fruto del trabajo y la formación artística de intérpretes y compositores durante 50 años.

“De manera similar, tenemos un número considerable de coros, que si no todos, al menos la mayoría son de primera línea. Grupos corales que barren con los premios en los certámenes internacionales a los que asisten.

“Hay un movimiento de cámara y coral pujante, con mucha gente joven desde los 20 hasta los 30 y tantos años. Muchos de ellos se perfeccionan en el extranjero. Tenemos muchos artistas ayudando a la música en el mundo”.

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