Pilar del sólido movimiento sinfónico nacional

Radamés Giro • La Habana, Cuba

Pudiéramos situar los inicios de lo que denominamos un movimiento sinfónico en Cuba hacia 1908, fecha en que Guillermo M. Tomás fundó una orquesta sinfónica con la que se presentó el 26 de diciembre en el Teatro Nacional, con un programa a base de obras de Franz Schubert, Mozart, Beethoven, Piotr Ilich Tchaikovsky, Moritz Mozskowski, y de su propia creación, el poema sinfónico Leyenda, con Ana Aguado como soprano. En 1910, con la colaboración de Agustín Martín Mullor, fundó la Orquesta Sinfónica de La Habana, que debutó en el Politeama Grande; y luego, en 1912, colmaría el Teatro Nacional (hoy Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana). El último concierto de esta orquesta, organizado por la Sociedad Pro-Arte Musical, tendría lugar en el mencionado Teatro Nacional el 26 de enero de 1922, con obras de compositores cubanos: Obertura fantasía, de Antonio Rodríguez Ferrer, y Scherzo caprichoso, de José Manuel Jiménez (Lico).

Imagen: La Jiribilla

En julio de 1922, por iniciativa del pianista y compositor Ernesto Lecuona, se crea la Sociedad de Conciertos de La Habana (con César Pérez Sentenat como presidente y Edwin Tolón, secretario) que refunda la Orquesta Sinfónica de La Habana, con la colaboración de Gonzalo Roig como director: el primer concierto se celebró el 29 de octubre de ese año en aquel mismo Teatro Nacional.

En 1924, organizada por Antonio Mompó, César Pérez Sentenat y Alberto Roldán, bajo la presidencia de Antonio González Beltrán y el compositor español Pedro Sanjuán Nortes como director, nace la Orquesta Filarmónica de La Habana, que ofreció su primer concierto el 8 de junio de 1924, también en el Teatro Nacional; en 1925 es nombrado como subdirector, el compositor Amadeo Roldán, quien estrena el 29 de noviembre del mismo año su Obertura sobre temas cubanos, bajo la dirección de Sanjuán. El 11 de septiembre de 1927 Roldán dirige por vez primera la Orquesta, y en 1932 asume la dirección de la misma, cargo que ocupa hasta su fallecimiento en 1939.

Desde su fundación en 1924 hasta su desaparición en 1958, la Orquesta Filarmónica de La Habana ofreció, además de conciertos sinfónicos, actuaciones en obras de teatro, ballet, ópera y espectáculos combinados. Durante todo ese período, sus músicos y directores sufrieron los más increíbles avatares, dignos de ser contados alguna vez.

Pero los tiempos cambiaron, triunfó una revolución de hondas raíces patrióticas, y con ella la cultura, incluida la música, contó con el apoyo necesario para que sus creadores y artistas pudieran expresarse sin las vicisitudes afrontadas por sus predecesores de las orquestas Sinfónica y Filarmónica de La Habana.

Imagen: La Jiribilla

En 1959, el Consejo de Ministros aprobaba la Ley 590, que refrendaba la constitución de la Orquesta Sinfónica Nacional como vehículo para la divulgación de la música nacional y extranjera, en la que se decía: «una de las expresiones de mayor importancia dentro de la cultura referente a la música en general es la música sinfónica… merece atención especial por parte del Gobierno revolucionario». Como director-fundador, y también compositor se nombró a Enrique González Mántici, y como auxiliar, a Manuel Duchesne Cuzán. El 20 de mayo de 1960, se promulga la ley 813, que no solo ratifica, sino que amplía la anterior. Con objeto de garantizar que la orquesta funcionara con el mayor nivel y rigor artístico, se escogió a un grupo de personalidades de prestigio y de un alto nivel profesional integrado por Alejo Carpentier, José Ardévol, Juan Blanco (quien a la vez fungía como abogado), Edgardo Martín, Enrique González Mántici y Argeliers León; y como consultores, Carlos Rafael Rodríguez, Vicentina Antuña y Mirta Aguirre, todos de sobrado prestigio intelectual y político.

El 11 de mayo de 1960, reabría sus puertas el teatro Auditórium (después Amadeo Roldán), y ese día la Orquesta Sinfónica Nacional ofrecía su primer concierto, dedicado al XX Aniversario de la muerte de Alejandro García Caturla, con las palabras de apertura del doctor Armando Hart Dávalos, entonces Ministro de Educación, y el siguiente programa:

  1. Preludio, para orquesta de cuerdas, de Alejandro García Caturla.
  2.  Bembé, Alejandro García Caturla.
  3. Dos poemas afrocubanos, «Mari-Sabel» y «Juego santo», Amadeo Roldán, con textos de Alejo Carpentier, interpretados por la soprano Iris Burguet.
  4. Tres danzas cubanas, Alejandro García Caturla.  

Esta nueva Orquesta Sinfónica Nacional, continuadora de la tradición sinfónica iniciada en 1910 por Guillermo M. Tomás y continuada por la Sinfónica de La Habana dirigida por Gonzalo Roig, y la Filarmónica dirigida por el español Pedro Sanjuán Nortes, había venido funcionando desde antes de que promulgara la ley que refrendaba la constitución de la Orquesta Sinfónica Nacional, como la Orquesta de la CMZ del Ministerio de Educación y también como Orquesta del Teatro Nacional, en las que ejecutaron obras de Leo Brouwer: Auto sacramental; Amadeo Roldán: Tres pequeños poemas, el ballet Mulato, con coreografía de Ramiro Guerra, La rebambaramba y El milagro de Anaquillé; de Juan Blanco: Mambí.  

Era la primera vez en la historia de la música cubana que una institución sinfónica, cuyo sostenimiento es muy alto, contaría durante estos 55 años con recursos que el Estado ha puesto a su disposición, y algo más, si en los primeros años en sus atriles se encontraban muchos músicos extranjeros, por cuanto Cuba en esa primera etapa no contaba, sobre todo en las cuerdas, con el personal suficiente, hoy en su totalidad, como resultado del alto nivel alcanzado por la enseñanza artística, todos sus miembros son cubanos, formados por algunos de los integrantes de las otrora orquestas Sinfónica de La Habana, Filarmónica y Nacional.

Imagen: La Jiribilla

La OSN ha sido dirigida por prestigiosos directores extranjeros y cubanos, y  ha acompañado a destacados solistas. Larga sería la lista si los enumerara a todos, pero a algunos es conveniente citarlos: de los extranjeros, Luis Herrera de la Fuente, Blas Galindo, Mozart Camargo Guarnieri, Luis de Pablo, Ernesto Xancó, Carlo Bagnoli, Richard Schumacher, Alexander Gaud, Daniil Tiulin, Verónica Dudárova, Yuri Lutsev, Li Te-lun, Aram Kachaturian, Claudio Abbado, Daniel Barenboim; y además de los cubanos fundadores, Félix Guerrero, Roberto Sánchez Ferrer, Tomás Fortín Sánchez, Gonzalo Romeu, Guido López-Gavilán, Jorge López Marín, Roberto Valera y Leo Brouwer —durante un tiempo su director general junto al designado director adjunto Iván del Prado.  En la actualidad, Enrique Pérez Mesa es su director titular.

Ha acompañado a los solistas extranjeros Evgueni Malinin, Anton Guinsburg, Marina Mdivani, Victor Merzhanov, Halina Czerny-Stefanska, Yuri Boukoff, Rudolf Kérer, pianistas; Hidetarto Suzuki, David Oistrakh, Leonid Kogan, Vladimir Malinin, Emil Kamilarov, Dina Schneidermann, Vladimir Spivakov, violinistas; Mstislav Rostropovitch, Milos Sádlos, Igor Gávrish, cellistas; Costas Cotsiolis, Ichiro Suzuki, Víctor Pellegrini, Desiderio Aniello, guitarristas. Y a los cubanos Ivette Hernández, Zenaida Manfugás, Silvio Rodríguez Cárdenas, Nancy Casanova, Cecilio Tieles, Jorge Gómez Labraña, Ñola Sahig, Frank Fernández, Roberto Urbay, Jesús Valdés (Chucho), Jorge Luis Prats, pianistas; Evelio Tieles, Alfredo Muñoz, violinistas; Iris Burguet, Ana Menéndez, Zoraida Morales, Dora Carral, Lucy Provedo, Alba Marina, Emelina López, María Remolá, Alina Sánchez, Hugo Marcos, Ramón Calzadilla, Humberto Diez, cantantes; Leo Brouwer, Jesús Ortega, Rey Guerra, Joaquín Clerch, Aldo Rodríguez, Carlos Emilio Morales, guitarristas.

Un momento de gran relevancia artística de la Orquesta Sinfónica Nacional, fue su destacada participación en la promoción del movimiento de vanguardia que surgió en Cuba alrededor de la década del 60, cuyas cabezas visibles fueron Leo Brouwer, Juan Blanco y Carlos Fariñas, al que luego se incorporarían otros creadores egresados de la escuela polaca de composición, como Roberto Valera, José Loyola, Carlos Malcolm, y de la escuela soviética, Jorge López Marín. En 1961 Leo Brouwer fue invitado al festival de música contemporánea de Polonia, especializado en música de vanguardia, denominado Otoño Varsoviano, que fuera decisivo para la ulterior evolución de la música cubana. Krzystof Penderewski, Karlheinz Stockhausen, Pierre Boulez, Morton Feldman, Luc Ferrari, Nicolo Castiglioni, Wojciech Kilar, Luis de Pablo, Boguslaw Schaffer, y tantos otros entraron a formar parte cotidiana de la nueva generación de músicos en formación. Muchos de ellos, y también parte del público asiduo a los conciertos dominicales de la Orquesta Sinfónica Nacional, comenzaron a ampliar sus parámetros auditivos. Pero no sólo sonaron aquí las obras de la vanguardia de los 60. Se dejaron escuchar las Cinco piezas para orquesta, de Arnold Schönberg; el Monumentum a la memoria de Gesualdo de Venosa, de Ígor Stravinsky, o La pregunta sin respuesta de Charles Ives.

Dentro de este proceso de impulso a la música contemporánea, hay que destacar la labor del director Manuel Duchesne Cuzán, de quien dijo Alejo Carpentier: «Manuel Duchesne Cuzán está realizando, al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional en sus conciertos de música contemporánea, una meritísima labor en cuanto a “ponernos al día” en lo que se refiere a la producción actual».

Nuestra Orquesta Sinfónica Nacional ha realizado giras por Nicaragua, Venezuela, México, Perú, Argentina, Unión Soviética, Polonia, Yugoslavia y España, y por todas las provincias de Cuba, así como en el Encuentro Nacional de Orquestas Sinfónicas. Sin esa trayectoria, sin esa constancia, no hubiera sido posible contar hasta hoy con un sólido movimiento sinfónico nacional.

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