Universidad de La Habana

Los primeros 80 años de una revista

Cira Romero • La Habana, Cuba

Al bimestre enero-febrero de 1934 correspondió el primer número de la revista Universidad de La Habana, cuyo octogésimo aniversario se ha estado celebrando en estos días con el júbilo que corresponde. Había caído la dictadura de Gerardo Machado apenas unos meses antes, que tantos desafueros provocó en ese alto centro docente, incluida la muerte de jóvenes estudiantes universitarios como Rafael Trejo, cuando un grupo de destacados profesores emprendieron la labor fundadora, llegada hasta hoy gracias a un constante esfuerzo de renovación y no sin vencer pocos obstáculos debido a carencias materiales. Vale recordar el nombre de aquellos que la crearon: Alfredo M. Aguayo, puertorriqueño radicado desde muy joven en La Habana, en cuya universidad se graduó de Doctor en Leyes y en Pedagogía, y fue en esta última disciplina donde alcanzó sus mejores logros desde la dirección de la escuela de esta última especialidad en el propio centro; Alberto Blanco; Aurelio Boza Masvidal, profesor de Literatura Italiana y de Teoría de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras; Manuel F. Gran, destacado físico y autor de libros de textos sobre esta materia; Federico Grande Rossi; José A. Martínez Cañas; Luis de Soto, también de origen puertorriqueño, profesor de Historia del Arte de la mencionada Facultad, y a quien se debe la creación del museo y el Departamento de Arte  anexo a su cátedra, y Joaquín Weiss, reconocido historiador de nuestra arquitectura.

Como ha expresado su actual director, Jorge Hernández Martínez, quien a su vez dirige el Centro de Estudios Hemisféricos y de los EE.UU., y según lo recogió el periódico Granma en su edición del pasado 30 de septiembre, en trabajo debido a Lissy Rodríguez Guerrero:

Definitivamente no nace con una inquietud de reflejar resultados de ciencias naturales o exactas, sino más bien con el propósito de mostrar una dinámica cultural y sociopolítica. Eso explica la preocupación de hacerlo desde las humanidades, la historia, la literatura, el pensamiento social y filosófico.

Apenas tres números después, en el cuatro, se sumaron a este empeño nombres como los de Raúl Roa, Carlos Rafael Rodríguez, Antonio Sánchez de Bustamante, Carlos de la Torre, Elías Entralgo y Luis Alejandro Baralt. Estos primeros números vieron la luz “al calor del proceso de depuración de los profesores machadistas, llevada a cabo por estudiantes y el Consejo Universitario. Fue desde esas primeras páginas desde las cuales se perfiló como una de las publicaciones de primer orden en la época”, refiere la citada periodista. De José Antonio Presto Albarrán, en su calidad de rector del centro, dieron a conocer, en el primer número, un análisis sobre la flexibilidad que se impregnaría a los planes de estudio vigentes y promovió la creación del Día del Estudiante. El segundo número estuvo dedicado a rendir tributo a Enrique José Varona, fallecido en noviembre de 1933, y quien siempre acompañó a los estudiantes universitarios en su labor revolucionaria contra la tiranía machadista. Allí aparecieron valiosas páginas de elogio debidas a Juan Marinello, Raúl Roa, Medardo Vitier y los destacados poetas Emilio Ballagas y Manuel Navarro Luna. De esta etapa expresó Hernández Martínez en la citada entrevista, a propósito de los trabajos publicados, los cuales versaban

sobre la naturaleza de la llamada República mediatizada o seudorrepública, la interacción que había, muy tempranamente con los EE.UU., las huellas de España, la presencia africana en la cultura y la sociedad cubana, y el gran activismo de la juventud con el despertar de nuevas posiciones de mayor crítica en el estudiantado cubano.

A lo largo de su trayectoria durante la etapa republicana otros nombres se añaden a su cuerpo director, que no puede impedir que la publicación padezca atrasos e irregularidades en su aparición e, incluso, se silencia cuando la universidad es clausurada en las postrimerías del régimen batistiano. Durante todo este lapso publicó importantes trabajos sobre diversas disciplinas: Filosofía, Educación, Sociología, Pedagogía, Geografía, Economía, Medicina, Historia de Cuba y de América Latina, el arte y la civilización, la literatura clásica, la pintura, el teatro, la escultura, nuestra música y nuestro folclore. Tuvo secciones fijas como “Vida Universitaria” y “Bibliografía”.

El primer número tras el triunfo de la Revolución fue el 136-141 y correspondió a enero-diciembre 1958-1959. Por entonces ocupó su cargo rector Elías Entralgo, que había ocupado con anterioridad las cátedras de Historia de Cuba y de Sociología Cubana, quien le imprimió un singular giro a la publicación al calor de los nuevos acontecimientos, calificados por el entrevistado como de “un compromiso más visible y profundo de la Universidad como institución”, que se reflejó en la importante Reforma Universitaria implantada durante los años 60, mientras Juan Marinello era la máxima representación del centro docente. En Dos discursos sobre la Reforma Universitaria: en la escalinata, en el Aula Magna (1962), el también autor de José Martí, escritor americano. Martí y el modernismo consolidó lo que había expuesto en octubre de 1959 en la Universidad de Oriente, a propósito de un ciclo de conferencias que desarrolló el tema “Revolución y Universidad”, que fue clausurado por el comandante Ernesto Guevara. En aquel momento expresó:

El postulado reformista de que la universidad ha de ser sensible a las grandes cuestiones nacionales, de que la universidad ha de ir al pueblo, tiene hoy en Cuba un contenido concreto e inexcusable. Si la gran cuestión cubana es hoy defender la Revolución y hacerla avanzar, la universidad niega su ejecutoria y traiciona su destino si da la espalda a tal cuestión. La universidad ha de servir a la Revolución, pero ¿cómo ha de servirla? He aquí la interrogación primordial que ha de contestarse en hechos visibles y en medidas concretas: en las grandes líneas dominantes, tanto como en el enfoque y solución de problemas parciales, pero no intrascendentes. Tratemos, puesto que a eso hemos venido, de dar respuesta a la magna pregunta.

A partir del número 159 la revista emprendió nuevos y más amplios caminos, incluso en su formato. Aparecieron nuevas secciones y se sumaron a su comité editor nombres como los de Alejo Carpentier, Roberto Fernández Retamar, Julio Le Riverend, Raimundo Lazo, Sergio Aguirre, Fernando Portuondo. Desde el número 189 ocurren nuevos cambios en la publicación, de los cuales dan cuenta en una nota:

Con este número inaugural de 1968, la Revista Universidad de la Habana inicia una nueva etapa en su existencia. Formato, emplane y contenido dejarán de ser lo que fueron en su fructífero pasado y, sin ser exactamente como los del presente número, responderán a ello en sus lineamientos generales.

Ahora de mayor tamaño, y bajo la dirección de Luisa Campuzano, profesora de la Facultad de Artes y Letras, se sigue publicando con la inclusión de fotos y reproducciones de obras de arte, se insertan reportajes, documentos, cronologías. Más adelante asume secciones de comentarios de libros, la rica vida universitaria, etc. Colaboran en sus páginas GraziellaPogolotti, Hortensia Pichardo, Mirta, Sergio y Yolanda Aguirre, Salvador Bueno, Camila Henríquez Ureña… Pero la publicación también sufrió los embates de épocas difíciles, como lo recuerda su actual director, pues

fue perdiendo sistematicidad, desde ser cuatrimestral hasta llegar a un número especial al año. Sin embargo, coincidió una voluntad universitaria y los sentimientos de pertenencia de muchos profesores para que, a pesar de las circunstancias difíciles del período especial o de otros momentos, la revista continuara existiendo.

Hoy la revista tiene una frecuencia semestral y, refiere Hernández Martínez en la citada entrevista, “al parecer nos vamos a quedar con esta periodicidad, y con nuevos rostros desde el punto de vista de formato, tamaño, diseño de cubierta”. Anunció asimismo su máximo responsable que el próximo número celebrará su cumpleaños 80 y reunirá testimonios de personalidades que estuvieron muy vinculadas a ella como Ambrosio Fornet, Luis Álvarez Álvarez, Marlen Domínguez y GraziellaPogolotti, entre otros.

Universidad de la Habana no peina canas en sus 80 años de fundada. Fortalecida con hombres y mujeres que muestran una larga trayectoria y enriquecida con la savia juvenil de nuevas promociones de profesores, seguirá dictando pautas como defensora de nuestra identidad nacional. Retomando a Juan Marinello: “…el servicio a la nación no puede ser, en la universidad cubana, orientación que hiera la anchura universal de sus menesteres culturales y pedagógicos sino acicate para que la ciencia última y la investigación reciente colaboren en firme progreso popular. En esto, las advertencias y votos de José Martí apuntarán siempre a la mejor senda”.

Por esa senda transita Universidad de la Habana desde su fundación hace ocho décadas.

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