Selección de poemas

Representar

Cuánto de lo que hacemos no tiene otro propósito que representar: si escribo versos, ¿es para que alguien me diga poeta? Si me anudo una corbata al cuello, ¿es para que me traten como un señor? Si sonrío frente al espejo, sin testigos, ¿es para creer que soy en realidad feliz? ¿Y si miento con descaro, y si intento ser sincero?

Representar es extenuante, no representar es imposible.

 

Aquí y ahora

Todo es misterio aquí, ignoro y miro:
el trigo siegan en flor y echan al horno
entre cantos de alabanza,
la higuera seca reverdece,
el vino es agua.
Silencios que hasta ayer parecían himnos
retumban como rachas de tormenta
en estos muros tan sólidos y ajenos.
Todo es misterio:
¿de qué mar trae su red cargada de peces
a través del desierto, sudoroso el pescador,
cantando su tonada jubilosa,
para quién;
de qué desierto sin fin es el polvo
que escurre por las venas
del pastor y su rebaño?

 

En tu orilla

Sé que el mar contiene en ti su furia,
sé que el resplandor dorado del ocaso
viene sobre las olas a apagarse en ti,
sé que las algas se alzan desde tu pétrea rispidez
hacia la brisa y el sol
como se alzan los hombres en tu orilla
a la ilusión y a la añoranza;
yo lo sé, arrecife que desgarras mis pies,
y canto a tu constancia aunque me hieras
porque en ti empieza el horizonte.

 

En Babel

Hay que verlos, Dios: qué elásticos, qué dúctiles
los términos, qué caprichosa simbiosis de pedestal y flecha
en la médula de un sustantivo abstracto
cuando lo emplea el adalid… qué música
de embriagadoras ausencias, qué coherente
letanía de consignas tan lapidarias, tan líricas, letales
como el letargo del lerdo que le aplaude alebrestado...
qué locura, Dios, creí que hablaban mi idioma
pero no los entiendo.

 

Hierba común

Esa minúscula hierba en la pradera, que el sol hizo florecer silvestre, casi anónima en la madrugada, y los perros pisaron antes del mediodía, volvió a levantarse tras la llovizna de la tarde. No importa que haya muerto una hora después entre las muelas de una vaca igual de anónima, no importa que el rebaño entero vaya a morir mañana en la fábrica de cárnicos. Nadie reparó en la hierba, su tallo quebrado irguiéndose tenaz, su espiga ordinaria reflejando el esplendor del día, un día igual a tantos. No se repara en lo común.

 

De lo posible

De luna entre nubes y madrugadas muertas,
de inexpresables e imponderados silencios,
densos, casi lícitos, hicimos lo posible:
la imagen congelada de un salto a través del espejo
y un vacío más allá que es como el sueño repetido
a la vuelta de los años:
lo recuerdas o, tal vez, imaginas que lo recuerdas.
¿Será que (no) dijimos
allí donde era conveniente enmudecer,
será que por llegar (no) caímos
donde el abismo aconsejó prudencia?
¿Era prudencia, era llegar, enmudecer?

 

Estos poemas pertenecen al libro inédito “Días de tormenta”.
 
Daniel Díaz Mantilla (La Habana, 1970). Licenciado en Lengua Inglesa. Narrador, poeta y ensayista. Ha publicado Las palmeras domésticas (narrativa, 1996, Premio Calendario 1996), en•trance (narrativa, 1998. Premio Abril 1997), Templos y turbulencias (poesía, 2004), Regreso a Utopía (novela, 2007) y Los senderos despiertos (poesía, 2008. Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas 2007), El salvaje placer (cuentos, Premio Alejo Carpentier, 2013). El Instituto Cubano del Libro le otorgó en 1998 la Beca de Creación Dador y en 1999 el Premio Temas de Ensayo en la modalidad de Humanidades.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato