Una ventana abierta por 50 años al títere

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

Primer tiempo

Para los que sienten pasión por el conocimiento, la información y la investigación, la revista Conjunto, de la Casa de las Américas, especializada en teatro latinoamericano, es un imprescindible archivo, un registro teatral de 50 años que se abre a todos como una inmensa y luminosa ventana.

Desde niño mi alma fue robada por el teatro de títeres. Crecí, realicé estudios secundarios y preuniversitarios, más el gusto por los retablos siguió ahí, inamovible. Cuando entré a cursar estudios en el Instituto Superior de Arte de La Habana, me dije: debo saber un poco más de este maravilloso oficio. Fue en Conjunto donde hallé algunos de los cimientos de nuestro linaje titeril. En la misma arrancada de la revista, fundada por el dramaturgo guatemalteco Manuel Galich, en 1964, ya se publicaban trabajos medulares para la comprensión de lo que fuimos y somos en asuntos de muñecos y titiriteros. Será siempre un lujo releer en la publicación número 2, el artículo “El teatro de títeres en Cuba”, de la maestra Carucha Camejo, una de las pioneras de nuestro teatro de figuras. Su trabajo, exhaustivo en datos y fechas, escrito con la elegancia que la caracterizaba, hace un recorrido desde el títere en la colonia hasta llegar a la actualidad que se vivía en aquel momento, en medio de la eclosión efervescente y esperanzadora del triunfo de la Revolución.

Varios trabajos y noticias sobre artistas del retablo nacional e internacional se siguieron publicando en Conjunto. Obligatorio mencionar la acuciosa entrevista de Helen Brown y Jane Seitz al importante titiritero norteamericano Peter Schumann, del Teatro Bread and Puppet, aparecida en la revista número 8, de 1969. Schumann, con sus máscaras gigantes y su teatro de protesta y denuncia social, era, desde entonces, ejemplo de la vanguardia de la manifestación en el mundo, con una personalidad singular que los cubanos pudimos conocer en su visita a la Isla a principios del siglo XXI.

Imagen: La Jiribilla
Carucha y Pepe Camejo. Guiñol Nacional de Cuba 
 

Momento dorado del periodo que vivía nuestro país a nivel sociocultural, es la entrevista realizada por Rine Leal, nuestro reconocido crítico e investigador escénico, a los hermanos Pepe y Carucha Camejo junto a Pepe Carril, en el número 9, de 1970. Bajo el significativo enunciado “Un títere es un símbolo, no tiene que repetir al hombre”, se desgranan las opiniones, juicios y razones de los maestros fundadores, acerca del arte titiritero en nuestro territorio y  fuera de él. El Teatro Nacional de Guiñol, de regreso de su primera gira internacional por los países socialistas Rumanía, Checoslovaquia y Polonia, sentaba las bases de un futuro que se vio truncado por la llegada del llamado quinquenio gris, donde equívocas aplicaciones de leyes y erradas directivas laborales casi acaban con lo mejor del movimiento titiritero cubano.

Segundo tiempo

La publicación teatral, diseñada desde su nacimiento por el artista plástico Umberto Peña, dejó constancia de algo que no conocimos de cerca en nuestro mapa hasta fechas recientes: los títeres acuáticos de Viet Nam. Asistimos a una extensa explicación del origen y desarrollo de esa complejísima y aplaudida técnica de animación, mediante el artículo aparecido en el número 16, de 1973, por Bich Lam, director artístico de esa hermana nación, miembro del jurado que premiara al Teatro Nacional de Guiñol por su puesta en escena Don Juan Tenorio, de Zorrilla, en uno de los primeros festivales de teatro latinoamericano que organizó Casa de las Américas en los tempranos años 60.

Imagen: La Jiribilla
Javier Villafañe

Especial fue el homenaje en la revista al maestro titiritero Javier Villafañe, jurado en la categoría Literatura para niños y jóvenes, del Premio Literario Casa de las Américas correspondiente a 1975; leer el testimonio  de sus días cubanos, donde no solo actuó en la Biblioteca Nacional José Martí de la capital, sino también en el Segundo Frente Oriental y en Santiago de Cuba. La publicación de su texto “La calle de los fantasmas”, se erigió desde entonces en una de las piezas más representadas por aficionados y profesionales del retablo a lo largo y ancho de nuestro cocodrilo verde.

Autores de obras titiriteras como el propio Manuel Galich, de Guatemala, el colombiano Carlos José Reyes o los cubanos Rómulo Loredo, Francisco Garzón Céspedes y Roberto Orihuela, alcanzaron a ver en Conjunto sus trabajos, ofreciendo a los teatristas la posibilidad de nuevos montajes con piezas de probadas calidades literarias.

Los festivales nacionales de teatro para niños y jóvenes, denominados primero como encuentros, empezaron a ser descritos y analizados críticamente en la publicación, mediante trabajos de opinión que nos permiten tener una idea sobre lo que sucedía en aquel tiempo con nuestras agrupaciones profesionales.Una extensa entrevista del dramaturgo, poeta y narrador oral Francisco Garzón Céspedes al maestro titiritero argentino Juan Enrique Acuña, invitado en 1978 como jurado del Premio Literario Casa de Las Américas, también en la categoría Literatura para niños y jóvenes, aparece en el número 37. El director, diseñador y profesor del Moderno Teatro de Muñecos, radicado en Costa Rica, comenta en el intercambio oral los presupuestos creativos de su inspiración, formación y de los nuevos proyectos con este prestigioso colectivo.

El joven dramaturgo y crítico Freddy Artiles, uno de nuestros más importantes hombres en el terreno de la investigación y la escritura teatral, comienza a publicar sus miradas a eventos y sucesos vinculados al universo del retablo. Otros trabajos suyos de profunda indagación en el oficio irán apareciendo hasta su lamentable desaparición en 2009.

Tercer tiempo

Nuevos autores, grupos, libros y festivales de aquí y de allá, hallaron sitio seguro en la ventana abierta para todos que siguió siendo Conjunto en los 80. Aparecen comentarios sobre el Teatro La libélula dorada, de Colombia, integrado por los inquietos hermanos César e Iván Darío Álvarez. Ellos no visitaron nuestros predios hasta tiempos bien próximos, pero ya les conocíamos a través de las hojas de la revista, empeñada siempre en estar al tanto de la vanguardia artística de la región.

Al equipo editorial dirigido por Galich, entra el diseñador Ramón Melián. La joven Vivian Martínez Tabares, luego miembro de la redacción y finalmente la actual directora de Conjunto, analiza en el número 53, de 1982, la primera antología dramatúrgica del teatro para niños cubano. Organizada por Freddy Artiles, están allí las piezas que luego serían llevadas, una y otra vez, a las tablas o el retablo: Pelusín frutero, de Dora Alonso, El gato simple, de Fidel Galbán o Ruandi, de Gerardo Fulleda, por solo mencionar algunas de las más representadas.

El 30 de agosto de 1985, fallece el querido Manuel Galich, fundador y líder editorial de la revista. Tras su desaparición, el género titiritero no dejó nunca de quedar estampado en las páginas de los números siguientes. La revista 64 de ese mismo año, dedica al teatro para niños su portada, y publica un cuestionario sobre ese arte con las respuestas de creadores como Eduardo Di Mauro, de Argentina, la peruana Vicky Morales de Aramayo, Armando Carías, de Venezuela, Ignacio Betancourt, de México y Sergio Fidalgo, de Brasil, entre otros destacados nombres.

Los escritores Gladys Pérez y Antonio Orlando Rodríguez, divulgan la labor de dos excepcionales artistas de la Isla, en la entrevista denominada “Titiriteros”, aparecida en el número 65. Xiomara Palacio y Ulises García, del Teatro Nacional de Guiñol, exponen sus criterios y experiencias profesionales. Especialistas como su colega Armando Morales, el dramaturgo y director Modesto Centeno, el coreógrafo Iván Tenorio, la narradora Mayra Navarro y la compositora María Álvarez Ríos, expresan sobre ellos sus más sinceras opiniones.

La crítica e investigadora Magaly Muguercia, junto a Melián y el redactor Carlos Espinosa, pasan a liderar hasta 1992 la dirección de Conjunto; luego se sumarían por largo tiempo el diseñador Cesar Mazola y el redactor Guillermo Loyola. La revista siguió publicando entrevistas, noticias y testimonios de personalidades insoslayables del teatro para niños y de títeres de la región como Pepe Ruíz, del Teatro La Golondrina, Ariel Bufano, director del Elenco estable de titiriteros del Teatro San Martín, ambos de Argentina y Concha de la Casa, del Centro de Documentación de Títeres de Bilbao, España, muy conocida por su labor promocional de los grupos latinoamericanos, a través de festivales y publicaciones.

Cuarto y Quinto tiempo

Con la entrada de la crítica y narradora Rosa Ileana Boudet al frente de la tropa editorial de Conjunto, soplan nuevos aires para la revista. Esos vientos no apartaron a los títeres de la publicación teatral. Se suman nuevos críticos y diseñadores como Ulises Rivero, Rafael Villares y Nelson Haedo. El número 100, de 1995, estará dedicado a los muñecos. Trabajos firmados por Víctor Reyna (“Títeres, animador y retablo en los 80”), Freddy Artiles (“Cinética y verbo en los títeres”), la maestra mexicana Mireya Cueto (“Textos clásicos en el teatro de títeres”), el español Pedro Barea (“Imágenes, sonidos y palabras en los títeres de García Lorca”) y Esther Suárez (“Eduardo Di Mauro. Jugar en serio”), a los que se suman los del maestro venezolano Armando Carías y el matancero René Fernández, redondean una edición concebida para ser consultada por cualquiera que desee saber de la milenaria profesión.

Las primeras ediciones del Taller Internacional de Títeres de Matanzas, de la desaparecida Trienal de Títeres UNEAC de La Habana, festivales de Europa y Las Américas donde se presentan grupos nacionales, libros fundamentales como Títeres: Historia, teoría y tradición, de Freddy Artiles, la despedida del maese trotamundos Javier Villafañe, o la primera visita del inolvidable titiritero argentino Héctor Di Mauro y su esposa Raquel Venturini, inundan las páginas de la revista de teatro latinoamericano.

Imagen: La Jiribilla
La cucarachita Martina. Teatro Nacional de Guiñol
 

Llega el año 2000, ahora el equipo editorial es guiado por Vivian Martínez Tabares, junto a la redactora y dramaturga Nara Mansur, al que se suman posteriormente Marta María Borrás, Jaime Gómez Triana, los diseñadores Kiustin Tornés y Pepe Menéndez, Nelson Ponce y Lilia Díaz. El número 117 vuelve a ser copado por lo mejor de los retablos en nuestra zona. Polémicos y sustanciosos artículos del norteamericano Stephen Kaplin (“El árbol de títere”), de los cubanos  Armando Morales (“Un retablo catedrático”), Vivian Martínez Tabares (“IV Taller de títeres…y más títeres”) y Freddy Artiles (“Mito y realidad de los Camejo”), más el texto “La edad dorada”, del dramaturgo argentino Roberto Espina, completan la contundente publicación.

En la sección Entreactos de la edición número 118, se refleja con fotos y palabras la última visita de la narradora y dramaturga Dora Alonso a la Casa de las Américas. El lanzamiento de una selección de sus textos sobre el títere nacional Pelusín del Monte, por la Editorial Vigía, de Matanzas, más la presencia viva de varios de los pelusines de nuestro teatro de figuras (Teatro Nacional de Guiñol, Teatro de Muñecos Okantomí, Títeres el Trujamán, Tentempié y Teatro de Las Estaciones) quedaron para siempre en las planas de Conjunto.

La hermosa portada del número 125, del año 2002, deja ver el Pinocho, del grupo colombiano Matacandela, invitado a la temporada de teatro latinoamericano Mayo teatral. En el número 129, del año 2003, la directora y actriz Yanisbel Martínez, entrevista a Juan Carlos Zagal, integrante de la mítica compañía chilena La Troppa. Escuchar a Zagal desde las letras, explicar la poética y la relación con la materialidad de su grupo, ofrece a todos coordenadas para estar al tanto de lo mejor que sucede con los títeres latinos. Lo mismo sucede con el diálogo suculento y revelador que sostiene en la edición 133, la teatróloga Vivian Martínez Tabares con la mascarera neozelandesa Deborah Hunt, afincada hace algunos años en Puerto Rico y dueña de un arte singular en lo que a construcción y utilización de la máscara y el esperpento se refiere. Del número 136, de 2005, es la entrevista con Ana Alvarado, bajo el título “Autorretrato con muñecos”, directora del aplaudido Periférico de objetos, de Argentina. Una mirada, definitivamente otra a la titerería según los códigos de este singular colectivo.

Conjunto celebró  con el número 153, de 2009, el centenario de Javier Villafañe. Para ello publica “La poesía en la punta de la cachiporra”, escrito por este columnista, y una especial entrevista de Olga Consentino a Juano Villafañe, uno de los diez hijos del querido titiritero argentino. La conversación habla del vínculo entre Juano y Javier, del sentido de la libertad con que vivió el poeta y dramaturgo, de su batalla contra la rigidez de pensamientos, los límites y los dogmas inútiles.

Norge Espinosa ve publicado en 2012 su texto Pinocho corazón madera, escrito para Teatro de Las Estaciones y estrenado por el propio grupo en 2011. Ese número, signado como el 162, publica también “En el teatro de títeres, lo tradicional guarda la magia de la técnica”, del maestro René Fernández y El máuser flamante, de la actriz y directora Liliana Pérez Recio,  dos de los textos más interesantes del Foro cubano de la UNIMA (Unión Internacional de la Marioneta), ubicado en la sesión teórica del 14 Festival Internacional de Teatro de La Habana.

Otro Pinocho, el del Teatro SEA, de Nueva York,  aparece con foto y crítica (“Un Pinocho en la frontera”, por Norge Espinosa), en el número 167, de 2013. El mismo año reseña la partida de la infinita Carucha Camejo. Una vez más Conjunto, se convierte en la mejor ventana para recibir y decir adiós a una grande del teatro hispanoamericano.

El primer número del presente año, presentado en abril, durante el evento teórico del XI Taller Internacional de Títeres de Matanzas, ciudad que acogió por primera vez en el Caribe al Consejo mundial de la UNIMA, dedicó su contraportada (el afiche concebido por el diseñador Zenén Calero para el conclave titiritero) y varias de sus páginas al teatro de los seres inanimados. Fue reseñado el libro Mito, verdad y retablo, el guiñol de los hermanos Camejo y Pepe Carril, Premio de teatrología Rine Leal 2009, de la editorial Tablas-Alarcos, de la autoría de Norge Espinosa y quien escribe, más El títere y el hombre americano,  recorrido histórico del maestro Armando Morales por los caminos del teatro de figuras en Cuba y Latinoamérica.

El respeto y admiración por los muñecos está en el origen del nacimiento de Conjunto. Tengo la absoluta certeza de que esta cincuentenaria ventana permanecerá abierta a los títeres y titereros por mucho tiempo.

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