50 regresos a Conjunto

Norge Espinosa • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de Casa de las Américas
 

Se dice fácil, pero ya es medio siglo de teatro latinoamericano el que se preserva en las páginas de esta revista fundada por Manuel Galich. La memoria de algo que no es solo representación, sino biografía y crónica de los artistas que en ella aparecen, así como la de sus espectadores, está ligada a esa tinta y a ese papel que ahora funciona como un álbum que recorre cinco décadas, para trazar un mapa mayor de ausencias, hallazgos, cuestionamientos y diálogos que también nos identifican.

Imagen: La Jiribilla

Con un celo y un rigor que es en buena medida una de las marcas que Casa de las Américas pone a mucho de lo que surge desde ella, esta revista ha logrado concertar tendencias y maneras, fórmulas y proyectos, que sobrepasan la máscara y los telones para hacernos sentir el teatro como otro modo de pertenecer.

Varias han sido las direcciones y las personas responsabilizadas con el curso de esta publicación, una de las más antiguas de la Casa y también una de las de mayor permanencia e impacto. Como puente orgánico entre los cubanos y esos otros paisajes no menos nuestros, a los que debiéramos mirar con más atención, ha servido para documentar ese ir y venir de la calle a la escena, de la vida a los rejuegos de la representación, desde cardinales en los que el compromiso no solo estético ha sido una constante.

Puerta y cruce de referencias, Conjunto ha ido también cambiando a lo largo de su devenir, y hoy asume debates que años atrás pudieron considerarse impensables, pero que son el reflejo veraz de cómo la vida, y no solo la idea de lo que creíamos era la vida, ha ido ofreciendo otras texturas, otras posibilidades para reflejarnos, cuando el teatro es aún una utopía que ha sobrevivido a muchas que no fueron tan resistentes. En estas páginas tuvimos las primeras noticias acerca de Santiago García, Enrique Buenaventura, Augusto Boal, Miguel Rubio, y leímos textos sobre sus grupos y aun otros, como el Odin Teatret, que definieron ciertas posturas de una generación. En ellas, hoy, se abordan temas como política y performance, y dramaturgias experimentales se alternan con otras menos retadoras, para recordarnos que el continente teatral es también un espacio inclusivo. Quiero agradecer, como el lector que soy, a todos y a todas los que han sido estos 50 años de Conjunto. Por la persistencia, por la fe, por el horizonte amplio que dilatan en cada nueva entrega.

Ya está a la mano la multimedia que recopila, en formato digital, la colección de esta revista imprescindible. En un solo disco, se han apretado los números que han ido sucediéndose a lo largo de media centuria. La tengo conmigo, y es un material de consulta imprescindible. Pero no puedo desprenderme de los ejemplares que guardo en mi biblioteca, aunque esta multimedia me asegure el ahorro de espacio. Me gusta sentir el roce de la mano sobre el papel, leer no en la pantalla sino en la hoja de esa revista que compré algún día, o en la que vi alguna de mis colaboraciones. Todo eso es también la memoria. La del lector que he sido de Conjunto y el espectador que he sido de algunos de los espectáculos que en ella alguien mencionó para mí y que hoy, como La negra Esther, para mencionar solo uno entre muchos, nadie me arrancará de la memoria. Eso es lo que agradezco tercamente ante este medio siglo de Conjunto. Y lo que espero de ella, en las décadas que vendrán. Como nuevos espectáculos, como nuevos aplausos.

Imagen: La Jiribilla

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