Leer en Conjunto

Marilyn Garbey • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de Casa de las Américas
 

Adentrarse en  las páginas de Conjunto es viajar por la fascinante y convulsa Historia de América Latina y el Caribe, a través del devenir de su teatro. Durante 50 años, esta publicación ha registrado el paso por Cuba de leyendas de la cultura latinoamericana, como Javier Villafañe o Atahualpa del Cioppo. También ha testimoniado cómo se  hacía teatro durante las dictaduras que desolaron el continente, resaltando los nombres de Rodolfo Walsh y Paco Urondo, de sobrevivientes como Patricia Ariza.

Imagen: La Jiribilla

Maestros como Santiago García o Enrique Buenaventura han dejado sus intuiciones aquí, y las sucesivas generaciones de teatristas también han encontrado su espacio en la revista. Así es posible leer una crónicadonde Cristóbal Peláez afirma rotundo: “el teatro no es riesgo, es exploración”. [1] Temas relacionados con el oficio del teatro como el rol del actor, la dramaturgia, el director, el teatro de títeres, la mujer en el teatro, la política en el teatro, el performance han sido estudiados desde diferentes perspectivas, enriqueciendo nuestra visión del asunto.

También  ha revelado nuevos textos dramáticos, abriendo puertas para que lleguen al escenario,  como sucedió con Yepeto, de Roberto Cossa,  o con Canto subterráneo para blindar una paloma, de Jorge Díaz.

El teatro cubano, anfitrión de Conjunto, ha sido ampliamente reseñado en las voces de sus protagonistas. Raquel Revuelta valora el impacto de la Revolución cubana en el teatro.Carucha Camejo reseña la labor del Guiñol Nacional en los 60 en un artículo que es todo un clásico. Vicente Revuelta aboga por un teatro que evite la rutina y despierte la inquietud. Luis Britto García atestigua  su visita al Teatro Escambray en el 1978. Raquel Carrió anuncia que el Teatro Buendía asume la vanguardia hurgando en nuestra tradición popular y comprometiéndose con su contexto. Los ecos de la danza-teatro en Cuba son abordados por Marianela Boán y Caridad Martínez. Carlos Díaz y Carlos Celdrán exponen las particularidades de sus poéticas.

Conjunto ha prestado atención a cada suceso del teatro y la danza para integrarla al proyecto mayor que es la Casa de las Américas, centro generador de paradigmas de integración regional a través del arte y la cultura de nuestros pueblos. Teatro de países pequeños o enormes en términos de extensión geográfica, teatro hecho por campesinos o por artistas profesionales, teatro hecho en sala o en la calle, para niños o adultos, nada del teatro latinoamericano le es ajeno. Por eso es preciso celebrar su existencia.

Imagen: La Jiribilla

A través de Conjunto se me acortan las distancias. Cada vez que me piden colaborar con la revista,  mi respuesta llega de inmediato. Sé que mi querido Miguel Rubio es uno de sus lectores, y esa es una manera de conversar con él y con otros amigos como Claudio y Viena en lamediaisla dominicana, Nara en Buenos Aires, o Abelito en el lejano Madrid.

Poco a poco, he descubierto las bondades de leer en la computadora, materiales  bajados de Internet que pasan de mano en mano a través de una USB, o escaneados por un espíritu dotado de paciencia, agilizan la búsqueda del conocimiento. Pero, aunque los ejemplares de la revista se demoran en llegar a mis manos de lectora desde que el viejo Arquímedes se fue, el placer de hojear la página impresa de Conjunto sigue siendo inenarrable.

 

[1] Texto publicado en Conjunto, No. 150

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