Fiesta de todos

Una carta de amor
Patricia Ariza / Colombia

La revista Conjunto es y ha sido un puente, un hilo y un tejido del teatro en la América Latina y el Caribe. Gracias a la Casa de las Américas que la alberga, hemos podido conectarnos entre nosotros y nosotras con el mundo desde un lugar. Un lugar que, al principio, era como un edificio en construcción y ahora es una ciudad entera con centenares de teatros abiertos a la diversidad teatral.

Imagen: La Jiribilla
Antígona, Teatro La Candelaria
 

Entre nosotros, con pocas excepciones, la mayoría de las revistas de teatro tienen un tiempo efímero y muchas veces, el lugar de origen son las arenas movedizas. En cambio, Conjunto tiene un lugar que se llama Cuba, donde hay una Casa que es como si fuera su hábitat y un albergue donde se habla de teatro y se escribe teatro. Allí, en Conjunto, se ha ido tejiendo el relato en clave de dramaturgia de lo que somos en esta, nuestra América, de lo que queremos ser, de lo que repudiamos y de lo que añoramos. Y eso nos ayuda a ser de un lugar. Y ese lugar se llama Teatro.

El medio siglo de este Conjunto de la gente de teatro, ha vuelto esta revista necesaria. Es de obligada consulta para saber qué sucede en las tablas y qué nos sucede a nosotros las y los teatreros. Medio siglo que ya casi nosotros, los de La Candelaria, también cumpliremos, nos vuelve resistentes y persistentes en un oficio viejo como el primer día en que fuimos humanos porque, con seguridad la humanidad nace con la celebración y toda celebración es una representación, es decir es una forma de teatro.

No puede Occidente apropiarse de la fundación de este arte tan humano como nosotros y nosotras y tan nuevo como lo que el teatro indaga en el asombro y en la hondura de lo desconocido.

Esta vez en nombre mío propio, el del maestro, nuestro gran maestro Santiago García, y en el de mis compañeros candelarios que ensayan, ensayamos, todos los días de la vida para entender cómo es la condición humana, le deseamos a Conjunto muchas más páginas, muchos más números, mucha más vida para que nos ayude a saber lo que estamos siendo en las tablas y fuera de ellas.

Saludamos a Manuel Galich, que aunque no está, en vida fue el gestor de esta aventura, saludamos a Marcia Leiseca, cómplice de este viaje constante por el teatro. Y, por supuesto, a su actual directora Vivian Martínez Tabares, quien ha hecho que esta revista, contra el viento y la marea, salga siempre y llegue a todos y todas como la carta de amor esperada.

La autora es actriz, directora y dramaturga, miembro del Teatro La Candelaria y presidenta de la Corporación Colombiana de Teatro

 

Un camino cuyas bifurcaciones marcan la particular historia de nuestro teatro
Gastón Alzate - EE.UU.

La Casa de las  Américas ha sido y sigue siendo un hito en la promoción del arte, el  pensamiento y el diálogo en los países de América Latina. Sus prestigiosos  premios y su labor cultural son reconocidos ampliamente en los circuitos  intelectuales de todo el continente, incluyendo los de EE.UU.

Como parte de ese empeño la Revista Conjunto se creó para acoger la rica diversidad del  quehacer teatral latinoamericano. Teatristas clave de todo el continente han  publicado en sus páginas provocadoras reflexiones teóricas y rigurosos ensayos.  Además numerosas obras inéditas, recuentos de la actividad teatral reciente y  manifestaciones consideradas para-teatrales y/o poco difundidas, incluyendo el  teatro latino en los EE.UU., también han encontrado cabida en sus páginas.

Imagen: La Jiribilla

A lo largo de  los años, en especial desde 1964 cuando empezó a aparecer con regularidad, Conjunto ha tratado de reunir en un mismo espacio la reflexión, la difusión y  goce teatrales. Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde entonces y es  lindo releer viejos números para percibir un camino cuyas bifurcaciones marcan  la particular historia de nuestro teatro, pues más allá de visiones políticas  parcializadas, no hay duda de que se ha convertido en una bitácora  imprescindible de la actividad teatral a lo largo de medio siglo.

Al respecto y  porque vivo en los EE.UU., me interesa recordar especialmente el  artículo sobre Conjunto que en el año 1983 Ramón Leyera publicara en Latin American ResearchReview. Allí  indica que en los 70 y 80 la situación del teatro latinoamericano, de la mano con la situación política, era sumamente delicada. En el caso de Colombia, mi  país de origen, el movimiento teatral estaba siendo acosado por los militares,  el teatro experimental en Argentina perdió el respaldo de organizaciones como  el Instituto Di Tella, y teatristas chilenos y uruguayos debieron abandonar el  país o correr el riesgo de ser llevados a campos de concentración, entre otros  hechos significativos. En ese contexto, señala Leyera, "en una etapa en la  historia del teatro latinoamericano caracterizada por un sinnúmero de altibajos  y trastornos, el movimiento teatral cubano y la revista Conjunto se mantienen como una fuente de apoyo y divulgación  excepcionalmente estable". La fuerza de Conjunto proviene sin duda de esa época  clave, pero también continúa porque la dirección de la revista ha sabido  ampliar lazos y adaptarse a las nuevas visiones desde y sobre el teatro  latinoamericano.

Le deseo a  todo el equipo de Conjunto un muy  feliz quincuagésimo aniversario. Me enorgullece enormemente contarme entre sus  colaboradores.

El autor  es profesor e investigador teatral colombiano residente  en los EE.UU.  Codirector, con Paola Marín, de la revista Karpa.
El texto ha sido tomado de Conjunto n. 170, enero-marzo 2014.

 

Bailando con Conjunto
Eugenio Barba - Dinamarca

A veces son las personas las que nos impulsan a amar las revistas que dirigen.

Encontré a Manuel Galich durante el Festival de Caracas en el 1976. Quedé impresionado por ese guatemalteco, con su pasado de dramaturgo, ministro  y exiliado, pero también de hombre de acción que en los años 50 había ayudado a  construir la Legión del Caribe, cuyo objetivo era derrocar a Trujillo en la  República Dominicana. Galich me ofreció unas cuantas copias de una revista  publicada por la Casa de las Américas. De esa manera conocí a Conjunto.

Galich fue gentil conmigo, pero creo que no apreciase mucho la manera  de hacer política del OdinTeatret. No éramos tan explícitos al declarar nuestra ideología. Por ese motivo las páginas de Conjunto no se abrieron enseguida a relatar los numerosos  intercambios que el Odin tenía con varios grupos latinoamericanos. El término Tercer Teatro, parecía más bien un apodo reaccionario, en vez de ser entendido  como el grito de batalla de una generación teatral que, a través de caminos diferentes, estaba experimentando formas artísticas y estructuras organizativas  que subvertían los viejos esquemas.

Imagen: La Jiribilla

En 1987 visité Cuba por primera vez como turista. Helmo Hernández  organizó un encuentro público en el cual conocí a Magaly Muguercia, la nueva  directora de Conjunto. Inmediatamente  se estableció un diálogo amistoso entre nosotros a pesar del escepticismo que  ella tenía hacia mi visión teatral que delegaba un papel subversivo a la coherencia ética del oficio de los actores y directores y no a sus  declaraciones ideológicas. Magaly, aunque discutiese, sabía escuchar y acogió  mis escritos en las páginas de Conjunto.

De esta manera la revista se convirtió, en nuestro teatro de  Holstebro, en un importante medio de información sobre las soluciones  estratégicas y los resultados artísticos de nuestros colegas latinoamericanos  que en esos años se enfrentaban a dictaduras despiadadas.Rosa Ileana Boudet profundizó este diálogo. No sólo nos ofreció el espacio en Conjunto, sino que además  abrió las puertas de la Casa de las Américas a los espectáculos y  demostraciones de trabajo del OdinTeatret. Una situación, en particular, queda  bien impresa en mi memoria en la que mis actores exponían sus técnicas de  improvisación, inspirándose en una poesía de José Martí.

Recuerdo claramente mi primer encuentro con Vivian Martínez Tabares en  la Casa de las Américas en La Habana. Me contó que estaba escribiendo un libro sobre Brecht, uno de mis poetas preferidos (no olvidemos que Brecht, Neruda y  Hikmet, escritores muy comprometidos políticamente, escribieron también las más  bellas poesías de amor del siglo pasado). No sé si esta común atracción hacia  el poeta/dramaturgo alemán haya contribuido a la amistad que me une a Vivian,  quien desde entonces ha publicado en Conjunto muchos textos míos y de mis actores.

Cuando, en el 2000, recibí el Premio Sonning de la Universidad de  Copenhague, mi primer impulso fue compartirlo con mis colegas latinoamericanos.  Le ofrecí un tercio del premio a Conjunto "como signo de mi gratitud por haber documentado los años de lucha y coraje del  teatro latinoamericano que han sido tan importantes en mi vida y en el destino  del OdinTeatret".

Conjunto (junto con la EITALC) representa el ejemplo de una casa que acoge a abuelos, hijos y nietos teatrales muy diferentes entre sí, dispersos  geográficamente pero unidos por un vínculo sanguíneo hecho de tenacidad y  acción. Hoy los tiempos son oscuros, como decía el poeta que amamos. Nuestra  experiencia nos dice que el futuro contendrá mucho pasado y abundante  intemperie. Le deseo a Conjunto, que  cumple la misma edad que el OdinTeatret, que persevere con aquella terquedad y paciencia que ha caracterizado al pueblo cubano que tanto admiro y respeto.

Caracas 10 de febrero de 2014
 
El autor es director, dramaturgo y teórico teatral, fundador y director del OdinTeatret, radicado en Dinamarca.
El texto se tomó de Conjunto, n. 171, abril-junio 2014.
Traducción Sofía Monsalve

 

El rostro de Caliban
Norman Briski / Argentina

¡Yo estuve  allí! Con ellos, Manuel Galich, Haydée Santamaría, Roberto Fernández RetamarFidel, la Nueva Trova, y el Che omnipresente, en esa década fundacional, donde  Cuba con su Revolución tenían o tenía que capturar toda la poesía de la emancipación. José Martí apuntó con la fuerza y la razón que la Isla tenía que  brillar con su propia estrella. Desde entonces, se convirtió en la agencia de las artes, de la nueva belleza, que  enterraba la sumisión a la cultura dependiente.

… Invitó a su  casa para tener el Conjunto que la inspirara. Cincuenta años de hacerse cargo del rostro de Caliban. Sin incautar  ni privilegiar, sorprendidos por la economía de todas las expresiones detuvo la  omnipotencia impostora del imperio. Y los que estábamos en el fuego, sentimos  por fin nuestro continente temblar de hermandad… Y la imprenta aquella, esta,  la que vendrá, no tendrá forma clandestina, todas las voces escuchadas, los  gestos dibujados y la cultura por primera vez y no sin disputas, escribía con las  manos de sus pueblos. Y no sin disputas, Conjunto,  configuraba un epicentro necesario para mirarnos al espejo. Qué momentos  aquellos que, no sin disputas, subrayábamos los hechos, con la misma valentía  de nuestros guerrilleros. Porque somos sus hijos, su aliento, y perderíamos su vitalidad si la encerráramos en un convento. Yo entonces, pude contar qué  pasaba en mis barrios, y escuché al grupo Escambray, qué les había pasado a  ellos… Seguir tejiendo. Sin detener lo sorprendente de los tiempos, incluyendo lo  imprevisible, de eso se trata, tío, porque Conjunto es eso o no será nada. Detectar lo imprevisible porque allí está la sangre de  los sueños.

Pero qué  trabajo es llegar al grito sagrado, el espanto de tener tan cerca al dueño del  desafecto. Ahí seguirán apuntando los que creemos en la audacia de los  libertarios.

Imagen: La Jiribilla

Y el teatro es juego con fuego, estará maldiciendo al injusto y pensando cómo ser compañeros de los pueblos.

Hoy leo Conjunto y me entero de lo que pasa en una provincia de mi propio país, El Chaco, que ni idea tenía que estaba  haciendo. Conjunto tiene la elegancia  de vaso comunicante; hace del corazón nuestra cabeza.

No tengo que  hacer memoria para acordarme. Mi cuerpo también es una isla que tiene la suerte de los mares… Y yo la tuve cuando estuve allí con ellos.

 El autor es actor, dramaturgo, director teatral, maestro y promotor del teatro popular.
 El texto ha sido tomado de Conjunto,  n. 171, abril-junio  2014.)

 

Revista Conjunto: el teatro de  todos los sin teatro
Pedro Celedón / Chile

A fines de los 70 en Chile  vivíamos una dictadura instalada con fuerza incontrarrestable. El silencio de  los toques de queda, de las editoriales, de los medios de comunicación  independientes, era aplastante. Una generación entera había quedado sin futuro,  y un país que sintió que tocaba al cielo con sus manos, vivía invadido por su  propio ejército.

Las grandes alamedas estaban  cerradas y el hombre nuevo perdido entre multitudes solitarias que solo se desplazaban en horas de trabajo, a la luz del día… los militares chilenos siempre le temieron a la oscuridad.

Imagen: La Jiribilla

Juntarse tres personas en una esquina estaba tan prohibido como leer a Neruda, a Machado, a Martí, o escuchar  a los Jaibas, a los Quilapallún. Parecía mentira que solo cinco años antes del  golpe de estado, Víctor Jara y un grupo de jóvenes reivindicaban un nuevo camino para la canción chilena, inspirados directamente en el último disco de  Violeta Parra, difundido en 1967 con canciones emblemáticas como "Gracias a la  vida". Pero a pesar del silencio y el miedo, no lograban cimentar completamente  en el alma nacional el olvido, apagar el descontento, el deseo de retornar a la  vida republicana.

La mayoría de las figuras emblemáticas habían desaparecido y una generación nueva insistía en ser feliz y  libre desde trincheras efímeras, desde aulas universitarias, salas de reunión de algunas iglesias y sobre todo desde la vida privada de hogares que hoy no tienen registro alguno, y que en ese momento fueron pequeños archipiélagos en  los que el alma libertaria encontraba refugio. Fiestas, sí,"fiestas de toque a toque", vale decir, desde que se iniciaba el toque de queda a la media noche,  hasta que se levantaba tipo seis de la mañana, en casas como las de Enrique Linh, Teresa Vicuña, Bárbara Martinoya, José María Memet, José Donoso y muchos otros  artistas que habrían sus espacios a grupos heterogéneos y de edades distintas,  para vivir una bohemia encendida a pesar de los guardianes de la infelicidad.

En uno de esos refugios, en casa del mimo chileno Enrique Noisvander (que vivía irónica o mágicamente en calle Ejército entre, Esperanza y Libertad) junto a una composición que nunca  habíamos oído de Silvio Rodríguez, "Canción del elegido" (que el mito local decía estaba dedicada a Salvador Allende) uno de los integrantes del grupo de mimos nos mostró la revista Conjunto.

Venía clandestinamente (como el  casete con la música de Silvio) desde Venezuela, del Festival Internacional de Teatro de Caracas, de 1978, en donde Los Mimos de Noisvander habían actuado y  encontrado lo que para mucho de nosotros marcó intereses hasta el día de hoy,  el teatro de calle. Para quienes en ese momento vivíamos circunscritos a una  actividad teatral extremadamente disminuida, la revista Conjunto fue una  ventana al futuro, a ese que sabíamos posible de construir. De diferentes  maneras y por el arte de magia de distintos teatreros, la revista nos fue  acompañando a través del tiempo.

Para ser fiel al recuerdo de los  primeros encuentros con ella, debo decir que fue a través de sus ejemplares que  contactamos con reflexiones de festivales como el de Teatro Clásico de Cádiz de  1978 y 1979. Leímos sobre grupos activos en el Festival de Sitges,  interiorizándonos de las acciones parateatrales, de los principios de un teatro  popular y poco después, de la convocatoria a un Tercer Teatro que proclamaba Eugenio Barba.

Fue directamente desde sus  páginas o a través de señales que ella nos mostraba, que fuimos rehaciendo un  mapa de lo posible y escuchando con claridad voces para ese momento tan  significativas como la de Carlos Jiménez, director de teatro Rajatablas, una  luz que ayudó muchísimo al andar de un Chile obligadamente ensombrecido.

Luego vendrían las décadas del 80  y el 90, y la revista Conjunto era  posible de encontrar en una librería emblemática de Madrid… de donde la  atesorábamos muchos de nosotros para nutrir la actividad teatral que, en lo  personal, desarrollara, primero en España inspirado en grupos como Comediants y  posteriormente en Francia como miembro del Théâtre du Soleil . Solo puedo decir  que al leerla hoy, siento que comparto con una compañera de ruta que a sus 50 años, está tan joven y bella como la revolución.

El autor es crítico teatral chileno
El texto ha sido tomado de Conjunto n. 170, enero-marzo 2014.

 

La cincuentona
Raquel Diana / Uruguay

(Ché, Conjunto: ¡se te ve muy bien!)

Madre: cuando  nací al teatro tú estabas prohibida en mi país. Pero, como yuyo bueno, a pesar  de eso, te prodigabas en escondites en las casas de los artistas y hasta en  algún sótano telarañoso de teatros temerarios. Para ponerlo más claro: estar en  posesión de uno de tus ejemplares podía significar muchos problemas, incluida  la cárcel, la tortura, la pérdida del trabajo, y cosas así. ¿Les daba miedo una  revista de teatro cubana a los señores de aquel orden? Sí. Era molesta y peligrosa: mire si a alguien se le ocurría saber más sobre el sufrimiento de  nuestros pueblos, sobre sus luchas; mire si por ahí se ponían a hacer un teatro  que no fuera solo de pasatiempo o de obsecuencia con los dictadores. Fíjese usted  si se daba a conocer alguna pieza dramática que cuestionara el estado de las cosas. Mire si se entreveraban el arte y lo social y daban a luz un engendro  capaz de estremecer a la gente…

Así que, las  primeras veces que te leí, fue casi a oscuras, con bastante temor y mucha pero mucha emoción.

Perdóname si no recuerdo de qué asuntos hablaban aquellos ejemplares de 1980, pero sí tengo muy presente cómo latía mi corazón. Eran las fascinantes taquicardias de caminar por la cornisa de la censura y, aunque fuera un poquitito, vencer al  enemigo con una bocanada de teatro inteligente.

En la memoria  de mis dedos están tus hojas de aquellos tiempos, que se parecían a esos mazos de naipes viejos, impregnados del furor de tantas manos.

Los sueños del  arte y la libertad nos ayudaban a vivir: gracias por la parte de eso que  pusiste vos.

Después,  cuando terminó la dictadura cívico militar uruguaya y tu clandestinidad, leí de  corrido, en unos cuantos días, todos los números que habían en El Galpón, que  eran muchos, porque la gente que los encontraba perdidos en las casas y en los  sótanos, los llevaba allí, como a un lugar natural.

Y fuiste madre y maestra.

Madre porque cuando nos pensamos gente sin hermanos, sin Latinoamérica, y nos sentimos tan al sur de todo, tan lejos, tan mirando a los nortes ricos solamente, nos  pusiste en mapa, nos ayudaste a ser parte de un movimiento, nos diste compañía,  nos ofreciste espejos. Y entonces se agregó un nuevo sentido a lo que hacíamos  y se sumaron las energías y se juntaron los esfuerzos.

Imagen: La Jiribilla
Onetti en el espejo, Teatro Circular de Montevideo
 

Maestra, sí,  porque la teoría del teatro, la crítica, la dramaturgia del momento, nos las  hiciste llegar a partir de una mirada diferente, la tuya, la de américalapobre, y pudimos incorporar a  nuestro pensamiento ladeado nada menos que la parte del mundo en que nos tocó  vivir.

Y así con los  años, vieja, te hiciste mi compañera. Cuando una ya anda sabiendo un par de  cosas, es tiempo de las nuevas preguntas y de las dudas a la vuelta de cada  certeza. Entonces estás ahí, como siempre, a pesar de la dificultad y los desconciertos.

Sos un lugar  para el encuentro, lo que no es poca cosa en una época que es más lo que  deshilacha que lo que teje.

Seguís  haciéndonos llegar la luz tuerta de los faros del fin del mundo, para que no  nos olvidemos de hermanarnos, construir y crear.

Por todo esto  y tanto más, gracias compañera. ¡Salú, revista, salú!

La autora es actriz y dramaturga uruguaya.
El texto ha sido tomado de Conjunto n. 170, enero-marzo 2014.

 

Pretender lo imposible
Freddy Ginebra / República Dominicana

Escribir sobre la trayectoria de Conjunto es  pretender lo imposible. No creo que pueda abarcar ni medianamente la labor que  ustedes han realizado durante todos estos años. Y no lo digo con la intención  del elogio fácil o la complicidad que permite la amistad. Complicidad sí, pero  no esa que desdibuja la verdad en beneficio de los afectos. Me lanzo a esta  aventura con el agradecimiento más sincero; con la admiración y respeto que  merece una obra humana monumental como esta, levantada con paciencia, sabiduría  y sacrificio durante medio siglo.

En los 40 años que celebra ahora Casa de Teatro en Santo Domingo, he sido compañero de viaje  de esta publicación imprescindible para Iberoamérica; he dado cuenta de sus  contenidos, puentes que nos unen y alimentan; que hacen que cada sala teatral y danzaría del amplio territorio de nuestra cultura se sienta más cerca una de la  otra; que cada actor o bailarín sepa de las preocupaciones y propuestas de sus  colegas; de las preocupaciones y los frutos del pensamiento y la creación. La  revista Conjunto es parte esencial de  la savia que ha nutrido a todos y cada uno de nosotros.

Imagen: La Jiribilla

Por décadas me  ha honrado la tarea que me he impuesto de hacer que los ejemplares de la  revista que llegan a mis manos, se multipliquen, alcanzando a cuanto amante de las tablas haya en mi país. Cada uno de ellos abriga una gratitud sincera a su labor, a su existencia, a la contribución que ustedes han hecho durante cada uno de estos 50 años.

Por todo el  continente y la península ibérica he sido testigo de la sed con la que los  teatristas persiguen los aportes teóricos que ustedes ofrecen en cada número. Cada ejemplar es perseguido y desaparece entre manos ávidas de saber,como el pan entre los hambrientos. No han sido simples mecanismos de traslado de  información. La enjundiosa labor teórica que generan sus creadores, constituye  parte sustancial del acervo cultural que puede ofrecerle Hispanoamérica al mundo.

Voces imprescindibles a la crítica cultural como la de mi querida "hija cubana" y directora de la revista, Vivian Martínez Tabares, han marcado para  siempre la forma en que generaciones de artistas y espectadoras perciben las obras teatrales.

Les auguro una  larga vida no exenta de sacrificios y dificultades; pues todo sabemos que no  son de fácil acceso los caminos de la creación artística, y Conjunto es también una obra de arte;  pero como dijo Arthur Miller: “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”. Y ustedes son también, parte  ineludible de la historia del teatro hispanoamericano, de ese dar la cara a la  humanidad, sus dolores, sus alegrías y sus esperanzas.

 
El autor es promotor cultural, periodista, dramaturgo y publicita  dominicano. Fundador y director de Casa de Teatro.
El texto ha sido tomado de Conjunto n. 172, julio-septiembre  2014.

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