Iván Soca y Juan Formell: no hay despedida

Luis Alejandro Rivera • La Habana, Cuba
(…)
Me enamoré de aquella magia tuya,
y te seguiré siempre hasta que digas.
Yo soy la voz, y tú las manos.
Tú eres la paz, la intensidad,
Yo la razón.
(…)
Hay que tener los pies sobre la tierra,
Y a cada rato un sueño.
La vida es realidad, también es fantasía.
 
Soñar, soñar no cuesta nada.
La vida sin un sueño no vale nada.
Fantasía, fantasía,
la vida sólo es una fantasía.
 
“La fantasía”
CD- “La Fantasía” (2014)

Alguna vez estuve yo así, más cerca o más lejos, mientras los Van Van amenazaban con dejar al público al borde del desmayo por tanto baile. Alguna vez logré enfocar, con una aficionadísima cámara, el rostro de aquel carismático ser. Y como yo, serán miles los que podrán decir “yo también le tomé una foto al director de los Van Van”. Pero eso sí, ningún fotógrafo (amateur o especializado, da igual) ha logrado imprimir en una instantánea el espíritu de Juan Formell. Ese lujo, ese regalo de la vida repetido en tantas imágenes, está en manos de Iván Soca, el fotógrafo de Van Van.

La evidencia más contundente pude hallarla allí, en el estudio de este artista, en ese pedazo de otro mundo, donde se amontonan en las paredes y por todo el piso los recuerdos, los momentos, los rostros, la música. Nuestra conversación, rondando la media hora, pareciera haber sucedido mucho tiempo atrás, porque Soca se refiere siempre a Formell en tiempo presente. Y me permito pecar de absoluto al repetir que nadie como Soca ha captado mejor a Formell, sin temor. Para retratar verdaderamente un espíritu así no basta un buen encuadre, ni siquiera una lente poderosa; es necesario respirar a través de las venas del otro. Soca lo hizo así, durante diez años.

El primer encuentro fue, precisamente, un 5 de diciembre del año 2005, en un concierto de Van Van en la Plaza de la Revolución al que lo había invitado Juan, para que hiciera una sesión de fotos de la banda tocando en vivo. “Antes de trabajar con la orquesta yo estaba muy vinculado al mundo de la trova. De hecho, creo que mi manera de mirar la fotografía es muy trovadoresca”.

Soca transcurre, desde la observación hasta el disparo de su cámara, a través de una poética peculiar. Un estilo lírico, como él mismo califica, con cierta poesía. Eso es mirar diferente. Cuando Formell lo invitó a trabajar, hablaron de un viejo cartel que él le había hecho a Silvio Rodríguez, en el que estaba de espaldas bajo la lluvia, mojándose todo. Así, casi sin decirlo, quedó pactada la estética que hasta hoy identifica al tren musical de Cuba. “A partir de entonces, buscaría la imagen de lo que yo interpretaba como Van Van”.

Una foto marcó el destino del fotógrafo, y el de la agrupación. Aquella imagen de la bandera cubana desenfocada, con el micrófono de Formell en primer plano, que para Iván representa el más puro espíritu del rock´n roll, habla por sí sola; nuestra insignia, acompañaba desde ese momento a la orquesta que algunos definen como los «Beatles o la Rolling Stone de Cuba». “Juan quería una foto en la que estuviera algo más que la orquesta, los músicos, su rostro o su nombre”, explica Soca.

Imagen: La Jiribilla

Un tipo… lindo

Soca traspasó las fronteras del “mito Formell”, y vio nacer la amistad. “A veces es mejor no trabajar con la gente grande, con la gente que idealizas —explica—, porque hasta te puedes decepcionar. Cuando conoces a la persona real, de carne y hueso, empiezas a ver sus defectos y sus detalles, y a veces no son nada agradables. En el caso de Formell no fue así. Desde la primera vez que yo lo vi, hasta la última, fue la misma persona. Eso es un plus. El tipo es sencillo de verdad, no es un invento”.

“Desde aquella gira nacional nosotros quedamos conectadísimos. Y aunque yo era supuestamente el stillman de un equipo de producción que estaba haciendo el DVD Aquí el que baila gana, siempre había una comunicación por encima de todo; una comunicación de afecto, de respeto, de cariño, porque el tipo es muy cariñoso y muy buena onda. Nos empezamos a ver, a visitarnos, e hicimos la amistad verdadera, esa que no tiene nada que ver con el trabajo ni el compromiso. Formell es un tipo bueno”.

Imagen: La Jiribilla

Un tipo bueno… ¿qué hace a un “tipo” reunir tal cualidad? Soca se vale de un paralelismo muy interesante para tratar de describir a Formell. Lo encontró en la literatura; en Momo, la novela de Michael Ende, la misma de donde sacó a los hombres grises que rondan su exposición Out of the Blue, que ahora expone en el Melen Club.

“Momo es la princesa que lucha contra el tiempo; las personas piensan que ella tiene divinidades, pero no. La única bondad que tiene Momo es la de escuchar, simplemente te escucha, tú te desahogas y tus problemas se resuelven. Así era Juan, una especie de sacerdote dentro de la amistad. Están los tipos buenos, y está Formell. Él es único, no se parece a nadie. Es un tipo bonito, una persona que quiere y se deja querer; una persona espectacular, sin doble fondo, algo que hoy no es común en los seres humanos. Los mejores seres humanos tienen miserias, y éste es un tipo sin miseria. Un tipo lindo”.

La forma que encuentra Soca para ver a los Van Van roza con el abstracto, y según confiesa, tiene mucho que ver con el estilo de la banda Pink Floyd. La clave de Iván se resume en la representación simbólica, en mostrar de otro modo el patrimonio musical que con sus fotos preserva. Para él está claro: “los Van Van son Cuba. Desde el primer momento que hablas con Formell te das cuenta de que no pertenece a ningún «…ismo». Formell es un patriota, un tipo que pertenece a la tierra donde nació; y eso son los Van Van, sin duda.”

Imagen: La Jiribilla

Ilusiones que convergen

Por estos días, y a propósito del Aniversario 45 de la orquesta de Juan Formell, ha visto la luz un nuevo disco. La Fantasía  es el último proyecto de Juan en vida. “No pudo verlo materializarse porque se fue antes —lamenta Iván—. Es un disco precioso, que desde el título está lleno de historias…”.

“A Formell le dieron un premio Grammy por la obra de toda la vida, y él tuvo que viajar a Las Vegas. Después de la ceremonia, él quiso llevar a su esposa a ver un espectáculo del Circo del Sol, y salieron de allí convencidos de que esa era la verdadera fantasía. Y Formell es un niño, todo le parecía fantástico. Por eso dijo que «la vida sin un sueño no vale nada» en el estribillo de la canción que titula el disco.

“Después de eso hizo unas maquetas, grabó un tema que había compuesto para Luna Manzanares y que ella no incluyó en su proyecto. Cuando decidieron hacer este disco, Samuel (Formell) empezó a revisar todas esas maquetas y se encontró con el tema. Cuando lo escuchas, vives la fantasía Van Van. Comienza a piano, luego entran unas cuerdas y unos tambores batá, y luego los Van Van, obviamente. Ese es el espíritu del disco”.

Con esa magia a su favor, y como complemento inigualable de esta producción discográfica, Iván propone su exposición Fantasía en los estudios Abdala. “Son fotos de Van Van. En muchas está Formell, hay muchos símbolos. Están editadas fantasiosamente, algunas en blanco y negro, otras con tonos de colores. Hay pocas fotos de personas, hay más planos abiertos y generales. Mi fantasía también se ha ido abriendo como esas fotos”.

“Si ves aquella primera exposición de 2006, verás todo dentro de la orquesta, los primeros planos, las caras de la gente, todo muy adentro. Ahora estoy yendo más a lo tradicional, a planos mayores, hasta llegar a subirme en el piso 16 de un edificio, varias veces, en varios conciertos, tener estas ocho fotos aéreas en la exposición, y ver a la orquesta como el fenómeno que es: un fenómeno de patria. Hay una energía bonita encima de Van Van, y creo que es Formell, siempre”.

Imagen: La Jiribilla

La despedida que no será

Muchos han sido testigos de la hermosa amistad entre Soca y Formell, de lo que llegó a significar el uno para el otro. Sin embargo, del último encuentro saben muy pocos. “Él me contó de su fantasía, y hasta se me aguaron los ojos —confiesa Iván—. Aquel día, le dije que cuando los Van Van cumplieran sus 45 años, yo le iba a enseñar a él mi fantasía. Me preguntó cuál era, y le dije: ¿Mi fantasía?, mirarte por nueve años”.

“Entonces fue a él a quien se le aguaron los ojos. Ese día le conté que iba a participar en la gira, que contara conmigo si hacían el disco, que le iba  a hacer una serigrafía… Lo único que no me dijo era que se iba a morir antes (Soca se toma un respiro, esconde algunas lágrimas, y se repone), aunque creo que me lo quiso decir”.

Siempre, al despedirse, Formell besaba la mano de Iván. Pero esa vez el ritual fue diferente: “Formell me contó que el médico le había suspendido dar entrevistas, me contó de todos sus problemas de salud, que no se sentía bien, que estaba muy cansado; fue demasiada información. Y en la despedida me besó en la frente. Cuando salí de su casa en el carro, y me detuve para decirle adiós, él vino de nuevo. Volvió a tomarme la cara con sus manos, y me volvió a besar en la frente. No sé, a lo mejor me quería decir algo”.

Al conocer de esta historia, y de las sensibles fibras que rodean la exposición de Iván, no han sido pocos los que se apresuran en decir: «Soca se despide de Van Van», «Soca dice adiós». “Yo soy una persona a la que no le gustan las despedidas —explica el fotógrafo—. No me gustan los aeropuertos, las terminales de ómnibus, no soporto decir adiós; prefiero que todo quede así, que pase el tiempo y luego todo vuelva al punto en que comenzó”.

“Lo que sí creo es que este capítulo Van Van, esta impronta en la que he puesto todo, más que la vida misma, hay que cerrarla. Formell me dijo en varias ocasiones que las personas no debieran perpetuarse en la vida ni en las cosas, que nada era imprescindible, que él podía incluso no estar, y que el tiempo no se iba a parar nunca. Yo no creo que Van Van haga otra gira como esta en los próximos diez años. Entonces, creo que está bien abrir el ciclo con una gira y cerrarlo con otra”.

Iván Soca sí va a estar, nunca se ha despedido, y no cree que pueda hacerlo. Y a lo mejor estará ahora más que antes, porque se confiesa encantado con la idea de que exista en nuestro país una institución cultural con el nombre de Juan Formell, donde se recoja todo el patrimonio que para Cuba representan los Van Van, y al cual Soca donaría con extremo gusto todo su archivo, que no es sólo fotográfico. “Yo apoyaría en todo lo que pudiera. Eso es no perpetuarse en las cosas. A ver quién lo hace, otro loco como yo va a aparecer, seguro”.

Imagen: La Jiribilla

Comentarios

BRAVO Iván.. hermoso texto y tus sentimientos afloran.. tú eres así, desinterés, pasión y BOMBA

Soca a puesto lo mejor de sí en Van Van y creo que su trabajo habla por sí solo. Felicidades amigo, todo el Melen te quiere.

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