Un héroe de Santa Clara olvidado (III)

Rolando Rodríguez • La Habana, Cuba

El 24 de julio Emilio Núñez, desde Filadelfia, le dijo a Beraza, en Nueva York […]: “Se me asegura que el general Bonachea cuenta con el apoyo del general Gómez, supongo que por cable se lo ha prometido”. El 24 de julio de 1883 el comité de esta ciudad había mostrado completo acuerdo con el propósito del general de continuar la guerra y le suplica llevar adelante lo convenido. Lo mismo hicieron el Comité del Cayo y el Club Independencia número 1. Desde Nueva York lanzó su proclama al pueblo cubano. “Ha sonado nuevamente para la esclavizada Cuba la hora del sacrificio y de la gloria por la independencia y la libertad […]”. El primero de agosto de 1883 le escribió desde Nueva York a Antonio Maceo, en Honduras. “[…] ha llegado la época en que los hombres del nombre y la reputación patriótica de V. entren de lleno en el desempeño que la providencia y los hombres le tienen destinado, de los deberes hacia la patria. Empeñado en una peregrinación patriótica he recorrido varias emigraciones y la de Cayo Hueso, ha respondido dignamente, facilitándome recursos de dinero y lo mismo están haciendo Filadelfia y Nueva York. De la misma Cuba espero algunos recursos también. Como resultado de nuestros trabajos se han precipitado los acontecimientos y los jefes Agüero, Castro, Monteagudo, Pepe Pérez, José Miguel Gómez y otros han respondido lanzándose en Las Villas y Rabí y Cutiño y otros en Oriente y hasta en el Camagüey hay más de una pequeña partida. La gente de las Villas [ilegible] se ha apoderado y llevan recursos de los poblados de la Agüica, Palmas y La Esperanza. Y tanta es la movilidad que el gobierno español ha tenido que movilizar todo su ejército, dejando las plazas de La Habana y Matanzas guarnecidas por los voluntarios […]”.

El 8 de agosto de 1883, Maestre le afirmó a Bonachea que tiene “larga lista de combatientes que marcharán conmigo a Cuba”.

 

En agosto de 1883, recibirá cartas de Maestre, Romero y Poyo. Romero le dice: “El clarín del combate resuena: el general Bonachea hace falta en los campos de Cuba” y Poyo subraya: “Las noticias son favorables a la revolución. Nuestro anhelo es verlo ya a usted en Cuba”.

El 18 de agosto de 1883 publicó Bonachea en El Yara. “[…] Ha llegado el momento de la acción general de las fuerzas revolucionarias en pro de la lucha armada por la reivindicación del derecho hollado vilmente en todas sus manifestaciones por la insaciable rapacidad de sus mandarines sin pudor ni conciencia, que por igual hacen sentir al país el peso abrumador de sus abominables detracciones”.

Bonachea marchó a Cayo Hueso. Serafín sabía de sus gestiones allí donde siempre había vivido el sentimiento noble y patriótico de toda una digna colonia cubana, y los resultados serían halagüeños. “Tus gestiones encontraran eco, no en el decir y las simpatías, sino en el proceder y las realizaciones”. El 23 de agosto de 1883 Fernando Figueredo le escribió: “Los coroneles Lacret y Urquiza llevan documentos de Máximo Gómez en que acuerda su resolución de ponerse al frente de la revolución”. El 24 de agosto de 1883 desde Veracruz le escribió Maestre: “Me propongo sacar de aquí una expedición de regular [tamaño], cuento con mejicanos de influencia entre ellos Porfirio Díaz. Mi idea es marchar a la parte oriental”. El 24 de agosto de 1883 Bonachea le expuso a Julio Funes: “Es indispensable un movimiento en occidente aunque sea pequeño, para que la revolución sea general en todo el país”. El 6 de septiembre Maestre dijo que para su expedición: “…me hace falta un segundo, cuento con algún número de expedicionarios. Pienso salir de Nueva Orleans para Cuba […] Mi desembarco será por la parte oriental. He escrito a Bayamo, Manzanillo, Tunas y a varios jefes y clases de mi mayor confianza en Las Villas. He tenido contestación favorable”. El 13 de septiembre Bonachea le escribió a Maceo, desde Nueva York a Honduras. Le dijo: “Parto mañana para la capital de Santo Domingo, vía Jamaica, y que si le es posible concurra Ud. a aquella ciudad, donde tendré el honor de explicarle la importancia patriótica de mi viaje, y los beneficios de la reunión de los jefes de Honduras y residentes en Santo Domingo resultarán para nuestra Patria […]”. El 14 de septiembre de 1883 Julio Funes Diez le respondió a Bonachea. “Veo que apoyas la idea de un movimiento en occidente  y me animas para que trate de efectuarlo, pero ahora no me es posible. No estoy en combinación con ningún centro”.

El 15 de septiembre de 1883 el Capitán General le escribió al ministro de ultramar: “Los enemigos de la paz y prosperidad de estas provincias, emigrados en el extranjero continúan laborando en Jamaica, Nassau, Santo Domingo, Cayo Hueso, Nueva York y México. Los comités revolucionarios excitados con las proclamas de Bonachea luchan con la falta de recursos y sin dirección definida y declarada. Ese llamado General de la vanguardia parece que al fin saldrá de Nueva York para Jamaica y Santo Domingo”.

El 22 de septiembre de 1883 Bonachea escribió en El Yara, “A las beneméritas hijas de la libertad”: «Inútil sería que pretendiese encareceros una vez vuestro patriotismo, a cuyos heroicos esfuerzos tanto se ha debido, se les debe hoy y deberá siempre la causa de la Patria cubana. Vosotras sois mujeres y por eso vuestra obra tiene mayor mérito».

El primero de octubre de 1883 le escribió Bonachea a Beraza a Nueva York:  “El 22 a las siete arribamos a este puerto con toda felicidad;  a las siete y media de la noche se reunió la emigración por invitación del Sr. Bavastro, quedando constituido un club sumamente numeroso, el 29 hubo otra reunión que ha sido mucho más numerosa que aquella aprobando su reglamento y aumentando sus socios. Su directiva me ha felicitado ofreciéndome su apoyo moral y material lo mismo que al comité de Nueva York”.

El 5 de octubre de 1883 Bonachea ratificó: “Puedo con toda seguridad, disponer mi pronta salida y la de los expedicionarios que me acompañarán”.

El 11 de octubre de 1883 Bonachea, desde Kingston, le escribió a José Prellezo, en Nueva York: “[…] El lunes 15 se verifica junta general; para la organización de un Comité Revolucionario Cubano, que se entiendan en los asuntos de la guerra. La excitación es grande en extremo. No desmayen, Uds. El Separatista gusta mucho. Por lo que le digo en la del amigo Beraza quedará más satisfecho”.

El 17 de octubre de 1883 llegan cartas de Maestre, en Veracruz, a Beraza, en Nueva York: “[…] a juzgar por presunciones yo espero que si la entrevista de Bonachea no da los mejores resultados no por eso debemos dudar de que Gómez, García y Maceo tomen la parte que les corresponde en la Revolución; yo por separado les he escrito ofreciéndoles mis servicios como subalterno”.

Un espía, en Guatemala, le escribió el 20 de octubre de 1883 al Capitán General de Cuba: “Según noticias que llegan hasta mí el propósito es mandar una expedición desde Honduras, preparada y dirigida por Maceo, Morey y Crombet y a los cuales debe preceder un tal Bonachea que está en Nueva York […]”.

El 22 de octubre de 1883 Cirilo Pouble que con Beraza, Arnao, Lanza y Cisneros Betancourt está en Nueva York, le dijo a Bonachea: “Numerosas partidas armadas operan en Cuba”. Mas, en realidad, eran delincuentes, que huían de la guardia civil. El 22 de octubre de 1883 Maceo, desde Puerto Cortés, le contestó a Bonachea: “Los generales Gómez, Crombet, Roloff, Rodríguez, el coronel Morey, el doctor Hernández y yo, de común acuerdo, opinamos lo que debemos hacer tan luego como tengamos elementos positivos que garanticen el triunfo de la emancipación de Cuba, quiero decir que no sean elementos ilusorios, sino de aquellos que aseguren por completo, la revolución que debe hacerse para conseguir la independencia. La falta de suficientes elementos materiales y el dinero necesario para proceder de conformidad con las urgencias del caso, han ocasionado trastornos insuperables. […] los emigrados residentes en Santo Domingo, pueden informarle cuantos esfuerzos hice yo en 1880 para allegar a Cuba una pequeña expedición […] contribuyendo, con Calixto y otros al descrédito en que hemos puesto la causa de la libertad de Cuba. Usted busca la cooperación de nosotros en la empresa que ha intentado aisladamente, tan a destiempo, que es imposible le ayudemos […], esperamos ver con sentimiento las desgracias que ocasionará usted al pueblo de Cuba y los inconvenientes a la política que debiéramos servir unánimemente…”.

El 31 de octubre de 1883 Beraza subrayó: “[…] Vicente García se dispone a venir para esta para embarcarse enseguida para Cuba. Esto ha levantado los ánimos y se ha formado otro club”. El 9 de noviembre de 1883 Francisco Varona Tornet le escribió, desde Nueva York, a Bonachea: “Por El Separatista habrá sabido que el invicto Gral. Vicente García se prepara para renovar sus valiosos servicios a Cuba. Aquí casi todos deseamos que Ud. y él vengan juntos, y yo me atrevo hasta a suplicarle a Ud. porque haga que así suceda, pues ese golpe acabaría de animar a esta emigración que aunque a costa de muchísimos esfuerzos va colocándose en el lugar que el honor le demanda”.

El 16 de diciembre Maceo le diría a Fernando Figueredo: “Creo que todos nuestros desaciertos son hijos del buen deseo que nos anima hacia nuestra causa; pero como tengo el derecho que todos para hacer notar las imprevisiones, lo hago ahora con la pena de no estar de acuerdo con la prensa cubana, y el procedimiento de Bonachea. […] La revolución de hoy debe obedecer a un plan uniforme de acción compacta en la forma y en los hechos, de realización simultánea y con los preparativos que requiere un movimiento que comprende la cooperación de todos los mambises. Porque los trabajos de Bonachea, carecen de esos requisitos tan indispensables para mí es que no entiendo lo que él hace a favor de sus aventuras, razón porque no puedo avenirme a ellos, no obstante desear, como el que más llegue el momento de un pronunciamiento organizado con los Jefes capaces de llevarnos a la independencia. ¿No cree V. que la propaganda de Bonachea y las publicaciones del Yara y El Separatista, son constantes denuncias que nos hacemos de nuestros nacientes trabajos? […] ¿Cree usted que habrá revolución redentora sin las poderosas espadas de Máximo Gómez, Crombet, Vicente García, Rafael  Rodríguez, Carlos Roloff y aquellos bravos que están en Santo Domingo? […] Pero me alegro de no haber tenido que desaprobar su vanguardia sin columna. ¿Será Vicente García el que irá cubriendo su retaguardia? […]”.

Cuando Gómez curó se habían reunido tres personas, un médico y dos veteranos y decidieron llevar adelante el Plan de San Pedro Sula o de 1884. Gómez, Maceo y Flor tomaron pasaje para Nueva Orleans en la primavera de 1884, Gómez se fue a Cayo Hueso y en el verano se reunieron en Nueva York.

El primero de enero de 1884 Bonachea le escribió desde Santo Domingo a Beraza, en Nueva York: “[…] A mi llegada nada organizado; la gente difusa, trastornos en las líneas de vapores. Allí fleté la goleta a Puerto Plata. De este punto he quedado satisfecho, gran entusiasmo, organización como yo no esperaba, de una Sociedad Patriótica y un Comité R. en representación legítima de la emigración sin excepción de un solo cubano. Nombrándose colegios y cada uno con un representante para apoyar a los caudillos revolucionarios y subordinados al comité central. A la vuelta a esta me brindaron su óbolo material. De Santiago me escriben, diciéndome que los hombres que convienen a mi lado son Crombet, Borrero, Domínguez, Guevara y su subalterno. Que el pueblo es de V. y lo acompañará hasta la Habana. El Sr. Juan Anido y el Dr. Lanier me aseguran que en Camagüey me esperan con ansia, si es verdad que con grandes ilusiones a los elementos explosivos. Todos optamos por llevar al digno General V. García al frente. Yo lo llamo para que venga a reunírseme para partir para colocarlo al frente de nuestra legítima representación, y marchar al cuerpo de vanguardia con sus órdenes”.

El 4 de enero de 1884 el vicecónsul español en Puerto Plata, Narciso Pérez Petinto, le escribió al Capitán General de Cuba: “Ha tenido una entrevista con Lilís sobre las actividades de Bonachea en Puerto Plata. Le prometió que no permitiría ninguna acción de Bonachea contra España y serían inútiles sus esfuerzos para recoger dinero. Lilís lo obligaría a salir de Puerto Plata para vigilarlo mejor en la capital”. El 16 de enero Lilís le envió una carta manuscrita al Capitán General Ignacio M. del Castillo. Le dijo que había hecho comparecer dos días antes en su despacho a Bonachea y Serafín Sánchez y les había prohibido terminantemente toda acción hostil a la paz en Cuba.

El 20 de enero de 1884, desde Santo Domingo, Bonachea le escribió a Ramón Rubiera a Nueva York: “[...] no he tenido tiempo ni para dormir […] en ningún lugar he encontrado organización de ninguna especie. ¡No hay quien se haya ocupado de la Patria! Para vergüenza nuestra. Tal parece haber muerto el espíritu entre nosotros, todo me lo han dejado a mí, hasta tener que salir en pos de cada uno y enseñarle el camino que deben tomar. Pero gracias a mi constancia todo se ha vencido, la organización es un hecho […]  Mañana salgo a Puerto Plata, de ese punto voy a Colón y a encontrarme con el compañero Gral. V. García, quien espero me acompañe a esa ciudad para que quede haciendo lo que yo he hecho hasta aquí, y yo marchar a Cuba”.

Varona Tornet le dijo el 26 de marzo del 84 a Bonachea: “La partida de Chamadez salió ayer de esta. He logrado que dos de los mejores pasen a unirse a Carlos Agüero, en el Cayo, para volver al combate […] La gente en Cuba espera la llegada de usted con ansia y añaden que si no vamos pronto se perderá la oportunidad tan buena que hay, la que será difícil de recuperar. Creo que si llegamos pronto podremos salvar la situación. Me alegraría que marcháramos cuanto antes a fin de evitar la capitulación de los que están en armas y el desencanto de los que entusiastas, nos esperan.

El 27 de marzo de 1884 Rubiera le dijo: “Lo que se necesita en Cuba es un jefe y en Las Villas desesperan porque usted no está en acción […] Todos concuerdan en esto. Dentro tal vez de un mes saldrá una expedición del Cayo […] Sabrá usted que el levantamiento de Víctor Durán es preciso que reciba pronto apoyo. En Remedios se susurra ha habido otro levantamiento”.

El primero de abril de 1884, desde Kingston, Bonachea dirigió una proclama a los cubanos y a los amigos del exterior: “Muy grato es poder anunciar que acabo de regresar a esta Isla, en cumplimiento de la importante comisión que se me había confiado, y cuyo resultado ha sido altamente satisfactorio a mis planes y propósitos; estrechando, en todas partes, la mano de amigos simpatizadores y hermanos. Tengo el placer de decirles que el gral. Vicente García está ya en camino para esta. Y que pronto nos reuniremos para afianzar mejor el éxito de esta empresa. Cubanos ha llegado el momento de la acción”.

Maceo escribió a Figueredo, el 2 de mayo de 1884, desde Tegucigalpa: “Desde hace años trabajamos en la organización militar de elementos discordantes […] presumo que al saber Bonachea nuestra determinación se apresurará a llenar el puesto que tiene en nuestra falange”.

Varona y Limbano habían ido a Panamá. El 18 de septiembre de 1884 Bonachea estaba en Kingston y le escribió a Victoria: “Ayer marchó mi primer contingente a esperar órdenes. Pronto será mi marcha con el favor de Dios. Antes de mi partida te escribiré; te dejaré cuanto me sea dable en poder de Benito”.

El 21 de septiembre de 1884 le escribió Varona a Bonachea: “Por aquí todo marcha bien. El Separatista nos ayuda en alto grado pues el sistema que lleva agrada a todos. Estoy seguro que cuando usted regrese encontrará mucho más ánimo que el que dejó. De Cuba me dicen que cuanto antes vayamos mejor, que el pueblo se prepara para responder al movimiento porque ya está aburrido de soportar tanta miseria y vejaciones con manifiesto ultraje de la justicia”. El 22 de septiembre de 1884 se reunió la Convención Cubana, de Cayo Hueso. Estaban presentes Maceo, Poyo, Hidalgo Gato, Alejandro Rodríguez, Figueredo y otros.  Habló Gómez: “Cediendo al llamamiento y a sus propios deseos ha resuelto abandonar su hogar y su familia para ofrecerme a la causa de Cuba”.

Los veteranos Varona, Limbano y Bonachea confiaban en el apoyo de Maestre, Alejandro Rodríguez, Figueredo, Poyo y otros. Con esa confianza marcharían a Cuba. Esperaban la llegada de los grandes jefes.

Eusebio Hernández, dijo que Bonachea creyó que él solo movería en su auxilio a todos los cubanos. La experiencia  había demostrado que sin Gómez y Maceo todo era tiempo perdido.

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