La voz de Bianca Pitzorno

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Hace unos años, la primera vez que entrevisté a la autora italiana Bianca Pitzorno, al preguntarle sobre sus razones de escribir para niños me aseguró contundentemente que “Los niños y los adultos pertenecen a dos pueblos distintos. Mientras que uno es niño posee su isla propia, pero los niños viven con los adultos y lamentablemente siempre dependen de ellos. El leit motiv básico de mi escritura es la fuerza innata e indómita del niño refrenada a cada momento —sin ninguna razón de peso o convincente— por el adulto”.

Y este podría considerarse, sin duda alguna, el motivo principal que la movió a escribir La voz secreta, colección Veintiuno, Editorial Gente Nueva, que de momento es su libro más reciente traducido al castellano y por primera vez en Cuba (en versión de su traductora Julia Calzadilla Núñez) y que los lectores podrán adquirir como parte de las novedades de la FIL 2015.

Imagen: La Jiribilla

Volviendo como siempre a su aguda crítica del mundo de convenciones adultas, tanto sociales, como escolares y hogareñas, Bianca Pitzorno (Sassari, Cerdeña, Italia, 1942), una de las más conocidas y populares autoras italianas para la infancia; como en toda su vasta y laureada obra, evidencia en este libro un compromiso más que evidente con los auténticos derechos de la niñez, lo cual la ha hecho merecedora de varias candidaturas al Andersen, conocido como el Nobel de la literatura infantil y juvenil.

En La voz secreta se revelan una vez más los ingredientes que hacen de la obra de Pitzorno una de las autoras contemporáneas con mayor permanencia en el campo editorial de Italia y otros países, incluso sin que se someta a los conocidos avatares de la moda o el mercado. Por supuesto que me refiero sobre todo al acercamiento sincero a una psicología de la infancia en su modo de convivir (y sobrevivir) al mundo adulto, el empleo del sentido del humor como detonante ante (o por) cualquier tipo de situación y, derivada de esos mismos conflictos propios del hilo argumental, una crítica —a veces muy evidente, a veces solapada— al adulto opresor.

La voz secreta cuenta la historia de una niña de los años 50 que en su medio social desafía las convenciones de los adultos y va logrando de ese modo autoafirmar su personalidad de manera asombrosa, pese al desagrado de sus mayores.

La acción se desarrolla primero en el hogar y luego en una escuela a la que Cora, la menor en un grupo de amigas, vehementemente ha anhelado ir con tal de aprender las letras y comenzar a leer esas historias maravillosas (y hasta ahora prohibidas) que se guardan en los libros.

Sin embargo, ante su desagrado y sorpresa, en esa escuela italiana de la posguerra Cora abrirá por primera vez sus ojos al mundo para descubrir cuanto de misterio y de injusticia conviven al mismo tiempo en un entorno lleno de desigualdades de índole diversa.

Repasando la obra de la autora uno descubre que esta se manifiesta como una de sus preocupaciones más reiteradas, pues el mismo asunto (o problema) es abordado en libros tan significativos y del calibre literario de Una escuela para Lavinia (cuarta parte de una saga también publicada en Cuba por la colección Veintiuno y que integran La increíble historia de Lavinia, La muñeca del Alquimista y La muñeca viva) o más recientemente su polémica novela Escucha a mi corazón, en la cual Pitzorno vuelve a rescatar sus remembranzas infantiles y el tormento y sufrimiento acarreado por sus avinagradas, intempestivas y convencionales profesoras que le negaban a sus alumnos toda posibilidad de redención.

En esta reiterada tendencia de pintar niños aparentemente inocentes pero que a la vez son certeros y muy críticos jueces de los adultos a quienes para su desgracia y por un determinismo etario sufren, Bianca no puede negar (de hecho en alguna que otra entrevista también lo ha confesado) ser una devota deudora de Astrid Lindgren. Es inolvidable la influencia en su obra del capítulo en que Pippa Mediaslargas —libro que inmortalizara a la sueca Premio Andersen—, acude por unos minutos a la escuela y acaba revolucionando el aula a su paso vertiginoso, sobre todo al aplicar a conciencia esa máxima muy suya de que “los niños deben tener una vida muy organizada, sobre todo cuando pueden organizársela ellos mismos”. Si ya en el año 1945 la creadora anticipaba[1] algo de lo que hoy encontramos en narradores como Bianca Pitzorno, el hacer humor a partir de niños inadaptados a su medio también ha sido una poderosa espada empleada a fondo por autores como el maestro Roald Dahl (inglés del cual Bianca también se considera tributaria) y, por supuesto, de la norteamericana Katherine Patterson en una conmovedora novela tan emblemática de esta corriente como La gran Gilly Hopkins, hermoso libro sobre una niña huérfana que es tratada como una entidad peligrosa y antisocial en su frecuente peregrinar en pos de un hogar civilizado que la acoja y haga sentirse humana y libre.

La historia de Cora, la protagonista que esta vez Bianca regala a sus lectores es diferente: tiene una familia acogedora, llena de tíos, primos, abuelas, padres amorosos que le regalan unos hermanos gemelos más pequeños, pero todo se complica cuando un Día de Navidad Cora advierte que al recibir cuatro ridículas muñecas ya vistas en las vidrieras de las tiendas (que jamás había pedido a nadie, siquiera al niño del pesebre), se desoyen sus más caros deseos mientras sus parientes hacen desaparecer a su bien amada Lamomia, su vieja muñeca calva, sucia y toda desarrapada, pero que ella ha vendado amorosamente con esparadrapo y cada noche, mientras la acuna en sus brazos, es capaz de hablarle con su voz secreta.

Sí, porque Cora, pese a su corta edad, ha descubierto algo que muchos adultos no sabemos (o quizá hayamos olvidado): cada niño viene con la capacidad innata de comunicarse con esa misteriosa voz secreta que tienen todos los objetos y seres que pueblan este mundo, desde una tijera, un armario, un caballito de madera, un coche, un árbol, el viento, la lluvia, una cinta, en fin, hasta una muñeca tan entrañable como su querida Lamomia.

La que propiciada por sus padres prometía ser la Navidad más feliz de su vida, se convierte para Cora y sus amigas o vecinas más cercanas en un combate entre niños y adultos, pues muy pronto los vástagos de Los Giganti, empleando las técnicas más iconoclastas y rebeldes, para enfado de los mayores la ayudarán a redimirse de esta imposición adulta y a rescatar a su inefable y destartalada muñeca, que los adultos consideran un verdadero trasto inservible.

Con su depurado oficio habitual, que le caracteriza por conferir un ritmo trepidante a sus argumentos, un narrador omnisciente que de su mano nos va llevando por cada locación de la historia, que se adereza con cualquier tipo de situaciones hilarantes y hasta algo devastadoras para la tranquilidad adulta, Bianca consigue entregar una historia donde pasea al lector de sorpresa en sorpresa, de incidente en incidente, a través de infinitas situaciones sorprendentes (y hasta mágicas o fantasiosas) que van perfilando el inevitable desenlace apoteósico que tendrá la historia.

Si por un lado para Cora lo más importante será conocer que cada cosa tiene una voz secreta y que esta habla a los niños, al tiempo que les orienta, les dice cómo es la vida más justa y que en definitiva les permite sobrevivir en un mundo inadecuado y para el cual no venían preparados; del mismo modo, un buen día, también se dará cuenta de que cuando crecen y comienzan a tratar de parecerse (o imitar) a las personas mayores, estos mismos niños (incluso su hermano Giacomo) pierden esa maravillosa posibilidad de tener su voz secreta para caer de plano en el tonto y preestablecido mundo de las convenciones adultas.

En ese mismo sentido, con La voz secreta la Pitzorno cumple a la vez su confeso anhelo de reflejar su ambiente de infancia como niña europea de la posguerra en los campos de Cerdeña; con toda la fidelidad histórica de aquellos tiempos que —como a muchos en su época— tanto la marcaron. La Italia de entonces, acababa de escapar del fascismo, pero a la par, como otros tantos estados, invadida después de la Segunda Guerra Mundial por la cultura de Norteamérica, deviene el escenario ideal para que la autora critique con ironía y ferocidad a la burguesía naciente, con sus conocidas lacras de desigualdad social, discriminación y falsos valores centrados en una posición privilegiada a partir de la acumulación incipiente del capital.

En una entrevista reciente hecha por Rossella Caso de la Università di Foggia, Italia, que me enviara la propia Bianca, ella vuelve a proclamar algo que con mucha honra ya dijera en su autobiografía Historia de mi historia: “He aquí, si debiera definirme como escritora, podría decir que soy una niña que no ha renegado de su patria y que, provista de mayores capacidades respecto a sus hermanos más jóvenes, usa sus enormes capacidades de expresión y de dominio de la lengua escrita para cantar el epos del pueblo al cual todavía pertenece, aquel de su infancia, antes de que venga destruido por la civilización de colonizadores adultos. Una niña bastante enfadada que usa una pluma como arma de agresión y de defensa”. (Ivi, pág.42). Y que está firmemente convencida de que «dentro de cada cara hay un destino y que dentro de cada imagen hay una historia» (Pitzorno, 2012) y por lo tanto una vida para escribir, sin que tras este escribir se encuentre otra finalidad sino el puro y simple gusto de «contar. Con el corazón y con el respiro».

Creo que no podría existir mejor final para este comentario a La voz secreta que semejante declaración de principios de quien ha sido una veraz luchadora por los derechos de la infancia no solo en sus libros, en la prensa o su prédica social, sino como activista de UNICEF a favor de los gitanos y otros grupos marginados y en cada nuevo argumento nos revela, a sus muchos lectores fieles, que ella, como pocos adultos, conserva en su persona el milagroso don de no haber perdido esa misteriosa y codiciada “voz secreta”, que solo consiguen tener aquellos elegidos que en verdad saben llegar, como nadie, hasta el genuino corazón de la infancia.


[1] Como pocos, Astrid Lindgren creo varias sagas de obras abanderadas de una tendencia precursora y algo jocosa de lo que luego sería moda con el creciente abordaje de los temas tabú.

 

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