Conjunto y la América indígena

Jaime Gómez Triana • La Habana, Cuba
Fotos: Archivo de Casa de las Américas
 

Los 50 años de la revista Conjunto, especializada en teatro latinoamericano y caribeño obligan al tributo. No hay dudas de que la publicación, auspiciada por la Casa de las Américas, ha sido y es un empeño colosal que nos ha permitido apreciar ese contexto mayor con ojos privilegiados. Empeñada en la permanente reconfiguración de un continente teatral, tremendamente diverso y complejo, ha logrado, a partir del diálogo que sus páginas hace posible, que creadores y movimientos a veces distantes puedan reconocerse a sí mismos.

Mostrar esa dimensión plural de las creaciones nuestroamericanas fue la intención desde el primer número y ese objetivo se ha concretado en múltiples perspectivas y a través del abordaje de un sinnúmero de zonas bien distintas del acontecer escénico de la región.  Una de esas zonas está relacionada con la presencia de la expresión indígena al interior de nuestras teatralidades y un asunto que no podría estar ausente siendo Manuel Galich, el autor de Nuestros primeros padres, el fundador y principal animador del notable proyecto editorial.

El número antológico, de octubre de 1993, especialmente preparado por Vivian Martínez Tabares, actual directora de la revista, para la octava edición del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, que se dedicaba justamente a la América india, recoge algunos de los más notables textos sobre el tema y lista otros muchos que, obviamente, tratándose de una selección, no era posible incluir.

Sobresalen en ese corpus el excelente texto del propio Manuel Galich sobre el primer personaje del teatro latinoamericano, dedicado al Bailete del Güegüense o Macho-ratón. La existencia de un personaje mestizo, producto de la interacción de la culturas náhuatl y española permite al también historiador profundizar en los elementos diversos que dan cuenta de la presencia indígena en esa pieza, develando el verdadero sentido de los términos que le dan nombre y estableciendo puentes con otras tradiciones escénicas, en particular con el teatro de máscaras italiano. La publicación del texto de la obra, en la traducción directa del náhuatl de Carlos Mántica, completa el análisis permitiendo al lector verificar las principales tesis defendidas por Galich.

Artículos sobre el teatro antiguo en Perú, los elementos preteatrales en los rituales aztecas, la presencia náhuatl en el teatro mexicano, la preferencia del teatro precolombino por los espacios abiertos y públicos, los elementos indígenas de la escena guatemalteca y las miradas a Tupac Amaru desde la dramaturgia escrita en la región, aparecen también en el monográfico, junto a otros textos muy valiosos, entre los que destaco el que firmara Rine Leal sobre “La liturgia predrámatica”, dedicado al estudio de la teatralidad indígena en el Caribe insular, y el de Fina García Marruz sobre el teatro de José Martí, con énfasis en su obra Patria y libertad y en el proyecto inconcluso de su pieza Chac-Mool.

Gran importancia tiene también en el número antológico el  texto de la puesta en escena de Encuentro de zorros, creación colectiva del grupo Yuyachkani, de Perú, a partir de la novela póstuma de José María Arguedas El zorro de arriba y el zorro de abajo.  Aquí lo indígena va mucho más allá de la referencia temática o cultural, para devenir presencia viva y pujante, que obra frente a los tremendos desafíos que imponen la industrialización capitalista, la urbanización y el desplazamiento. 

Luego del especial de 1993, Conjunto no ha dejado mirar al teatro de la América indígena. Uno de los números más recientes, el 169 de 2013, dedicado a la escena guatemalteca, pública la entrevista de Leo De Soulas con Daniel y César Guarcax y Víctor Barillas, integrantes del Centro Cultural Sotz’il Jay, organización juvenil dedicada a la investigación, formación y fomento del arte maya. Otro, el 166 de 2013, recoge el testimonio del peruano Rodrigo Benza Guerra que trabaja con indígenas y mestizos y propicia el diálogo intercultural desde el teatro. El número 156-157, de 2010, vuelve al Rabinal Achí a través del punto de vista del actor e investigador costarricense Marco Guillen y el 151-152, de 2009, incluye el excelente ensayo de Diana Taylor, en el que la reconocida investigadora, explora la pertinencia de los términos teatro y performances a la luz de un conjunto de prácticas latinoamericanas anteriores a la Conquista.

La Malinche como personaje, la imagen contemporánea del poeta Nezahualcóyotl, los escenarios sagrados de la Amazonía, la dimensión política del Proyecto de Teatro Mapuche y del teatro indígena en los EE.UU.  y Canadá, y el testimonio de la notable actriz Luisa Calcumil, son otras de las muchas maneras en que la herencia y la expresión actual de las culturas originarias de nuestra América han estado presente en estas páginas. No soy exhaustivo, la lista sería interminable, pero no hay dudas que la recurrencia del tema y la diversidad en su abordaje testimonian en efecto la voluntad expresa de visibilizar y sobre todo de mostrar el continente tal cual es, una integral visión de Conjunto

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