Propuesta cultural de avanzada

Ana Lizandra Socorro • La Habana, Cuba
Fotos: K&K
 

El 7 de octubre de 1959 fue aprobada en el palacio de la presidencia la Ley No. 590 mediante la cual se creaba “un conjunto sinfónico de carácter nacional para ser dedicado a la divulgación de la música sinfónica nacional y universal, así como el fomento de la creación e interpretación musical en Cuba”.  Así, quedaba garantizada por vez primera la estabilidad institucional y económica de un organismo sinfónico en el país. Los cargos de directores titular y auxiliar fueron ocupados por Enrique González Mántici y Manuel Duchesne Cuzán.  El 11 de noviembre de 1960 tuvo lugar el primer concierto oficial en el que precedidas por las palabras del entonces Ministro de Cultura Armando Hart, se escucharon obras de Alejandro García Caturla en homenaje al vigésimo aniversario de su deceso: Preludio para orquesta de cuerda, Bembé, Dos poemas afrocubanos, las Tres Danzas Cubanas, La Rumba, Berceuse Campesina y la Obertura Cubana en primera audición. En las notas al programa del concierto inaugural intervinieron como autores Alejo Carpentier y Edgardo Martín, y José Ardévol, quienes dejaron plasmado cuál sería el objeto social de la orquesta: “con la creación de la OSN la Revolución, que por ser profundamente cubana hace realidad y carne viva la imagen martiana de la patria, pone en pie un importante instrumento en la lucha a que todos nos hemos entregado por la soberanía y la dignidad nacionales”.

Imagen: La Jiribilla
 

La nueva institución sinfónica nacional ponía la música académica al alcance de todos, sin distinciones económicas, sociales o geográficas, ésta dejaba de ser propiedad exclusiva de una clase económicamente poderosa para convertirse en derecho de las masas. En el año siguiente de su institución, la OSN ofreció conciertos en colaboración con la CTC, en beneficio de los círculos infantiles, la FMC, dedicados a los trabajadores textiles, barberos, peluqueros y manicures, a los de la industria del calzado, los del ministerio de justicia y los tribunales, a la Federación Nacional de Trabajadores de la Industria Tabacalera, a los jóvenes rebeldes, entre otras organizaciones de masa y estudiantiles. De ese modo, la orquesta se convirtió en uno de los artífices fundamentales de un intenso proceso cultural y en franco compromiso con el ideario revolucionario, se sumó a uno de los principales objetivos sociales del nuevo gobierno: la masificación de la cultura. La tarea encomendada por la Revolución a la OSN en el empeño de elevar la cultura del pueblo fue llevar por primera vez, la música sinfónica a las más intrincadas zonas urbanas y rurales de la isla. A partir de las giras nacionales, la difusión de esta música se extendió desde la capital no sólo a las capitales de provincia y sus ciudades más importantes, sino a pequeñas poblaciones, centrales, campamentos de macheteros, fábricas, cooperativas, y escuelas. La OSN enfrentaba el arduo reto de llegar un público nuevo y desconcertado ante una experiencia cultural inédita. La contribución del organismo al proyecto cultural revolucionario se materializó además en la participación de sus integrantes en trabajos voluntarios, actividades agrícolas y su militancia en organizaciones destinadas a la defensa del país.

La nueva orquesta era resultado consecuente del contexto histórico, político y sociomusical precedente a 1959; culminación de una línea de pensamiento, de una ideología progresista que, de modo paulatino, se gestó desde personalidades cubanas como Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla y José Ardévol, así como de propuestas y acciones como las de la Sociedad Nuestro Tiempo. En ese sentido, el proceso revolucionario cubano genera el espacio propicio para que cristalizara como propuesta cultural de avanzada, exponente de una política de apertura y actualización de repertorio, capaz de situarle en el ámbito internacional.

La diversidad y complejidad de las obras interpretadas tuvo desde el comienzo una finalidad didáctica, en función de adecuar y desarrollar al espectador hacia todo tipo de experiencias auditivas. La autonomía expresiva de la orquesta fue mantenida con un discurso artístico capaz de responder a la aspiración de convertir el arte en patrimonio del pueblo hacia la elevación de su cultura, sin hacer concesiones de lenguaje o limitarse a obras de una estética convencional, conservadora o local.

Desde 1963 y hasta 1980, Manuel Duchesne Cuzán asumió la titularidad, cargo que compartió con Mántici hasta el fallecimiento de este en 1974. A partir de este momento su labor promocional centró el interés hacia las nuevas tendencias musicales de carácter vanguardista. En 1971 fundó el Conjunto Instrumental Nuestro Tiempo para la difusión del repertorio nacional e internacional vanguardista del siglo XX a fin de garantizar también la ejecución de aquellas obras concebidas para un grupo de solistas. Durante ese período Duchesne fue aquel líder que otorgó coherencia en el desempeño de la agrupación sinfónica dado el compromiso personal y la objetividad que guiaba su experiencia profesional. Bajo su égida la OSN tuvo como propósito esencial, la atención a la creación musical de autores contemporáneos con las más diversas orientaciones estéticas sin menospreciar por ello, la participación activa del repertorio internacional que corresponde a un organismo sinfónico de tan alto nivel artístico-profesional.

La amplia composición estilística del repertorio que fue proyectado en las programaciones incluyó una inmensa cuantía de compositores pertenecientes a las más diversas épocas y estilos. Por otra parte, la Institución de un organismo de esta naturaleza en relación al contexto histórico, político y socio-musical precedente, exigía la reivindicación de lo nacional después de un período en que había estado prácticamente ausente del escenario musical cubano, ya que en la anterior Orquesta Filarmónica de La Habana -por hallarse sujeta a intereses clasistas y excluyentes- nuestra música era esporádicamente interpretada. Esta revalorización y difusión de lo nacional fue una marca esencial en el repertorio por parte de los directores cubanos y extranjeros a través de: la interpretación de nacionalismos del siglo XIX y XX, obras que corresponden al afrocubanismo de Roldan y Caturla; la presencia de la creación musical cubana del siglo XIX; obras de una clara intencionalidad patriótica y especialmente creadas en el contexto de la Revolución, creaciones inspiradas en el folclore musical- reflejaban nacionalismo y patriotismo desde posturas conservadoras como es el caso de los compositores de la República Popular China, Argelia, URSS y la RDA.

La política de programación a ejercer en la OSN desde sus comienzos se derivó de la postura de nuestros intelectuales y artistas gestores de aquellas ideas vanguardistas que proclamaban con vehemencia que el arte no podía ser  lengua muerta, academismo, simulación o dogmatismo. Esta fue la  proyección de una actitud artística revolucionaria en el ámbito de inauguración de una época, en la que creadores e intérpretes cubanos y extranjeros tuvieron la oportunidad de materializar en el desempeño artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional sus nuevas convicciones estéticas y filosóficas y alzar la expresión musical de una nueva nación. Por tanto, el compromiso con el arte contemporáneo y la creación reciente convirtió a orquesta en espacio de legitimación de aquellas músicas “revolucionarias” que caracterizaron la Vanguardia de los 60 y 70. Esta estética reaccionaria proyectaba la idea de progreso en cuanto a su adhesión a tendencias que constituían la avanzada de algunos de los países socialistas de entonces. En el marco de estas ideas la posición que asumiese el organismo musical representativo de la nación debía hacer uso de las herramientas que le aportaba el presente, ubicándose en el escenario musical internacional. Según  palabras de Duchesne, en 1964, La Habana a la par de Buenos Aires, se había convertido en uno de los centros de creación y promoción de la música contemporánea más importante del continente. La presencia muchas de esas obras de la vanguardia sostenida en el repertorio de la Orquesta a lo largo de las primeras décadas significa y otorga valor a la contribución de la OSN al desarrollo de la cultura musical cubana. El nivel técnico de la OSN fue aprobado inclusive por directores extranjeros en cuanto a su calidad interpretativa, era considerada como una de las orquestas de más prestigio a nivel continental. La presencia de Europa Oriental en el repertorio de las primeras décadas fue notable, debido al creciente intercambio de la Revolución con países socialistas. Algunas personalidades de singular relieve internacional como Aram Jachaturian, Leonid Kogan, David Oistraj, Mietszlav Rostropovich, Vaclav Smetaceck, Alexander Gauk, Veronica Dudarova, Yuri Lutsev,  Heinz Bongartz, Li te lun, Milos Sadlo, Josef Wilkomirski, Janos Sandor, Sigfried Kurz, entre otros, visitaron el país.

Imagen: La Jiribilla
 

La orquesta también fue espacio de formación y desarrollo de nuevas generaciones de músicos cubanos, pues devino escuela donde aprendieron a identificarse con la música más actual de su tiempo. Algunos de los más importantes directores, intérpretes y compositores cubanos que tuvieron oportunidad de estudiar en esos países fueron capaces de impregnar el ámbito académico cubano con aquellas experiencias pedagógicas. Los solistas cubanos en etapas anteriores habían tenido poco espacio debido al privilegio concedido a músicos extranjeros de “alto calibre”. Con la creación de la OSN los instrumentistas cubanos que tuviesen un nivel artístico elevado tenían la oportunidad de tocar junto a una orquesta sinfónica para completar su desarrollo. Hecho que generó un fuerte movimiento de solistas dentro de la orquesta. De igual manera fue relevante la labor realizada por muchos de los integrantes de la OSN en la conformación y renovación de las cátedras de diferentes instrumentos en la Escuela Nacional de Arte, el ISA y el Conservatorio Amadeo Roldán. El desempeño de la orquesta no ha estado exento de vicisitudes a lo largo de su existencia pero nada ha imposibilitado su cometido, ni la adquisición de partituras y materiales obstaculizada por el bloqueo ni la fluctuación de que ha sido objeto el Teatro Amadeo Roldán, sede histórica de la orquesta, tras el dramático incendio del 30 de octubre de 1977.

La orquesta ha incluido programaciones sinfónico corales, conciertos didácticos, giras nacionales, acompañamiento de temporadas de ballet y ópera, ha participado en eventos nacionales e internacionales, producciones discográficas, grabaciones de innumerables bandas sonoras para la filmografía del ICAIC. Ha realizado giras internacionales entre las más importantes México, las antiguas URSS y Yugoslavia,  Nicaragua, España, Argentina, Perú, Guadalupe, Rusia, Polonia, Estados Unidos, entre otros países. Ha contado con la presencia de importantes directores cubanos y extranjeros entre los que destacan Leo Brouwer, Claudio Abbado, Hans Werner Henze, Luis de Pablo, Gonzalo Romeu, Francesco Belli, Elena Herrera, Zenaida Castro Romeu, Ivan del Prado, María Elena Mendiola y Enrique Pérez Mesa, este último actual director titular. No por sus innumerables presentaciones sino por la manera en la que su trabajo sostenido ha enriquecido la vida artística del país, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba luego de cincuenta y cinco años de historia musical se yergue orgullosa sin cejar en sus objetivos prístinos: ser instrumento de cultura para el pueblo y baluarte de la nación. 

Comentarios

El articulo recoge en gran medida el desempeño de la orquesta, valioso reflejo de la cultura cubana.

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