Argentina, Brasil y Cuba se vaticinan triunfadores

Joel del Río • La Habana, Cuba

Pasado y presente, panorama y retrospectiva, son evidencias confluyentes en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, cuya edición número 36 está a las puertas, en tanto el evento continúa inscribiéndose en un renglón destacado, dentro del contexto mediático y artístico continental, más allá de toda improvisación o fenómeno aislado. Los primeros días de diciembre nos regalan la sensación de que La Habana es momentáneamente una ciudad llena de películas procedentes de todas partes del mundo, aunque en el presente texto trataremos de mapear solo las principales tendencias del cine latinoamericano, a partir del botón de muestra de un concurso que incluye 116 títulos, y sobre todo los 42 largometrajes de ficción que compiten por los Corales y en el concurso de óperas primas.

Antes de insertarnos en los túneles de la enumeración y las certidumbres, destacar los acápites de las retrospectivas y los homenajes a todos aquellos que construyeron la grandeza del cine latinoamericano en tanto imagen inapelable, de universal resonancia. El Festival como un todo se dedica al escritor, guionista y promotor cultural colombiano Gabriel García Márquez, colaborador incansable de este mismo Festival, creador de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y de su principal proyecto pedagógico: la Escuela Internacional de San Antonio de los Baños. Se anunciaba la presentación del libro de María Lourdes Cortés, Los amores contrariados-García Márquez y el cine, y la proyección de tres notables documentales: Buscando a Gabo, de Luis Fernando Bottía; Gabriel García Márquez: la escritura embrujada, de Yves Billon y Mauricio Martínez Cavard, y las entrevistas filmadas de Tales beyond Solitude, dirigido por Holly Aylett.

En otros acápites de memoria agradecida el Festival, creado en 1979 como una de las vías para lograr la integración continental por parte del Comité de Cineastas de América Latina, se recuerda la impronta del documentalista uruguayo Mario Handler (Me gustan los estudiantes, Aparte, Decile a Mario que no vuelva), y a la par se reconoce el legado del haitiano Raoul Peck (Lumumba, El hombre en el muelle), y del argentino Jorge Cedrón (Operación Masacre, Gotan) mientras se le entrega el Coral de honor al actor boricua Benicio del Toro, cuyo filme Escobar: Paradise Lost ocupó una de las presentaciones especiales.

En terrenos competitivos, muchos pronostican el triunfo mayoritario de los argentinos y comentan la reanimación del cine cubano con cinco largometrajes en la liza por los Corales: la muy popular Conducta, de Ernesto Daranas, espera ratificar en el Festival la calidad avalada por una multitud de espectadores, especialistas y festivales internacionales; Jorge Perugorría se apoya en un relato de Miguel Barnet para verificar Fátima o el parque de la Fraternidad; Fernando Pérez acomete su primera producción independiente, un filme doloroso pero no necesariamente pesimista, con La pared de las palabras; Enrique Álvarez reactiva su estilo con la filodocumental y espontánea Venecia, además de la ópera prima de Marilyn Solaya Vestido de novia.

De la representación argentina, la mayor expectativa se había despertado en torno al filme elegido para inaugurar el evento, Relatos salvajes, el tercer largometraje de Damián Szifrón que viene precedida por el éxito nacional en taquilla, la selección para competir por el Oscar y el Goya, y presenta el aval de insertar, en un filme fragmentario y violento, concebido en seis historias entrelazadas, algunos de los más reconocidos intérpretes de aquel país, entiéndase por supuesto Ricardo Darín, pero también Oscar Martínez, Darío Grandinetti y Leonardo Sbaraglia.

Y si Szifrón es un realizador que el cine recupera luego de importantes éxitos televisivos, Lisandro Alonso se ha instituido en tanto icono del cine de autor del nuevo-nuevo cine argentino, desdramatizado y moroso. Jauja nos trae de vuelta a uno de los pocos realizadores al parecer indiferente a las argucias del cine clásico y comercial y afiliado a un tipo de discurso fílmico que se valida en el ritmo pausado, la ausencia de peripecia, la narración indirecta y las situaciones enigmáticas o inmotivadas. Lisandro Alonso acomete una película de época que habla sobre un capitán danés que emigra a la Patagonia. Su hija se escapa con su novio e inserta en territorio enemigo, por lo que debe ser rescatada. Suena a cine de aventuras, pero la soledad de los personajes y languidez del relato se remite a las anteriores La libertad, Fantasma y Los muertos.

Jauja fue aplaudida y premiada en Cannes, donde también recibió cierto apoyo Refugiado, de Diego Lerman (Tan de repente, La mirada invisible) en la cual el cineasta recurre nuevamente a personajes itinerantes cuando el joven Matías y su madre, Laura, se ven obligados a escaparse de Fabián, un hombre abusador y violento, padre del niño. Y si Lerman recurre a elementos del thriller para abordar el tema de un hogar en desintegración, Anahí Berneri, toca un asunto similar pero desde las claves del melodrama filial, contenido y sobrio, pero emotivo, sobre un matrimonio en profunda crisis.

Y el cine argentino filmado en femenino está muy bien representado en La Habana con la también intimista y delicada El cerrajero, dirigida por Natalia Smirnoff, o La tercera orilla, de Celina Murga, sobre un hijo más o menos pródigo pero en rebelión contra los dictámenes del padre. Berneri, Smirnoff y Murga ya cuentan con varias películas en su haber, pero la saga del vigoroso cine femenino austral continúa con debutantes como Inés María Barrionuevo, quien concursa con Atlántida, consagrada a describir el despertar sexual de dos hermanas adolescentes, en los años 80, desde claves estéticas concomitantes con otras dos consagradas del cine argentino: Lucrecia Martel y Lucía Puenzo.
 
Entre las óperas primas también mayorea la representación argentina, con títulos premiados internacionalmente como Ciencias naturales, de Matías Lucchesi, que también se acerca al sensible tema de la adolescencia, pero desde la necesidad de descubrir nuestro propio origen y la identidad del padre. También representan el debut de sus realizadores Juana a los 12, de Martín Shanly (otra vuelta a la edad púber a través de una muchacha colmada de incertidumbres); La Salada, de Juan Martín Hsu (tres historias sobre desarraigo e inmigrantes) e Historias del miedo, de Benjamín Nashtat, que habla sobre un verano muy caluroso y una ciudad asediada por los cortes de luz.

En el cine brasileño representado en La Habana también predominan los debutantes y jóvenes. Pero antes de referirnos a la importante presencia verde-amarilla en el concurso de óperas primas, queremos apuntar que en la competencia de largometrajes de ficción hay tres títulos dirigidos por consagrados como Karim Ainouz, Vicente Ferraz y Tata Amaral. El personaje principal de Playa del futuro, de Ainouz es un emigrante que fue socorrista en las playas tropicales brasileñas, y luego naufraga en la incomunicación con la cultura alemana. El director vuelve a contar una historia de personajes víctimas del desamor y la confusión de sentimientos —como lo hizo en Madame Satá, El cielo de Suely o Abismo plateado— dentro de una historia que se resuelve en largos planos, escasa acción física y colores fríos.

Otros dos filmes contemporáneos brasileños se dedican a revisar la historia nacional, en la época de la dictadura militar (Traigo conmigo, de Tata Amaral) e incluso antes, en los años 40, cuando los brasileños participaban del lado de los aliados en la Segunda Guerra Mundial: Ruta 47, de Vicente Ferraz. Este último director, egresado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión cubana, y muy conocido internacionalmente por su anterior documental Soy Cuba, el mamut siberiano, se ha inspirado en hechos reales y sigue la trayectoria del escuadrón antiminas de la Fuerza Expedicionaria Brasileña, y de los soldados Guimarães (Daniel de Oliveira), Tenente (Julio Andrade), Piauí (Gaspar Francisco) y Laurindo (Thogum) quienes enfrentan la decisión de pagar las consecuencias de un error o redimirse cumpliendo con su deber. 

Ruta 47 es una verdadera superproducción que se enfoca en el casi ignorado fenómeno de los más de dos mil soldados brasileños que combatieron en Europa del lado aliado durante la Segunda Guerra Mundial. La historia está contada en primera persona por un oficial que está allí por algún problema que tiene con su figura paterna, pero el abanico de personalidades y psicologías que despliega Ferraz enriquece lo que es, además de un manifiesto antibélico, una verdadera demostración de fervor patriótico.

El análisis del pasado es el centro también de Traigo conmigo, que dirige la consagrada Tata Amaral, de quien viéramos en una reciente edición del Festival la igualmente retro Hoy. La directora, una de las más importantes realizadoras de la Retomada, el momento de auge del cine brasileño contemporáneo, ha versionado en tiempo aproximado de largometraje una miniserie de cuatro capítulos que realizó en 2009 titulada Traigo conmigo, que combina ficción y documental, y cuenta la historia de un director de teatro (interpretado por Carlos Alberto Riccelli) que fue miembro de la lucha armada contra la dictadura militar brasileña (1964-1985), pero que se olvidó de todo el período que vivió en la clandestinidad.
En el presente del filme Traigo conmigo, el director de teatro acepta la invitación para dirigir una obra sobre el tema de la dictadura, y la utiliza como laboratorio para avivar sus recuerdos y responder a una pregunta fundamental: “¿por qué tiene la sensación inquietante de haber contribuido a la muerte de su compañera?”. Declaraciones reales y emocionadas de exmilitantes contrarios al régimen militar, que dialogan directamente con la acción de la trama, hicieron de esta valiente producción un hito en la televisión brasileña, y probablemente también en el cine de aquel país.

Brasil propone cinco óperas primas. Ambientada en el mundo de la élite social de Río de Janeiro, tantas veces cronicada por las telenovelas brasileñas, Casa grande es la historia de un adolescente que lucha por escapar de sus padres sobreprotectores al tiempo que su familia entra en bancarrota. Esta segunda película del brasileño Fellipe Barbosa fue presentada en la Sección Oficial del Festival de Rotterdam, y explora temas como los privilegios clasistas y describe las vivencias del propio director cuando tenía esa edad.

Ventos de agosto, de Gabriel Mascaro recibió una mención especial en el Festival de Locarno, y se acerca a un pueblo costero de Brasil, durante el mes de agosto, cuando las mareas altas y los fuertes vientos provocan el interés de un investigador que graba el sonido de los vientos alisios. Su llegada coincide con un descubrimiento sorprendente que conduce a un par de jóvenes del pueblo, Shirley y Jeison, a emprender un viaje de lucha y superación. Un duelo entre la vida y la muerte, la pérdida y la memoria, el viento y el mar.

Estrenada mundialmente en el festival de Toronto, en la sección Discovery, Obra, de Grégorio Graziosi, fue calificada como una película de excepcional fotografía en blanco y negro, y denso panorama sonoro para ofrecer un retrato casi palpable de la ciudad de Sao Paulo. El filme trata sobre un arquitecto exitoso (Irandhir Santos) precisado por ciertas circunstancias a tratar de encubrir sus oscuros orígenes. En una de las excavaciones para materializar un proyecto, se descubre un cementerio clandestino que perteneció a su familia y que le plantea ciertas interrogantes sobre el inicio de su estatus.

Irandhir Santos, el atormentado protagonista de Obra, también es personaje importante de A história da eternidade, de Camilo Cavalcante, quien pertenece al muy reciente auge del cine nordestino, especialmente hecho en Ceará y Pernambuco. El filme entrecruza con ingenio y belleza la historia de tres mujeres de muy diferentes edades, entre la adolescencia y la vejez, y sus deseos, amores y rencores inconfesables. Aquí ellas vuelven a ser el personaje subalterno que el cine brasileño suele retratar y las tres intentan conquistar sus anhelos o su libertad.

A história da eternidade cuenta con una hermosa banda sonora del polaco Zbigniew Preisner (famoso por su trabajo junto al cineasta Kryzstof Kieslowski), y a diferencia de otros filmes brasileños aquí mencionados, en este la cámara apenas se mueve, pues intenta recrear en composiciones las sombras tenebristas del maestro Michelangelo Merisi da Caravaggio. Pero tampoco se piense que estamos en presencia de un filme frío y contemplativo, pues abundan los momentos de gran fuerza emotiva y capacidad humanística. Son tres historias de amor ambientadas en el sertón, recreado en tantísimos clásicos del cine brasileño.

Y evidentemente Irandhir Santos será uno de los actores con mayor presencia en este Festival pues también protagoniza Permanência, de Leonardo Lacca, otro de los representantes del emergente cine procedente de Recife, Ceará y Pernambuco. Su largometraje se concentra en la relación compleja entre el fotógrafo Ivo y su ex enamorada Rita, en una situación de triángulo amoroso que intenta discursar sobre la permanencia del sentimiento amoroso. La película, además de mostrar la relación amorosa más o menos romántica, también quiere acercarse a la compleja relación de los personajes con la ciudad de Sao Paulo.

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ME ENCANTAN TUS CRITICAS JOEL,ERES LO MAXIMO

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