El orgasmo hay que lucharlo

Nara Mansur • Argentina
Fotos: Archivo de Casa de las Américas
 

Es casi imposible no pensar en Conjunto algún día y separar el trabajo de la revista de todo el otro que tiene que ver con el Departamento de Teatro de la Casa de las Américas, donde trabajé de 1994 a 2007.

En cuanto llegué comencé a colaborar en la redacción de la sección “Últimas publicaciones recibidas”, los “Entreactos”, y la corrección de los textos. Recuerdo que mi primera reseña de libros para “Últimas…” fue un libro de Max Aub. Se estaba editando el número 99 que publicaba por primera vez en Cuba un texto del artista del performance Guillermo Gómez Peña (que años después viniera a Mayo Teatral) y me quedé muy impresionada con esa maravillosa textualidad. Había egresado del ISA casi dos años antes y tenía esas enormes dudas del recién graduado: ¿qué es lo que sé?, ¿quién soy?, ¿qué quiero hacer? Recuerdo también entre esas primeras impresiones maravillosas el editorial “Kantor no volverá jamás”[1] del número 92 y el dossier sobre “Interculturalismo en el teatro”, a propósito del taller que impartiera en la Casa el investigador y director de la revista TDR, Richard Schechner en el 95-96.

Imagen: La Jiribilla
 

Conjunto y todo el trabajo del Departamento fue para mí una gran escuela, una generosa y exigente escuela. Yo era muy ignorante cuando llegué y creo que comencé a escribir textos para el teatro, en ese proceso de leer y pensar obras, ensayos y críticas con mis compañeras, editando esos textos. Particularmente me encanta editar, creo que es una de las cosas que más me gusta hacer. Es un trabajo de composición en el que no hay solo palabras sino también imágenes.

Algo maravilloso de Conjunto es que no es una revista académica, es una revista pensada para la conjunción de las diversidades artísticas, entonces, eso la hace “leve” en el sentido del lenguaje. No es una revista donde la densidad teórica te agobie porque hay mucho espacio desde su concepción para el pensamiento y la reflexión de los artistas, para el periodismo de investigación (que cada día me gusta más). Y para la vocación latinoamericanista, para tratar de conocernos un poco más, darnos espacio unos y otros.

Puedo decir que a veces, revisando los textos con Rosa Ileana después del almuerzo en esos primeros meses de trabajo, casi me dormía; para mí fue muy difícil adaptarme a la vida de oficina, al horario cerrado, entender y sostener la creatividad ahí dentro. Recuerdo que a fines de 1994 llegó la primera computadora al departamento, y también ciertas convenciones que teníamos para revisar los textos cuando una leía el original y la otra las planas u otra instancia anterior: golpecitos con el lápiz sobre la mesa, uno, dos, tres… cosas así. Recuerdo cuando se llevaron el buró de Galich de la oficina para que estuviera en la nueva biblioteca recién inaugurada, en el nuevo despacho del director…

Preparé a partir de un viaje de estudios a París en 1996 un dossier que daba cuenta de algunas relaciones del teatro iberoamericano en esa ciudad, fue como mi primera acción importante en la revista: entrevisté a Jorge Lavelli, a Lluis Pasqual, conocí al mítico Teatro Aleph de exiliados chilenos… al año siguiente presentamos este número de la revista —el 104—, la excelente antología Morir del cuento, preparada por Rosa Ileana Boudet para Ediciones Unión en el Salón del Libro de París, junto a lecturas dramatizadas de algunas de las obras recogidas en el libro y viajamos las dos con Alberto Pedro y Ricardo Muñoz. Todo esto fue posible por la gestión y el entusiasmo de Iréne Sadowska-Guillon que dirige Hispanité Explorations. Al poco tiempo fui nombrada oficialmente redactora.

Conjunto es el trabajo más agradecido y creativo del Departamento; a mí particularmente era lo que más me gustaba hacer: pensar un número, pedir los trabajos, tratar de que hubiera números monográficos o con interesantes dossiers, que el tema en discusión estuviera bien representado, incorporar nuevos colaboradores, sostener un perfil de la publicación pero a su vez, rejuvenecerlo, y ponerlo en la medida de la posible, en discusión. Bueno, estos son ideales, pienso que a veces pude hacer esto, colaborar en algo a que se hiciera, y otras solo corregí textos, y esto me daba bastante tristeza.

Es imposible separar Conjunto de otras acciones artísticas al interior del Departamento. En 1998 convocamos a la primera edición de Mayo Teatral, que al año siguiente tuvo carácter internacional por la presencia del gran Circo Teatro de Chile. Fue alucinante, no había un peso en todo ese tiempo, —hasta el 2001 cuando la Casa de las Américas inicia una gestión de fondos para poder costear los eventos internacionales— y Mayo Teatral pudo contar con una muestra extranjera. Recuerdo una primera etapa de gran creatividad y enormes carencias, no se viajaba prácticamente, así que todo el trabajo se generaba entre esas cuatro paredes, eventos como Teatro de calle: un espacio para conquistar o La crisis de los post: el discurso teatral latinoamericano ante el siglo XXI.

Me formé en esos equipos maravillosos de trabajo que en una primera etapa dirigió Rosa Ileana, y más tarde, Vivian Martínez Tabares. Me formé también con Dinorah Pérez Rementería, que trabajó entre 2001 y 2004, con las secretarias, con los diseñadores, con los que crearon e hicieron Conjunto muchos años antes: Manuel Galich, Rine Leal, Carlos Espinosa, Magaly Muguercia, por ejemplo. Uno como editor se forma en un conglomerado de acciones y memorias, de discusiones y convenciones. Lo que he escrito como poesía y dramaturgia está en relación directa con ese mundo, esa bibliografía. A veces he pensado que en esos casi 14 años escribía “contra” todo lo que era yo en la oficina; ahora escribo “contra” todo lo que soy yo en una casa. Como vidas y espacios de las escrituras que aparentemente corren paralelas pero en verdad están llenas de cruces e inesperados contagios.

Imagen: La Jiribilla

Siempre me gustaron mucho las revistas, leía muchas en los años de secundaria y preuniversitario: Cine cubano, Muchacha, Somos jóvenes, Revolución y cultura, creo que en un punto me gusta más leer revistas que libros y que las revistas son un soporte natural del teatro, dan cuenta de temas y debates urgentes, de carácter miscelánico, aglutinador, que un libro a veces no puede sostener. No me gustan los libros que son recopilaciones de ponencias: ¿es eso editar? Conjunto llegó a la vida de muchos de nosotros como bibliografía para la asignatura Teatro latinoamericano que estudiamos en el ISA.

En mi ideal está una revista que se revolucione a sí misma, que como en sus inicios dio visibilidad, canonizó grupos, modelos de hacer teatro, dramaturgias, hasta ese momento insignificantes en apariencia, de cara hacia el futuro apueste por gestos emergentes y cuestionadores que den cuenta de cómo estudiar el teatro hoy, hacerlo.

Está ahí el archivo fotográfico, detrás de mi buró que tanto me gusta revisar, tengo todavía en la retina las fotos en blanco y negro de Inda Ledesma ¿entre unas cuerdas?, y en la cabeza, resonándome, la respuesta de Patrice Pavis a una encuesta que preparamos sobre el teatro del futuro: “en el siglo XXI hacer teatro será como hacer el pan”.

 

Nota
La autora fue redactora de la revista Conjunto  entre 1996-2001 y Jefa de redacción entre el  2001– 2007.

 



[1] Un juego de palabras con su último espectáculo, el que se considera su testamento artístico.

 

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