Isabel Santos y Laura de la Uz:

Vestidas de novia y contra la pared

Yeneily García • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del ICAIC y Alexis Rodríguez
 

Que nunca hubieran coincidido en un filme no fue impedimento para que, cuando lo hicieran, la química surgiera y se convirtieran en amigas dentro y fuera de la pantalla. Isabel Santos y Laura de la Uz están felices de haber podido trabajar juntas y ver ahora el estreno de dos de las cintas más anticipadas del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en su edición 36: Vestido de novia, la ópera prima de Marilyn Solaya, y La pared de las palabras, la más reciente creación del Premio Nacional de Cine, Fernando Pérez, con el que las dos trabajaron en películas como Clandestinos y Hello Hemingway, ambas asentadas firmemente en el imaginario de generaciones de cubanos.

Vestido… está inspirado en el documental El cuerpo equivocado, sobre la primera persona a la que se le practicó una operación de reasignación de sexo y se centra en las historias de Rosa Elena, una transexual que vive casada con un hombre al que le guarda el secreto, y Sissi, un travesti que sueña con al fin poder ser exteriormente lo que siempre fue por dentro. Todo esto ambientado en el convulso 1994, año de virajes, de viajes sin retorno.

Mientras, La pared… es según su director, el más humano de sus trabajos, y se adentra en el universo de los enfermos mentales y sus familias, y en el dolor de no saber si se es escuchado, o peor, de no tener voz para la inmensa mayoría de la sociedad.

El Hotel Nacional, con su ajetreo de Festival, de estrellas de Hollywood sentadas en las butacas contiguas, y de autógrafos fotográficos, desapareció por media hora y solo quedaron ellas, el cine y sus personajes, ambos difíciles pero a la vez gratificantes. Isabel y Laura nos contaron, casi como exorcizando los demonios que les acecharon en ambos largometrajes, sobre lo difícil de adentrarse en dos mundos duros, de esos a los que a veces preferimos no entrar, y elegimos desconocer a voluntad.

Imagen: La Jiribilla

Vestido de novia al fin se estrena. Se ha dicho es una película que adentra al espectador en una Cuba que todavía no se ha contado… hasta ahora. Háblenos del proceso de investigación, de los personajes, del trabajo con Marilyn…

Isabel: Nuestro trabajo fue muy interesante, creo que como decía Laura, cuando lees el guion te estremeces o no, y este era uno que recuerdo que cuando hicimos el trabajo de mesa, Laura no pudo terminar y comenzó a llorar y yo dije: esto está duro.

En mi caso uno le teme a este tipo de personajes y se pregunta ¿será creíble lo que hago?, ¿iré por el camino correcto? Lo hice con mucho miedo, es un personaje maravilloso, y no todos los días aparecen papeles así. Estaba muy nerviosa.

Y entonces me encuentro con gente que son estos personajes. Yo siempre digo que a ellos uno le roba la vida como actor. Cuando empezamos a investigar me encontré con una de ellas que se llamaba Sissi y yo decía este es el personaje que más se acerca a la Sissi que yo quiero interpretar, me la llevé un día, nos encerramos y me contó su vida, me impactó y a partir de allí yo sabía lo que tenía en la mano. Me adentré tanto en su mundo que la quise hacer.

Pudimos conocer cosas tremendas de todas ellas, y creo que de todas hay un poco en los personajes. En el caso de Laura era diferente, el mío como que va aleteando todo el tiempo, llena de postizos, quiere demostrar cosas y yo probé de todo para poder construirlo, la verdad es que me reí mucho también, nos divertimos mucho a la hora de hacerlo.

Es un sueño trabajar con Laura, poder abrir aquella puerta y decir un texto de Clandestinos, que es un guiño al cine cubano. Ha sido un placer tremendo trabajar con esta mujer, una gran actriz, una gran amiga y está fabulosa en la película.

Laura: Ayer comentaba en el estreno a mi familia que adoraba las escenas con Isabel, porque Luis Alberto (García) y ella son de una generación que todos nosotros admiramos tanto; a mí nunca se me olvida cuando vi Clandestinos, marcó mi vida, y eran ellos dos. Entonces de pronto verme trabajando con ellos ha sido algo de lo que me siento muy orgullosa y sobre todo porque no ha sido solo trabajar, sino que haya habido feeling, porque puede no haberlo. Uno no siempre trabaja con las personas por las que siente afecto, y creo que eso se vio en la pantalla: Isabel y yo nos hicimos amigas, cómplices y con Luis pasó lo mismo. Esas escenas las adoro, porque se ve ese cariño.

Isabel: Salieron cosas que no estaban en el guion, entre Laura y yo poníamos pequeñitas frases, entre las dos sabíamos qué nivel de improvisación podíamos tener, en todas esas escenas hay una complicidad tremenda. Eso solamente lo puedes hacer con un gran actor que responde con un gran nivel de improvisación, en casi un primer plano las dos, y eso es súper arriesgado en el cine. Además de ser una excelente actriz, sientes que es un tren y que te arrastra.

Laura: Esta película ha sido una oportunidad para trabajar todos. Lo hicimos con mucho corazón, teníamos muchas ganas de hacerla, a veces pasando las de Caín, pero no importa. Traté de reflejar a una mujer común, que es lo que más quieren ellas. Cariñosa, con énfasis en la dulzura —Marilyn fue muy clara sobre eso.

Isabel: En la pantalla grande —el cine se debe ver en el cine— veía al personaje de Laura, y Marilyn insistía mucho en que trabajáramos basándonos en que eran  mujeres, con todos los conflictos, aunque estén en el cuerpo equivocado. Había un momento en la película, que yo sentía que el personaje de Laura cambiaba, tenía un viraje, a partir que va a buscarme a la cárcel, se convierte en lo que ella no quiso ser. Hay algo que está en nosotros y te obligan a sacarlo, lo más feo, lo que tú no quieres ser, lo que tú has luchado tanto por no ser. Cuando yo leía decía: ‘qué excelente trabajo′, o como cuando mi personaje se transforma delante del espejo, porque no tiene otra salida, es volver a ser lo que odia ser. Es un momento en la película muy fuerte, que tuvimos que hacer cada una, pero que tuvieron que vivir casi todas las personas con las que hablamos. Desde aquí mando un abrazo a esta gente.

Laura: El regalo más importante que nos ha dado esta película es comprender y esa es la mayor satisfacción que nos ha dado ser actores: comprender esas zonas humanas, que normalmente alejamos, y la posibilidad de conocer a esas mujeres valientes.

El contexto se ve muy marcado en la película: un país en un punto de viraje, que entra en un período de crisis material, de valores. ¿Hasta que punto influyó en la concepción de los personajes? ¿Cómo ven ustedes la ubicación de la historia en 1994?

Isabel: Marilyn no descansa la película en ese momento, pero la crudeza se ve. Por ejemplo, el personaje de Sissi se aparece en casa de Rosa Elena con unas tacitas, porque tiene más posibilidades. Al personaje de Laura no lo visten así por gusto, y a Sissi la ves con ropas que se han hecho, sin una terminación, y hasta te choca.

Que no tuvieras cómo vestirte forma parte de la película, en un subtexto, tienes que sentirlo latir, es el momento que estaba viviendo este país. Y me emociono si hablo de las madres, de lo que se hacía para poder pasar el día. Cuando veía la escena de Laura y Luis Alberto, la bicicleta, el refrigerador vacío, son pequeños momentos que ilustran qué estaba pasando en el país y para las generaciones de ustedes es descubrir una parte de la historia. Aunque yo creo que la película de los 90 no se ha hecho todavía.

Laura: Nosotras como actrices, investigamos, pero no construyes el personaje situado en el contexto, después es que lo sitúas, pero claro cuando lo ves en la película, nos pasa como a cualquier espectador: te emocionas. Yo viví esos años, estaba filmado Blanco y negro ¡No!, y fuimos a refrescar un poco al malecón y nos encontramos con el inicio de lo que después desembocó en una cosa horrorosa, que fue la salida masiva de los balseros y yo me decía: ‘no puede ser, no puede ser, que estuviera pasando eso en mi país′.

Imagen: La Jiribilla

Isabel: Es de una gran valentía que haya puesto esas escenas de los balseros, la gente en la calle, y sobre todo el final ese de Sissi que a mí me tocó interpretar. Tantos cubanos que han hecho eso (lanzarse en una balsa artesanal), ¿qué paso por esa gente, cuántas madres todavía esperan porque aparezcan sus hijos? El personaje de Sissi continuaba, ¿qué pasó?

Cuando me montaron en la balsa las piernas me temblaban, había buzos por debajo, no me iba a ahogar por supuesto, pero fue un momento muy duro porque yo no podía dejar de pensar: ‘Esto en la primera ola se vira. ¿Qué estoy haciendo? ¡Qué terrible, qué momento más duro!′ Me parece muy bien que Marilyn lo haya incluido porque pasó así de verdad.

Yo me emocioné mucho, ya lo dije, con la reacción del público. Desde Clandestinos no sentía tanto un aplauso, y creo que fue porque el público sintió que lo hicimos de corazón, pero sobre todo por la valentía de Marilyn de tratar estos temas.

En La pared de las palabras ambas repiten con Fernando Pérez y se adentran en otro mundo, igual de duro, de incomprendido, de desconocido…

Isabel: A Fernando cuando lo ves en la puerta de tu casa, es como mágico, porque sabes que lo que trae en la mano es algo tremendo. Creo que tiene que ver, la película, con Fernando, conmigo, con todos. Cuando me la trajo le pedí que me la contara y me dijo: ‘pero si te vas a leer el guion′, pero yo quería que él me la contara con sus palabras.

Me impresioné mucho con el personaje de Elena, cuando me dijo que interpretaría a la madre de (Jorge) Perugorría y que estaba seguro que podía hacerlo. Es una mujer que es bióloga marina, bucea además, con una madre que vive fuera, y dos hijos, uno de ellos en un hospital.

Ahora te hablo de lo duro que fue para todos filmar en este lugar, donde hay personas enfermas, que no tienen voz. Ser actor te da la posibilidad de asomarte a muchos mundos que no conoces, como mismo sucedió en la película  de Marilyn, aunque en esta el tema principal era el silencio, ese que a veces se piensa que viven las personas que están en una cama, o porque tienen tal problema no entienden lo que sucede a su alrededor y lo peor es descubrir que sí. Yo lo viví, mi compañero tuvo un accidente terrible en Santiago de Cuba y la gente me preguntaba por qué hablarle a una persona que está sedada, que está en coma, pero yo me decía: ‘le voy a hablar, qué triste que si me escucha, yo no le hable.

Esta película trata sobre darle voz a los que no la tienen, y es tremenda, lo creo.

Laura: Muy dura.

Isabel: Sí, muy dura. Y todos los actores lo sabemos. Si la película de Marilyn impresiona, esta es la contención, aquí todo va por dentro. Fernando en mi caso me dirigió de una manera, que descubrí tarde; uno siempre piensa que se lo sabe todo en el cine y cada día aprendo más, porque es un genio. Porque me llevó a hacer cosas y después a hacer todo lo contrario. Cuando vi la película, supe lo que me ha hecho hacer este hombre. Fue un trabajo tremendo y había que despojarse de ese dolor para entrar a lo de Marilyn que era otra cosa, no teníamos casi tiempo porque salimos de una para la otra.

La película de Fernando nos llevó a lugares que no quisiera que existieran, o si existen, que fueran de otra manera. Creo que esos hospitales merecen belleza, merecen atención y esas personas que cuidan a los enfermos, que estén capacitadas.

Laura: …dignas del cariño que necesitan.

Isabel: Porque somos una potencia médica, no nos olvidemos de los olvidados, porque estas personas, la mayoría, también son olvidadas hasta por sus familias.

Imagen: La Jiribilla

Laura: El trabajo lo hicimos en la Quinta Canaria. Estuvimos dos meses allí. En total fue uno de preparación y otro de rodaje. Estuve allí a tiempo completo, todo lo que filmé fue en este lugar. De allí es Orquídea, y bueno tomé algunas características de una muchacha que está internada, que realmente es tremenda, cada vez que puede se escapa.

Para poder entender y desarrollar el personaje, me asesoré con doctores y todo el equipo de psiquiatras del Hospital Calixto García, sobre todo con la Doctora Delia Batista, con la que ya había trabajado para Delirio habanero, por el  personaje de la Reina, y esta vez lo retomé con ella. Tuve la oportunidad de estar en el cuerpo de guardia y ver casos de mujeres en crisis, porque yo tenía que desarrollar una crisis en la película.

La preparación del personaje no es lo que te afecta, sino es la investigación que haces para llegar, es importante recalcar que llegas a lugares que desconoces, lugares a donde nunca quieres entrar, mundos que prefieres desconocer, pero eso es lo que te hace crecer como ser humano, ser una persona más abierta, más tolerante, más compresiva, compasiva.

Creo que lo que más sorprende de acercarse a “la locura”, y lo digo entre comillas, es que uno cree que ellos viven en su mundo y que no entienden nada, y no, la locura es una pequeña frontera que todos podemos atravesar en cualquier momento de nuestras vidas, más allá o más acá, todos tenemos la posibilidad de sufrirla. Y no porque estés del lado de allá no te das cuenta cuando te quieren o no, cuando te maltratan.

Isabel: Hay personas que son capaces de llevarlos por una palabra, por una frase a que se humanicen. Lo primero que necesitan es que se les entienda, que se les escuche y mucha paz.

Isabel, usted participa en este Festival también como realizadora. Su segundo documental, Viaje al país que no ya no existe, compite en el apartado de Documentales. Háblenos sobre él.

Isabel: Realizadora insisto, no sé, lo que sí sé es que soy actriz. Este es mi segundo documental. La gente me pregunta por qué me demoré tanto, es que tiene que aparecer la historia que me motive, igual me sucede con los guiones.  A veces no tengo qué echarle a la olla, pero me quedo sentadita en mi casa porque no me interesa, con eso no perjudico a nadie, sino sencillamente no voy a ese proyecto, lo prefiero así.

Con Viaje… le dije a mi compañero, que además es director de fotografía: ‘Tengo una idea, quiero hacer un documental que se llame Los hombres de Santiago (Álvarez) o Los ojos de Santiago′. Pensó que estaba loca. Le insistí: ‘Quiero hacerlo con Iván Nápoles′. Él estaba convencido de que Iván no me daría la historia. Yo sabía que Iván guardaba un diario, me le acerqué, conseguí financiamiento para el proyecto, y lo seguí enamorando, enamorando y como he dicho… a los tres años nos hicimos novios.

Cuando al fin aceptó le confesé que lo haríamos en Vietnam. Fue maravilloso porque nos daba consejos desde que ropa teníamos que llevar y todas esas cosas. Iba al país que dejó hace más de 40 años, que solamente está en su recuerdo y en su diario.

Cuando salimos del aeropuerto en Hanoi, todo el tiempo lo observaba, lo filmaba. Mirándolo vi que las  lágrimas le corrían, y yo me dije: ‘Dios mío qué hago, qué le hice′. A partir de ahí tenía claro lo que iba a hacer. Buscamos las locaciones sin conocer el país, pero yo llevaba el material filmado con Santiago y quería llevarlo por los lugares donde había estado, desmontar todo el material, y escoger algunas anécdotas, no todas, solo las más importantes. Iván es un hombre muy introvertido, pero de una nobleza tremenda y de un talento enorme. Quería que me contara lo que había pasado en esos años, desde el primer bombardeo a Hanoi que los agarra a ellos allí.

Fuimos desde Hanoi por todo el país en carretera y descubrimos también esa nación que solo está en sus recuerdos, le tuve que cambiar el título. Llegó a decirme un día que Santiago nunca miró por el visor porque confiaba plenamente en él. Te das cuenta qué tan importante fue Santiago como él, eran amigos. Realmente este documental fue toda emoción.

Es un homenaje a la generación fundadora del ICAIC, a esos señores que ya tienen 80 años, y que mañana quizá no estarán. Su obra seguirá en las latas, guardada si las sabemos preservar. Hay que escribir o entrevistarlos. Tengo muchas cosas guardadas de Iván que no puse en el documental, pero estoy feliz por contar una historia sencilla. Por supuesto es un valor añadido tener la música de Silvio Rodríguez.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato