Un, dos tres, probando, grabando, creando

Berta Carricarte • La Habana, Cuba
Fotos: K & K

El sonido en los medios audiovisuales es uno de los rubros que menos ocupa a los analistas, críticos e investigadores. Su especificidad y complejidad técnica, mantiene a los neófitos fuera de su territorio.

Dicho de modo simple el sonido es el fenómeno  físico que se propaga a través de un medio elástico ya sea líquido, sólido o  gaseoso.  Cualquiera puede recordar una película donde indios, cowboys, campesinos, mambises, solados, legionarios o samuráis, oreja contra el suelo, calculaban la distancia  a la que se encontraba el enemigo, escuchando  las vibraciones del sonido percutido de caballos, tanques, elefantes, trenes, que se propagaba a kilómetros de distancia, pues el medio sólido es el que con más eficacia transmite el sonido. Sin embargo, el medio que más resistencia ofrece a la propagación de las ondas sonoras es el aire, precisamente la  vía por la cual nos comunicamos al emplear el lenguaje hablado, y al escuchar los ruidos, los diálogos y la música que componen la banda sonora de un filme.

Imagen: La Jiribilla

La adición del sonido permitió dejar atrás la etapa silente y las peripecias que se necesitaban para hacer “audible” la proyección cinematográfica hasta fines de la década de 1920.  A partir de entonces y con toda propiedad, el sonido ha permitido el desarrollo de los diálogos y la continuidad del relato fílmico, el completamiento de la caracterización sicológica de los personajes, la adecuada ambientación de las escenas, así como diferentes grados de percepción y connotación de la imagen y del mundo posible que propone un filme.

Christopher Newman, renombrado y multipremiado  sonidista de Hollywood, bajo cuya responsabilidad estuvo la realización del sonido de obras como El padrino, Amadeus, El paciente inglés, El silencio de los  corderos, El exorcista, Contacto en Francia, Hair, y muchos otros visitó La Habana. El pasado 6 de diciembre ofreció una conferencia magistral en el Salón 1830 del Hotel Nacional, donde puso a consideración de un público heterogéneo, algunas experiencias, consejos y anécdotas de su vida profesional.

Habló con afecto de la época en que imperaba el cine analógico, el verdadero celuloide, con el típico formato de 35 mm, otrora rey absoluto de la industria de imágenes en movimiento. Y recordó que si bien el cine es un negocio, se gesta un compromiso artístico en la mayoría de los que intervienen en una película, y una prueba de esa responsabilidad está en los créditos de realización, donde figuran los nombres de quienes se enrolaron en ese proyecto.  “El staff de Amadeus lloró en la secuencia final del filme, y también sucedió con el staff de Hair; hasta tal punto nos involucramos en lo que estaba ocurriendo. Ya no se hacen películas así”, dijo Christopher.

A pesar de ser casi un anciano Newman ostenta una vitalidad  y agilidad mentales que se revelaron en su cordial modo de comunicarse con la audiencia: “Cada vez que me preguntan cómo hice el sonido de El exorcista cuento una historia diferente, confesó con jocosidad.  El tipo del boom —asistente de sonido que sostiene una caña en cuyo extremo se haya colocado un micrófono— es el que permite que los sonidistas ganemos premios”, añadió en otro momento para enfatizar la importancia de esa labor tan fatigante y paciente como crucial.

“Una de las tareas del sonidista es proteger la película, ningún director sabe cómo va a cortar [editar], ni Hitchcock lo sabía, ni Sidney Lumet tampoco, nadie lo sabe en el momento de la filmación”.

 Interrogado sobre el sonido para dibujos animados, el escurridizo señor relató lo siguiente: “Cuando era niño me interesaba por los dibujos animados, como es natural. Luego, de adulto, perdí el interés, no sé por qué razón, y hace unos años, mi hijo me pidió que fuéramos juntos a ver un animado: Avatar. La sala estaba prácticamente vacía, pues ya la cinta llevaba seis semanas en cartelera. Comencé a ver el filme con sus errores y fallos técnicos,  y me sumergí tanto en él que, al final, terminé llorando”.

Después de mostrar un clip de Amadeus, la archifamosa cinta de Milos Forman, Christopher Newman  señaló que esa escena se había realizado con un  solo micrófono. Se trata del momento en que Salieri ofrece su mediocre partitura al emperador José II y éste la “malinterpreta” en el clavicordio para Mozart; la escena termina con el genio de Salzburgo improvisando maravillas a dos manos sobre la magra pieza de su rival. Hay muchos personajes en el set que hablan a su turno, y controlar la voz de cada uno, con su registro particular, su intensidad, etc., además de la música, es muy complicado con un solo micrófono. La voz del actor se puede ir de eje, o sea, puede desviarse hacia otra dirección con un simple movimiento  de cabeza. Sin embargo el resultado fue impecable. Amadeus no solo se convirtió rápidamente en un filme de culto, en un referente didáctico para profesores de apreciación musical, sino que es un ejemplo ineludible de maestría en la conformación de una banda sonora.

La mayoría de los actores hoy en día, no proviene de una formación teatral que le suministre herramientas y entrenamiento para lograr una intensidad suficiente en la emisión del sonido, Newman se quejó de que cuando pide mayor proyección vocal a los actores, ellos responden: “no puedo hacer la escena gritando”. Y él contesta: “solo te he pedido un susurro más potente”.  A veces en ese detalle radica el virtuosismo histriónico de aquel instante, que en realidad ha sido garantizado por la “majadería” de un buen sonidista.

Imagen: La Jiribilla

Otro aspecto importante en ese oficio es el trabajo de posproducción. ¿Cómo resolver desde el punto de vista sonoro, la famosa secuencia de persecución de autos en Contacto en Francia? “El 80 por ciento del tráfico no estaba bajo control, por lo tanto el auto llegó a sufrir algunos impactos reales, confesó Newman y recomendó: Si tienes que hacer una escena semejante, primero alquilas un auto y te vas a un parque donde puedas estar dando vueltas, acelerones y frenazos durante tres días, y al final tendrás suficiente material para trabajar”. Al principio la secuencia tenía música en su totalidad. Luego la retiraron para concentrarla solo al final, pues es mucho mejor que, según  se desarrolla la trama, el espectador construya sus propias emociones y luego enfatizarlas a través de la música.  Así lo aconsejó el maestro  tras haber afirmado que la labor del sonidista consiste en hacer el sonido con el mínimo de equivocaciones. El sonido de una toma debe ser tan bueno como en la precedente.

Tras confesar que Hair fue su primer musical, aseveró que la cuestión está en asumir los retos pues solo trabajando y arriesgándose se puede alcanzar el dominio de la profesión.  Para este hombre talentoso, que lamentó  no disponer de más tiempo para seguir contando anécdotas de su largo historial, el sonido no es un simple fenómeno físico, pedestre y cotidiano, sino la faceta audible del arte cinematográfico.

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