Entrevista con la artista Marta María Pérez

Ausencias presentes:
transformar palabras en imágenes

María Fernanda Ferrer • La Habana, Cuba

Fotos: Cortesía de la artista

La galería Servando Cabrera, que cada diciembre abre sus puertas a las diferentes ediciones de los Festivales de Cine de La Habana, exhibe por estos días y hasta el próximo 20 de enero la muestra Ausencias presentes, de la muy reconocida fotógrafa y videasta cubana Marta María Pérez.

La creadora, de quien la crítica especializada ha dicho con justeza que es la primera mujer que en la historia del desnudo fotográfico cubano posee una mirada autorreferencial,integra una suerte de cuarteto —junto a José Bedia, Manuel Mendive y Santiago Olazábal— que centra su obra en iconos relacionados con las culturas de origen africano.

Imagen: La Jiribilla

La muestra, que no es de fotografía —la manifestación más explotada por durante dos décadas por Marta María—, incluye 13 videos (proyectados en igual cantidad de pantallas, sin audios, en blanco y negro, con menos de un minuto de duración cada uno y organizados por series) y dos videoinstalaciones.

Con el propósito de conocer detalles sobre Ausencias presentes e indagar en torno a sus proyectos más inmediatos, conversamos en exclusiva con Marta María, quien desde hace varios años reside en la capital mexicana.

¿Por qué Ausencias presentes?

Desde que me gradué en 1984 del Instituto Superior de Arte (ISA), hemantenido la misma línea temática y el mismo concepto de tocar temas de las diferentes manifestaciones religiosas, sobre todo, las de origen afrocubano.  En los últimos tres años desarrollo el video y ya no tanto la fotografía y siempre digo que es el mismo hilo conductor desde el principio hasta hoy: abordar temáticas religiosas. Pero ahora, básicamente,  enfocada en el espiritismo,que es otra vertiente religiosa mezclada con la santería y lo afrocubano —aunque tiene otra línea no solo conceptual sino formal. Ausencias presentes son como una especie de presencias espirituales que tenemos todos en nuestras vidas cotidianas.

¿El tránsito de la imagen fija a la imagen en movimiento puede considerarse una traición a la fotografía?

¡No!;varias personas me han peguntado e incluso yo misma me he hecho ese cuestionamiento de por qué pasé de la fotografía al video y, sinceramente, no tengo respuesta. De repente se me ocurrió una imagen y me di cuenta que hacía falta movimiento. Algo parecido, pero al revés, me sucedió años atrás cuando trabajaba solamente la imagen estática y yo misma me decía ¿por qué no hago video? Y es que en ese momento no me interesaba el medio como tal. A partir de un instante —y no puedo explicar cómo fue— imaginé esa imagen en movimiento. No obstante, las  personas que conocen mi obra se darán cuenta que hay una continuidad natural, que no existen rompimientos ni saltos.

La expo la ha titulado Ausencias presentes, ¿tiene que ver con el residir desde hace años en México y ahora reencontrarse con su público?

No se me había ocurrido esa asociación, pero puede interpretarse también así. No tiene nada que ver con lo que me plantee, pero no está mal.

En 1979 se gradúa de la Academia de Artes de San Alejandro y en 1984 del Instituto Superior de Arte (ISA) en la especialidad de pintura, ¿qué considera le aportó la academia?

Mi tesis de grado del ISA la hice con una obra fotográfica a pesar que estuve estudiando pintura durante nueve años. Tempranamente me di cuenta que la pintura no era el medio con el que me sentía cómoda y con el que podía comunicar ideas. Por suerte en la etapa en que estudié en el ISA el claustro de profesores lo integraban artistas como Flavio Garciandía, José Bedia y Consuelo Castañeda, entre otros, y ellos hicieron una renovación en los programas de estudio: revolucionaron cuestiones académicas y tuve la oportunidad y la suerte de que aceptaran mi trabajo de tesis con obras fotográficas.

¿Nunca pintó?, ¿no conserva, al menos, una obra?

Conservo algunos trabajos de curso guardados de recuerdo, pero hasta ahí.

¿No cree que en algún momento tomará el pincel?

Seguro que no. Definitivamente la pintura no es mi medio expresivo a pesar de que es una manifestación que respeto, admiro y disfruto.

¿Cuál es la apoyatura de su trabajo?

Es complicado porque mi proceso de trabajo es diferente al de otros artistas: por ejemplo, un pintor puede hacer un cuadro con cierta idea y, al final, quizá, le busca el título apropiado o no. Yo hago al revés: después de estudiar mucho el tema voy recuperando frases: todos los títulos de mis obras son testimoniales en el sentido de que están tomados literalmente de  libros, de artículos, etc. Cuando me interesa una frase que implica ideas lo que hago es llevarla a la imagen, o sea, transformar las palabras en imágenes. Mi tema es la espiritualidad y la convivencia que existe entre la religión y el mundo material y espiritual.

¿Considera que en el momento inicial de su carrera fue transgresora?

Mi obra tiene una base autobiográfica, aunque no lo considero autorretrato; soy yo el sujeto fotografiado y el sujeto filmado y quien, por lo tanto, lleva a cabo la acción.

Para hacer la fotografía de tema religioso, hice profundas investigaciones bibliográficas y, también, realicé acercamientos personales con creyentes y practicantes para empaparme lo más posible sobre el asunto y hacer una reinterpretación de ese mundo y del concepto espiritual y material que hay en todas estas religiones. Pero es una reinterpretación que pasa por mi biografía —como persona y como artista— porque lo que hago es arte y no religión. Desde ese punto de vista creo que es autobiográfico porque realizo una reinterpretación personal de toda esta temática.

¿Usted es religiosa?

No soy religiosa, pero sí creyente: no tengo una religión en particular, sin embargo sí soy muy creyente y puedo compartir lo mismo el budismo que la santería; en ese sentido soy una persona totalmente abierta.

En su obra, a pesar de ser autorreferencial, apenas hay retratos, ¿por qué?

Es la representación de mi cuerpo para expresar un concepto, una idea determinada, pero no quiero que me reconozcan como Marta María, sino que mi cuerpo puede ser el de cualquier mujer. Tampoco es una obra feminista, no tiene nada que ver con eso: sencillamente soy yo como individualidad. Tal vez si hubiera sido hombre, hubiera tomado mi cuerpo porque no se trata de una cuestión de género. No quiero distraer la atención del espectador y que se concentre en mí como persona sino en una imagen realizada por una artista. Es cierto: tengo muy poca obra en la que se ve mi cara y de los 80 hay algunas piezas que eran directamente referenciales por el tema de la maternidad. En ese momento estaba pasando por ese proceso humano, pero hay razones muy particulares en las fotos en que aparece mi cara. No es por gusto.

Se refiere al año 1985 cuando hizo la obra Recuerdo de nuestro bebé.

Así es; hago una referencia a las supersticiones populares en relación con la maternidad y empleo mi propio embarazo como sujeto de la fotografía; es una serie de cinco obras que datan de entre 1985-1986,que es cuando nacieron mis hijas.

En 1996 obtiene el Primer Premio de Fotografía en “Nude’96”, evento que auspicia la Fototeca de Cuba, ¿significó ese premio algo especial? 

Todos los reconocimientos los valoro altamente y, aunque llevo muchos años viviendo fuera de Cuba, siempre mantengo una relación, un vínculo muy fuerte con mi comunidad, con mi espacio, con los artistas; ese intercambio me interesa muchísimo y no quisiera perderlo nunca.

Como espectadora siempre he sentido que su obra es muy fuerte, muy femenina y a la vez algo tierna, ¿me equivoco?

No es para mí un tema la ternura; quizá la imagen cuando está llevada al soporte fotográfico puede dar muchas ideas o lecturas y la ternura puede ser una de ellas, pero no ha sido mi propósito.

¿Es la superstición un elemento importante en la obra actual?

Cuando estaba haciendo mi tesis de graduación me concentré en las supersticiones populares; recuerdo que leía con avidez la obra de Samuel Feijóoen la que narraba leyendas de los campos cubanos. A partir de ahí hice una serie de performance para describir una historia determinada y mezclaba imágenes con textos testimoniales, es decir, frases literales de hombres del campo. A penas me gradué, salí embarazada y ya no pude seguir ese tipo de trabajo que exigía desplazarme hacia zonas del campo.

Lo que hice, entonces, fue llevar ese mismo tema, pero relacionado con la maternidad. Por ejemplo, ‘no te pongas un collar porque el bebé puede nacer asfixiado por el cordón umbilical’, ‘no te sientes encima de una tijera porque no sé qué’; en esas creencias —que nuestras abuelas y bisabuelas tenían incorporadas a la vida diaria— fue en las que me enfoqué. Esa etapa duró hasta finales de los 80 y después, con un mismo hilo conductor, continúe con las supersticiones que se ven mezcladas con la religión y me fui adentrando en la santería y otras religiones de origen africano.

Indudablemente la maternidad fue un punto de giro en su carrera

Absolutamente. Ese proceso fue el inicio de mi trabajo como artista, incluso, hoy en la distancia miro las fotos de ese período y me digo ¿cómo se me ocurrió esto siendo tan joven con apenas 26 años y acabada de graduar del ISA? Fue un giro total y reconozco, con total humildad, que fue una influencia importante para artistas que vinieron después. Y eso me hace muy feliz.

Después de esta exposición de La Habana, ¿en qué proyectos concretos está involucrada?

Estoy invitada a participar en varias exposiciones colectivas en distintos  países. En Cuba estoy involucrada con un proyecto que aún está en pañales —será una muestra colectiva organizada por la fotógrafa Cirenaica Moreira—: es de mujeres y con una visión muy particular de la relación sentimental y no solo de pareja sino tomar el amor como un concepto más general. Se tiene previsto para la venidera Bienal de La Habana. Quiero insistir en que Ausencias presentes es una muestra en la que trabajé más de un año y cuando me hicieron la invitación acepté de inmediato porque —aunque yo esté ausente— quiero estar presente en Cuba.

Coincidir con el Festival de Cine es una gran oportunidad para que el público aprecie mi obra más reciente y, por lo tanto, hay miradas cubanas y de otras nacionalidades y eso es importante. Por otro lado, exponer en la Servando Cabrera es un privilegio porque además del prestigio que tiene como galería, está ubicada en un punto importante de la ciudad.

¿Cuál es la obra soñada que aún no ha hecho?

De verdad, no sé: lo que sí quiero es continuar trabajando y en estos años en que me he acercado al video me siento muy enfilada en esa manifestación, mucho más que en la fotografía. Quizá en algún momento retome la fotografía y es el trabajo mismo el que irá diciendo hasta dónde voy a llegar, pero lo esencial es seguir creando.

Tengo conciencia de que el camino es difícil porque el videoarte es amplio y existen propuestas que se diluyen en cosas vacías; son obras que, tal vez, miraste y cuando viraste la espalda se te olvidaron, aunque pueden estar muy lindas. Veo el video de otra manera, y en mi caso personal, lo valoro como una extensión de la fotografía.

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