Selección de poemas

Jorge Palma • Uruguay

Solo una grieta, sus poemas a Palestina

Su entrega a la doctrina del dolor encuentra muchos sitios en el mapamundi, pero hay uno que lacera más al poeta, ese lugar se nombra Palestina. Jorge Palma siente las heridas de ese pueblo como propias, «es algo místico» —ha dicho— ¿Tal vez, por su fe cristiana, sea capaz de ver un futuro Mesías en cada niño huérfano, las llagas de Jesús en cada hombre o mujer, el alma de María en cada madre que pierde a sus hijos? Solamente él puede responderlo; pero algo se transparenta: el humanismo que rige su sensibilidad poética.

Durante el XIV Festival de Poesía de La Habana, mayo de 2009, escucharlo en una lectura de sus textos fue la revelación previa de cuánta hondura y cuántos valores hay en ellos; meses más tarde, al leer sus libros, ya fue la certeza total.

En la presente selección de poemas del uruguayo Jorge Palma, se escucha latir su amor a Palestina, eso sí, desde el arte verdadero, que rehúye con peculiar sencillez, el lenguaje discursivo y trillado. Estos versos registran, a través de su autenticidad, la conmoción, el sufrimiento de los palestinos ante la injusticia y la muerte. Las madres, los niños, la ausencia, el destierro, los muertos insepultos, los pájaros y la lluvia, son motivos para denunciar el abuso. Pero siempre queda —en medio de la destrucción— una grieta, solo una, por donde pasa la luz.

 

Solo son truenos
(recuerda Hassin)

La vida nada tiene que ver con eso.
Te dirán, sin mirar más allá
de sus manos, que no vale la pena,
si al fin, y para qué...

Mi madre, que era analfabeta
ponía su cuerpo junto a las ventanas
y cantaba tan alto como le diera
la voz, para tapar el sonido
de las bombas cayendo en el huerto.

Mi madre no mentía. Sólo lo hacía
para que durmiéramos sin temor.

Cuando temblaba el cielo
y se sacudían los olivos
y las cobijas, ella sólo decía:
«Son truenos, mi niño, sólo eso».

Pero la vida,
la vida no tiene nada que ver.

 

¿Cuántos seremos hoy?

Las calles están repletas de ausencias
y los muertos sin sepultura
reclaman.

Nadie se anima a mirar la calle
donde cayó la muerte.
Tampoco nadie se anima a contar
los parientes dentro de cada casa.

En el silencio enlutado
álguien ha dicho: «¿Cuántos
de nosotros seremos hoy?»

Incertidumbre y dolor.
Oscuridad en las cocinas
donde nadie prueba bocado,
ni se anima a contar
con los dedos temblorosos
de una mano.

 

Un pájaro espera

Un pájaro aguarda que termine
la lluvia de fuego
en un alambre tensado
entre dos mundos.

El pánico lo convierte en piedra.

De un lado del aire
ni siquiera hay luz
en las casas más precarias.

Del otro lado, llora una mujer
desconsoladamente.

El fuego que golpea
de un lado al otro
como un relámpago,
como un nervio enloquecido
como un látigo,
deja ver
de vez en cuando,
la silueta de un pájaro
aterrado
en medio de la lluvia.

 

Los niños del cielo
(conversación)

—¿Qué haces Hassin?
—Cuento ataúdes. Pero siempre pierdo
la cuenta. Son muchos.
—¿No te aburre?
—No. Si los coloco en hilera, uno
sobre otro, sobrepasan las nubes.
—¡Tanto!
—Podríamos tocarlos con los pies...

 

Una grieta

Solo nos queda una grieta
por donde entra un rayo de luz.
Solo eso.

 

Cortesía para La Jiribilla
 
Jorge Palma: (1961). Ha publicado los poemarios Entre el viento y la sombra (Ediciones de la Banda Oriental, 1989), El olvido (Ediciones Trilce, 1990), La vía láctea (Trilce, 2006), Diarios del cielo (Trilce, 2006) y Lugar de las utopías (2007), así como el libro de cuentos Paraísos artificiales (Trilce, 1990). “La destrucción de la sangre” fue incluida en la antología Aldea Poética (selección de poesía inédita de 29 países, Editorial Opera Prima, Madrid, 1997), y “Alguien respira en la sombra” integró la antología La cara oculta de la luna; narradores jóvenes del Uruguay (Linardi Risso, 1996).

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