Los bordes dibujan el corazón de una niña
y una casa

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba
Imagen: Cortesía del autor
 

Entre las novedades que trae la Editorial Gente Nueva para la Feria Internacional 2015 descuella, sin duda alguna, un libro muy singular de una no menos peculiar autora: La niña, el corazón y la casa, de la argentina María Teresa Andruetto, Premio Hans Christian Andersen 2012.

Imagen: La Jiribilla

Como es sabido, acercarse siquiera como finalista al que se considera el Nobel de la literatura para niños es casi un sueño impensable para muchos autores, sobre todo porque el nivel de competitividad demandada es muy alto y la experticia de quienes cada dos años confieren este galardón fundado por el IBBY (Organización Internacional del Libro Juvenil) garantizan que siempre lo recibe una figura de reconocida trayectoria por la obra de la vida.

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, provincia de Córdoba, Argentina, 1954) es egresada de Letras por la Universidad Nacional de Córdoba. Ejerció paralelamente el periodismo y la docencia en el nivel medio y superior. Contribuyó a fundar y formó parte del equipo docente y ejecutivo del CEDILIJ (Centro de Difusión e Investigación de la Literatura Infantil y Juvenil), en Córdoba, entre los años 1984 y 1995. Entre 1986 y 1996 fue secretaria de redacción de la revista Piedra Libre, publicación especializada en literatura infanto-juvenil del CEDILIJ. Actualmente reside en Cabana, localidad de las sierras cordobesas. Formó también parte de equipos capacitadores de docentes en los rubros Literatura Infantil Juvenil, Animación a la Lectura y Escritura creativa, para diversos programas organizados por la nación, su provincia, su ciudad, organizaciones gremiales y organizaciones no gubernamentales y además del Hans Christian Andersen, ha ganado numerosos premios en su tierra y fuera de ella.

La niña, el corazón y la casa, el tercer libro de la Andruetto en Cuba (antes Gente Nueva le publicó los álbumes para pequeños El caballo de Chuang Tsu y Benjamino) la revela como una sugerente narradora en el cenit de su oficio, que se caracteriza en primer lugar por un potencial creativo harto demostrado en cada obra y también por una innegable dosis de experimentación temática y formal que hacen de sus libros piezas exclusivas y muy diferentes a las otras.

Tina (Ernestina es su nombre pero no le gusta por lo largo) es una niña que cada día se asoma, como otros tantos, a un mundo que no comprende y la hace sufrir. Sencillamente porque ningún niño podría ser capaz de comprender por qué su familia está dividida entre dos casas viviendo todos en el mismo país. Tina vive con su padre y su abuela Herminia, pero su querido (y anhelado) hermano Pedro vive en otra casa con mamá.

Para Tina los fines de semana significan pues el reencuentro familiar, alegre al inicio por una comida en familia, los juegos en el jardín con su hermano y el anecdotario de la semana, pero luego agridulce y enigmático por las consiguientes despedidas y la interrogante eterna que nadie responde a Tina y es el porqué de esa angustiosa separación que para ella se va haciendo larga, tan larga como la calle misteriosa que conduce al fin del mundo.

Con un estilo desprovisto de todo exotismo, un pausado ritmo narrativo, que se recrea por momentos en la descripción del paisaje o el ambiente hogareño, María Teresa Andruetto va adentrando a su lector en el mundo interior de esta niña, en su vida cotidiana y en su entorno de relaciones filiales, quienes tratan de hacer menos duro y traumático el camino de la incomprensible separación de su madre y su hermano.

Progresivamente, se van desvistiendo los sentimientos de todos los protagonistas y salen a la luz los secretos familiares que siempre estuvieron a la sombra y aunque es triste conocer la verdad, Tina descubre que lo terriblemente difícil es vivir en un mundo de mentiras. Así sabremos de historias de abandonos, niños que se crían sin sus padres, desencuentros, olvidos y mucha tristeza.

Tampoco Carlota, su mejor amiga, puede entender por qué Pedro, el hermanito de Tina, que es un niño diferente, tiene que vivir solo con su madre y lejos de ella, que solo tiene a papá. En la medida que avanza la narración, la niña va tomando más conciencia de que esta separación no es un hecho casual sino sencillamente la consecuencia de muchas historias precedentes que se ocultan en su entorno familiar.

La autora, que se confiesa interesada por estos temas difíciles de la vida ha dicho a Silvina Friera refiriéndose a su narrativa: “Mi escritura siempre está en los bordes, no sólo respecto de los géneros tradicionales, sino también de la propia literatura infantil. Perfectamente podrían ser textos para adultos”. Y al preguntarle ella si cruzar esos bordes le ha generado cierta incomodidad al interior de la literatura infantil, Andruetto ha agregado categórica: “Sí. Pero tengo clara consciencia de la lectura y de qué se le puede acercar a un grupo de lectores. Siempre defendí la idea de una literatura infantil que no sea tan “infantil”, en el sentido de que sea por sobre todo literatura; algo que no suele suceder por la producción en serie y un público cautivo muy importante. Muchos de los libros que he publicado para chicos o jóvenes no los escribí especialmente para esos lectores, pero algún editor consideró que podían funcionar. Y de hecho funcionaron. Stefano, La niña, el corazón y la casa y Veladuras son libros que ahora llaman crossover; pero mucho antes de que esa categoría empezara a conocerse, yo sentía que simplemente lo que hay es lectores. Y mientras antes un lector pueda pasar a la literatura toda, mejor. Hay libros que por su sencillez o cierta posibilidad de conmocionar funcionan como libros interesantes en el tránsito de un lector entrenado hacia una mayor complejidad. Pero esos libros también pueden ser leídos por adultos, ¿no? Hay una discusión sobre si la literatura infantil es un género o no”.

Y precisamente ese es el espíritu de este libro tan sencillo en apariencia como profundo por su singularidad, que como en toda la literatura de Andruetto, ya sea en El caballo de Chuang Tzu, que cuenta una historia de amor y princesas, que en la fábula de Benjamino u otros tantos, ella hace que su lector suba la parada en las lecturas, porque precisamente no va a la busca de un lector determinado, sino que escribe una historia para que sus posibles lectores (niños o adultos) se encuentren con ella.

El hecho de que Tina jamás acepte el silencio de su madre por respuesta, el rostro ansioso de papá por toda esperanza de futuro o la tristeza inmanente en los ojos de su abuela Herminia, la hace una heroína que a su manera particular se revela contra lo establecido. La cruda y a la par tierna realidad de que su hermano Pedro sea diferente, es decir, no padezca una enfermedad contagiosa sino que sufra de la condición que significa ser un niño con síndrome de Down, no es motivo suficiente que la convenza del orden familiar establecido y por eso mismo, todo el tiempo, Tina arremeterá contra las convenciones adultas cuando persistente y tozuda repita: “No si no es con Pedro” o indague premonitoria y llena de confianza en el futuro: “¿Por qué no podemos vivir juntos los cuatro?”.

Especialmente conmovedor es este fragmento, en el que poéticamente, la Andruetto nos desarma con una situación tan tierna como sobrecogedora: “La niña esperó un beso. Y cuando la madre se lo dio, la niña pidió otro. Uno más, para que me dure hasta el domingo. Tina, resignada, se despidió de su hermano Pedro. De ese modo están ahora las cosas”.

Con su final abierto como esos interrogantes eternos que siempre guardan su misterio, muchos niños y adultos se verán reflejados en esta historia de crecimiento y formación que audazmente explora en los ocultos senderos del alma humana.

Al respecto del otro tipo de literatura hoy muy en boga, María Teresa Andruetto, quien tiene una larga y probada experiencia impartiendo seminarios, conferencias y talleres, ha expresado en un artículo referente a los llamados cánones dentro de la LIJ, en el acápite Canon de autores/canon de textos: “En la actualidad, los cánones de autores han sido sustituidos por los cánones de obras. La Literatura Infantil, sin embargo, en un procedimiento que apenas hace unos años ha comenzado a resquebrajarse, ha ido a la cola de ese concepto porque ha canonizado mucho más que textos, a autores. Se trata de un modo de canonización más peligroso, que puede convertir a un autor en marca registrada, arrimando de un modo indiscriminado hacia la totalidad de su obra —incluidos muchas veces textos sensiblemente menores, o una repetición infinita de sí mismos— grandes volúmenes de compras”.

Al poner en tela de juicio la estética que hoy día prima en casi todas las editoriales del planeta, las que con la literatura difundida solo pretenden aumentar sus ventas a partir de libros que, revestidos de una aceptable dosis de calidad, apenas pretenden diferenciarse entre sí sino más bien buscan una estandarización del gusto (y del sentimiento o posibilidades redentoras de crecer leyendo) francamente peligrosa, María Teresa Andruetto es totalmente coherente con su obra creativa y ese modo veraz de adentrarse en los conflictos humanos para que sus lectores sean capaces de enfrentarlos valientemente.

Aunque desprovisto de todo melodrama y con un estilo de distanciamiento algo brechtiano, La niña, el corazón y la casa, más que emocionar o convencer, busca que todos sus lectores se queden todavía más llenos de preguntas: literatura de inicios más que confines, literatura que se aventura por los bordes (acá diríamos costados) duros de la vida para enseñarnos a superarnos, combatir y, por supuesto, crecer, aunque a veces sea para adentro. Este libro pues, hace total justicia a la cita de Audre Lorde que su autora le ubica al inicio como exergo: “Se traza un mapa de donde ya se ha estado. Pero aún no hay un mapa del lugar hacia donde nos dirigimos”.

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