Un hombre de cine llamado
Gabriel García Márquez

José Armando Fernández • La Habana, Cuba

Los hombres también lloran”, me dijo Jaime García Márquez con un poco de vergüenza. “Si uno tiene que llorar, carajo, ¿por qué no va a hacerlo?”

Yo lo había visto desde temprano, antes de que comenzara la conferencia de prensa de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano para anunciar los homenajes a Gabriel García Márquez en el 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Y sin saber muy bien todavía qué preguntarle lo “acechaba” para entrevistarlo.

Y ahora había guardado la grabadora y la cámara con un poco de pena ante este señor de acento colombiano que apenas podía esconder su tristeza.

Imagen: La Jiribilla

“Venir a La Habana cuando él no está es un dolor que no acaba. Estoy emocionado de recorrer estos lugares donde estuvo Gabito y oír anécdotas, y sentir cómo lo querían”, dijo.Jaime fue invitado especial en uno de los más importantes encuentros del audiovisual del continente, en el que asistió a coloquios, presentaciones de libros, proyecciones de documentales y películas.

El Festival de La Habana, entre cuyos fundadores estuvo el Premio Nobel de Literatura colombiano, dedicó su edición 36 (del 4 al 14 de diciembre de 2014) a la impronta cinematográfica de García Márquez. La Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, cuya presidencia ostentó el autor de El amor en los tiempos del cólera hasta su muerte en abril pasado, abrió sus puertas a un coloquio sobre su quehacer en este ámbito.

En el programa de la cita cinematográfica se presentaron los libros Los amores contrariados-García Márquez y el cine, de María Lourdes Cortés, y Mensajes al hijo del telegrafista, una compilación de Joel del Río de recortes de prensa sobre el fallecimiento del escritor colombiano.

“Es que el Gabo ya está incorporado al imaginario cubano”, aseguraría varias veces en estos días el cineasta Lisandro Duque, otro de los invitados al homenaje celebrado al autor de Cien años de soledad.

Duque y García Márquez son paisanos y además compartieron varios proyectos audiovisuales, entre ellos la película Milagro de Roma.

“Durante un Festival de Cine—recordó—fuimos a una tienda a comprar no recuerdo exactamente qué, pero el Gabo no pudo pagar porque había dejado el pasaporte. A pesar de que le insistí a la dependiente señalándole de quién se trataba, ella se mantuvo en su posición. Contrario a lo que se pueda pensar, aquello le agradó mucho, porque una de las cosas que más valoraba era pasar desapercibido”.

Imagen: La Jiribilla

El director de cine cubano Manuel Pérez recuerda al Gabo como un gran amigo. En el coloquio para celebrar su vida que sesionó en la quinta Santa Bárbara, en las afueras de La Habana, Pérez destacó la lealtad del escritor al pueblo cubano, aún en los momentos más difíciles.

La proyección del testimonio de Estela Bravo Conversando con García Márquez abrió las sesiones del encuentro, precisamente porque en él el propio Premio Nobel de Literatura valoró su relación con Fidel Castro, líder histórico de la Revolución Cubana y al que lo unió una inmensa amistad. “Esa relación—apuntó Pérez—fue la génesis de proyectos como la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, creaciones que perduran tanto como la inmensa obra literaria de quien es considerado como uno de los literatos más influyentes de la lengua española en el siglo XX”.

El impulso al cine latinoamericano fue otro de los grandes ingenios culturales de García Márquez, así lo rememoraron por estos días en La Habana varios cineastas del continente.Sergio Cabrera, director colombiano, quedó sorprendido cuando de un momento a otro se encontró colaborando con García Márquez en la escritura del éxito La estrategia del caracol. De aquella cooperación quedó, además de la amistad, un guion inédito que espera rodarse algún día.

Gabo fue un productor para muchos cineastas colombianos y latinoamericanos, dijo. Por ejemplo, con La estrategia del caracol me ayudó en el guion, luego en la filmación y en la inclusión de la película en festivales para su distribución internacional. Tengo entendido que no fue solo conmigo, sino con otras muchas personas porque era también un hombre de cine. Figura como guionista, director, productor e incluso actor en más de 50 películas”.

Gran parte de la historia de esa relación del Gabo con el Séptimo Arte ahora está incorporada a la memoria colectiva del continente en el necesario texto Los amores contrariados, García Márquez y el cine, de la historiadora costarricense María Lourdes Cortés, editado por la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

La investigadora resume su estudio, de más de 20 años, reconociendo a un Gabo cineasta imprescindible para el desarrollo de manifestación al sur del Río Bravo, sin embargo, “su obra literaria no siempre tuvo suerte cuando fue llevada a la gran pantalla, quizá por el respeto que despertaba en los directores, quienes siempre trataron de ser fieles a la letra impresa, aunque, como se sabe, son dos lenguajes muy diferentes”.

Una dicotomía que Gabriel García Márquez se empeñó en salvar a medida que apoyó el desarrollo de una poética integracionista latinoamericana, para describir una realidad maravillosa, que muchas veces desbordó la imaginación artística. Por eso, junto con Jaime me duele este Festival sin el Gabo, y me parece que de un momento a otro me lo voy a encontrar en el pasillo de algún cine, y otra vez, como me sucedió con su hermano, no voy a saber qué preguntarle.

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