Cine móvil, balcones como lunetas

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Confiesa sin ambages que lo de ella es la producción, un mundo fascinante, y su razón de ser en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), con el que se involucró siendo una niña, de manos de su padre, Manuel Angueira, fundador de esa institución y productor de memorables cintas como Cecilia, Los días del agua y La Bella del Alhambra. En su carrera como productora de rodaje ya cuenta con 17 filmes, pero Anet Angueira Carballeira por estos días de Festival no está ocupada con alguna película o documental, aunque tampoco descansa de su recién finalizado trabajo, La cosa humana, al lado de Gerardo Chijona.

Ahora está envuelta en el proyecto de hacer llegar la pantalla móvil inflable, donada a Cuba por la República Bolivariana de Venezuela, a los barrios capitalinos, distantes de las salas de cine del Vedado, para que la mayor cantidad de público posible pueda también tener vivencias del 36 Festival de Cine. Se sabe que la lejanía, las dificultades con el transporte,la ardua dinámica citadina y la desaparición de muchas salas oscuras de barrios, se han convertido en impedimentos para que muchos habitantes de los distantes repartos periféricos puedan acceder a las propuestas de la fiesta cinematográfica.

“Digamos que soy la responsable de esta hermosa idea”, dice mientras concreta todo para el programa que se llevará a cabo en la Plaza Roja, en el municipio de 10 de Octubre. “Han sido días de mucho trabajo, apenas he parado aquí—se refiere al ICAIC—, entro y salgo, para que todo esté listo a las 6:00 p.m., para terminar de montar la pantalla en algún parque o plaza de los barrios”. Se disculpa por el encuentro postergado y advierte: “Fue a Iván Giroud la persona que se le ocurrió esa idea”, dicen sonriente como queriendo evadir el diálogo.

¿Qué consideraciones tiene de la iniciativa de retomar el cine móvil?

Cuando se comienza a hablar de la idea, salimos a buscar los lugares, siempre pensamos en barrios lejanos del circuito de cines de la calle 23, porque esas poblaciones son las que más trabajo pasan para llegar aquí. Enseguida nos apoyamos en la direcciones de Cultura en los municipios, porque son los que saben y conocen los Consejos Populares y las necesidades de sus comunidades. Algunos barrios los busqué yo misma, pero otros fueron propuestos por las entidades.

Ha sido una experiencia muy hermosa y el lado diferente de esta edición del Festival. Muchos fieles del cine nos ha agradecido la iniciativa, personas con niños pequeños, mujeres, sobre todo, me han dicho:“me encanta el cine y hace dos o tres años que no  puedo ir ni participar del Festival”. Sin duda, la idea de la pantalla móvil es extraordinaria, porque llega a un público que tiene ansiasy necesidades espirituales enormes.

Hablemos de la tecnología que difiere mucho del sistema utilizado en las décadas del 60, 70 y 80 cuando era muy usual el cine móvil en barrios periféricos y comunidades campesinas.

Es una pantalla inflable de 6x6 metros. Tiene el mismo sistema de los parques inflables para niños. Todo el tiempo está alimentada con corriente eléctrica a través de un compresor, y la componen un proyector, un equipo de DVD, bafles y un rap de sonido. Es muy práctico y brinda una imagen con calidad. Sus otras particularidades tecnológicas las desconozco.

¿Cómo el público ha acogido esta iniciativa, participan como se esperaba?

En cada barrio que hemos estado las experiencias son muy diferentes, pero siempre hemos tenido buena acogida. Los primeros que llegan son los niños, te encuentras muchachitos de seis o siete años, hasta adultos de 40 y 50 años, alrededor de estas edades oscila el público. Los niños se quedan encantados porque para ellos una cosa que se infla no es más que un aparato para dar brincos. Los adultos lo están agradeciendo, el público que se queda en el parque o en la plaza, es el que no tiene acceso a la sala de cine y gusta del Séptimo Arte, es el que no puede de ninguna manera llegar hasta la calle 23 o no tiene el tiempo para hacer una cola de hasta tres horas para ver una película.

La gente desde los balcones de los edificios ven la película que proyectamos, eso nos pasó recientemente en Alamar, por ejemplo; estábamos en un parque muy grande, rodeado de edificios y todos los que nos quedaban de frente, esas personas desde sus apartamentos o en la escalera miraban la película, otros bajaban con sus bancos y asientos para estar lo más cerca posible.Incluso había quien no sabía lo que sucedía, tal vez por desinformación, pasaban y preguntaban ‘qué va a pasar aquí’, y a la media hora los veías en la plaza. Sin duda ha tenido un impacto inesperado.

Tuvimos otra experiencia: luego de media hora de proyección, se fue la corriente, por esa razón la pantalla de desinfla, y la gente penó que estábamos recogiendo para irnos. Los niños, por ejemplo, nos decían,‘no se vayan, por favor, esperenque la luz viene rápido’. Se quedaron en el parque hasta que vino la electricidad.

¿El público que asiste está disfrutando de películas en concurso y de la muestra, como aquel que tiene la posibilidad de ir al circuito de salas de 23?

Todas son películas de esta edición del Festival, unas están en concurso y otras en muestra. La selección ha sido difícil, porque la propuesta ha sido variada, no queríamos una sola película en todos los barrios, sino llevar a cada lugar diferentes proposiciones. Además, por otro lado queríamos conseguir diferentes filmes que tuvieran temas asequibles a todotipo de edades y públicos. Concebimos unas seis cintas que pudieran entenderse por todas las personas y al final se logró. Las que hemos puesto hasta ahora han tenido buena aceptación, por ejemplo, la argentina Corazón de León; la española Messi cuenta la historia del jugador de manera documentada; y Cantinflas, es la historia de Mario Moreno, basada en hechos reales.

¿Cuántos municipios y barrios se concibieron para llevar hasta ellos la pantalla móvil?

Nueve barrios, comenzamos el día 6 por Antonio Guiteras, de ahí a Alamar, en Micro 10, Santa Amalia, La Lisa, el Cerro, paramos el día 14 por ser la clausura del Festival y el 15 lo retomamos en la Plaza Vieja, de LaHabana colonial. Fue un ajuste, en realidad la Habana Vieja era el primer punto, pero no cumplía con el requisito de barrio lejano, aunque sí es una zona muy importante que no queríamos dejar afuera.

¿La iniciativa del cine móvil es solo para el Festival o quedará como proyecto sociocultural?

Nos han llamado de diferentes municipios. Se están haciendo coordinaciones entre las direcciones provinciales de Cultura y el Centro de Cine para mantener esta idea. El ministerio de Cultura quiere, aunque sea una vez al mes, llevar la pantalla móvil  a algún barrio, o sea, mantener esta idea durante todo el año, y en cuanto al Festival de Cine la idea es mantenerla la iniciativa, porque está cumpliendo su objetivo.

Pienso que  si se mantiene los 12 meses, cuando llegue la próxima edición ya nos estarán esperando en todos los lugares, porque al desaparecer los cines de barrios, el Festival solo se ha concentrado en las pocas salas de la calle 23 y esta decisión ha podido, en alguna medida, rescatar esos espacios.

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