Conversación con Marilyn Solaya

Sin boda por elección: Vestido de novia

Fotos: Cortesía de la Casa del Festival
 

INT. LA CASA- DÍA Y NOCHE

Sucede casi a toda hora. Por invariable: un cono de hilo, y en sus terminaciones, manos de mujer. Una casa y dentro, cuerpo de mujer. Cuidadora, máter nutricia, proveedora, venida de él (bíblicamente), siempre a disposición…, componen algunas de las “prestaciones” del singular “paquete humano” de algo más de tres jornadas laborales. Sucedáneos nominales: fragilidad, gravidez, obediencia… (“bellas como las rosas”).

EXT. LA CALLE- NOCHE Y DÍA

El hombre: rudo, tenazmente trabajador e insensible. Receptor del producto doméstico, consumidor de televisión y pugnado, o extrañamente desentendido, con el código de familia en sus artículos del 24 al 28, ambos inclusive. Determinante genético del sexo de los hijos, columna económica y moral de familias biparentales. Portadores simbólicos: beligerancia, hombría, virilidad… (“los hombres no lloran, solo los cristales se rajan”).

Cualquier parecido con la realidad es producto de construcciones sociales y estereotipos vigentes.

Imagen: La Jiribilla

Locación: alguna oficina, en El Vedado.

Sibarita de estas —por naturalizadas— asignaciones, Marilyn Solaya pretende secuestrar del cuerpo los contenidos. Pero no se conforma con producir el cambio a nivel individual, sino razonar con una memoria colectiva, coartar imaginarios simbólicos. Su meta: el cuerpo social sexual de la nación cubana.

Es así Vestido de novia, una propuesta fílmica que irrumpe en lo privado —que también político y público— para discrepar de los formatos de familia clásicos, la castración masculina (cuando el hombre sobreactúa la insensibilidad para actuar la hombría), el presunto derecho a violentar y discriminar por género, la negación de la felicidad (si no es la heteronormativa)… un condominio de “herencias” culturales.

Está en Vestido de novia, lo mismo que en su realizadora, la capacidad de aislar símbolos, para desactivarlos en tanto —a veces— trampas patriarcales, androcéntricas. Por eso el icono intitulado (vestido de novia) cabalga sin fe, ausente, por una senda de transgresiones necesarias.  En entrevista anterior declaras que el contexto es el tercero de tus personajes en Vestido de novia. Si persigues tanto incidir sobre la realidad vivida, ¿por qué la regresión que hace la película al comienzo del Período Especial?

Elegí los 90 porque fue cuando se empezaron a avizorar los problemas que todavía estamos teniendo hoy. Tal vez por la crisis. Cuando existe una, ella genera nuevas y agudiza las ya existentes, sobre todo las económicas. Es el momento en que empiezan a aflorar todos problemas sociales, a visibilizarse más.

Yo siento que estamos detenidos en el tiempo. El cuerpo social sexual de la nación cubana está detenido en el tiempo y muy metido dentro de los estereotipos y los prejuicios. No hemos realmente evolucionado de acuerdo con las expectativas que tenía la Revolución: el Hombre Nuevo, la Mujer Nueva. Eso que era el sueño y la voluntad política que se tenían. Sucede que estamos en un país machista, hegemónico y patriarcal, y ahora mismo vivimos en tres países: “el país en que dicen que vivimos”, “el país en el que viven algunos” y “aquel en el que vive la gran mayoría de personas, hombres y mujeres”. Entonces lograr una conciliación desde la estructura y la gente es complicado. Imagínate para un creador.

Mi película no solamente es una película trans porque toca el tema desde todas las aristas, incluso la social. Cuando defines lo que es un transexual las personas lo entienden más como alguien que ha nacido en un cuerpo, sin embargo, siente que es otro o vive desde otro. También nos pasa así como sociedad: creemos que somos una cosa y realmente somos otra. Eso, por supuesto, produce las discriminaciones y violencias estructurales contra los hombres, las mujeres, de hombres hacia hombres, de hombres hacia mujeres.

A mí esos temas me interesan mucho, sobre todo porque formo parte de esas mal llamadas minorías. Yo soy una mujer y nunca aquella que esperó rescate de un príncipe. A mí me enseñaron que lo podía tener todo como mujer. Por eso es que estoy dirigiendo un largometraje, para lo que siempre me preparé.

Imagen: La Jiribilla

Para quien proviene de la actuación, ¿hay un método de dirección de actores aplicado especialmente a Vestido de novia?

Estudié siempre dirección, y actuación como algo complementario. En el mismo grupo había quienes recibían actuación y otros, dirección. ¿Cuál fue mi estrategia? Es muy difícil hacer cine, máxime para alguien que viene de provincia que no cuenta con ningún familiar dedicado al arte. Por esa razón fue más fácil para mí insertarme en los espacios de dirección como actriz que como directora. Por supuesto, a mí me dieron todas las herramientas para dirigir actores: yo me gradué con Virgilio Piñera… Están esas películas que hice como actriz, con las que también aprendí. Pero lo más importante no son las herramientas, sino el espíritu: cómo escribes los personajes, la historia. Para lo cual hice una investigación de diez años.

Cuando encontré mi línea temática en el género, traté de superarme en todos los sentidos. No hubo taller al que me resistiera. Una vez incorporado todo, fluye con naturalidad. Si me pides teorizar sobre el método de actuación, sencillamente no puedo. Es como “montar bicicleta”. Cuando escribo no tengo que intencionar la mirada de género. Vivo con ella: soy una mujer independiente, creadora, cabeza de familia…

¿Muchos obstáculos por afirmarte feminista? ¿Cuánto dependió Vestido de novia de tu adscripción a esta ideología?

Por supuesto que soy feminista y estoy muy orgullosa de serlo. ¡Cómo no estar del lado de un grupo, de una ideología que defiende mis derechos! Sucede que también a veces se confunde el término y adquiere muchos calificativos de “acabar con los hombres” o “suplantar a los hombres”. Yo soy feminista porque siento que tengo los mismos derechos, que soy una persona —en primer lugarmás allá de mi sexo biológico y género y que, por supuesto, quiero acceder a todos los espacios en un país machista, hegemónico y patriarcal donde no ocurre así. Pueden estar incluso las leyes elaboradas y la voluntad política y cultural, pero está en el imaginario simbólico: es nuestra herencia cultural. La violencia de género está tan naturalizada que no se ve como un fenómeno nocivo a la mujer, sino que también ellas lo perciben como algo natural. Y a veces son violentadas desde que nacen y no lo saben. Se nace violentada cuando te obligan a jugar determinados roles o realizar actividades que tu hermano no hace… Creo que como comunicadora debo eliminar un poco esos estigmas. Es muy conveniente —para muchos— que se siga creyendo que el feminismo es una mala palabra.

Hay algo importante que noté y es que cuando las mujeres comunicadoras feministas enfocaban una idea iba un poco a lo extremo a veces. Con ello estaban creando estereotipos. Estaban siendo sexistas porque es posible serlo también desde el feminismo. Entonces me tracé ir por el lado de lo masculino y ahí fue donde me asocié a los muchachos de las nuevas masculinidades, a la Red, y trabajé todo el tiempo con ellos. La decisión me dio un punto de vista de un grupo de hombres que están formándose de una manera diferente, que luchan a favor de la no violencia y que tienen sensibilidad. Estoy muy empeñada en que los hombres de mi película, o al menos mi protagonista que es el que yo defiendo, sean hombres sensibles.

Los hombres cubanos han estado expuestos a una castración de esa condición humana durante mucho tiempo. No por ser violento puedes más o eres más macho.El que quiera entrar de verdad en lo que es el género como construcción social, encontrará en mi película de todo. En el sentido de que cómo esta mujer para insertarse socialmente, pasar como cualquier otra, termina reproduciendo los estereotipos. Hasta a las personas más ingenuas de la vida llega a pesarles esa “misión” para la que fueron “creadas” porque somos “las cuidadoras”, “las domésticas”, “las profesionales”. Tenemos tres y cuatro jornadas. Eso, quién lo paga… yo quería ponerla a ella en esa situación, y no es cándida. Es un personaje que se da cuenta que antes estaba atrapada en la cárcel de un cuerpo que no era el suyo y ahora, en un encargo social que, por supuesto, la aplasta. Hay un texto clave que ella dice: “No fue para esto que yo luché tanto en mi vida”. Por eso la película se llama Vestido de novia, no es porque él, hombre, se viste de novia, sino por la prenda, el símbolo con el que todas sueñan, tanto las que se reasignan como las que nacen con sexo biológico femenino. Normalmente se piensa que este es el momento más importante en la vida de una mujer. Puede ser uno de ellos, mas no es el MOMENTO.

Imagen: La Jiribilla

¿A través de qué recursos formales preferiste contar tu ópera prima?

La película cuenta con muchos primeros planos. Como tenía actores que estaban muy metidos en los personajes desde el trabajo de pre-rodaje podía darme el lujo de que el espectador no se regodeara en la belleza, ni estuviera pendiente de lo que había en la  pared, sino que se concentrara en lo que pasaba por esos personajes que a veces dicen una cosa y sienten otra. Como los actores tenían esos recursos para ofrecer, me aproveché de ello.

Hay una tendencia a este cine contemplativo, que está muy de moda en los festivales. Yo sigo muy apegada al argumento, a esta forma incluso aristotélica de contar algunas historias porque es de la manera en la que puedo llegar al público. No hago películas para festivales, ni para un grupo de intelectuales que van a analizar la película en busca de aportes. La hice porque la gente quiere ver ese tipo de cine.Pretendo que eso que estoy contando esté al alcance de todos. Por supuesto con personas muy profesionales, tratando de cuidar el contexto porque ya es un filme de época tan solo de pensar el tiempo que ha transcurrido del 90 a la fecha. Escribo bastante apegada a los personajes. Soy una escritora que le doy a ese gran equipo técnico todo lo que tiene que hacer. Yo lo veo. Sé cómo vestiría un personaje… Yo tenía dos finales, por ejemplo, uno, el que yo quería; otro, el de la película. Los filmé los dos y fue la película la que decidió con cuál se quedaba. A veces filmas y los actores se ponen bravos porque le suprimes una escena y resulta que no hacía falta. La película va expulsando lo que no le sirve a la historia… En ese cuarto de edición yo le decía a Miriam Talavera: “aquí estoy yo y la otra”. Suena un poco paranoico pero la “otra” es la guionista. “Cuando veas que hay algún conflicto en eso, trátalo con calma que estamos en ese dilema ella y yo (risas)”.

¿Cómo evitaste el riesgo de abalanzar la historia por el camino del melodrama?

Pienso que la película es un drama social y por supuesto que el contexto, que es Cuba, lleva esa pasión. Así somos nosotros. Considero que más que —melo, que alude a caramelo, mi película es muy dura. Todo lo contrario. En ella estoy exponiendo a varias personas en situaciones límites. Nada más hay que ver en la realidad las cosas que nos ocurren y cómo nosotros reaccionamos. No puedo contar una historia a lo sueco, a lo europeo, porque ese no es mi contexto. Eso no es lo que le sucede a las personas que yo investigo.

Imagen: La Jiribilla

¿Es Vestido de novia la manera de vengar fílmicamente a Mavis, protagonista del antecedente documental En el cuerpo equivocado?

Puede que sí porque la persona de la cual me inspiré para realizar En el cuerpo equivocado no tenía los recursos para hacer lo que hizo Rosa Elena en la película. Por eso siempre coloco que es inspirada en hechos reales. Es muy válido aclarar que no son las vidas de Mavis Susel, ni la de Sissy. Es el resultado de toda mi investigación y versión libre: la mujer que yo quisiera presentar, con ese rompimiento, esa transgresión que debería existir. Cómo voy a venir de un lado fuerte, de ese género fuerte que, aparentemente es el poderoso, y de pronto reproducir todos los estereotipos y entramparme. Es horrible y todo por esa estructura social, esa normativa… lo desarrollé así con todo propósito.

En la vida real la gente va a criticar el personaje masculino, pero existen muchas personas como Ernesto. Hay hombres sensibles actuando la insensibilidad todo el tiempo. Pienso que es una piedra muy grande que tienen que cargar los hombres porque también están obligados a comportarse así: como monos y leones… Pude trabajar con varios esposos de mujeres transexuales y lo asumían perfectamente, sin ningún tipo de problemas. Claro, soportando los ataques y presiones provenientes del entorno, de lo que la gente dice en la bodega, los vecinos tuyos, el dominó de la esquina, tu centro de trabajo. ¿Cómo es vista tu hombría? Muchos hombres en mi investigación me decían que al no poder presumir de un poder adquisitivo elevado, lo único que poseían era su hombría, su dignidad. ¡El tesoro de un hombre cubano es su hombría!

La ficción ha marcado el posicionamiento en cuanto a la dirección en el cine cubano, sin embargo, en el acceso queda claro que son los hombres quienes primero concretan su largometraje en esta categoría y, por consiguiente, los que más logran perpetuar sus nombres en la filmografía criolla. ¿Crees que el camino que has debido tomar (en el que vas del documental al largometraje de ficción) responde tendencialmente a ello o se trata de itinerarios creativos que van más a tono con tu lógica particular de hacer cine?

Hay dos cuestiones: una personal y la otra social. Desde lo individual depende de mis características personológicas, cómo enfrento la vida, cómo voy por ella. Hay un tesón, hay una manera mía de ser que yo todo lo que empiezo lo termino, que me gusta superarme, conocer: tener solidez para sentirme segura en algo tan serio como es comunicar algo, hacerlo público. Con tantas personas preparadas en lo que estamos diciendo, yo quiero estar a la altura de esto que tengo en la mano. Eso, por supuesto, requiere de rigor, tesón y voluntad. Hay quien tiene todo eso pero no lo tiene. Puede poseer muchísimo talento pero carecer de los recursos que se requieren para rodar una película. O siendo bueno no se apreste a sacrificios y renuncias.

Y por el lado social tampoco ayuda el contexto. Está siempre un poco enrarecido, así lo defino.

El Instituto del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) fue la primera de las instituciones que fundó la Revolución en marzo de 1959. Es sospechoso que solamente —contándome— tres mujeres hayamos tenido acceso al largometraje de ficción desde esa fundación: Sara Gómez (que al fallecer fue terminada su película por Titón), Rebeca Chávez (en marzo de 2008 es la segunda mujer en hacer una cinta dentro de la industria) y ahora nosotros con el tercero de los títulos y el primero que se estrena dentro del marco de un Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.Yo peleando muy duro, por cierto, y teniendo con qué, porque no basta con decir que eres mujer y necesitas terminar tu película. Debo hacerlo con un trabajo potente porque a mí no me han regalado nada.

Lo que sí puedo afirmar es que llegué a hacer Vestido de novia con mucho sacrificio porque en lo que quizá —y ahí es donde se establecen las grandes diferencias— a otros colegas les es más fácil colocar más películas, incluso  desafortunadas, a mí me tiene que quedar bien esta. Me lo juego todo cuando hago lo que sea porque de ahí dependerá la oportunidad que pueda o no tener para una próxima vez. No es como en otros países que te asocias a un productor y entras en un circuito comercial. Aquí se mueven otras ideas: desde el intelecto, desde lo académico, lo elitista y eso, por supuesto, discrimina. Soy atípica en el sentido de que soy una guajira que vino a estudiar a La Habana, que vive sola, con dos hijos, que no me perdí nada (risas). Y ahora está mi otro hijo. En lo que probablemente mis colegas están pensando en una nueva cinta, yo también tengo que pensar en preparar la merienda de mis hijos, ayudarles con las tareas… sigo reuniendo todo lo que le es asignado por decreto a las mujeres en todos y cada uno de sus roles.

Para coquetear con un eje “transtextual” en tu obra: ¿cuál sería el “lugar equivocado” para tu película y cuál el receptor desacertado?

Creo que Vestido de novia está hecha con los recursos que pude impregnarle para que llegue a todos los públicos. Eso es importante. Cuando se acerque alguien que quiera descalificar a mis personajes protagonistas, hay un grupo de personajes en la película con los que se va a identificar, que no son los mejores seres humanos. Si los vas a revisar son personajes malos. Entonces los construí con esa trampa. Esa persona que está a tu lado, que dice ser tu amigo, que parece serlo y hasta te mueres pensando que lo fue, y no lo es. Esas bajas pasiones, miserias humanas con las que tenemos que lidiar todos los días y que son generadas no porque seamos cubanos, están por doquier. Sí provocan violencia estructural, si no a nadie se le ocurriría (re)producirlas de una manera natural y legítima. Pienso que esas personas podrán encontrar una luz cuando intenten identificarse con los personajes negativos de mi película.

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