Conversación con Lester Hamlet

"Una buena película tiene que hacerme cómplice"

Ana Lidia García • La Habana, Cuba
Fotos: Yander Zamora 

El 36. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano quedará para siempre en el recuerdo del realizador cubano Lester Hamlet. En esta ocasión, el autor de los largometrajes Casa vieja (2010) y Fábula (2011) no ha visto solo lo recomendado o lo avalado por premios. Como jurado en la categoría Ópera prima junto a Ann Marie Stock, de EE.UU., y el chileno Fernando Guzzoni, le ha correspondido evaluar los 21 largometrajes que concursan en este apartado. Para el también productor y director de videoclips, documentales y espectáculos artísticos, esta edición es un festejo porque ha tenido la oportunidad de disfrutar “las primeras obras de personas que se estrenan en el cine, que comienzan a soñar con él”. La experiencia le ha hecho recordar sus incursiones en el largometraje con Tres veces dos (2004): “Aquella vez compartí el susto con Pavel Giroud y Esteban Insausti y, aún así, sentí incertidumbre”, confesó a La Jiribilla.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué método ha seguido para evaluar las obras?

Hemos visto todas las películas y compartido nuestras impresiones al término de cada una. Ese sistema ha sido muy eficaz porque cada cual comenta lo que vio, sintió y, en ocasiones, uno le explica al otro, elementos que desconoce. En lo particular he trabajado de modo singular: llego al cine y no pregunto ni el título de lo que voy a ver, no leo el Diario del Festival, no veo los noticieros para no escuchar menciones a las películas que evalúo y esta es la primera vez que converso sobre ellas con alguien que no sea miembro del jurado. Quiero ser muy respetuoso y honesto. Pienso que aunque de nuestra decisión no depende la vida de nadie, sí es un premio que le abrirá muchas puertas al ganador, pues tiene una gran significación. En estos días he sufrido mucho por los participantes, porque trato de entenderlos y crezco con lo que muestran.

¿Qué elementos tiene en cuenta a la hora de juzgar las piezas?   

Es un proceso muy complicado, me dejo llevar por lo que también yo como director busco en mi cine: emoción, verdad y espectáculo, porque la construcción en torno a la realidad también es importante. Por un lado se encuentra la calidad temática y por otro la caligrafía cinematográfica, la estructura. Pienso que hay que hablar de quiénes somos pero desde un discurso artístico. Considero fundamental que en cada obra se aprecie la personalidad creativa del realizador, que se sienta que detrás de lo que estamos viendo hay una persona con sensibilidad, que controla con eficacia los recursos, sabe manejar el lenguaje del cine por la manera en que ejecuta secuencias, establece planos, ordena la historia, dirige actores.

¿Qué constantes desde el punto de vista formal y conceptual ha apreciado en la selección?

He percibido una concentración en el individuo, en acciones cotidianas; un interés por narrar descubrimientos a nivel del pensamiento. De igual forma, vuelve la adolescencia como una etapa para mostrar contradicciones en el ser humano.

En algunos casos he encontrado momentos de un lirismo tremendo, de absoluta nostalgia y belleza. Sin embargo, he visto poco drama, para lo dramático que me gusta ser a mí que pongo a una familia entera a discutir en un estrecho pasillo.

También he visto maneras muy acertadas de trabajar el guion, bellísimas y sutiles decisiones de los directores, momentos de maestría y otros de desconocimiento. Es muy variopinta la selección pero creo que eso va a ser así siempre.

¿Cuáles han sido sus mayores alegrías en este proceso?

Estoy muy contento porque he visto muy buenas actuaciones, he descubierto magníficos profesionales en las diferentes manifestaciones que intervienen en un filme. Hay nombres que no olvidaré nunca y voy a seguir sus carreras, buscaré sus próximas películas. Agradezco al Festival por obligarme a abrir mi corazón, mis ojos, mi cabeza y por dejar entrar todo esto que ha entrado.

¿Considera que las limitantes económicas que enfrentan los realizadores del continente justifican la pobreza artística de algunas obras?

Una obra tiene valor cuando tiene alma, cuando cuenta verdades. En una ocasión el músico y recitador cubano Luis Carbonell me dijo: “El talento consiste en la capacidad para resolver los retos que el arte impone”. El reto del autor cinematográfico está en contar una historia con los recursos que tiene a mano.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué valores debe tener una cinta para cautivarlo?

Tiene que aniquilarme, hacerme olvidar si la silla está cómoda o incómoda, si se acabaron las rositas de maíz. Tiene que lograr sorprenderme, darme una buena estocada, enseñarme.

Una película me gusta cuando el director me convierte en su cómplice, me invita a entenderlo y a sentirme parte de lo que está contando. Si se roba mi alma para meterla dentro de la historia, entonces es una buena película.

¿Qué consejos les daría a los directores que incursionan en el cine?

Que sigan haciendo lo que su corazón y su razón les impulsen a hacer, que continúen contando historias, porque aquí lo importante no es lo que una persona piense sino lo que logres hacer sentir a un espectador. Les recomiendo además, que no crean en los festivales ni en los concursos, que estén seguros de que no obtener premio no significa que su película no tenga valores. Son injustos los jurados porque evalúan obras de arte, que provocan diferentes sensaciones en los seres humanos.

¿En qué proyecto trabaja en estos momentos?

Estoy terminando un documental que se estrenará muy pronto sobre la vida de nuestra querida Omara Portuondo. Hasta ahora el título es Omara Portuondo haciendo lazos en su cabeza, verso de la canción Vuela pena de Amaury Pérez que ella canta con gran majestuosidad. Es una obra testimonial y puedo asegurar que es lo más difícil que he hecho en mi carrera hasta este minuto. Ha sido muy complicado plasmar una vida tan inmensa, tan llena de mensajes, consejos, una carrera llevada hacia delante de una manera digna. En lo personal resulta un privilegio y en lo profesional una aventura increíble, delicadísima.

¿Tendremos la oportunidad de ver pronto alguna obra de su autoría en la gran pantalla?

En el 2015 filmaré mi próximo largometraje, una adaptación al cine del texto teatral Weekend en Bahía de Alberto Pedro. Ese es mi próximo riesgo.

Una vez más apuesta por llevar el teatro al cine…

Es un proceso muy fácil y que además disfruto en extremo. Ya los textos están escritos, los personajes están creados, al igual que sus diálogos. Lo difícil es apropiarme de esa vida supuesta y ponerla en actores y espacio, adaptarla al lenguaje cinematográfico. No quiero filmar teatro, sino llevar ese universo a un mundo real, sin la espectacularidad del escenario.

  

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