Fernando Alonso: la vida para enseñar

Pedro Ángel • La Habana, Cuba

Es imposible evocar la fecunda vida de Fernando Alonso Rayneri sin referirnos a la estrecha relación que tuvo con la formación, en el sentido más pleno de varias generaciones de bailarines cubanos.

“Padre del ballet cubano” lo llama la periodista norteamericana Toba Singer en su libro Fernando Alonso. The father of Cuban Ballet. University Press of Florida. Maestro, simplemente y con respeto, le llaman los bailarines de todas las ramas de la danza y los cubanos en general. Tal es su jerarquía.

“Padre del ballet cubano” lo llama la periodista norteamericana Toba Singer en su libro Fernando Alonso. The father of Cuban Ballet. University Press of Florida. Maestro, simplemente y con respeto, le llaman los bailarines de todas las ramas de la danza y los cubanos en general. Tal es su jerarquía.

Primero lo fue en el entorno de sus contemporáneos, la legendaria primera promoción de bailarines que se formarían en Cuba al amparo de la Sociedad Pro Arte Musical; y más tarde en la Academia Nacional de Ballet Alicia Alonso, cuyo modelo curricular nos sorprende aún por su novedosa concepción y proyección de futuro.

La educación como labor de toda la sociedad, trasciende en su encargo social a los objetivos de las áreas particulares del saber. Educar es preparar para el futuro, es preverlo, ajustar la previsión a la realidad. Por ello, resulta obvio su papel de estratega, de pensador, de hombre de “luz larga” en el mundo de la danza cubana.

Pero la Academia que mantuvo un loable plan de becas para niños dotados de condiciones y de pocos recursos económicos, cerró sus puertas junto con otras muchas instituciones educacionales a inicios de 1961. Y al respecto debo hacer una aclaración. Ese mismo año —que es el de la Alfabetización, de la Declaración del Carácter Socialista de la Revolución, de la Victoria de Girón y del discurso programático de Fidel conocido como Palabras a los intelectuales— se inauguró la Escuela provincial de Ballet de La Habana, que todos llamaríamos L y 19, en donde concluyeron estudios un buen grupo de alumnos procedentes de la Academia Nacional de Ballet Alicia Alonso. Por uno de esos desencuentros que ocurren entre los hombres cuando se viven tiempos de grandes cambios, la primera escuela creada por la Revolución no fue, en sus inicios, la precisa continuación de la Academia creada por los fundadores del ballet cubano.

Imagen: La Jiribilla

Un año más tarde, Fernando estaría en el campus de Cubanacán, para ponerse al frente del más formidable proyecto para la enseñanza del ballet concebido en Cuba, la especialidad de Ballet de la Escuela Nacional de Arte. Entonces no se hablaba de Escuela Nacional de Ballet y quienes estaban al frente de las especialidades no eran nombrados directores, sino subdirectores. Con cargo “tan modesto” dirigió Fernando la escuela mientras simultaneaba esta labor con sus responsabilidades al frente del Ballet Nacional de Cuba. Tres años más tarde, en 1965, las apremiantes responsabilidades en el Ballet le obligarían a dedicarse sólo a ellas y dejar la escuela en manos de Ramona de Saá, su más notable discípula en el terreno pedagógico.

Diez años más tarde, en 1975, cuando el Ballet Nacional de Cuba era una compañía de enorme prestigio internacional y la escuela cubana de ballet devenía hecho artístico incuestionable, Fernando Alonso hubo de retornar a Cubanacán. Su vida personal había tenido un giro profundo y, ante las nuevas realidades, Mario Rodríguez Alemán, director de las escuelas de arte, quien pronto sería rector fundador del Instituto Superior de Arte (ISA), lo invitó cordialmente a residir y trabajar en estas hermosas instalaciones.

Coincidieron los esfuerzos por la fundación del ISA con los tiempos que Fernando residió en este edificio que fuera el Country Club de La Habana y hoy es el núcleo central de la ciudad escolar erigida en su entorno. Se analizaban  entonces dos temas principales: las definiciones sobre los planes de estudio de la enseñanza media y la proyección de carreras y especialidades que se abrirían en el futuro Instituto.

La visión de Fernando fue la de una formación del bailarín en seis años. Ya avizoraba que en el mundo del ballet se iban acortando las edades de acceso a la maestría artística y que era necesario trabajar para que los bailarines cubanos no quedaran a la zaga. “Sería un tiempo suficiente para la formación de un bailarín dotado de todo el arsenal técnico y con perspectivas de realizar una larga carrera profesional”1.

Por otra parte, laboró junto a Azari Plisetski en el proyecto de la especialidad de coreografía en la carrera de Artes escénicas. De este Proyecto Coreografía se supo muy poco hasta fecha reciente.

Por otra parte, laboró junto a Azari Plisetski en el proyecto de la especialidad de coreografía en la carrera de Artes escénicas. De este Proyecto Coreografía se supo muy poco hasta fecha reciente. Sobrevivieron las inscripciones de los aspirantes en los archivos de la Secretaría General, conservados por, el primer secretario del ISA. Ni planes ni programas llegaron hasta nosotros.

En una entrevista reciente realizada a Plisetski por la estudiante Ania Medina y la profesora Teresa Romero, el bailarín explicó: “En el año 1975 regresé a Cuba con el propósito de colaborar en el nuevo proyecto de la creación del Instituto Superior de Arte, llevé muchos materiales del Instituto Lunacharski (GITIS), donde acababa de graduarme, planes de estudios y diferentes disciplinas,  pensando en que, haciendo los ajustes pertinentes a la realidad cubana,  tomando lo más útil, pudieran servir como referencia para el nuevo instituto.  Luego tuve que regresar a Moscú para arreglar mi jubilación como bailarín del Bolshoi. Siempre tenía la idea de volver a Cuba para seguir el proyecto. Esperaba la invitación, pero no fue así, y el destino se dispuso diferente”2. Esta etapa habría de finalizar cuando Fernando viajó a Camagüey para dirigir la compañía de ballet de aquella ciudad y continuar allí su magisterio.

Imagen: La Jiribilla

Años más tarde, Fernando regresaría al Instituto, al Departamento de Ballet que fue su último puesto de trabajo, si es que se puede hablar en tales términos de una persona con semejante legado. Desde el Departamento fue muy activo, un verdadero profesor consultante. Las puertas de su casa y biblioteca estuvieron abiertas a investigadores, estudiantes de todos los niveles, periodistas y a todos los que solicitaban su consejo. Su labor en los tribunales de categorías docentes, de doctorado y la comisión nacional de carrera fue realmente sabia e intensa.

Desde el Departamento fue muy activo, un verdadero profesor consultante. Las puertas de su casa y biblioteca estuvieron abiertas a investigadores, estudiantes de todos los niveles, periodistas y a todos los que solicitaban su consejo.

Una de las últimas conversaciones que sostuve con Fernando fue en el pasillo y en ese entonces expresaba su preocupación por el destino de las escuelas de provincias y de la de Pinar del Río, en particular, que había sido una filial de la Academia Nacional de Ballet Alicia Alonso, aún antes del triunfo de la Revolución y de donde han salido tantos y tan brillantes bailarines y maestros.

Para satisfacción y bien de todos, la escuela de ballet de esa región no cerrará como algunos necios pretendían. La escuela abrirá con un nuevo primer año en septiembre. ¡Qué bien! Esta pelea por las instituciones de ballet no la ganará Caín, sino Abel… Y del mismo modo ha de ocurrir con otros hitos de pensamiento artístico y pedagógico del maestro Fernando.

Al repasar la enjundiosa vida artística y pedagógica de Fernando Alonso me he preguntado reiteradamente, dada esa vocación expresa por apoyar el crecimiento de los demás, ¿cuánto habrá dejado de ser y de brillar para que fueran y brillaran otros? Loada sea su memoria ahora, en su centenario, y por siempre.



Notas:
1. Entrevista a Fernando Alonso realizada por el autor en 2005. Inédita.
2. Entrevista realizada a Azari Plisetski por Ania Medina Morejón y Teresa Romero Otaño. Mayo de 2013. Parcialmente inédita.

 

Comentarios

Bravo, Pedro Angel es bueno recordar y puntualizar para la historia...

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