Lo real maravilloso de una Feria del Libro
entre Haití y Cuba

Amelia Duarte de la Rosa • La Habana, Cuba
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Quizás fue producto del azar concurrente lezamiano que Haití dedicara la segunda edición de su Feria Internacional del Libro a Cuba, en el mismo mes de diciembre que se celebrael centenario del natalicio de Alejo Carpentier. Quizás, nadie sabe, los sucesos del universo se hilvanaron tan secretamente para que esa creencia de lo extraordinario y lo novedoso, de la que tanto habló Carpentier, renaciera en esta oportunidad, en que ambos países estrecharon sus lazos nuevamente.

Imagen: La Jiribilla

Como sea la Feria del Libro (FILHA por sus siglas en francés) ocurrió y ya es hecho consolidado que permitió abrir nuevas puertas al intercambio literario—tantas veces deseado, pocas veces llevado a término— que tuvo sus antecedentes en los históricos vínculos culturales que en una ocasión sostuvieron intelectuales de la talla de Nicolás Guillén, Wifredo Lam y Jacques Roumain. De modo que, valen las concurrencias.

Por espacio de tres días, el evento que tuvo lugar en el Palacio Municipal de Delmas, en Puerto Príncipe, permitió a los más de 15 mil asistentes—en su mayoría jóvenes estudiantes— acceder a un sinnúmero de publicaciones de Cuba, Venezuela, República Dominicana, Canadá y Estados Unidos.

Imagen: La Jiribilla

Con la premisa de que “todo el mundo tiene derecho a la riqueza intelectual”, según expresó Frantz Carly Jean Michel, director general de la Dirección Nacional del Libro (DNL) del país sede, esta fiesta de las letras pretendió demostrar la buena salud del libro en la nación caribeña y el incremento de la lectura, en los últimos tiempos, producto de una promoción sostenida.

Es necesario acotar que Haití presentó más de 800 títulos de 18 casas editoras, una cifra significativa para la nación, si se tiene en cuenta que produce alrededor de 400 libros cada año, los cuales llegan al público a través de cuatro librerías y una amplia red de bibliotecas municipales, escolares, patrimoniales y centros de lectura.

La ocasión fue propicia, además, para rendir tributo al intelectual Michel Soukar, una de las figuras emblemáticas de la literatura haitiana contemporánea.

Nacido en Puerto Príncipe, este profesor de letras y ciencias sociales, es periodista, analista político y autor de una veintena de libros entre los que figuran La casa de Claire y La corte de los milagros, obra llevada varias veces a escena que, con motivo de la FILHA, fue presentada en el teatro Le Villate.

Entre los escritores invitados que acudieron a la feria figuraron los cubanos Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, Pedro Pablo Rodríguez, Emilio Jorge Rodríguez, Yunier Riquenes y la poeta Laura Ruiz Montes.

Imagen: La Jiribilla

Mientras, del país sede, estuvieron presentes Gary Klang, Joel Des Rosiers, Jean Durosier Desrivières, André Fouad y Jessica Fièvre, entre otros.

Igualmente, editores, investigadores, ensayistas, promotores e intelectuales de los países participantes convergieron con el público en la plaza expositiva y comercial que, a la par, fue sede de conferencias, charlas, presentaciones de títulos, coloquios y proyecciones audiovisuales.

Dentro del programa no faltó, tampoco, la figura de nuestro Héroe Nacional José Martí, cuya condición de político y poeta engrosó el certamen teórico-cultural, a cargo del investigador Pedro Pablo Rodríguez, en Cabo Haitiano.

Cuba llegó con títulos de todas las editoriales del país. El stand puso a disposición de grandes y chicos un amplio catálogo de narrativa, poesía, ciencia ficción, aventuras, libros para la enseñanza artística y contenidos multimedia, en distintos idiomas.

Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro (ICL), explicó que la selección hizo énfasis en temas y figuras que interesan mucho en Haití y que tienen que ver con los vínculos históricos culturales de los dos países.

“Las propuestas serán donadas, en su mayoría, para las escuelas y la Biblioteca Nacional”, agregó Romay.

Además –aseveró− hemos establecido contacto para crear otros proyectos de ediciones en creole “no pensado en la actividad comercial sino en la ayuda que puede representar ese tipo de literatura en una lengua que los niños lean con facilidad”.

Mientras, en la red de stands, los asistentes tuvieron la oportunidad de dialogar con el quehacer literario de casas editoriales como las haitianas Les Editions Fardin, Konbit, Choucoune, y Communication Plus; la Fundación Librerías del Sur del Centro Nacional de Libro, de Venezuela; y la estadounidense editorial Pathfinder, que presentó —en francés— los libros Yo me muero como viví y Voces desde la cárcel, dedicados a nuestros Cinco Héroes.

Con solo dos ediciones, esta fiesta de los libros en Haití logró convocar a varios sectores de la población, cuyo índice de analfabetismo es uno de los más altos de la región.

Sin embargo, existe una necesidad de consolidación y convocatoria a un público más masivo, pues no cabe duda de que en las letras se alberga el pensamiento y la profundidad intelectual de la especie humana.

Desde la experiencia acumulada en eventos de este tipo, la propia Romay ofreció su valoración: “La feria es un proyecto que hay que hacer crecer. Está diseñada para formar públicos interesados en la literatura y es también una apuesta para que todo lo que están haciendo en el ámbito de la educación tenga una continuidad, en los proyectos culturales. Por supuesto, es una feria todavía pequeña donde no hay una intensión de captar la atención de los más pequeños.

Vamos a ayudar a Haití a que salga adelante en el desarrollo de la educación y la cultura. Tienen que formar al lector que es el que hace crecer la feria, pero creo que lo tienen bien pensado, solo hay que darles tiempo”.

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