Héctor Zamora

“Necesito caos, complicaciones”

Yaíma Guilarte Hernández • La Habana, Cuba

En su fugaz tránsito por la ciudad, el artista mexicano Héctor Zamora robó algo de tiempo a los atractivos habaneros para dialogar sobre su trabajo y las expectativas con el inminente arribo de la decimotercera Bienal de La Habana. A este graduado de Diseño Gráfico, residente en Brasil, le atrae el exclusivo encanto de nuestras latitudes.

Imagen: La Jiribilla

“Cuba, en general, me interesa muchísimo por su situación tan específica en el mundo, que propicia un espacio único para la creación porque afuera hay una realidad totalmente distinta. Tuve la posibilidad de estar aquí en el 94, después en la Novena Bienal (2006) y ahora, tres momentos muy diferentes, con contrastes y cambios radicales. Existe una cierta virginidad en el uso del espacio público, se conserva una frescura y hay mucho por explotar. Aquí en Cuba sales a una caminadita, te subes al almendrón y encuentras inspiración”.

La serenidad  de sus ademanes y el tono menguado de su voz, lograrían confundir a quien desconozca su estética, anclada en la irreverencia frente a lo ordinario. Muchas y variadas son las muestras que atestiguan el carácter controversial y provocativo de su obra.

Construyó una vivienda parásita sobre el Museo Carrillo Gil en la Ciudad de México; lidió con la prohibición de colocar dos mil metros de lirio acuático en un lago de Sao Paulo; se ganó alguna que otra enemistad en España por emplear cajas de basura y trabajar con gitanos; mientras en Genk (Bélgica) incitó a los ciudadanos a conducir un juego de ladrillos sin la sanción del gobierno local. ¿Busca resultar transgresor, o es simplemente inherente a su personalidad?

Es una parte natural de mi obra. Busco establecer un diálogo en un lugar específico, crear un momento de inestabilidad en las personas que habitan normalmente ese espacio. Intento que despierten y vean algo que tal vez siempre ha estado ahí, pero ya por el ritmo de la cotidianidad estaba totalmente olvidado. Entonces, de pronto, ese punto les puede llevar a explotar otras cuestiones muy ligadas a su realidad, si el trabajo consigue hacer eso y mover, creo que funciona.

Imagen: La Jiribilla

¿Existe un límite entre el espectador y la obra de arte?

El propio espectador lo coloca. A veces por las cuestiones técnicas de la obra existen límites. Por ejemplo, aquí en 2006 el trabajo tuvo una intimidad muy intensa con los niños, se subieron a los árboles a jugar. No lo había pensado antes, solo en el momento en que sucedió pude entenderlo, el proyecto se salió de mis manos y creció de una manera asombrosa, sobrepasó todas mis expectativas. Un trabajo está muerto si no crea una interacción con el público, no tiene que ser solo física; también puede provocar una reflexión.

¿Con esta tercera visita a Cuba tiene perspectivas más ambiciosas?

Tal vez, es un momento en mi trayectoria en que las cosas están más “fáciles” y fluyendo más, donde los elementos económicos me ayudan. Además, mi carrera como artista se ha consolidado y esto me permite llegar quizá a esta edición con un proyecto más ambicioso. Aunque creo que para las condiciones del 2006 la propuesta que hice fue totalmente avanzada porque en ese momento la sede principal era La Cabaña, muy poco pasaba fuera y me fui extramuros, a las calles de La Habana Vieja y el Vedado.

Para la próxima edición hay nuevas inventivas, se vuelve con la intención de sacar el arte de las galerías, no circunscribir las posibilidades de interacción a un solo recinto, ¿qué cree sobre esto?

Es bastante coherente con lo que está pasando actualmente en materia de arte. El de las galerías, de museos, está un poco anacrónico. Creo que cada vez más responde a variables más orgánicas. Al encuadrarlo entre cuatro paredes y un techo se vuelve bastante estático. El hecho de salirse a las calles, a otros ambientes, es una respuesta lógica a nuestro tiempo, donde todo se mueve en conexión profunda con la vida diaria.

¿Tiene más afinidad por este arte quizá efímero y menos “vendible” tradicionalmente?

Es donde estoy más libre. Cuando me invitan a hacer una exposición en un museo se vuelve difícil para mí. Si me pones en un museo con cuatro paredes blancas, ¿qué hago? Todo es igual, no me dicen nada, es vacío. Para otros artistas puede funcionar; pero yo necesito caos, exceso de información, complicaciones. Ahí está la vida.

¿Qué  interacción o atribución de significado espera del público cubano respecto a su obra?

Obviamente tengo interés en colocar algún tema intenso y tal vez tirante en relación con la situación social; pero es un desafío. Mis estrategias son siempre pensadas en un nivel muy plural. Como artista, al estar trabajando en un espacio abierto tengo la responsabilidad de no ignorar a las personas. Siempre me enfoco en crear obras que puedan tener un diálogo ya sea con un gran especialista, o con alguien que nunca se ha acercado al arte contemporáneo.

Con Sciame di Dirigibili en la Bienal de Venecia 2009 creó una fantasía, un mito urbano del tránsito de dirigibles por encima de esta ciudad, para ello se auxilió de recursos plásticos, locales y algunos medios de difusión, ¿cree que cada día se acentuará más la simbiosis entre el arte y otras disciplinas?

Hace un buen tiempo que se han mezclado para crear nuevos caminos muy interesantes. Creo que por más que nosotros como artistas podamos provocar críticas a una realidad, no somos ni sociólogos, ni políticos, ni gobierno para hacer el cambio directo. Cuando un trabajo de arte se vuelve una acción social, quiebra un poco el punto donde está esa libertad, y se torna una metodología para crear una solución. Estamos más en una cuestión poética. Siempre estoy mezclándome con todo y puedo hablar sobre problemas sociales; pero no puedo encontrarles solución. Mi arte es un catalizador, un reflejo, un instrumento.

Zamora comentó que el 2015 será un año intenso y prolífico en su quehacer, y confiesa preferir lo que él llama el “lado B” de las mecas del arte contemporáneo porque es en estas zonas menos reconocidas donde detecta más entusiasmo y  encuentra las posibilidades de intentar proyectos insólitos y arriesgados. 

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