Siempre que hablaba con él aprendía

Aurora Bosch • La Habana, Cuba
Foto cortesía: Mayuli Guilarte

Creo que para hablar de Fernando necesitaríamos hacer varios encuentros y nos quedamos cortos. Primero hay que ver la figura que él conservó por su cuidado de la anatomía humana. El haber practicado deportes desde muy joven y conocer la importancia del cuerpo humano le motivó a ir un poco más allá y a empezar las clases de ballet con su hermano Alberto, cuando realmente aquí como en muchos lugares de Latinoamérica existía un concepto completamente erróneo de lo que significaba cultivar el arte de la danza en general.

Imagen: La Jiribilla

Es significativo como cada clase de Fernando contenía una de anatomía, de música. Recuerdo que en la Academia Nacional de Ballet Alicia Alonso había una pianista y él le decía: “Lolina tócame el estudio tal de Schuber y demás especificaciones”,de las cuales ya no me acuerdo. Pero sí cuando imparto clases —lo mismo en Cuba que en el extranjero— recuerdo esas melodías. No estudié música, pero con la ayuda de Fernando y el interés personal he podido acometer la responsabilidad de convertirme en maître.

Lo que tenemos hoy es precisamente la semilla que él sembró. Poder contar con una metodología de la enseñanza del ballet, que comprende desde el maquillaje hasta las luces en el escenario.Con Fernando aunque uno se sintiera cansado había que quedarse oyendo las correcciones.

Lo que tenemos hoy es precisamente la semilla que él sembró. Poder contar con una metodología de la enseñanza del ballet, que comprende desde el maquillaje hasta las luces en el escenario.Con Fernando aunque uno se sintiera cansado había que quedarse oyendo las correcciones.Fernando como maestro a la hora de expresar una idea o un disgusto —porque a veces algo no salía como él quería— estudiaba y estudiaba para encarar la situación. Ese fenómeno que se da hoy en las academias de cambiar con frecuencia de maestros con él no sucedía, era un multimaestro.Cuando sabía que pondría un paso muy difícil expresaba: “pues esto es para que el hígado se ponga a la vinagreta”. Conservo muchas expresiones suyas.

Mi experiencia es compartida con Mirta, Josefina y Loipa; pero Fernando formó muchos bailarines en encuentros, concursos, academias… Había una intensión de conservar la individualidad de cada uno, y sumarle las raíces de lo que se pretendía con la Escuela Cubana de Ballet, pero siempre respetando esa manera de hacer de la persona.

Pienso que tenemos una responsabilidad muy grande con todos los talentos que estamos formando; la cual se extiende a muchos aspectos: el cultural, educacional, el respeto, las buenas maneras… Todos muy importantes. Fernando lo decía: ustedes tienen que dar al público. Siempre que hablaba con él aprendía. Era una persona muy culta, educada, respetuosa, y ese legado nos lo dejó.

Testimonio de Aurora Bosch en el Aula Magna del Instituto Superior de Arte. Universidad de las Artes, en el panel “Fernando Alonso. Centenario de un maestro”, el 28 de noviembre de 2014

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