Cantores...

Llegó el Comandante y mandó a parar

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Estamos viviendo días hermosos para el pueblo cubano, la resistencia y la consecuencia nos ha dado como fruto la victoria: ya están los cinco hermanos en casa; cinco luchadores contra el terrorismo, que han sacrificado no solo gran parte de su vida, sino hasta sus seres más queridos por el sueño de un mundo mejor. Tras 16 años en injusta prisión, los tenemos hoy ya con nosotros.

Quiero hacer en esta sección (con dos o tres artículos), un poco de historia contada por la trova, y sumarme con ello a ese júbilo por este gran regalo de fin de año, el de tener a René, Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando en casa desde este histórico miércoles 17 de diciembre; y lo escribo pensando especialmente en Fidel, que ha cumplido todas las promesas hechas al pueblo, desde las primeras, como las que hizo en el juicio por el Asalto al Cuartel Moncada, la de alfabetizar al país, la de hacer de la Salud un derecho, o la de regresar el niño Elián, hasta la de jurar:¡los 5 volverán! Promesas que ha conseguido peleando infatigablemente, con las armas, con las ideas, con los sueños.  

Su voz llenaba el salón.
Sólo quien fue tan herido,
la patria humillada ha visto;
la justicia envilecida
pudo acusar con palabras,
sangre del corazón,
y de la verdad entraña.

                 “El programa del Moncada” Sara González

26 de julio de 1953. Un grupo de jóvenes asalta el Cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Días bañados de sangre, la tiranía asesina a los combatientes que logra capturar. Melba Hernández y Haydée Santamaría, quienes participan en la acción, fueron apresadas y son testigos del asesinado de sus compañeros. Uno de los esbirros le ha sacado los ojos con una bayoneta a su hermano Abel. El abogado Fidel Castro, que encabeza la rebelión, es hecho prisionero; en el juicio, conocido como La Historia me absolverá, denuncia los males de Cuba, acusa al gobierno y declara que José Martí es el autor intelectual de la acción. La trovadora Sara González sintetiza el suceso con citas de la histórica autodefensa: 

Los hombres del pueblo son
desempleados, obreros,
cosechando la miseria,
campesinos que, en la tierra
amada y ajena, sudan.

Y a esta gran masa irredenta,
a la que ofrecen y engañan,
no le iban a decir:
“Te vamos a dar”,
sino: “Tienes aquí,
lucha con todas tus fuerzas
hasta vencer o morir.”

                 “El programa del Moncada” Sara González

Cuba. Días finales de 1958, la Radio Rebelde, desde la Sierra Maestra, va dando los partes militares (que el pueblo escucha, en el fondo de las casas, a oscuras, bien bajito, va la vida en ello), avanzan Camilo y el Che en la invasión hacia Occidente; se van liberando uno tras otro los poblados de la dictadura de Batista. Se acaba el año y el pueblo se va sumando a los barbudos. El tirano acude a un último recurso, un tren blindado cargado de armas y soldados.  

En la ciudad que posee la isla en el centro
hay un tren descarrilado —museo nacional—
que los amantes fecundan con sabia del cuerpo.
¡Viva ese hierro vencido por la claridad!
¡Viva ese lecho de amor!

“El tren blindado” Silvio Rodríguez

El 1ro de Enero de 1959 huye el tirano Batista de Cuba, Camilo y el Che, toman los puntos militares más fuertes de la capital, el campamento de Columbia y La Cabaña: el pueblo se lanza con banderas a las calles.

Pasean las noches de enero,
vagabundas y alegres,
se juntan todas las palomas:
parecemos luciérnagas.

Y ahí está el enamorado,
con su luna entre los brazos,
pidiéndole a la esperanza
para todos, para todos.

“Ayer y hoy enamorado”  Santiago Feliú

Con el triunfo de enero de 1959, la generación del centenario del Apóstol transforma la realidad cubana. El Imperio norteamericano sabe que ha surgido un enemigo, un país que desafía su dominio en el continente. Amenazan, sabotean, la revolución responde interviniendo las empresas norteamericanas dueñas de la economía cubana.

Aquí pensaban seguir
tragando y tragando tierra
sin sospechar que en la sierra
se alumbraba el porvenir.
Y seguir de modo cruel
la costumbre del delito
hacer de Cuba un garito...
y en eso llegó Fidel
Se acabó la diversión,
llegó el Comandante
y mandó a parar.

“Llegó el Comandante y mando a parar" Carlos Puebla

En la Organización de Estados Americanos (OEA) el imperio logra que los gobiernos de América rompan relaciones con Cuba, con la excepción de México y Canadá

Pregunto yo en mi canción,
al que grita y patalea:
Caballero de la OEA
¿qué pasó con la reunión?
Cómo no me voy a reír de la OEA
si es una cosa tan fea,
tan fea que causa risa:
jajajaajajajaajaja…

                                Carlos Puebla

La respuesta a esos gobiernos dominados por el imperio fue lanzar al mundo el proyecto integrador soñado por José Martí. El 2 de Septiembre de 1960 ante más de un millón de cubanos en la Plaza de la Revolución, Fidel Castro lanza un largo discurso conocido como la Primera Declaración de La Habana. En Asamblea Popular los cubanos dieron su voto con ovaciones y sus manos en alto, por esa América Nuestra a la que Bolívar y Martí entregaron sus vidas. Veamos algunos fragmentos de aquel histórico pronunciamiento: 

 “La Asamblea General Nacional del Pueblo declara que la aceptación por parte de gobiernos que asumen oficialmente la representación de los países de América Latina de esa intervención continuada e históricamente irrefutable, traiciona los ideales independentistas de sus pueblos, borra su soberanía e impide la verdadera solidaridad entre nuestros países; lo que obliga a esta Asamblea a repudiarla, a nombre del pueblo de Cuba, y con voz que recoge la esperanza y la decisión de los pueblos latinoamericanos y el acento liberador de los próceres inmortales de nuestra América (APLAUSOS).

(…) “Por ello, frente al hipócrita panamericanismo que es solo predominio de los monopolios yankis sobre los intereses de nuestros pueblos y manejo yanki de gobiernos posternados ante Washington, la Asamblea del Pueblo de Cuba proclama el latinoamericanismo liberador que late en José Martí y en Benito Juárez (APLAUSOS).

Y, al extender la amistad hacia el pueblo norteamericano —el pueblo de los negros linchados, de los intelectuales perseguidos, de los obreros forzados a aceptar la dirección de gangsters—, reafirma la voluntad de marchar ‘con todo el mundo y no con una parte de él' (APLAUSOS).

El nacimiento de un mundo se aplazó por un momento,
un breve lapso del tiempo, del universo un segundo.
Sin embargo parecía que todo se iba a acabar
por la distancia mortal que separó nuestras vidas.
 

Realizaron la labor de desunir nuestras manos
y a pesar de ser hermanos nos miramos con temor,
cuando pasaron los años se acumularon rencores,
se olvidaron los amores, parecíamos extraños.

Qué distancia tan sufrida, qué mundo tan separado,
jamás se hubiera encontrado sin aportar nuevas vidas.
Esclavo por una parte, servil criado por otra,
es lo primero que nota, el último en desatarse.

Explotando esta misión de verlo todo tan claro
un día se vio liberado por esta Revolución.
Esto no fue un buen ejemplo para otros por liberar,
la nueva labor fue aislar bloqueando toda experiencia.

                      “Canción por la unidad latinoamericana” Pablo Milanés

4 de febrero de 1962. Fidel Castro reúne nuevamente al pueblo en la Plaza de la Revolución; más de un millón ovaciona al líder que lanza al mundo la Segunda Declaración de La Habana.

Cuatro mil en un minuto,
cinco millones por día,
dos mil millones por año,
diez mil millones en cinco.
Por cada mil que se van,
en la tierra queda un muerto.
A mil dólares por muerto
—cuatro veces por minuto— está la vida.

Esta enigmática canción titulada Los dientes del tiburón fue encargada a Silvio Rodríguez por el cineasta y documentalista Santiago Álvarez para su documental Despegue a las 18:00. El trovador lleva a sus versos un fragmento de un discurso político. El cine, la trova, la historia, se van fundiendo. He aquí el fragmento de la Segunda Declaración de La Habana en que se inspira Silvio:

 “El resumen de esta pesadilla que ha vivido América, de un extremo a otro, es que en este continente de casi doscientos millones de seres humanos, formado en sus dos terceras partes por los indios, los mestizos y los negros, por los «discriminados», en este continente de semicolonias, mueren de hambre, de enfermedades curables o vejez prematura alrededor de cuatro personas por minuto, de cinco mil quinientos al día, de dos millones por año, de diez millones cada cinco años. Esas muertes podrían ser evitadas fácilmente, pero sin embargo se producen. Las dos terceras partes de la población latinoamericana vive poco, y vive bajo la permanente amenaza de muerte. Holocausto de vidas que en quince años ha ocasionado dos veces más muertes que la guerra de 1914, y continúa... Mientras tanto, de América Latina fluye hacia los Estados Unidos un torrente continuo de dinero: unos cuatro mil dólares por minuto, cinco millones por día, dos mil millones por año, diez mil millones cada cinco años. Por cada mil dólares que se nos van, nos queda un muerto. Mil dólares por muerto: ese es el precio de lo que se llama imperialismo ¡MIL DÓLARES POR MUERTO, CUATRO VECES POR MINUTO!”

Lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar
su brillo puede alcanzar la oscuridad de otras costas

Qué pagará este pesar del tiempo que se perdió,
de las vidas que costó, de las que puede costar.
Lo pagará la unidad de los pueblos en cuestión,
y al que niegue esta razón, la historia condenará.

La historia lleva su carro y a muchos nos montará
por encima pasará de aquél que quiera negarlo.
Bolívar lanzó una estrella que junto a Martí brilló,
Fidel la dignificó para andar por estas tierras.

                      “Canción por la unidad latinoamericana” Pablo Milanés

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