Literatura

De los Telones de Telo

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Han pasado más de diez años desde la publicación de Telones, por Ediciones Alarcos. En el volumen se reúnen tres obras teatrales de Eleuterio González Toledo, ganadoras de importantes premios. Dicho así, es probable que el lector no sepa de quién hablamos, pero si especificamos que las distinciones fueron obtenidas en Festivales Aquelarre, ya ubicamos el género literario escogido por este autor. Que nadie identifica por Eleuterio sino como Telo. Su rostro, ampliamente conocido por el público televidente a través de variados programas humorísticos, y también por los asiduos al Teatro, sobre todo de la época (gloriosa, debo añadir) de los años 80, cuando proliferaron extraordinarios grupos de humor escénico, es, sin embargo, pocas veces relacionado con el oficio de escritor. Antes de referirme a Telones, debo, brevemente, ofrecer datos que esclarezcan el origen del actor-escritor-dramaturgo, de su veta cómica, de su incorporación al movimiento cultural cubano. Eleuterio, o sea, Telo, estudiaba Ingeniería Industrial en Santa Clara cuando decidió presentarse en un Festival Universitario con su primer trabajo humorístico. Para asombro suyo, recibió gran aceptación, y debe señalarse que por ese entonces, en la mitad de nuestros dorados ochenta, estaba en plena ebullición el estallido de lo que más tarde sería considerado el boom del humor teatral en Cuba. Según han confesado recientemente algunos fundadores del grupo santaclareño La Leña del Humor, cuando presenciaron actuaciones públicas de Telo, quedaron eclipsados (sic), y lograron convencerlo para que integrara dicho colectivo. Supongo que antes de persuadirlo, Baudilio Espinosa y Carlos Fundora hayan recuperado la visión, pero no estamos para bromas. O sí, y por eso hablamos en serio. Luego de importantes éxitos, y de aprender técnicas de actuación que, sumadas a la ingeniosidad de los guiones conllevaron a que dicho grupo se destacara en múltiples escenarios, La Leña perdió a Telo, porque lo ganó otro importantísimo grupo que actuaba en La Habana, dirigido por Doimeadios: Sala manca. Vinculado ya por entero al Conjunto Nacional de Espectáculos, que orquestaba Virulo, a Telo no le quedó más remedio que aceptarse como un no ingeniero industrial ni de ninguna otra especialidad técnica.

A partir de sus 30 años de edad, recibe Premios por guiones, puestas en escena y monólogos: En 1993 por Tardes Grises, en 1995 por su obra Ciclos y en 1997, por La dramática vida y muerte de Don Acracio. Además, había ganado el premio de monólogo dos años antes, en 1995, con esa joya que se llama El artesano de güiras. Estamos pues, ante un hombre que ha dedicado gran parte de su vida al difícil arte de hacer reír, con admirable versatilidad. Telo es el actor que acompaña a Bringas en sus disparatados diálogos, ese dúo donde el absurdo se convierte en natural, es el intérprete secundario dispuesto al ridículo siempre que se justifique en la dramaturgia de un acto, es el escritor de guiones humorísticos para teatro y para televisión, y es también, un excelente creador de poesía hilarante. Sus antipoemas Amor en moneda nacional y Amor en divisa, muy ajustados a nuestros días, dan fe de hasta dónde es capaz de generar ideas este ingeniero del humor. Telones, sin dudas, es un buen ejemplo de literatura humorística. Sus personajes, como bien apunta en el prólogo nuestro más crítico-crítico teatral, Norge Espinosa, “reaccionan con el tiempo, contra el vacío y el sinsentido de sus vidas”. Sugerimos la lectura de este libro, y de cuantos existan firmados por Eleuterio. O sea, por Telo.
 

Noviembre, 2014.

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